ARTES Y LETRAS

Domingo 24 de Octubre de 2004

ARQUITECTURA CHILENA. IX Bienal de Venecia
Chilenos en Venecia

Un conjunto de 20 proyectos realizados por arquitectos nacionales, con un máximo de diez años de experiencia, se expone en la novena versión de este importante encuentro internacional que se efectúa en Venecia desde 1980. La muestra es un fiel reflejo de lo que proponen los más jóvenes. E 2 a E 4

SEBASTIÁN GRAY

Por segunda vez consecutiva, Chile se presenta con un espacio autónomo en la Exposición Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia. Se trata de un raro privilegio, considerando que la Bienal es posiblemente la más extensa y relevante muestra de arquitectura en nuestra época, y que a ella se accede sólo mediante una invitación oficial por parte de la comisión organizadora y el curador de turno. Junto al interés que en el mundo exterior despierta hoy el quehacer de Chile, la invitación es fruto de la certera gestión de la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, con la colaboración de la Embajada de Chile en Italia y su agregaduría cultural.

La historia de la Bienal de Arquitectura de Venecia se remonta a 1975, con una exposición organizada por el Departamento de Artes Visuales y Arquitectura de la prestigiosa Bienal de Arte, fundada en 1895. La primera Exposición Internacional de Arquitectura tuvo lugar en 1980 bajo la dirección de Paolo Portoghesi, con grandes repercusiones mediáticas y académicas. Las siguientes exposiciones crecieron cada vez en tamaño e importancia, hasta lograr en 2002 la mayor convocatoria de su historia -hasta ahora- al reunir unos 150 proyectos de 90 oficinas, más 36 participaciones de países, expuestos en dos hectáreas de recintos. Para tener una idea de la magnitud del evento, solamente a la inauguración asistieron 15 mil personas, y en los dos meses de muestra se registraron más de 100 mil visitantes, se acreditaron 3.700 periodistas y 122 equipos televisivos de 46 países, representando los medios más prestigiosos del mundo. El sitio de Internet de La Bienal ( www.labiennale.org) recibió nueve millones de visitas mensuales.

Este año, la IX Exposición Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia, cuyo curador es el historiador alemán Kurt W. Forster, está dedicada al tema Metamorph, enfatizando las transformaciones culturales, tecnológicas y críticas que desde la posguerra definen la evolución de la arquitectura contemporánea y su proyección hacia el futuro. Bajo esta premisa, el programa de la bienal se despliega en diversos ámbitos: una exposición de perspectiva histórica con los eventos que han reordenado el panorama de la disciplina desde los años '70 hasta la vanguardia; un vasto conjunto de obras de arquitectos y oficinas, y las instalaciones de diversos países invitados, revelando, con gran libertad curatorial, las respectivas transformaciones recientes en la práctica de la arquitectura; sus innovaciones proyectuales, programáticas, constructivas y de representación.

En la versión anterior, la exposición chilena consistió en la obra de siete reconocidos arquitectos abarcando un rango heterogéneo de edades, escuelas y trayectoria profesional. Con la ventaja de la experiencia previa en cuanto al sentido y oportunidad propios del evento, esta vez la perspectiva curatorial indagó un ángulo de la arquitectura nacional a partir del análisis de las condiciones actuales y previsibles del ejercicio de la profesión.

En primer lugar, la enseñanza y la práctica profesional de la arquitectura en Chile han tenido una importante evolución en las últimas dos décadas: la creación de nuevas universidades privadas a partir de 1981 ha elevado el número de escuelas de arquitectura desde las tradicionales 6 hasta las 40 que existen en la actualidad. En el mismo período, el país ha aumentado su población de 12 a 15 millones de habitantes, lo que implica un aumento explosivo en la proporción de arquitectos por ciudadano, pero de cuyas consecuencias nadie se pronuncia o hace cargo. Podemos suponer, en todo caso, que la proliferación de arquitectos en un país relativamente pequeño necesariamente modificará el panorama del ejercicio profesional, diversificando su campo de acción de acuerdo con las aspiraciones de una sociedad de economía emergente y progresivamente globalizada.

En segundo lugar, en Chile el título académico habilita automáticamente para el ejercicio de la profesión, y, hasta ahora, fuera de este requisito no es necesario para el arquitecto acreditarse ante el Estado o estar vinculado a ningún organismo colegiado o regulador. Por otra parte, Chile es un país con un vasto territorio aún por conquistar, y sus principales asentamientos urbanos se encuentran en pleno proceso de expansión, a una velocidad tal que los instrumentos de planificación parecen ir siempre a la saga de los hechos consumados o de las pragmáticas presiones del mercado. En este contexto, la conducta ética de la profesión -en su sentido más amplio, incluyendo la postura del arquitecto frente a la manera de hacer ciudad y país- se transforma en un asunto de la mayor trascendencia y es, en las actuales circunstancias, un asunto estrictamente personal y reservado.

Panorama en Chile

En tercer lugar, el establishment de la arquitectura chilena ofrece escasas o nulas oportunidades a los arquitectos desconocidos: la mayoría de los concursos públicos de arquitectura edilicia o de diseño urbano -de por sí desprestigiados por sus nebulosos procedimientos, la pobreza de sus premios y la inseguridad de su ejecución- contienen estrictos requerimientos de experiencia previa o capacidad operativa que impiden la participación autónoma de los más pequeños o jóvenes; el acceso a las contadas publicaciones periódicas de arquitectura existentes es limitado y, fuera de la importante Bienal Chilena de Arquitectura, no existe una tradición de exposición, debate o crítica permanente en el panorama cultural nacional.

Con tales premisas, resulta natural inquirir sobre la naturaleza de una generación que existe más bien oculta, de idiosincrasia desconocida, sin otra voz aparente que la de sus propias obras, surgidas generalmente de encargos privados y rara vez publicadas. Se trata de una generación cómodamente instalada en el panorama globalizador de la modernidad, al día con el mundo gracias al viaje y a los abundantes medios tecnológicos disponibles masivamente en Chile. Es también una generación inserta en un largo período de transformaciones entre un régimen autoritario y una incipiente democracia, heredera de un modelo neoliberal que ha permitido un desarrollo económico inédito del país, pero que al mismo tiempo se esfuerza por abordar ingentes problemas de desigualdad social, sustentabilidad del desarrollo, degradación medioambiental, habitabilidad de las ciudades, planificación del territorio, identidad cultural y participación ciudadana en el debate público; todos temas correlacionados e ineludibles en el desempeño responsable del oficio.

En busca de estas nuevas voces, un concurso público y nacional fue convocado para obras construidas a la fecha de la Bienal, cuyos autores, titulados durante los últimos diez años, representasen la generación más reciente de arquitectos chilenos. Participaron 48 proyectos y se seleccionaron los veinte que constituyen la muestra nacional en Venecia.

Economía material

La selección nos permite una serie de constataciones; algunas obvias y otras más bien inesperadas. A primera vista se advierte la rica diversidad programática de los encargos: ocho proyectos de vivienda unifamiliar (de los cuales cinco son casas de veraneo y uno gestión inmobiliaria), tres locales profesionales, un local comercial (el único proyecto de arquitectura interior), tres pabellones, dos proyectos institucionales, dos proyectos de espacio público y una capilla privada. Diecisiete proyectos corresponden a la concepción de un cuerpo arquitectónico desde sus cimientos, dos intervienen estructuras preexistentes y uno corresponde a paisajismo. Quince proyectos son fruto de encargos particulares; dos de instituciones privadas y tres de instituciones públicas. Con gran ingenio, varios proyectos exploran una máxima economía material; aunque brillan por su ausencia proyectos de vivienda y equipamiento de interés social, donde la solución de economía tendría por necesidad la mayor trascendencia.

En su conjunto, los proyectos presentados dan cuenta del amplio rango geográfico del país, desde las áridas costas del norte, pasando por templados parajes del valle central hasta fríos y húmedos rincones del sur. Al mismo tiempo, el conjunto da cuenta de las aspiraciones estéticas y los recursos constructivos imperantes en la imaginería -las influencias- del momento. Notablemente, doce proyectos exploran las diversas posibilidades de la madera como material fundamental, anunciando una importante evolución tanto en la industria de la construcción como en la percepción de la arquitectura por parte de la sociedad. El uso de la madera como un material constructivo aceptable para viviendas por encargo, por ejemplo, apenas surge en Chile tras largos años de franco rechazo. A pesar de ser un país productor, la cultura sísmica, las aspiraciones sociales, el elevado costo de la buena construcción y el prejuicio que históricamente ha identificado la madera como material para viviendas pobres la han relegado tras la popular fórmula de albañilería, hormigón armado y estucos de todo tipo. El reciente desarrollo y promoción por parte de la industria local de un mejorado catálogo de escuadrías secas, paneles y herrajes, ha permitido la exploración de nuevas técnicas y lenguajes que hacen de la madera un material posible (y costeable) para la arquitectura formal. En este contexto se debe apreciar el espectro de proposiciones constructivas de estas obras de jóvenes autores. El Prototipo M7, por ejemplo, explora académicamente las posibilidades dimensionales y resistentes del panel contrachapado; la casa Feureisen hace uso de obsoletos durmientes de roble en una ingeniosa simbiosis estructural-ambiental; la Casa en el Árbol desarrolla un sistema constructivo expresamente apropiado a las condiciones irregulares del material disponible en la zona, y la Casa Rivo aprovecha técnicas y elementos de diseño vernáculos de la región.

Visión franca

Paradójicamente, la gran diversidad geográfica y climática de los respectivos emplazamientos de estas obras no tiene como consecuencia diferencias sustanciales en la composición de los cuerpos o en el tratamiento de sus envolventes. Urbanas o rurales, permanentes o transitorias, en superficie plana o en pendiente, casi todos los proyectos se comprometen sin ambages con un lenguaje de cuerpo cierto, paralelepípedo y techo plano que pareciera ser el pasaporte garantizado a la modernidad, aun a expensas de evidentes inconvenientes constructivos y de control medioambiental.

Las notorias similitudes de lenguaje arquitectónico en la mayoría de estas obras nos obligan a una reflexión más incisiva. Como en tantas épocas precedentes, se puede presumir que el discurso académico y el quehacer profesional están permeados por una visión colectiva de pertinencia y contemporaneidad universal, alimentada hoy más que nunca por una profusión de imágenes de arquitecturas "de autor", repetidamente publicadas, fotográficamente idealizadas, completamente descontextualizadas de sus variables geográficas, culturales y financieras, difícilmente analizadas en el real detalle de su factura y menos aún experimentadas de cuerpo presente. Este conjunto de imágenes, instalado en el imaginario colectivo de la profesión -y entonces por extensión en el imaginario de la sociedad completa- parece servir naturalmente como referente plástico para la elaboración conceptual de un proyecto cualquiera, sin una distinción de programa o emplazamiento.

No debe inquietar que los primeros pasos dados en libertad fuera de la academia adopten, sin mayor enjuiciamiento, el aparente "estado del arte" de la disciplina, a riesgo de que estos valores resulten sumariamente impuestos por moda a los dictámenes del clima y la geografía, a las técnicas constructivas locales o a la identidad cultural de un pueblo o una región. La madurez personal, la conciencia cívica y el desarrollo del oficio en el tiempo -especialmente bajo las nuevas condiciones que se presentan en Chile- seguramente conducirán a estos talentos a encontrar más temprano que tarde una voz íntima y original, apropiada a su paisaje, a su sociedad y a su época.

La exposición cumple cabalmente su objetivo de representar al país con una visión franca y fresca, concitando el genuino interés del público y de la prensa especializada. El bello montaje de torres iluminadas, diseñado y construido en Chile por Rodrigo Castillo, así como el notable catálogo de Ximena Ulibarri, complementan un contenido que resulta sorprendente para el visitante europeo, poco acostumbrado a admirar obras tan sustanciosas de tan jóvenes autores. La Bienal cierra sus puertas el próximo 7 de noviembre.



Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir



[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales