REVISTA DEL CAMPO

Lunes 4 de Abril de 2005

La historia de Miguel Lamoliatte y Abelino Mora:
El capitán y el soldado

Campeones nacionales en 1961 en Maipú y en 1966 en Valdivia, esta collera inquebrantable es la síntesis del rodeo chileno. El sábado recibieron el premio Trayectoria Revista del Campo.

JUAN MORALES HUERTA

Vamos o no vamos. Fue una de esas preguntas que no alcanzan a ser tales dada la carga de desafío que llevan. Por eso es más correcto no ponerles signos de interrogación. Sería como dudar de la determinación de los hombres que las pronuncian.

Casi un insulto.

- Vamos- se respondieron al unísono. Entonces Abelino Mora y Miguel Lamoliatte partieron al rodeo de Monte Águila, VIII Región. Era principios de marzo de 1961, y era la última oportunidad que había para clasificar al Campeonato Nacional de Rodeo que se llevaría a cabo en Maipú. Sólo servía una victoria. Las posibilidades eran mínimas. Miguel venía llegando de un agotador viaje a Francia y casi no había visto acción durante el año. Era también su primera temporada con Abelino, si es que se le podía llamar temporada a lo poco y nada que alcanzaron a correr juntos. Por si fuera poco, la yegua estrella, "Aceitaíta", venía saliendo de un enfisema pulmonar. Pero la medialuna es democrática: todos parten de cero.

Lo que son las cosas: Mora y Lamoliatte en "Aceitaíta" y "Pluma" ganaron la Serie Yeguas y más tarde el champion con los mismos ejemplares. Una semana más tarde, corrían el Nacional.

Impensadamente, Mora y Lamoliatte disputan el cuarto animal. La Comunidad Darío Pavez, amos del norte en aquel tiempo, les sacó 5 puntos de ventaja, lo que es bastante teniendo en cuenta que aún no existía el punto de salida por sacar el animal del apiñadero, y que los puntajes por atajada iban de 1 a 3.

Les tocaba a Mora y Lamoliatte. Los toros habían andado difíciles, pero en aquel entonces los jinetes podían elegir qué animal correr, no como ahora que es por azar. Mora era el más experimentado y sabía más de novillos.

"No vayas a elegir a ese overo, por todo lo que quieras, no lo elijas", le advirtió a Lamoliatte. Pero Miguel, quizás traicionado por los nervios, tocó casualmente con los estribos al animal prohibido y el capataz creyó que lo había elegido. Entonces salió un animal disparado como bala de circo por la medialuna.

Lamoliatte y Mora partieron detrás de él.

Fueron tres embestidas claras, y en las tres el novillo se fue a tierra.

- ¡Ganamos, hicimos seis!-, gritó Abelino.

El público también había dado su veredicto.

- Seis, seis, seis..., comenzó a corear.

Sólo faltaba la opinión de los jueces.

- Lamoliatte y Mora, seis puntos buenos, ratificaron en altoparlantes.

Abelino Mora y Miguel Lamoliatte, campeones del 13 Nacional de Rodeo. Miguel frisaba apenas los 26 años. Era la primera vez que participaba en un Nacional y lo hacía ganando. Para Abelino, 8 años mayor, era más bien una consagración.

El capitán y el soldado

Abelino Eduardo Mora Inostroza nació el 4 de diciembre de 1926 en Temuco, cuando la capital de la Araucanía era más campo que ciudad. Se crió en medio de haciendas, peones, arados y animales y desde que tuvo conciencia supo que lo suyo eran los caballos. De puro gusto iba y venía a Toltén a caballo. 200 kilómetros en total.

A los 16 años vio algo que le cambiaría la vida: un rodeo. Ya por entonces había heredado el fundo Santa Clara y con unos cuantos animales a cuestas había formado el Criadero Trehuaco. Contrató como criador a Segundo Espinoza, "levantándoselo" a Andrés Lamoliatte, padre de Miguel.

Comenzó a aprender el arte de las atajadas. Debutó en un rodeo en Lanco ganando la Serie Yeguas y en 1949 participó en el primer Campeonato Nacional de la historia que se hizo en Rancagua. Terminó ganando su compañero de aquel entonces, José Gutiérrez junto a Ernesto Santos. El turno de Abelino llegaría 6 años después en Chillán.

Junto a Eliseo Calderón y montando a "Latosito" y "Cervecero", Abelino ganó el Nacional de 1955 con clara ventaja. De ahí en adelante apareció casi ininterrumpidamente en el ranking de jinetes. Los buenos resultados se sucedieron. En 1958, con Demetrio Villegas en "Danilo" y "Chinchel", es vicecampeón de Chile en Melipilla. Y estuvo a un pelo de ser campeón.

"Le dije a Demetrio, cuídate, cuídate. Y mire usted. Se le escapó el novillo de la zona de atajada. Pero no me importó. Yo no lloro por leseras", dice Abelino.

Luego le propondría hacer dupla a Miguel Lamoliatte, en ese tiempo ya considerado un amigo. Cierta vez, Abelino hizo un esfuerzo sobrehumano y se puso serio. Famoso es su sentido del humor. Fue para recitarle a Miguel una especie de declaración de principios. Algo más o menos así:

"Miguel, en esta cosa no pueden correr dos capitanes, ni dos soldados; uno tiene que hacer de capitán y el otro de soldado. Cuando el soldado quiere ser capitán, y el capitán soldado, todo se echa a perder. Así se hace una dupla, cada uno en su puesto, y nadie le envidia nada al otro y nadie dice que el otro es más o menos".

Miguel asintió.

El entrecomillas capitán era Abelino que siempre fue a la mano en el cuarto animal, mientras que Miguel iba a la de atrás. Con esta estrategia debutaron ganando el Nacional de 1961. Al año siguiente, Abelino sería elegido el mejor deportista de la especialidad, según el entonces Círculo de Cronistas Deportivos. Parecía estar en la cresta de la ola, pero aún faltaba mucho por ganar.

No se va a poder

Una de dos, o a Lamoliatte y Mora los persigue un halo epopéyico o simplemente no existe nada fácil en esta vida. O quizás un poco de ambos. El punto es que para el Campeonato Nacional de Valdivia de 1966, "Aceitaíta" venía con una pata inflamada. Abelino estaba prácticamente decidido a no correrla, pero un veterinario amigo suyo le recomendó suministrarle unas buenas dosis de penicilina para ver qué pasaba.

Al día siguiente el tobillo de la yegua se había deshinchado un tanto así que Abelino decidió trabajarla. Así lograron premiarla en la serie yeguas, aunque la mayor parte del trabajo lo hizo la "Flecha".

El día del Champion

Toda la pléyade histórica del rodeo chileno estaba allí, incluyendo los excelsos Ramón Cardemil y Ruperto Valderrama. Sin embargo, para el cuarto animal, sólo quedaron unos pocos, entre ellos los formidables Santiago "Chanca" Urrutia y Samuel Parot, quienes lograron meter tres colleras: "Candileja" y "Perniciosa" con 18 puntos; "Huachipato" y "Campanario" con 15; y "Huingan" con "Naranjerita" con 13 puntos. Abelino, que con su compañero sumaban 17 unidades, siempre tan bueno para la talla, le propuso a don Chanca, más en broma que en serio:

- Don Chanca, elija su mejor collera y le disputamos mano a mano la final.

Urrutia, moviendo el dedo índice como limpiaparabrisas, le respondió:

- No se va a poder, no se va a poder.

Los primeros en correr son Mora y Lamoliatte en "Aceitaíta" y "Flecha", alcanzando 7 puntos buenos, 24 en total. Parot y Urrutia tuvieron tres oportunidades para derrotarlos, pero una a una fueron cayendo derrotadas sus colleras. Abelino no se resistió. Terminada la competencia se acercó a don Chanca. Le hace el gesto limpiaparabrisas y le dice: "No se va a poder, no se va a poder".

Urrutia, conociendo a Abelino, se rió de buena gana. Estaba viendo a un tricampeón nacional de rodeo. Hecho
inédito en aquella temporada, los ganadores fueron premiados con viajes para ir a Francia con sus respectivas familias. Ese mismo año el Círculo de Cronistas Deportivos iguala las cosas en la collera y elige a Miguel Lamoliatte como el mejor deportista. Ahora tenía 31 años.

La cimarra

Miguel Lamoliatte Elissabide nació el 13 de agosto de 1934 cerca de Villarrica. Su abuelo, Agustín, llegó de Francia para hacer fortuna y lo logró gracias a la próspera Hacienda Long Long. Eran en total 12 mil há de bosques y praderas. Y donde hay bosques y praderas, hay caballos. Y cuando cerca de los caballos crecen niños, suelen forjarse grandes jinetes. El joven Miguel fue uno de ellos.

Cuenta la tradición familiar que Miguel y su hermano Jaime jamás se portaron bien en el colegio. En una medida desesperada, su padre, don Andrés, los internó en un establecimiento de Temuco. Pero era tanto el fanatismo por los caballos que los hermanos se escapaban semana por medio para hacer la cimarra en Long Long. Cuando su padre los descubrió, les aplicó un castigo ejemplar: internados hasta fin de año. Jaime no aguantó la reclusión. Cierta vez decidió dar alaridos simulando una enfermedad grave. Pero con tanto melodramatismo, que lo internaron para operarlo de peritonitis.

A los 14 años, Miguel corre su primer rodeo junto a Florentino Bastías, y a los 19 años, en 1953 en Villarrica, gana su primer rodeo junto a Pedro Molina. Debería esperar hasta 1961 para debutar en el Campeonato Nacional junto a Abelino. Y qué debut. Luego, claro, vendría Valdivia y el viaje a Francia. Hasta que un par de temporadas más tarde, los caminos de Lamoliatte y Mora se bifurcan.

Miguel alterna con Víctor Moller, Héctor Santos, Álvaro Costa y, sobre todo, con Arturo Correa, principalmente en "Malulo", "Huila" e "Ingenio". En 1984 con Daniel Rey en "Huaino" y "Rumbo", empata el primer lugar del Nacional junto a otras dos colleras: Ricardo de la Fuente con Alberto Schwalm en "Amurrado" y "Pistolero"; y Hugo Navarro con Felipe Jiménez en "Auquicano" y "Vanidoso", quienes finalmente se quedaron con la victoria.

En 1988 protagonizó quizás su más espectacular episodio corralero. Junto a Benjamín García Huidobro en "Taponazo" y "Trago largo", rompen el récord de puntaje alcanzado en un Nacional: 31 en total, superando la antigua marca de Cardemil y Valderrama con 29, vigente desde 1968.

Lamoliatte estaba a un paso de convertirse en tricampeón nacional como su amigo Abelino. Faltaba un pequeño detalle: Juan Carlos Loaiza y Calos Mondaca en "Rico Raco" y "Papayero".

Menudo detalle: la collera marcó 9 puntos superando el récord de todos los rodeos habidos en la historia al totalizar 35 unidades. Nuevamente queda a un paso del "Tri".

De ahí en adelante, don Miguel se dedica a correr más con sus hijos y sus participaciones ya no tienen la urgencia vital de la victoria.

Don Abelino también alternó colleras desde el 70 en adelante. Corrió con su hermano Abelardo, con Álvaro García, pero sobre todo con Aliro Pérez. No tuvo grandes participaciones en los nacionales. No como antes, por lo menos. Don Abelino dice que se demoró en volver a estar a caballo porque renovar una generación demora algo así como diez años. Y cuando completó los diez, vinieron de Santiago y le compraron todo. Pero don Abelino nunca se rinde. Parece como si acabase de proponerse esperar diez años más.

Vamos

Don Abelino se mueve con dificultad, pero no por sus 78 años. Hace dos meses corrió en el rodeo de Pucón y su caballo se enredó en sus manos delanteras cayendo con todo el peso de su cuerpo sobre la humanidad del jinete. Le debieron insertar un metal que atraviesa toda la pantorrilla derecha.

"En dos meses más vuelvo a las pistas", asegura. Su sentido del humor lo hace parecer invencible.

"Abelino, genio y figura hasta la sepultura", se repite a sí mismo.

Con Miguel las cosas no han andado mucho mejor: actualmente sufre de leucemia y se las ingenia para ver los clasificatorios y el Champion con la medialuna minituarizada por la TV.

"Como la quimioterapia me deja más o menos nomás, ver el rodeo me ayuda a mejorar el ánimo", explica Lamoliette.

A 670 kilómetros de distancia, Mora en Temuco y Lamoliette en Santiago, ambos probablemente se echan de menos. Don Abelino se queda un rato meditando en silencio y luego dice: "Me gustaría ir a ver al Miguel, pero no puedo".

- ¿Y qué le diría, don Abelino?

- Vamos o no vamos.

El tour de Francia

Zorba.

Dentro del sinnúmero de fiestas de despedida, hubo una que organizó Fernando Hurtado en su casa. De pronto el yerno del anfitrión, alguien más bien bajo, pero ágil como pantera, comenzó a bailar estilo Zorba el griego tirándose de espalda y con una copa en la frente que jamás se le cayó. Ese yerno bailarín se llamaba Andrés Zaldívar, ex-presidente del Senado.

A lo pobre.

Ya en Francia, don Abelino Mora entra con Miguel Lamoliatte a un fino restorán. Le echa una mirada a la carta y no entiende ni jota, excepto la última reseña que decía algo así como bifteck al poivre.

"Pensé que era bistec a lo pobre", cuenta don Abelino. Pero por esas similitudes lingüísticas, poivre quiere decir pimienta.

"No me quedó otra que tomar y tomar vino para pasar el sabor a la pimienta. Y quedé bastante cucarro le debo decir".

Córrete.

Mora y Lamoliatte llegaron a Francia muy de chamanto y con sombrero miércale, cosa que no le llamó mucho la atención a nadie "porque allá todos se visten medio raro", cuenta don Abelino. Cierta vez iban en auto por una avenida importante cuando de pronto otro vehículo hizo una maniobra imprudente. Don Abelino detectó una bandera al interior del automóvil. Le pidió al chofer que siguiera el auto. Cuando estuvo cerca gritó:

"Córrete de ahí poh ch", irreproducible etcétera. Era justo un auto de la diplomacia chilena. Don Abelino quería gritar un garabato hacía mucho. Y uno que le entendieran.


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Foto:El Mercurio
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