WIKÉN

Viernes 3 de Octubre de 2008

Cárcel de mujeres

EN LA CELDA DE LO PROBADO

POR Francisco Aravena

La ficción carcelaria tiene casi por definición un mandato difícil: debe parecer real pero debe tener en cuenta su objetivo de atraer y conservar a su audiencia. En otras palabras, no espantarla con "demasiada" realidad. De manera que un buen producto de ficción carcelaria sirve también como barómetro social: hace un juicio, una apuesta, sobre qué está el público dispuesto a tolerar y de qué manera, en determinado lugar y tiempo. Y en eso, este subgénero debe ser por definición más arriesgado: eso de "poner temas" - o poner imágenes, o personajes, o situaciones- puede ser más que un mero discurso de un actor o realizador tratando de poner su trabajo bajo un paraguas moral. "Cárcel de mujeres" probó la mano en su primera temporada. Ahora, en su segunda temporada - que comenzó la semana pasada- parece transitar por un territorio conocido.

Tras el motín, la masacre y su fuga al final de la temporada pasada, la Negra (Paula Zúñiga) cae nuevamente presa, pero se encuentra con que el elenco estable del penal ha cambiado: hay un nuevo alcaide, Ricardo Cisternas (Julio Milostich), muchas de las reas han sido trasladadas y hay una nueva "dueña" en el patio: la Navy (Sigrid Alegría), una reclusa con buenos contactos y aficionada al boxeo con guantes y sin ellos. Raquel Reina (Pali García) parece haberse resignado a su suerte y cedido su autoridad tras las heridas sufridas en el motín, pero poco a poco se irá poniendo de pie - literalmente- para hacer valer su voz. Paralelamente, Viviana (Valentina Fernández), una psicóloga demasiado idealista ha llegado para ayudarlas en la rehabilitación.

Dirigida por Nicolás Acuña, "Cárcel de mujeres" puede ufanarse de tener una producción y un manejo del ritmo impecable, pero sobre todo de haber rescatado para la televisión a Pali García, quizás el principal capital de la serie (con el trabajo de Zúñiga y de Claudia Cabezas también muy destacables). La introducción de los personajes de Alegría, Milostich y Fernández le agrega más acción y nuevas dinámicas al relato. Pero ninguno de ellos - ni juntos ni por separado- logra suplir la falta de un personaje como el de Camila (Claudia Di Girólamo) en la temporada pasada: ella era la nueva, el medio de contraste, la mujer que no pertenecía a ese lugar y cuya traumática pérdida de inocencia guiaba el descubrimiento de la "realidad" carcelaria de los televidentes. Este año, no hay guías. La psicóloga idealista parece (por el momento) demasiado unidimensional, y por definición, no vive lo que las reclusas viven. La Navy es una prisionera más, y la línea del relato de la corrupción establecida entre su personaje y el del alcaide Cisternas no tiene la fuerza suficiente. En esta "Cárcel de mujeres" siguen pasando cosas relativamente y se siguen contando con gran destreza. Pero la acción sigue dentro del terreno ya explorado. Encerrada.


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