VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 22 de Marzo de 2003


Reciclaje de lo gallo

En pleno Santiago Oriente, y luego de dos décadas de abandono, se restauró y recicló esta gran casona patronal que es Monumento Nacional desde 1984. Sede del Colegio San Esteban, las obras estuvieron a cargo de los arquitectos Patricio Gross y Rodrigo Montes.
Texto, Miguel Laborde Fotografías, Julio Maillard

Como propiedad, cruzó dos siglos y medio en manos de sólo dos familias. Adquirida en 1701 por Pedro de Aguirre, a quien heredó Juan Nicolás de Aguirre ­el fundador de la Casa de Huérfanos de Santiago­, se mantuvo en su descendencia ­que construyó la casona a mediados del siglo XIX­, hasta 1880, cuando la compró Manuel Gallo Montt. Nuevamente se conservó entre herederos y con carácter residencial, hasta 1970.

Con la Caja Bancaria de Pensiones vino su decadencia. Iba camino de demolerse cuando se declaró Monumento Nacional la parte construida de la propiedad, vendiéndose la desafectada. El dictamen no impidió que se mantuviera desocupada. Sólo vivía un cuidador, en parte de un volumen, con gallinero y conejeras, mientras el resto presentaba un aspecto cada vez más deteriorado.

En 1989 compró la propiedad la Sociedad Educacional San Esteban que, con su primer colegio ya estrecho en Avenida Bilbao, necesitaba un terreno amplio. Aunque no buscara una construcción colonial, su imagen pareció valiosa a la directiva. Le daría un peso adicional, de tradición.

Patricio Gross, arquitecto de amplia trayectoria en restauraciones coloniales, y un joven Rodrigo Montes ­hijo de Hugo Montes, el fundador de la sociedad educacional­ quedaron a cargo, junto al ingeniero calculista Sergio Rojo, especialista en adobe, quien estudió los refuerzos estructurales para asegurar la obra.

Aunque el acceso original estaba por el sur ­a la vera del camino­, quedando el parque al fondo, por accesibilidad optaron por el norte. Son los árboles los que ahora reciben; los pocos, pero valiosos, que se salvaron de las décadas de abandono. Tras ellos aparece la construcción de adobe, corredores aporticados y cubiertas de tejas y, traspuesto el zaguán, un tranquilo y curioso patio cerrado; sus pilares y sopandas, adquiridos por Manuel Goycoolea Espoz a mediados del siglo pasado, pertenecían al Hospital San Juan de Dios, donde los corredores eran de mayor altura. Aquí fueron adaptados.

Es un patio excepcional en Santiago, rodeado de muros coloniales, matizado por enredaderas floridas y abierto al cielo; el ambiente de mayor valor. Se colocaron vigas, cerchas y se retechó un 50% de las cubiertas, casi todo con las mismas tejas. Los pilares se rasparon de pintura para recuperar la estética de su madera. Los pavimentos de ladrillo, y de piedras de río en el patio principal, completan su expresión colonial.

Los muros de adobe, de 0.90 m, contienen salas de cielos entablados. Se exploró con distintas técnicas de revoque, pelo de cabra, jugo de cactus, pero, por falta de artesanos, se optó por la común de barro. En el reciclaje, al dividir algunos espacios, la tabiquería llega a los dos metros de altura, siendo acristalada en sus tramos superiores para mantener la percepción de lo original. La mayoría de las puertas son del lugar.

El edificio nuevo se construyó a cierta distancia de la obra original de modo de conservarla aislada y "enmarcarla". En acuerdo con el Consejo de Monumentos Nacionales, que demandaba criterios de altura, corredores, revestimientos y colores similares, cubierta de tejas, levantaron su volumen al sur de ella, trabajándose las fachadas poniente y sur de la casona ­zócalo, faroles, vegetación­ para completar su imagen.

Hoy, es parte de la identidad del San Esteban, ante alumnos, apoderados y profesores; incluso, la sociedad educacional, en sus nuevos colegios, ha reiterado el lenguaje. Técnicamente, la restauración continúa. Aleros, cierres de corredores, son etapas pendientes.




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Foto:Julio Maillard


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