ARTES Y LETRAS

Domingo 23 de Octubre de 2005

Guía de exposiciones
Visiones paralelas

Tres reunidos: Josefina Guilisasti, Claudio Herrera y Francisco de Groote.

DANIELA ROSENFELD

Tres sólidos artistas, Josefina Guilisasti, Claudio Herrera y Francisco de Groote, se presentan en galería Stuart de Santiago, un espacio reducido en sus dimensiones pero de una pulcritud y luminosidad adecuadas para mostrar arte. Los participantes despliegan pocas pero decidoras obras, sin que necesariamente "una tenga que ver con la otra", como explicita el catálogo. Llama la atención, en todo caso, que sus fundamentos teóricos, casi en un tono académico, citen quizás con demasiada insistencia a otros artistas y movimientos artísticos, recalcando entrelíneas que lo exhibido no es del todo "inédito", ya que además es una reflexión sobre lo ya hecho. Este síntoma, propio del arte contemporáneo, no requiere ser tan palmario, no sólo porque condiciona al espectador sino porque la frescura de las obras no lo requiere.

El recorrido de "Visiones paralelas" comienza con un díptico fotográfico de Guilisasti, que se distingue por la elegante austeridad de la presentación y sus motivos. Se trata de la imagen de una instalación escultórica abstracta en Texas del norteamericano Donald Judd y otra de una "toma de verano" en Puerto Viejo. En las evidentes similitudes visuales radica su fuerza, en el hecho de situar sobre una misma plataforma dos circunstancias concretas (construcciones cúbicas de cemento y mediaguas de madera), pero básicamente opuestas en su razón de ser. Las posibles alusiones, referencias y evocaciones nacen de la propuesta de Guilisasti y no de la realidad que muestran las fotos. Sólo con este gesto, reducido a la simplicidad de una mirada directa y desprejuiciada, se logra dar un sentido que pone en evidencia otros conceptos como, por ejemplo, la modificación humana del paisaje: una hecha con fines artísticos y otra con propósitos prácticos para la supervivencia. El hallazgo de la artista, quien con un atento instinto perceptivo puede trazar esas coincidencias y sincronías fortuitas, activa una vasta reflexión.

Herrera presenta una fotografía de una producción anterior y una serie de técnicas mixtas donde se adivinan de lejos sus frenéticos trazados sobre papel. A ellos se agregan otros elementos que arman un universo enmarañado y a primera vista incoherente, como un complejo entramado informativo renuente a ser descifrado inmediatamente. Estas sugerentes superficies, híbridas en su visualidad, cometan, en forma irónica y crítica sobre el delirio y el arrebato del espacio urbano.

Finalmente, De Groote presenta una serie de dibujos realizada con bolígrafos y titulada Cielo I, II y III, trabajando la repetición de una sección de paisaje para generar áreas texturadas de sobria y rigurosa formalidad. Con sus dibujos de menor tamaño en hojas de cuaderno y también con lápices de uso corriente, la propuesta se resume en grafismos espontáneos, ajenos a toda convención, donde una mente ansiosa pareciera prevalecer sobre la mano, no tanto por lo "brutal" de las delineaciones, sino por las leyendas que los acompañan. "Dibujar no es un ejercicio de destreza particular, -recuerdo a Matisse- sino, un medio para expresar sentimientos y ánimos íntimos".


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