DEPORTES

Lunes 21 de Agosto de 2000


El otro cruce De los Andes

Con la llegada de Sebastián Rozental, Manuel Neira, Marcelo Vega y Eros Pérez para el Torneo Apertura, ya son 18 los jugadores chilenos que habrán actuado en los 69 años de profesionalismo del fútbol argentino. Esta es la historia desde la llegada de Iván Mayo a la actualidad.
Yo me había ido a probar a Racing pero como no tuve colaboración del plantel me tuve que marchar a Vélez y allí hice una gran carrera. En las viejas y ya amarillentas páginas de los diarios de Argentina se pueden encontrar estas declaraciones de Iván Mayo, el primer chileno que llegó para actuar en el fútbol trasandino.

El entreala derecho formado en Colo Colo llegó en los albores del profesionalismo incipiente del vecino país. Lo boicotearon de lo lindo. Lisa y llanamente lo tiraron a matar en los entrenamientos. Se encabritó el quillotano, los echó a buena parte y no retornó más por Avellaneda. Y Mayo ancló en Vélez. Para siempre. Seis años de gloria, de dinero y de aplausos, escribía Sergio Roberto Livingstone en la revista Qué Pasa sobre Chincolito, el día de la muerte del ex jugador del Fortín de Liniers.

El chileno, quien jugaba junto al legendario Vittorio Spinetto, se transformó en ídolo a fuerza de festejos y actualmente es el décimo jugador extranjero más goleador del fútbol argentino con 46 tantos (eso sí, muy lejos del paraguayo Arsenio Erico que logró 293).

Pero un choque con el arquero riverplatense Sirni postergó sus sueños. Una fractura de tibia y peroné en esas épocas terminaba con la carrera de cualquiera. El no fue la excepción. Quiso retornar pero nunca volvió al mismo nivel y tuvo que retornar a Chile para jugar por Iberia. A los 67 años murió en la pobreza absoluta.

La vuelta sin razones

Mayo retornó a fines de 1938 y al año siguiente ya había otro chileno en las canchas bonaerenses. El back central de Audax Italiano, Ascanio Cortés, tomó sus maletas y llegó a River Plate, el gigante que ya sumaba tres de los 29 títulos que acumula hoy. El criollo alcanzó a mostrarse en cuatro encuentros, pero su paso fue muy efímero.

La imagen del jugador nacional se realzó con la llegada del arquero Sergio Livingstone a Racing de Avellaneda. Le decían el Sapo porque daba saltos inverosímiles, encogiendo y estirando las piernas, arrojándose con audacia y temeridad. Ese apodo se lo ganó en el colegio San Ignacio de Santiago, dijo la revista El Gráfico en un reportaje publicado sobre el portero en mayo de 1965.

Livingstone arribó a Buenos Aires con 23 años (nació el 26 de marzo de 1920), después de haber debutado con la Roja en el Sudamericano de 1941. En la misma nota, el guardametas explicaba: De niño había sido un ferviente admirador del fútbol argentino. Tenía de ídolos a Moreno, De la Mata, Salomón, Sastre y Enrique García. Llegué con mucho bombo, la propaganda me creó un compromiso muy severo que no estaba en condiciones de salvar airosamente enseguida. No anduve al principio quizás por la soledad, tentaciones, responsabilidad. Empecé terriblemente mal, no sé cuándo me estabilicé ni cuándo volví a jugar como en Chile, lo que no podría explicar es por qué me volví tan intempestivamente. Creo que no fue nada más que la consecuencia de una nostalgia estúpida e injustificable.

El Sapito pegó la vuelta y pasaron diecinueve años para que volviera otro chileno a actuar del otro lado de la cordillera.

De Jaime a Papudo

Sus seis partidos y sus tantos a Suiza e Italia le abrieron las puertas del mercado argentino al entreala derecho Jaime Ramírez Banda. Racing Club volvió a contratar un jugador nacional, aunque su rendimiento en el conjunto de Avellaneda fue discreto y tuvo que retornar.

Pero un compañero suyo llegó al año siguiente. Aquellos goles a Unión Soviética y Yugoslavia en el Mundial '62 lo pusieron en la vitrina del mundo. Por eso no resultó extraño que Eladio Rojas pasara de Everton de Viña del Mar a River Plate. Claro que arribó en el período de sequía de los Millonarios: ya llevaban cinco de los 18 años que estuvieron sin salir campeón. En un recuento de la historia de la institución de Núñez, el diario deportivo Olé lo describió sintéticamente: Era un volante central de excelentes condiciones técnicas pero que no rindió en Argentina. Volvió en 1964 para enrolarse en Colo Colo.

Doce años más tarde, Omar Oscar Bello Meza se puso la camiseta celeste de Temperley, una institución chica y acostumbrada a pelear el descenso. Estuvo una temporada en el club del sur del Gran Buenos Aires, luego fue a préstamo a Aldosivi de Mar del Plata, que había clasificado al Campeonato Nacional, para volver a Temperley. Con esas tres temporadas el volante se convirtió en el chileno que más partidos ha disputado en Argentina. Su tarde más recordada fue en el torneo Metropolitano de 1977, cuando con un gol suyo venció a River.

El siguiente futbolista nacional llegó para jugar en la recién inaugurada modalidad de calendario europeo. En 1985/86 firmó por Gimnasia y Esgrima La Plata el defensa Osvaldo Vargas Gómez. El equipo platense había ascendido a Primera División después de largos años en la B y no tenía demasiado espacio para pruebas. De todas maneras, el Papudo intervino en 11 encuentros.

La invasión
de los '90

La última década del siglo pasado contó con el arribo de seis criollos. En 1991, y desde Sabadell, aterrizó en Rosario el delantero Lucas Nicolás Tudor para ponerse la polera sangre y luto de Newell's Old Boys. Fue el primero jugador chileno que dio una vuelta olímpica en los campos argentinos, cuando el equipo de Marcelo Bielsa se alzó con el título del Clausura '92. Pero una pelea con el líder del equipo, el pergaminense Juan Manuel Llop, terminó con su excursión.

Pasó un año, y un renovador emprendimiento de Carlos Avila (dueño de Torneos y Competencias) trasladó al equipo de Argentinos Juniors a Mendoza y para motivar a la gente, contrató al volante Jaime Pizarro, el capitán de Colo Colo.

Tanto el proyecto como el rendimiento del mediocampista fracasaron. El equipo terminó en el puesto 13 (sobre 20 conjuntos), a pesar de contar con figuras como Faryd Mondragón, Roberto Acuña, Cristián Traverso, Juan Gómez. El ex capitán albo se marchó hacia el Barcelona de Ecuador.

Atrás de él apareció Ivo Basay en La Bombonera para firmar por Boca Juniors. El delantero tenía una muy buena imagen después de la gran Copa América '87 que había hecho en Argentina. Se metió inmediatamente en el corazón de la gente con 4 goles en 8 partidos. Pero una disputa con el técnico César Luis Menotti finalizó con su corto paso en el más popular club trasandino y retornó al Necaxa.

Al mismo tiempo apareció José Luis Sánchez en las filas de Vélez Sarsfield. Carlos Bianchi lo había visto en Unión Española y quedó deslumbrado. El Mata'or debutó el 2 de octubre de 1994 frente a Deportivo Español e integró el plantel que fue campeón de la Copa Intercontinental al vencer al Milan en Tokio. Aunque años más tarde, el Virrey de Liniers diría en una nota en El Gráfico: ¿Cuáles son los peores errores que cometí en mi carrera de DT? Haber traído a Vélez a Fabián Fernández y al chileno Sánchez. Una frase terminante.

Cuando se comenzaban a opacar las luces de los jugadores criollos, apareció en La Boca un tal Marcelo Salas.

De Bilardo al Huevito

La historia del shileno (como le decían en Buenos Aires) es conocida: aquel no de Carlos Bilardo retumbó en la costa del Pacífico. Ningún chileno triunfó en Argentina, dijo el entrenador campeón del mundo en 1986. Pero se equivocó rotundamente.

El Matador se puso la casaca del River de Ramón Díaz y ganó el primer tricampeonato en la historia del club y la única Supercopa que tiene la institución en sus vitrinas... y con dos goles suyos. Salas pegó mucho en la gente porque su carta de presentación fue vital: debutó y le hizo un gol a Boca, en las épocas que River siempre perdía con su clásico rival. Además, se consagró en el partido con Vélez cuando marcó dos tantos. Su paso fue explosivo porque, además de ser un goleador, jugaba bien y en una institución como River, eso es vital. Su historia es curiosa porque fue figura siendo suplente. En Argentina sabemos que en algún momento va a volver como lo hicieron otros ídolos como Francescoli y ahora Ortega, remarca Diego Borinsky, redactor de la revista El Gráfico, que cubrió toda la campaña de aquel brillante equipo riverplatense.

Cuando él se fue apareció Roberto Cartes en Argentinos Juniors, sin embargo nada volvió a ser igual. A comienzos del 2000 llegaron Alejandro Osorio y Esteban Valencia pero les costó ganarse un lugar. Ahora ya serán seis los chilenos que actuarán en el exigente campeonato argentino.

La historia los evaluará pero la vara quedó alta desde que Salas pasó por esas tierras que respiran pasión futbolera.

Por Leonardo Burgueño




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Iván Mayo, el precursor. El entreala derecho fue el primer futbolista chileno en jugar en un club trasandino: Vélez Sarsfield.
Iván Mayo, el precursor. El entreala derecho fue el primer futbolista chileno en jugar en un club trasandino: Vélez Sarsfield.
Foto:Gda, La Nacion


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