ESPECTÁCULOS

Sábado 7 de Agosto de 2004

Yo conocí a Whelan


NICOLÁS LUCO ROJAS

El cura Gerardo Whelan (en la foto) llegó muy joven al colegio Saint George, en Pedro de Valdivia. Tenía manos enormes, que usaba, si era preciso, en el trasero de los porfiados, sin contemplaciones. Dolía. Había trabajado con delincuentes juveniles en Washington. Y era musculoso, pese a su talla small. Su piel roja, su habano, su manta y sus risotadas malévolas lo transformaron en personaje. Le decíamos "Tolomiro"; de perfil parecía uno, y además a veces se sumía en un silencio misterioso. Nos obligó a hablar en inglés en los recreos; el que fallaba, se quedaba después de clases a memorizar a Edgar Allan Poe. Nos enseñó a cocinar, a construir letrinas. A lavarnos con jabón en los campamentos -"hay partes que no basta el water para lavar"-, hablaba en spanglish. No consiguió aprender sintaxis castellana, pese a que le dieron la condecoración "Gabriela Mistral". Pero era una gracia oírlo hablar, aunque a veces no se le entendiera el sentido. Recio. Nunca fue un cura tradicional; siempre trastocaba las cosas para que uno, sorprendido, las repensara. Perdía el sueño si había que acompañar a un alumno que perdía a su padre. Se contaba con él.

Él cazaba vocaciones para su congregación, hecha de amigos. En su funeral, el ex mirista Andrés Pascal Allende pasó adelante, tomó el micrófono, y con voz quebrada le agradeció la vida. El cura arriesgó la suya por salvársela cuando lo perseguían. Apostaba por los caídos, daba una segunda oportunidad. Hoy su sonrisa ladeada ilumina la biblioteca del colegio y otras habitaciones más, de muchos de nosotros.


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Foto:EL MERCURIO
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