DEPORTES

Domingo 19 de Diciembre de 1999

Fue una masacre

Sólo un minuto y 49 segundos duró la pelea entre Bernardo Chifeo Mendoza y Tim Austin, celebrada esta madrugada en Tunica, Mississippi. El campeón noqueó al chileno en el primer round sin darle posibilidad alguna de reacción.
No tuvo opción. Ninguna. El norteamericano Tim Austin noqueó esta madrugada en el primer round (1 minuto y 49 segundos, exactamente) a Bernardo Chifeo Mendoza y retuvo sin transpirar su corona gallo de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).

El combate, celebrado en el Grand Casino Event Center, de Tunica, Mississippi (EE.UU.) no fue eso, un combate, fue una demolición. Un Chifeo sorprendidísimo vio cómo Austin se le venía encima sin misericordia desde el primer segundo: al minuto ya estaba en el suelo (se llevó consigo al norteamericano en su desesperación) tras soportar una mano derecha voleada del campeón. Hubo cuenta de protección, siete segundos aproximadamente, y de ahí en más - no mucho más- el panorama empeoró. Austin atacó como una tromba y con una combinación corta en un-dos, volvió a derribar a Chifeo, esta vez para siempre. El chileno debió ser atendido en la lona, pero al rato ya estaba en pie sin signos de daño mayor.

Fue todo. Un minuto y 49 segundos duró el sueño del chileno, el 22 que se frustra desde que Estanislao Tani Loayza, en 1925, perdiera frente a Jimmy Goodrich.

EL CABO ZAPIOLA

Chifeo llegó a las 18.45 horas (locales) al sitio del combate en compañía de su séquito. Y se fue directamente a su camarín. No hizo amago alguno de presenciar - por lo menos en parte- la velada. Rato después, un comisario de la FIB ingresó al camerino para vigilar el vendaje, que quedó a cargo de uno de sus entrenadores, Juan Peralta. El otro, Iván Corral, comentaría más tarde que si no hubiera sido por el Cabo Zapiola (el hombre de la FIB, se entiende), habríamos hecho magia con las vendas. A la luz del resultado, sin embargo, aunque el artilugio hubiese sido posible el final de la pelea de anoche no habría sido distinto: Chifeo no tenía por dónde, con magia o sin ella.

Por David Noemi Voionmaa,
Enviado Especial a Tunica, Mississippi

Detalles de una antesala tranquila

Sin la presión de tener que enmarcarse en los 53,5 kilos una vez ya superada la prueba del pesaje (de hecho, subiría al ring con cerca de 55), ayer en la mañana Bernardo Chifeo Mendoza tomó desayuno como cualquier otro ciudadano de barrio. Degustó, cerca delas 9.30 horas, jamón, pavo y sémola en el segundo piso del Grand Casino Hotel, junto a su manejador, Eduardo Contreras, y sus entrenadores, Juan Peralta e Iván Corral.

Aunque no le quedaba nada para enfrentar a Tim Austin, el campeón mundial del peso gallo de la Federación Internacional de Boxeo (FIB), estaba increíblemente tranquilo. Ni siquiera le incomodó la presencia de su rival, sentado, por coincidencia, en una mesa contigua (Austin, con un curioso velo negro, en todo caso, le daba la espalda).

El ex ayudante de barretero en las minas de carbón de Curanilahue no tuvo el típico sueño de los boxeadores en la noche anterior a la velada: es decir, no durmió pensando que iba a conseguir el cinturón. Descansó sin sobresaltos y se despertó como si ya fuera campeón del mundo.

A la usanza de un curioso juego, en la mesa de Chifeo el té originalmente pedido por Contreras iba a dar al púgil. Lo mismo ocurría con el jugo de naranja encargado por Corral. Seguridad ante todo.

Si hubo algún punto que rompió la tranquilidad del grupo fue la noticia, conocida el día anterior, de que el árbitro (Elmo Adolph) y dos de los jueces de la pelea (Freddie Steinwinder y Cid Jenkins) serían estadounidenses.

Ya me pasó cuando combatí contra Vásquez (Wilfredo, en su primer intento por coronarse campeón del mundo). Esa vez, el árbitro me pegaba en los guantes y no me dejaba tranquilo... Es difícil que me den una victoria por puntos, por lo que tendré que buscar el nocáut. No me conformaría con perder estrechamente, vine a ganar, aseguraba Mendoza, diez horas antes de tomar el shuttle que lo dejaría a las puertas del Grand Casino Hotel Event Center, escenario del combate contra Austin.

En el séquito chileno se cruzó la idea de reclamar por la designación del trío de norteamericanos, pero finalmente la medida fue desechada, porque podía predisponerlos en contra nuestra. Hay que salir a matar, expuso Contreras.

REMEMORANZAS

Chifeo no le dio mayores vueltas al asunto de los jueces locales. En rigor, no le quedaba otra: tenía que mentalizarse en ganar y punto. A lo que sí le dedicó tiempo fue a todos aquellos hitos de su vida que debió superar para llegar al día más importante de su carrera profesional.

Estudié hasta séptimo básico en la escuela pública de Curanilahue. Ya a los doce años empecé a trabajar en los pirquenes, auxiliando a los barreteros, sostuvo a modo de introducción.

Hay que ser más valiente para trabajar en la mina que para estar arriba del ring... Incluso, al poco tiempo de que partí a Santiago para dedicarme al boxeo, once mineros murieron ahogados, entre ellos un amigo mío, recordó.

Quien introdujo en el pugilismo a Mendoza fue un amigo suyo, Andrés Castro. Peleábamos juntos, él era un poco más grande. El problema es que cuando ganaba, me invitaba a celebrar y usted entiende, el hombre era un poco vicioso y yo le dije que mejor celebrara solo.

En Pedro Aguirre Cerda, donde vive junto a su señora y sus dos hijos, afirma que lo tratan con respeto, al punto que unos voladitos que se paran en la esquina me dicen: ¿cómo está, campeón?.

Obviamente, doce horas antes de llevar a cabo el combate de su vida, no era el mejor momento para hablar sobre qué hará una vez que esté nuevamente en Chile, mañana, a eso de las 9.



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