REVISTA YA

Martes 18 de Noviembre de 2008

Las transformaciones de Tamara Acosta

Se atormentaba, sufría, lloraba y se cuestionaba todo. Pero algo cambió en la vida de Tamara Acosta. Su viaje a España, su pareja desde hace seis años y la madurez con que hoy enfrenta la vida la tienen convertida en otra mujer. La actriz, que hoy causa furor con la serie "Los '80", de Canal 13, en esta entrevistra repasa su vida y cómo ha logrado evolucionar: "Hoy día dimensiono las cosas de otra manera".
Por XIMENA URREJOLA B. Fotografías: CLAUDIO DOENTZ.

SU MANERA DE VER EL MUNDO: DE LA TRISTEZA A LA PAZ

En San Bernardo, la comuna donde nació, Tamara Acosta tuvo un pasado punkie. A los 15 años tenía el pelo cortado casi al rape, se vestía siempre de negro, usaba bototos aunque hiciera calor. A los 16 tuvo una relación amorosa con un hombre 20 años mayor. Sus papás - muy regaloneadores- se preocupaban, se asustaban, no por su imagen sino - según ella- por las típicas aprensiones de los papás, como que le fuera a pasar algo en sus correrías por el barrio, que se viera envuelta en drogas. Pero nada de eso ocurrió, a pesar de que para Tamara "el mundo era terrible".

Dice que siempre tuvo un espíritu rompedor, contestatario. Que sufría mucho, por todo. "Debería haber sido gótica: ahora sería emo". Eso significaría que "sufrió" cerca de 30 años de su vida. Ella se ríe, leve, y dice: "No, si también lo pasé bien".

Pero tenía un ejército de terapeutas que la contenían, con los que se trató durante años. Aunque señala que el mundo sigue siendo terrible, y que sigue viendo las cosas de la misma manera, afirma que sí ha cambiado en la manera de enfrentarlas. Hoy Tamara Acosta cree en el poder del sentido del humor, que es una herramienta indispensable que la ha salvado de muchas situaciones, vivencias y de la vida misma. ¿Cuándo comenzó a vivir este cambio? Cuando se fue a vivir a España, país donde residió cerca de cuatro años. "Antes hacía teleseries, teatro, siempre aquí. Irme a España fue muy revelador, en el sentido de que vi que existían otras maneras de vivir la vida, de que me di cuenta de que no hay que tomársela tan en serio, de que los problemas se solucionan... en fin. Tengo dos grandes amigas con las que vivía, quienes me enseñaron a ver la levedad de las cosas o, mejor dicho, de que nada es tan terrible, tan determinante". Allá también vio que en Chile tenía una situación privilegiada, con un trabajo privilegiado, "pero como aquí vivimos en una burbuja, y todos tendemos a mirarnos el ombligo, no apreciaba ciento por ciento lo que tenía. Verse desde otro país, con la distancia física y emocional que eso te da, dimensionas las cosas de otra manera".

A España se fue triste y allá fue muy feliz. Estaba en una situación bastante buena porque tenía ahorros y vivía de ellos. "No tuve que pedir limosna. Allá aprendí a ser menos temerosa, a saber que uno se puede ir a otro país y que no pasa nada, y que también puede volver y no pasa nada. Tuve miedo de que no me llamaran de nuevo de la televisión". Pero estando allá se vino por seis meses para protagonizar la teleserie Los Pincheira.

Por eso el miedo a la vida que en algún momento dice que sintió se esfumó mientras estudiaba arquitectura del espectáculo (entre escenografía y dirección de arte), mientras trabajaba en teatro, mientras realizaba dirección de arte para cortos. Incluso cuando trabajó en publicidad y realizó un comercial, como directora de arte, para una inmobiliaria. "Quedó estupendo", dice como chocheando. "Pero la actuación es muy demandante, entonces no sé, quizá más adelante. Pero profesionalmente me va mucho mejor acá, así que era absurdo estar aperrando en España. Por eso me vine".

Pero no siente frustración por no haber logrado el éxito profesional: "No, fíjate. Porque no fui con el objetivo de probar suerte. Mi objetivo era más íntimo, más personal, quería cambiar de ambiente, tener nuevas experiencias. Y ya pasó. Fue. Estoy feliz en Chile, haciendo cosas interesantes".

SUS CAUSAS E INTERESES: DEL PS A LA DEFENSA DE LAS MINORÍAS

"En San Bernardo somos nostálgicos... Mi familia no tiene que ver con mi sufrimiento, pero sí con la visión crítica del mundo que tengo, que significa exigir ciertos valores humanos fundamentales, ser correctos, honestos. También estudié en un colegio católico, el Sagrado Corazón de San Bernardo, de unos curas holandeses bastante progresistas. Entonces yo trabajaba en la pastoral, en las poblaciones, fui presidenta de curso, presidenta del centro de alumnos". Esa formación fue muy marcadora para Tamara, la hizo cuestionarse todo.

A los 14 años se inscribió en el Partido Socialista que comandaba Clodomiro Almeyda, antes de que se separara y se formara el PPD. Sus papás no militaban: fue decisión propia. "Me aceptaron porque era dirigente estudiantil, pero era todo muy marcado por una ciudad chica, donde todos se conocen, tenía una parte bien graciosa, bien ridícula también", dice con una larga carcajada. Pero añade que "yo era muy comprometida: ahora sería una pingüina, quizá la María Música".

De esa militancia no recuerda en qué quedó, porque nunca firmó un papel. "Juré sí, pero creo que en esa época uno no se inscribía en un registro; estábamos en dictadura. Éramos clandestinos", dice y se vuelve a reír a carcajadas.

Después del colegio pensó volcar sus intereses hacia el periodismo o la arqueología. Dice que buscaba seguir un camino intelectual porque se sentía intelectual. Pero le fue pésimo en la prueba de aptitud y esos anhelos quedaron en nada. Hasta que descubrió el teatro, gracias a la ONG El Canelo de Nos, que realizaba talleres para formar monitores teatrales que trabajaban con pobladores y campesinos. Su vida cambió. "Enloquecí con el teatro, y dejé de lado todas mis otras aspiraciones". Ingresó a la escuela de Fernando González y comenzó su ascendente carrera.

Desde su temprana militancia en el Partido Socialista, que más bien es un recuerdo, a Tamara Acosta hoy le preocupan sobre todo la suerte y los espacios para las minorías. El tema mapuche, los homosexuales, los problemas que enfrentan todos los días las mujeres, las causas indígenas. "Me gustaría que hubiera más oportunidades para ellos, más espacios. Creo que en el último tiempo Chile ha cambiado mucho en la forma, pero poco en el fondo. Seguimos siendo los mismos conservadores de siempre. Pero Chile es lo que es. Lo que sí me molesta es la poca tolerancia, el terror a las diferencias, el clasismo; creo que todas esas cosas no tienen sentido. Esta cosa como arribista de los chilenos, cuando no somos nadie. Toda la gente quiere ser de clase alta: ¿por qué? ¿Por qué el querer superarse tiene que ver con las clases sociales?".

Dice que una de las cosas que más le llamaron la atención de España es que la gente de clase media es orgullosa de ser lo que es. Ser de clase media allá es un plus y un poder. "Es raro lo que pasa en Chile. El exceso de consumo que hay. Yo soy consumista, pero también trato de ser realista y austera. Me mido".

EL AMOR: DE LA TORMENTA A LA CALMA

Su relación con un hombre 20 años mayor - que duró cuatro años- no fue la primera que tuvo Tamara Acosta. Fue la segunda.

"Es lo que yo elegí. Es la vida que yo elegí, todo, no sólo esa relación. Todo lo que uno va haciendo. Pero no es tan terrible; antes la gente se casaba a los 16. Todo depende de cómo uno lo vea".

Su personalidad atormentada también la acompañó en esas relaciones. "Siempre fui buena para pololear, enamoradiza, corazón de alcachofa. Pero muy atormentada, exigente. ¿En qué sentido cambié? Ya no busco en el otro lo que me falta a mí. Esas relaciones simbióticas no llegan a ninguna parte. Ahora entiendo que cada miembro de la pareja es distinto, un ser independiente y que ahí está la gracia de ser pareja".

Dice que se dio cuenta de esto en el momento en que se enamoró de su pareja de hace seis años, el director de cine ("Azul y blanco") Sebastián Araya. "Antes era más dependiente, más exigente. Pero con él ha sido todo más fluido, además de que con el tiempo aprendes que tienes que pasarlo bien en pareja, de que de eso se trata: de tratar de ser lo más feliz que uno pueda y compartir la vida con felicidad y como personas iguales".

Dice sonriendo que a pesar de los seis años que llevan juntos, que significó que durante mucho tiempo pololearan a distancia, su relación sigue en excelente pie: "a pesar de que dicen que el amor dura sólo tres años. He aprendido también que tienes que cuidar al otro, cuidar tu relación... aunque tampoco es algo que saqué de un catálogo, sino que se me ha ido dando de esa manera. Aquí influyen el paso de los años y de las buenas y malas experiencias, y también por la persona con que estoy. Estoy equilibrada, encontré mi centro".

No ha pensado en casarse, le da lo mismo. "Me da tan lo mismo que me casaría. No es tema para mí. Pero sí quiero tener hijos y pronto".

EL EGO Y EL CARÁCTER: DE LA ACTRIZ CONOCIDA A ELLA MISMA, SIN ADORNOS

De ser conocida por las teleseries, las obras de teatro y las películas que ha protagonizado ("El Chacotero sentimental" y "El desquite", entre muchas otras), Tamara Acosta pasó a ser una inmigrante hispana, una espalda mojada, en España. Una don nadie que a nadie le interesaba. Nula.

Su ego, entonces, ha sufrido altos y bajos. Dice que hoy está de nuevo "tratando de controlarlo". Con éxitos como la teleserie Papi Ricky, que se transmitió el año pasado, y con el boom de la serie "Los '80", en estos momentos en pantalla por Canal 13, está tratando de equilibrarse. "Yo, por lo menos, varío desde sentirme la nada a sentirme todo; pero uno tiene que aprender a valorarse en su justa medida. Y eso es lo que he tratado de hacer".

Dice que su vida en España le sirvió en ese sentido, porque a pesar de sentirse desconcertada, en otro sentido se sintió liberada. "Era yo no más, sin ningún adorno. Y eso me hizo sentirme feliz. No sé si el tema de la fama influyó en la tristeza que acarreaba antes de irme, pero para mí sí es algo raro. Aunque siento que soy bien poco famosa que ese tema no me pega. No tengo nada que ver con las divas de la televisión. No soy así no más".

Lo que sí admite es su vanidad. "Soy muy vanidosa, como todas las mujeres. Me gusta comprarme cremas, ropa. Me gustan los bolsos, las carteritas. El tema de la edad también me influye, por supuesto, y por eso siempre he intentado ser deportista, aunque no me resulta mucho. Pero pienso que es fundamental envejecer bien, comer bien, hacer ejercicio. Debería hacer más cosas, pero no. No puedo. Soy muy floja. Pero trato, hago mi esfuerzo. He pasado por todos los sistemas de fitness: pilates, yoga, ahora voy a hacer spinning. Estoy tratando de encontrar mi destino".

Su carácter también es algo que la ha marcado. Y que su verdadera personalidad ha ido aflorando con el tiempo, desde su época de punkie en San Bernardo. "Tengo súper buen carácter. Pienso que así era mi naturaleza, pero la tenía un poco escondida. Ahora me doy cuenta de que quizá soy demasiado conciliadora. Que quizá a veces debería enojarme un poco más, poner un poco más de límites, pero bueno, soy así". Dice que esta manera de ser ha sido fundamental para tener éxito en su trabajo, donde hay que tener mucha paciencia por los largos ratos de espera y porque se comparte durante mucho tiempo con personas muy distintas. "Lo mejor es tratar de hacer las cosas fáciles, que fluyan. No soy nada peleadora".

Dice que no cambiaría en nada su carácter. "Hoy día despierto súper contenta... generalmente la gente despierta de mal genio".

Producción: CARMEN ROSA ECHENIQUE. Maquillaje y pelo: ALE DEL SANTE.

VESTIDO: POUPÉE. BLUSA (PORTADA): LÍA FERNÁNDEZ.


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Foto:CLAUDIO DOENTZ


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