WIKÉN

Viernes 15 de Mayo de 2009

Aldo "Macha" Asenjo:
Aldo Macha Asenjo: El caudillo de la cumbia

Gracias a su banda, Chico Trujillo, este ritmo resucitó.
POR BÁRBARA MUÑOZ S.

Aldo Asenjo (40), el "Macha", el líder de la rockera banda La Floripondio y la cumbianchera Chico Trujillo, no quiere dar entrevistas. Varios correos electrónicos, mensajes en su celular e intentos de su círculo de amigos por disuadirlo, no pudieron convencerlo. Sus cercanos dicen que es porque es corto de genio. Tímido. Introvertido. Que esa imagen desinhibida que proyecta cuando canta se acaba cuando baja del escenario. Que también es desconfiado y teme que le pregunten por su pareja, la actriz Adela Secall; o por Emiliano, el hijo que tiene con ella. Y que, además, no cree en los medios de comunicación; porque si en los quince años que lleva en la música no los ha necesitado, ¿por qué habría de hacerlo ahora?

Pero no nos damos por vencidos: el viernes 8 de mayo estamos en el húmedo camarín de La Batuta. El "Macha" y su combo (Chico Trujillo) acaban de dar un encendido concierto de una hora y media. Los chicos están contentos, celebrando. Le digo: "Quiero hacerte una entrevista para un perfil". Él me mira sorprendido. "¿Por qué querrían hacer un perfil mío?", dice. Y desaparece.

La respuesta es simple. Porque es el líder del grupo que probablemente más toca en vivo en el país (hasta cuatro veces en un mismo día). Porque lo han definido como uno de los mejores frontman de Chile, y porque su grupo Chico Trujillo es todo un fenómeno. No sólo por las cifras ?todos sus conciertos se llenan y en todos queda gente afuera? sino porque han despertado en el chileno algo mucho más profundo que sólo un fanatismo: El "Macha" le devolvió la vida a la cumbia. Y el rescate de este género profundamente latinoamericano está calando hondo en una generación huérfana de raíces, que creció escuchando el vacío pop ochentero. Si Álvaro Henríquez revivió la cueca en los 90, el "Macha" lo hizo con un género tan nacional como ése: la cumbia. Y si hace una década los jóvenes formaban rebeldes grupos de rock, hoy crean alegres sonoras.

El "Macha", en gran medida, es el responsable.

Pero claro, todo esto lo pienso, pero no se lo digo.

No hay invierno para Chico Trujillo El "Macha" –le dicen así porque de chico, cuando se ponía nervioso, sacaba la lengua hacia un lado– partió un día a Alemania con una banda de rock, y volvió con una de cumbia.

Fue en 1998. Entonces era el líder de La Floripondio, un grupo que mezclaba punk, ska, algo de rock y sicodelia y que se transformó en una banda de culto en el circuito under chileno. Sus presentaciones en vivo se repletaban, pero eso, a los sellos, no les importaba. Un buen día partieron a probar suerte a Alemania. Un músico de los Pinochet Boys que estaba radicado allá les dio la idea. Y se fueron. La gira - en micro- incluyó Berlín, Hamburgo y Amsterdam.

No les fue mal, pero estando allá las cosas cambiaron. El "Macha" y su amigo de la infancia, Víctor "Tuto" Vargas (bajista), se dieron cuenta de que la música que les salía natural, esa que les nacía del alma, era otra. Era la que escuchaban cuando niños, en las fiestas familiares en Villa Alemana. Era ese bolero antiguo que emocionaba a sus abuelas, ese mambo que hacía bailar a sus tías, esas cumbias que surgían de los vinilos de Los Viking 5, de La Orquesta Huambaly o de Giolito y su combo. A miles de kilómetros de su casa, se dieron cuenta que lo que querían tocar era la banda sonora de su infancia.

El nombre para la nueva agrupación se le ocurrió al "Macha". "Chico", porque es uno de los sobrenombres más comunes en Chile y "Trujillo", porque sonaba como un apellido bien latinoamericano. "A veces nos preguntan '¿y dónde está el señor Trujillo?' porque creen que así se llama el 'Macha'. Pero Chico Trujillo es un personaje ficticio, imaginario. Es ese tipo parrandero, bueno pa' bailar, pa' la fiestas. Nos dimos cuenta que este tipo existía cuando comenzamos a mirar a Chile desde Europa", cuenta Juan Gronemeyer, baterista, percusionista y fundador del grupo.

Cuando volvieron a Chile, lo primero que hicieron fue recurrir a las cumbias que tenían más a mano, así grabaron nuevas versiones de "El galeón español", "Daniela", "Loco, loco", pero también boleros y guarachas que ellos mismos compusieron, como la notable "Me convertiste en santo". El resultado fue el disco "Chico Trujillo y la Señora Imaginación", un álbum, que según Gronemeyer "es el disco con la carátula más fea en la historia de la música chilena". Los álbumes que vendrían después, "Cumbia chilombiana" (2007) y "Plato único bailable" (2008), tienen una estética mucho más depurada: antigua, pero elegante. Y con el tiempo no sólo sofisticaron la imagen que identificaba al grupo, sino que también el sonido.

A esas alturas, los integrantes de Chico Trujillo (algunos de los cuales también están en La Floripondio) ya pasaban la mitad del año en Europa. Porque esta nueva música, que mezcla cumbia, mambo, reggae, guaracha, vals peruanos y boleros, volvía locos a los alemanes. Habían descubierto una mina de oro y no podían dejarla. La clave estaba en ir y venir.

Así lo han hecho por casi diez años. Casi no viven el invierno. Apenas comienzan las lluvias aquí, parten a capear el frío allá. Y en el verano europeo, tocan, tocan y tocan. Su centro de operaciones es el café Zapata, un centro cultural en el barrio Mitte de Berlín, que debe su nombre al líder de la revolución mexicana. Primero fue una fábrica de pan, pero unos okupas lo "tomaron" y organizaron conciertos y exposiciones. Hoy es uno de los lugares de moda entre los jóvenes berlineses. El año pasado, Chico Trujillo tocó ahí cuarenta noches seguidas.

Y en menos de un mes, volverán a hacerlo. Esta vez el periplo incluye nuevas ciudades europeas como Barcelona y París. "Incluso puede que toquemos en la cárcel de París, para los patos malos franceses", adelanta Camilo Salinas, tecladista y músico de Inti Illimani, que de ser un "artista invitado permanente" en Chico Trujillo, pasó a convertirse en uno más de la banda.

Los guarenes de la cumbia

El "Macha" es un personaje curioso. Usa guayaberas, zapatillas vistosas, sombreros onderos y pantalones de leopardo. Tiene mucho de "choro del puerto" y mucho también de gitano. Toma cerveza Corona y ron, es fanático de la estética sesentera y de los autos clásicos (se acaba de comprar un "escarabajo" antiguo). Ama los porotos granados y la marraqueta con huevo, y aunque está lejos de ser un galán de teleserie, tiene un sorprendente arrastre entre las mujeres. El tipo es talentoso y carismático. Y cuando está en confianza –dicen– no hay nadie mejor que él para contar historias.

También tiene sus contrastes. Es un tipo sencillo, que no olvida su Villa Alemana, pero vive en una casa en Lo Barnechea. Tiene pocos pero buenos amigos, entre ellos, los músicos de Los fiskales ad hoc y Titae Lindl. Además, claro, de los miembros de su banda, que son sus partners. Ellos saben que él es el líder, el guía y por eso lo apodaron 'el caudillo'. "Después de diez años y con todo el tiempo que pasamos de gira, las relaciones humanas se pueden desgastar, pero entre nosotros no. Lo pasamos bien y eso se nota en el escenario. No hay roces ni egos", dice Gronemeyer.

Tomás Olivera, el premiado chef del Hotel Ritz-Carlton, es parte del círculo de amigos. Los conoció hace algunos años porque le atraía la onda del grupo y la atmósfera que se daba en las tocatas: "Uno se encuentra con una diversidad de público pocas veces vista", dice. Hoy, es el orgulloso presidente del SICOCHT, Sindicato de cocineros de Chico Trujillo. "Ellos se pusieron 'Los guarenes de la cumbia' y como a los 'cabros' les gusta harto comer y son bien gozadores, creamos 'El club del buen roer'. Antes de las tocatas, tipo 8 o 9, nos juntamos a comer y hacemos asados o cebiches. A veces en la casa del mismo 'Macha'. Incluso una vez el Pepe (José Secall, padre de Adela) nos hizo un curanto", cuenta Olivera.

La familia política del "Macha" lo apoya en todo. En el lanzamiento del último disco, que se realizó en la cava del Centro Cultural de San Miguel y en el que la comida (mechada al jugo con arroz y papas mayo) estuvo a cargo de Tomás Olivera, estuvieron sus suegros. Viviana Corvalán, la madre de Adela, es quien lo ayuda con la prensa, porque –ya se sabe– a él no le gusta dar entrevistas.

Además nunca ha querido tener mánager. Al "Macha" le gusta manejar personalmente su agenda, hacer los contactos, gestionar los recitales, negociar las platas. Él las hace todas. Un productor que trabajó con él cuenta que no cobra menos de un millón por tocata y que le gusta que le paguen en efectivo. Además, no toca con cualquiera. A pesar de que fue "curador" del disco "Santiago Caliente", del bar Catedral, para el que seleccionó a las mejores bandas chilenas de cumbia del momento, no le gusta que lo metan en el mismo saco que los "novatos". "En ese sentido, es bien quisquilloso, no va a todas. Le gusta saber bien con quién más va a tocar y si no le gusta una banda, dice que no", cuenta un cercano.

Chico Trujillo no sólo se ha desmarcado del fenómeno de la cumbia joven, sino que además ha buscado su propio camino. En un principio tocaban los clásicos de la cumbia chilena, pero dejaron de hacerlo para dar un paso adelante. Investigaron las raíces del género y desempolvaron desconocidas cumbias colombianas y antiguas chichas peruanas. De ellas hicieron nuevas versiones, pero también compusieron canciones propias inspiradas en esos ritmos, incluidas algunas instrumentales. Pronto sacarán un vinilo con sus grandes éxitos y a la vuelta de Europa se encerrarán a grabar un nuevo disco. Un álbum que tendrá el ritmo del folclor latinoamericano, el sello del "Macha" y el cada vez más nítido estilo de Chico Trujillo. Entonces, sólo quedará bailar.

CHICO TRUJILLO & BANDA CONMOCIÓN

Se presentan mañana sábado a las 23 horas en el Salón Andes de la Estación Mapocho. Entrada General: $4.000




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El 'Macha' (al centro) hoy no toca con cualquier grupo de cumbia. Chico Trujillo no es una banda novata.
El 'Macha' (al centro) hoy no toca con cualquier grupo de cumbia. Chico Trujillo no es una banda novata.


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