REVISTA DE LIBROS

Domingo 2 de Diciembre de 2007

Crítica Biografía sentimental:
Allende, el seductor, el cazador, el coleccionista

Lejos de la estridencia, la investigación de Eduardo Labarca sobre la vida más personal del ex Presidente destaca por el tratamiento de los personajes y, sobre todo, la ausencia de sociologismos o historicismos.

Óscar Luis Molina

Esta biografía está acuciosamente documentada. Pero esto no se advierte. Primera gracia de Eduardo Labarca, narrador experimentado que quizás ha alcanzado la cima de su oficio. Su protagonista es Salvador Allende, todo un personaje en la vida real antes de ser convertido aquí en literario. Los personajes laterales -nada secundarios- son un enjambre de mujeres simultáneas y sucesivas, cada una también -y esto sí que es extraordinario entre nosotros- un personaje, un individuo, no una mera madre. Todos están incluidos en una biografía que se constituye en novela con pronunciado sesgo trágico, como todas las buenas novelas. Con esto digo que no hace falta haber vivido aquellos años y sucesos "reales" a que se hace referencia. Esos años y sucesos viven aquí, suficientes, en el texto. ¿Acontece esto en todas las biografías? No acontece. La mayoría alcanza sólo a documento historiográfico o a simple crónica. Segunda gracia, no menor, de este libro.

La narración se abre en la madrugada del 5 de septiembre de 1970, luego del triunfo electoral que finalmente entrega la presidencia a Salvador Allende. ¿Qué hace entonces, después de concluir una conferencia de prensa? Se refugia en un departamento de la calle Bueras. ¿Con quién? Dice Labarca: "En ese instante, en ese rincón de la capital, se unen dos órbitas de la vida de Salvador Allende. Una... llega hasta los hechos de las últimas horas... y llegará hasta su muerte. Pero existe otra órbita que viene de más antiguo y hunde sus orígenes en el medio eminentemente femenino que rodeó a Salvador Allende desde su nacimiento. Esa órbita gira en torno de la necesidad que siempre ha tenido Allende de rodearse de mujeres... Ambas órbitas se entrecruzarán en los tres años que se inician, para unirse trágicamente el día de la muerte del Presidente".

¿Es adecuado el eje que adopta Eduardo Labarca para narrar? Creo que lo es, y mucho, que ha sido una opción perspicaz e iluminadora. Permite articular como quizá ninguna otra, la vida más personal con la más pública de Salvador Allende. Y sin que haga falta recurrir a sicologismos, sociologismos o historicismos con pretensiones explicativas. El relato, si bien hecho, es bastante, y éste es el caso.

Desde niño mostró Allende afanes declamatorios. Desde muy joven se ocupó de su aspecto. Siempre trató de permanecer rodeado de algún público. Desde niño se encontró saturado de "madres", lo que dejó huellas como demuestra su desinterés por la música. De mayor se interesó en mujeres próximas al teatro, es decir individuales, múltiples, flexibles aunque a las veces de implacable matiz trágico. Muy pronto pasó de seductor pasivo (séduisant dirían los franceses) a activo cazador (séducteur, dirían ellos), y enseguida a coleccionista (también de arte). No resulta extraño que esta pasión alimentara también su tenacidad política, su persistente afán de poder. Pues la seducción es una forma básica de ejercicio del poder, como saben muy bien los actores y también supieron Mitterrand en Francia y Arturo Alessandri en Chile, por citar otros dos casos eminentes. A tal punto parece esto cierto que no hubo circunstancia decisiva en la cual Allende no esté acompañado o busque la compañía de una mujer o de varias que finalmente lo aman a sabiendas de las otras.

El relato se cierra cuatrocientas páginas después de su apertura con las que parecen haber sido las últimas palabras del Presidente antes de morir en la Moneda: "¡Cierre la puerta!". Y hace ya tiempo que sabemos, desde que Diderot lo consignara en más de uno de sus "salons", que abrir y cerrar puertas es procedimiento teatral central y básico. Y así acaba la novela de una vida, digo yo que también articulada decisiva y simbólicamente por el teatro, actividad de suyo séduisant y séductrice, seductora.

Posee, en fin, esta biografía una tercera gracia: escapa de los fáciles extremos de la exaltación o el vituperio. En su contundente envergadura alientan mujeres de carne y hueso, de letras, y sobre todo un protagonista comprensible y hasta querible, acunados en una narración animada por una pasión compartida, compasión que se dice, y no por juicios taxativos. Ya es bastante decir en los tiempos que corren.

Salvador Allende. Biografía sentimental
Eduardo Labarca
Catalonia, Santiago, 2007, 427 páginas, $16.300.

Biografía
Salvador Allende. Biografía sentimental


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
Marés González. Allende invitaba con insistencia a la famosa actriz.
Marés González. Allende invitaba con insistencia a la famosa actriz.
Foto:Gentileza Editorial Catalonia


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales