PORTADA

Domingo 27 de Febrero de 2000


Fuerza Femenina en el Gobierno

Luego de conocida la designación de cinco mujeres en el próximo gabinete de Ricardo Lagos, ex ministras recuerdan cómo fue su experiencia en otros períodos.
Por María de la Luz Galleguillos

Cuando en 1952 Gabriel González Videla ofreció a Adriana Olguín la cartera de Educación, ella rechazó el nombramiento con una pregunta: "¿Usted quiere quemar a las mujeres, señor Presidente?". Así le argumentó lo complicado que resultaba responder a las demandas del gremio de los profesores.

Era la primera vez que una mujer en Chile y en Latinoamérica recibía tal cargo y quería hacerlo bien. Por eso, al ofrecerle el Presidente designarla ministra de Justicia, esta abogada aceptó con gusto, pues era una materia que dominaba más.

Ese 29 de julio de 1952, en que Adriana Olguín asumió la responsabilidad de participar en el Gobierno, quedó registrado como un logro más de las mujeres por incorporarse a la vida política del país. "La designación se constituyó en un acontecimiento histórico, que causó mucho revuelo y fue muy celebrado no sólo en Chile, sino también por organismos femeninos de países extranjeros", recuerda.

En esa época era sorprendente que una mujer ostentara un cargo tan importante. Ella lo pudo comprobar el primer día, cuando se estacionó en el lugar destinado para el vehículo del ministro de Justicia. "Un carabinero me llamó la atención y me amenazó con un parte si no me iba de inmediato. Cuando le advertí quién era, me dijo: "Señora, no estoy para bromas. Por favor ¡váyase!"".

El asunto se arregló gracias a la intervención de un funcionario del ministerio.

Llamar a mujeres para formar el gabinete presidencial, hoy no aparece como algo tan fuera de lo común. El reciente nombramiento de cinco ministras por parte del Presidente electo, Ricardo Lagos, más bien se considera un hecho destacable.

Para Soledad Alvear, Mariana Aylwin, Michelle Bachelet, Alejandra Krauss y Adriana Delpiano, la realidad es otra, muy distinta a la que le tocó enfrentar a Adriana Olguín hace 48 años, cuando las mujeres tenían que esforzarse al máximo por demostrar su capacidad para asumir cargos de Estado, hecho que era mirado por los varones con cierto escepticismo.

ESPERANDO GUAGUA

Carmen Gloria Aguayo hace recuerdos de la época en que el entonces Presidente Salvador Allende anunció la creación de un Ministerio de la Familia, y la llamó para atender los temas sociales y de la mujer.

Su cargo era el de consejera de desarrollo social, dependiente de La Moneda, pero todos le decían "ministra", pese a que la ley que creaba dicha repartición no llegó a promulgarse.

Cuenta que en ese tiempo se hablaba mucho del feminismo, cuyos movimientos en Europa y EE.UU. eran muy agresivos en contra de los hombres, lo que no gustaba a las chilenas. Ella prefirió centrar su labor en el tema de los derechos de la mujer y con ese fin se realizaron diversas acciones y se crearon organizaciones para fomentar su participación en la sociedad.

Al Presidente Allende lo recuerda como galante y muy amable, aunque no le iba bien con las mujeres en las votaciones. Como ella ya tenía experiencia en el tema y, anteriormente, había sido jefa de campaña de Eduardo Frei Montalva, siempre lo acompañaba en los actos.

"Me mostraban mucho en televisión, un poco por ser mujer y, además, porque atraía a la gente cristiana. Por eso todos en el gobierno eran ultra amables conmigo y así conseguí harta plata para mi gestión", sostiene.

Recuerda que cuando le tocó firmar en Valparaíso el documento que creaba el nuevo ministerio, estaba a punto de dar a luz a su séptimo hijo. "Las personas que me llevaron estaban aterradas y cuando aparecí en un balcón con el Presidente, llamé mucho la atención de los periodistas que decían: "mira, del ministerio de la Familia y está esperando guagua". Eso daba una buena imagen".

Carmen Gloria Aguayo admite que su labor en el gobierno le implicó una cuota de sacrificio, pero estaba convencida de que lo que hacía era bueno para el país. Sus jornadas eran extensas y sentía que a sus hijos los tenía un poco abandonados. Por suerte, dice, era muy organizada y tenía una "nana" muy eficiente que le ayudaba a llevar la casa.

El apoyo de su esposo - el ex diputado PPD Vicente Sota- fue fundamental. "El me entendía y participaba en la militancia igual que yo. Si no, habría sido la crisis total. Además, los niños más grandes también cooperaban y a nadie se le ocurría decir que estaba cansado. Fue una etapa bonita, pero muy difícil de vivir".

UN ESPACIO POR GANAR

Mónica Madariaga, quien encabezó las carteras de Justicia y Educación, durante el gobierno militar, se acuerda del pesar que provocó en su madre su nombramiento en 1977. "Lo supo antes que yo, por una hermana que lo había escuchado en la radio, y lloró, porque de alguna manera sintió que me perdía".

La abogada y actual rectora del Instituto Profesional Barros Arana de Concepción considera que cuando una mujer asume un cargo de tal responsabilidad y magnitud, anota una pérdida en el diario de vida de su hogar. Enfatiza que aunque ella estaba soltera y sin hijos, desde los 20 años le tocó hacerse cargo de sus padres, por lo que comprende el sacrificio que implican las largas jornadas dedicadas a solucionar los problemas de los demás.

Considera que en esa época era muy difícil hacer gobierno. "Los militares no tenían la preparación jurídica ni política necesarias y se basaban mucho en sus asesores. Pero las intenciones de éstos no siempre eran las de servir a la satisfacción de las reales necesidades, sino que a veces era por lucirse", afirma.

No obstante, asegura tener los más lindos recuerdos de su época de ministra, pues siempre recibió la mayor colaboración, tanto de la Junta de Gobierno como del resto del gabinete, para llevar a cabo sus proyectos. Dice que eran muy gentiles con ella por el hecho de ser mujer, pero que tuvo que ganarse con mucho esfuerzo el reconocimiento intelectual y el respeto de los demás, hasta que así, con el tiempo, su opinión pasó a ser relevante.

Mónica Madariaga se atreve a dar algunos consejos a las que ostentan el cargo por primera vez: "Que no escuchen los "cantos de sirena" tratando de elevarles el ego. El principal requisito del servicio público es la humildad para escuchar al que pueda considerarse el más ignorante, porque en ellos siempre hay una semilla de sabiduría, que muchas veces envuelve la solución de un problema complejo".

La actual ministra del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), Josefina Bilbao, valora la decisión de Ricardo Lagos de incorporar a cinco mujeres en su gabinete. Sin embargo, advierte que el mundo político todavía es muy masculino y que queda camino por recorrer, para demostrar que ellas son tan capaces como los hombres.

"Es un desafío y en ese hacer camino uno se sobreexige, porque quiere sacarse buena nota. Eso no quiere decir que uno viva siempre tensa. También hay en esta experiencia de ser ministra muchas cosas enriquecedoras y estimulantes en torno al crecimiento como persona, y a la autoridad que se tiene de poder trabajar con la gente".

Si bien admite que esta labor implica una responsabilidad diferente a la de otras mujeres - ya debe que estar dispuesta a atender los llamados del Presidente sin importar el día ni la hora- , afirma que ella cuenta con una ventaja, que es tener hijos grandes, todos independientes. Asimismo, valora la sensibilidad y el apoyo de su marido, quien durante casi 40 años la ha acompañado en sus distintas actividades.

"Es importante que el hombre no se sienta menos, que tenga su propia vida. Siempre hemos respetado los espacios personales. Nunca he visto que él se haya sentido disminuido por mi trabajo", dice.

A Josefina Bilbao le encanta ir a la peluquería y de compras como cualquier dueña de casa. Pero cuando no puede cumplir con ese menester, es su esposo quien va al supermercado, y según ella "lo hace estupendo".

A punto de dejar el puesto en marzo próximo, se siente satisfecha con los logros conseguidos, como la Ley de Filiación y la reforma a la Constitución que iguala a hombres y mujeres ante la ley.

Pese a estos avances, opina que aún es difícil abrirle el paso a los temas de la mujer. El rechazo a ponerlos en tabla en el Congreso es algo habitual y ahí es donde se requiere hacer "lobby" y vencer una alta resistencia.

Sin embargo, la actual ministra del Sernam considera que ha habido una evolución al respecto y eso tiene que ver en cómo se enfrenta el cargo. "Hay que apropiarse de él y ejercerlo responsablemente para despertar respeto. No se trata de prepotencia, sino de asumir con sabiduría, con tino y amabilidad, pero también con autoridad".




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Han pasado casi 48 años desde que una mujer ocupó por primera vez un cargo de ministra de Estado. Entonces, el nombramiento presidencial era visto como un hecho fuera de lo común, en especial por parte de los varones. Hoy la realidad es diferente y ellas ganan cada vez más terreno en el campo político. En la fotografía, Carmen Gloria Aguayo - ex consejera de desarrollo social durante el gobierno de Salvador Allende- , a quien todos llamaban ministra, pese a que la ley que crearía el Ministerio de la Familia no llegó a promulgarse.
Han pasado casi 48 años desde que una mujer ocupó por primera vez un cargo de ministra de Estado. Entonces, el nombramiento presidencial era visto como un hecho fuera de lo común, en especial por parte de los varones. Hoy la realidad es diferente y ellas ganan cada vez más terreno en el campo político. En la fotografía, Carmen Gloria Aguayo - ex consejera de desarrollo social durante el gobierno de Salvador Allende- , a quien todos llamaban ministra, pese a que la ley que crearía el Ministerio de la Familia no llegó a promulgarse.
Foto:Gastón Acuña
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