REVISTA DEL DOMINGO

Domingo 5 de Junio de 2011

 
Los nuevos exploradores de Chile

Tienen menos de 35 años y conocen los rincones más profundos del país. Buscan meteoritos en el desierto, investigan en cráteres de volcanes, suben cumbres inescaladas o siguen la ínfima huella de los anfibios más peculiares del mundo. Están ampliando el conocimiento de nuestra geografía. Son los nuevos exploradores de Chile.  
Por Sebastián Montalva Wainer.   Francisco Gutiérrez"Si viviera en Inglaterra me muero de lata", dice Francisco Gutiérrez (32) y, conociendo su historia, se entiende: es un apasionado por las montañas y los volcanes (como escalador, ha subido más de veinte), así que en Chile está en su salsa. O en su magma, para decirlo mas ad hoc. Gutiérrez es geólogo vulcanólogo de la Universidad de Chile y del Centro de Investigación en Geotermia CEGA, y es de los pocos especialistas -junto a Felipe Aguilera, de la Universidad de Atacama- que estudia fluidos volcánicos en nuestro país. "Con esto se pueden predecir procesos volcánicos mayores y menores y estar más preparados ante el peligro de una erupción", explica Gutiérrez, quien creó un novedoso modelamiento matemático en 3D de cámaras magmáticas -su proyecto de tesis, que ahora desarrolla con apoyo Fondecyt-, que en palabras simples permite saber qué ocurre dentro de un volcán durante una erupción. Junto a expertos de la empresa 4ea -encargada de la logística de sus expediciones-, Gutiérrez estudia lavas fósiles y saca muestras de gases y líquidos en los mismos cráteres de los volcanes, algunos en plena actividad. Por ejemplo, en el Lastarria, en la Región de Antofagasta, ha investigado con gases saliendo a aproximadamente 400 grados celsius ("aunque está caliente no quema, porque tienen poca agua", asegura), y ahora acaba de tomar muestras en el volcán Peteroa, en el Maule, que ha hecho noticia por sus recientes señas de actividad. "Aunque las condiciones son terribles, a mí me fascina. Mirar el agua hirviendo con el azufre saliendo de las grietas de la tierra es lo que más me asombra", dice.Pero no es sólo eso lo que asombra a Gutiérrez. En Chile, sostiene, se sabe muy poco sobre los volcanes y su comportamiento. Y eso, agrega, es alarmante. "Hasta el 71 no se sabía que el Hudson era un volcán que podía erupcionar; lo mismo pasaba con el Chaitén. Hay volcanes como el Tupungatito, cerca de Santiago, que está activo y tiene un circo glaciar de 4 kilómetros de diámetro. Si se derrite puede producir una gran avalancha que bajaría hacia la capital". ¿Qué hacer entonces? Según dice, investigar más y mejorar los programas de vigilancia y riesgo volcánico, para lo que existen soluciones simples y baratas, como poner una cámara en un cráter para monitorear su comportamiento. "Tenemos que entender los volcanes andinos y tener más información, pues el peligro siempre está latente"."En Chile se sabe muy poco sobre los volcanes y su comportamiento. El peligro está latente", dice Gutiérrez.Judith PardoCuando era sólo una niña que jugaba en los campos de Porvenir, Tierra del Fuego, la bióloga Judith Pardo (29) tenía una curiosa afición: hervía los pajaritos que encontraba muertos por ahí. "Mis papás siempre me llevaban al campo y recogíamos cualquier cosa del suelo. Yo tenía una colección de huesos, entre ellos de pájaros: los hervíamos en una olla y luego montábamos el esqueleto", recuerda hoy al teléfono desde Heidelberg, Alemania, donde hace cinco años realiza su doctorado en paleontología de vertebrados.Fue esa temprana afición la que, dice, explica por qué Judith Pardo es hoy la principal investigadora de uno de los hallazgos paleontológicos más importantes de los últimos años en Chile: los fósiles de ictiosaurios aparecidos en el glaciar Tyndall, en Torres del Paine, valiosos especialmente por pertenecer al período Cretácico. Es decir, serían de los últimos dinosaurios que vivieron en la Tierra y de los cuales no se tenía ninguna evidencia anterior. Su trabajo en la zona, que comenzó en 2006 y está financiado con fondos del gobierno de Alemania, ya le ha permitido encontrar 46 fragmentos de ictiosaurio, diez de ellos esqueletos casi completos. Para eso, en los últimos veranos Judith y un grupo de científicos han hecho excursiones de varias semanas en los alrededores del glaciar Tyndall -en la zona noroeste del parque, cerrada al turismo-, al cual se llega tras nueve horas a pie o cuatro a caballo desde la guardería Grey. Todo para excavar rocas durísimas que hablan del pasado de la Tierra y, por cierto, de su querida región. "Para mí es especial trabajar en esta zona", dice Judith. "Con estos descubrimientos uno puede potenciar aún más los atractivos de la Región de Magallanes y de Chile como destino paleontológico. Uno de mis objetivos es poder exhibir réplicas de estos restos en museos del país. Los hallazgos han aumentado. Cada año ampliamos nuestra área de investigación pues, como el glaciar se está derritiendo, crece la posibilidad de encontrar más cosas".Johara BourkeEstá riendo, pero habla en serio. "Estoy un poco enamorada de la ranita de Darwin", dice la bióloga penquista Johara Bourke (30), al teléfono desde Bonn, Alemania, donde desde 2006 cursa un doctorado sobre este amenazado anfibio chileno, cuyo objetivo es dilucidar su real estado de conservación. "Cuando estoy en terreno, cierro los ojos y como que la veo un par de segundos. He pasado hasta cuatro meses buscándola, caminando todo el día, cerro arriba, bajo el sol y la lluvia. Paso mucho tiempo mirando al suelo, entre las ramas, veo algo saltar y me pongo alerta. Para ver una ranita hay que tener suerte, aunque igual desarrollas un sexto sentido".En los últimos cuatro años, Johara Bourke ha buscado a la ranita de Darwin por distintos rincones de Chile. Su campo de estudio, en todo caso, lo ha focalizado en el sur, especialmente en los alrededores del Parque Nacional Villarrica y Coñaripe, aunque no quiere dar demasiadas pistas pues, dice, es una especie amenazada que debe protegerse. "Los anfibios son controladores de plagas como las de insectos y son súper importantes para la estabilidad del ecosistema. Además, son grandes indicadores de las condiciones medioambientales, pues respiran por una piel extremadamente permeable. Su especie está sufriendo la mayor declinación entre los vertebrados", dice Johara, cuyo trabajo es el único estudio de declinación en anfibio que a la fecha se ha realizado en Chile. La gracia de investigar estas especies en nuestro país se explica con un dato trascendental: aunque no tiene gran biodiversidad, en Chile existe la mayor tasa de anfibios endémicos del mundo, y también es el lugar con más alto índice de especies amenazadas. La ranita de Darwin es una de ellas y, por cierto, una de las más singulares: es la única especie del planeta en que los machos crían a sus renacuajos en su saco vocal. Y está en franca desaparición: en la Zona Central, por ejemplo, hace 30 años que no se registra ninguna. "Sé que mucha gente no entiende por qué se destinan recursos a estudiar una simple rana, pero el tema es que son muy importantes y su desaparición indirectamente nos va a afectar. La ranita es muy pequeña (mide entre 0,4 y 3,2 cm.) y no se sabe con certeza dónde está. Yo la he buscado por Puerto Cisnes, Raúl Marín Balmaceda, la isla Mocha, el Queulat. Sé que es como encontrar una aguja en un pajar. Para mí esto es como la búsqueda de un tesoro".Fernando SepúlvedaSi hay un lugar mítico en la ya mítica Patagonia, ése es la isla Madre de Dios. Fernando Sepúlveda (33), al menos, es uno más de los que ha soñado con conocerla. "Cuando estaba en clases de geología escuchaba al profesor Francisco Hervé describiendo sus enigmáticas cavernas y yo sólo quería ir. Al final pude hacerlo, trabajando para mi memoria. Y luego he regresado, incluso solo, navegando durante cuatro días en el barco que viaja desde Talcahuano para explotar la mina de caliza que está en la isla".Sepúlveda acaba de obtener su doctorado en Ciencias precisamente por sus estudios sobre la isla Madre de Dios, que viene realizando desde 2004. Un sitio que algunos científicos ya postulan a Patrimonio de la Humanidad, por su alto interés científico, estético y cultural. "Esta parte de la Patagonia es uno de los sitios menos explorados de Chile", dice Sepúlveda. "La isla tiene características únicas que permiten desentrañar la evolución geológica del continente. Estar allí resulta bastante sobrecogedor. Para mí ha sido un privilegio".Sepúlveda trabaja actualmente en el Sernageomin, donde realiza estudios geológicos en terreno, principalmente en sitios cordilleranos del desierto. Sin embargo, todavía sueña con repetir las expediciones a Madre de Dios, o a la aún más desconocida isla Diego de Almagro, que investigó en 2007 con un grupo de científicos brasileños. "Esa isla es mucho más inaccesible. Sólo llegas en barco particular, lo que encarece mucho más la expedición. Se trata de formaciones similares, donde se han hecho investigaciones esporádicas. En toda esta zona hay problemas no resueltos. Muchas de estas rocas tienen estrecha relación con unidades geológicas de la península antártica, pero faltan estudios".Christian SalazarUn lugareño le pasó el dato al geólogo Christian Salazar (34). Cerca de Baños Morales, un conocido había encontrado unos bloques de piedra con extrañas formaciones y, talvez, podría ser lo que él andaba buscando. Así fue: a fines de 2007, en el llamado Valle de las Arenas, Christian Salazar y el profesor alemán Wolfgang Stinnesbeck llegaron a la zona y descubrieron fósiles de alrededor de 150 a 130 millones de años antigüedad y unas sorprendentes huellas de dinosaurio marcadas sobre una roca. "Cuando encuentras algo así se siente una gran adrenalina. Es una emoción y una energía muy fuerte, te dan ganas de seguir investigando", dice. "En esta zona hay registros de una evolución geológica que nos ayudan a entender otras problemáticas a nivel global. El pasado es la llave del futuro".Oriundo de Curicó y apasionado desde niño por los scouts y Darwin, Salazar es otro de los científicos que se está doctorando en la Universidad de Heidelberg, Alemania, específicamente con un estudio sobre el período Jurásico-Cretácico en Chile. Además, está involucrado en el proyecto de los ictiosaurios de Torres del Paine y ha realizado varias investigaciones en el país, desde el desierto de Atacama hasta las islas Shetland del Sur, en la Antártica. "Chile sigue siendo un país muy poco explorado. Aún falta mucho por descubrir y estudiar, aunque cada vez están apareciendo sorpresas y hay nuevas generaciones interesadas en estos temas. Mira a Argentina: en paleontología se ha convertido en el país más desarrollado de Latinoamérica, gracias a una buena escuela que motivó a estudiantes jóvenes".Uno de sus principales trabajos tiene que ver con los fósiles de ammonites (invertebrados marinos con forma de caracol). La teoría clásica dice que los ammonites y dinosaurios se habrían extinguido por la caída de un meteorito. Sin embargo, Salazar se suma a otra teoría: la del calentamiento y extinción gradual. "El registro de ese meteorito hasta ahora no está documentado en el Hemisferio Sur. Además, durante el período Cretácico hubo un gran calentamiento global. Con estudios en el sur de Chile, hemos comprobado que la declinación de las especies fue gradual y no abrupta".María Paz IbarraMaría Paz Ibarra (32) viene regresando de Nepal. Junto a Viviana Callahan y María Fajardo, intentó la cumbre en el Dhaulagiri, uno de los 14 ochomiles del Himalaya, pero no tuvo éxito. "Fue una experiencia intensa, enriquecedora y difícil. No por la escalada, sino por todo el proceso logístico de organizar la expedición", dice desde Madrid. "Quedé con una sensación frustrante por estar tan cerca de la cumbre y no haberlo logrado. Estamos tristes y lejos de sentirnos satisfechas. Quedó algo pendiente". María Paz es una de las montañistas jóvenes y aventureras más destacadas de Chile. Estudió agronomía en la Católica, pero pronto se dedicó a la pasión de escalar cerros, que cultiva de niña impulsada por sus papás y tíos, asiduos a la vida al aire libre. Con cumbres como el Lhotse, el Huayna Potosí y rutas técnicas en la Placa Roja y Gris de Lo Valdés, entre otras, María Paz se ha convertido además en una experimentada guía antártica, con cinco temporadas consecutivas yendo a la zona: los dos primeros años como parte de un grupo científico que buscaba medir los cerros más altos del continente, donde exploró la cordillera Centinela y subió varios cumbres inescaladas; y los tres últimos guiando para la empresa Antarctic Logistic Expeditions. "Para mí la Antártica es un lugar mágico, de una hermosura indescriptible. Me hechizó y siempre que vuelvo, me siento feliz de estar ahí".Con un currículum de cumbres que impresiona, uno de los grandes desafíos chilenos de María Paz sigue pendiente. "Me gustaría subir el 3018, en Campos de Hielo Sur, el Paine Grande y muchos más en la Patagonia. Creo que en Chile, aparte de que no hay cultura de montaña y la gente en general no conoce la cordillera, falta que las mujeres se atrevan más, que tengan más iniciativa propia para ir al cerro y hacer cosas más difíciles, más atrevidas. Yo tengo un grupo de amigas fuertes con las que hemos escalado de forma más técnica, pero son contadas con los dedos de la mano".Millarca ValenzuelaLa geóloga antofagastina Millarca Valenzuela (34) sabe muy bien lo que es caminar horas y horas por el desierto. Lo ha hecho innumerables veces y siempre en busca de lo mismo: meteoritos. "Para mí esto es casi como una meditación, requiere un estado de ánimo especial y mucha concentración. Lo que hacemos es ir rastreando el suelo, en cuadrillas de tres a ocho personas. Hay veces en que no encontramos nada, pero cuando aparece uno viene el otro y siempre es una alegría".Millarca es la única persona que busca y estudia meteoritos en Chile. Su especialidad suena de otro mundo: geóloga de material extraterrestre, actividad que complementa desde este año con un trabajo "normal" en el Sernageomin, en el departamento de geología regional. La dificultad es que, para realizar este tipo de estudios, es necesario ganar proyectos y así obtener financiamiento. De hecho, la primera vez que Millarca fue en búsqueda de meteoritos fue en 2004, mientras hacía su doctorado en ciencias en la Universidad de Chile y se contactó con investigadores del Museo de Historia Natural de Londres. Al año siguiente, y desde entonces, empezó a trabajar con científicos franceses del CEREGE, con quienes planea una nueva expedición en octubre. ¿Cómo se busca un meteorito? Primero, se revisan imágenes satelitales en lugares de híper aridez, donde es posible que los meteoritos se acumulen (en 2009 Millarca buscó meteoritos en el territorio chileno antártico, con un proyecto de la U. de Chile, pero no encontró nada; era "un lugar muy húmedo para preservarlos"). Segundo, se organiza una expedición de unas dos semanas para aproximarse al sitio, lo que generalmente se hace en 4x4 (si se trata de lugares planos). Y, luego, se camina horas y horas hasta encontrar cualquier indicio. "Hemos descubierto que el desierto de Atacama, específicamente la zona que hemos estudiado hasta ahora, en pampas de la Región de Antofagasta, tiene la más alta densidad de meteoritos caídos del mundo", dice Millarca. "De 62 meteoritos conocidos al año 2006, incrementamos el número de meteoritos chilenos a casi 200 luego de estas expediciones científicas, realizadas con búsquedas sistemáticas en el desierto. El flujo de material extraterrestre a la Tierra es constante: cada año recibimos 40 mil toneladas, el que generalmente es muy fino, tipo polvo. Los meteoritos varían de 15 gramos a 30 kilos y provienen principalmente del Cinturón de Asteroides. Cada uno es una clave invaluable para comprender la formación y evolución del Sistema Solar". Justamente por el valor de estas piezas es que Millarca está impulsando un proyecto que convierta a los meteoritos en Patrimonio Nacional. "Queremos que sean preservados en museos nacionales y no sacados sin ninguna fiscalización, como ocurre actualmente".

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Foto:CRISTÓBAL BAYER / 4EA


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