EDITORIAL

Sábado 13 de Octubre de 2012

 
Derechos del paciente y eutanasia

 Señor Director:

En respuesta a la carta del señor Alejandro Leiva respecto del debate sobre el menosprecio de nuestro legislador a la autonomía de las personas en lo relativo a la eutanasia, quisiera aclarar:

1. Su comprensión del artículo 19 de la Constitución (que garantiza los Derechos y Deberes Constitucionales) es simplista, y por ello errada, toda vez que no logra distinguir entre aquellos derechos que contienen un correlativo deber porque éste protege a terceros de aquellos derechos que no contienen un correlativo deber, pues su ejercicio sólo afecta a quien los ejerce.

Es lo que J.S. Mill llamó el principio del daño. El derecho a la integridad física y psíquica, por ejemplo, sólo es comprensible como un deber de no dañar a un tercero (o un derecho a no ser dañado por éste); de lo contrario, deberíamos desprender de la argumentación del señor Leiva que la protección constitucional de la integridad física y psíquica es también una protección orientada a protegernos de nosotros mismos, lo cual no parece tener sentido.

2. Su reflexión acerca del caso holandés resulta incomprensible. Señala: "La dignidad entendida como autonomía moral desprovista de bienes indisponibles ha conducido a justificar incluso la muerte de pacientes por voluntad de terceros, como es el caso de Holanda, donde una declaración previa suple la voluntad en casos de inconsciencia". Pero ¿no es en este caso la voluntad del paciente -declarada de manera consciente, informada y formal- la que se cumple finalmente? Y si existiere contradicción entre la voluntad del tercero ejecutante y la del paciente que declaró consciente previamente, ¿no parece sensato que prime la del último?

Finalmente, el abogar por una legislación sobre la eutanasia no dice relación alguna con una visión hedonista de la existencia, como sugiere el señor Leiva. Tampoco es reflejo de una visión que sólo busca huir del dolor. Lo que se busca en realidad es devolver al ser humano su legítimo derecho a decidir de manera autónoma sobre su vida y su muerte; porque la capacidad de esta decisión es parte de nuestra libertad, porque sólo uno mismo puede dar la palabra más certera sobre la dignidad de su existencia.

Cristóbal Hasbun L.

 


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