VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 7 de Marzo de 2009

Pinceladas que vuelan

Los colores que salen de su paleta son vida pura, alegres, luminosos. Esa misma viveza la transmite Guadalupe Valdés en sus temas; antes fueron los paisajes, y ahora son pequeños y revoltosos pájaros los que conquistan sus cuadros.

Texto y producción, Soledad Villagrán Varela Fotografías, Homero Monsalves

Este último tiempo las paredes de su taller sólo han visto aparecer cuadros de pajaritos. Unos llevan semillas en sus vientres como símbolo de fertilidad; otros buscan alimento o socializan; algunos contemplan el paisaje desde la rama de un árbol, o vuelan soplados en contraste con otros que lo hacen muy lento. Codornices, bandurrias, carpinteros y turcas son sus modelos preferidos. "No tengo águilas ni jotes ni cóndores; me son demasiado toscos. Yo prefiero los pájaros más pequeños y redonditos", afirma Guadalupe Valdés Raczynski, la artista de 30 años, que ya ha exhibido su obra en ciudades como Berlín, Essen, New York y recientemente en Hong Kong.

Cuando estaba en octavo básico en Las Ursulinas tomó un curso de pintura que tuvo la gracia de definir su vida. Allí descubrió que toda su sensibilidad y energía creativa la podía canalizar plasmando ideas visuales en un pedacito de papel o sobre una tela, usando pinceles, óleos y acrílicos... Estudió Arte en la UC y en paralelo Filosofía, especialidad que la ayudó a profundizar su trabajo artístico, "a hurgar con más facilidad dentro de mí misma, crear con sentido y fortalecer la fe en un Dios que está siempre muy presente".

Ya titulada se casó con el ingeniero Jerónimo Correa, después de un pololeo de seis años, y partieron a "hippiar" a Alemania, bien entre comillas porque, mientras él estudiaba alemán y trabajaba, ella aprendía de historia del arte en la Universidad Técnica de Berlín, además de tener taller en un antigua fábrica de ferrocarriles junto a unos cincuenta artistas. Sus dos años en el país germano terminaron en Essen, en la frontera con Holanda, donde siguió pintando sola, pero de todas las historias que Guadalupe cuenta de su estada en Europa hay una que sobrecoge: sus visitas al museo de grabados de Berlín, "esa ciudad efervescente", donde pudo trabajar con los originales de El Bosco a una mano de distancia. Con croquera y lápiz grafito "copiaba y copiaba" los pájaros del artista flamenco, aunque en esa época ella estaba dedicada a los paisajes, lo mismo que cuando volvió a Chile y se le hizo más fuerte el contraste entre los parajes europeos siempre poblados y los chilenos que son más vírgenes.

Se puso a pintar aves antes de que naciera Anselmo, su segundo hijo. "Quise pintar un cuadro para darle la bienvenida y ahí aparecieron los pájaros. Recogí el material que tenía de El Bosco, y me metí a estudiar cómo se estructuran las plumas, los dorsos, pechos y cabezas... Empecé a crear formas totalmente mías", explica en su taller en Las Condes (página web: www.guadalupevaldes.com; teléfono 09 022 0115). Ya son cerca de la una de la tarde y es tiempo, que como todos los días de la semana, Guadalupe lave sus pinceles y de por concluida la jornada de pintura. En su casa la esperan sus niños: Jerónimo, de cuatro, Anselmo, de tres y Guadalupe, de uno.





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Guadalupe rompe esquemas: presentó una muestra de cuadros armados con los paños para limpiar sus pinceles.
Guadalupe rompe esquemas: presentó una muestra de cuadros armados con los paños para limpiar sus pinceles.
Foto:Homero Monsalves


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