VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 4 de Julio de 2009

 
Población Márquez

Sus vecinos se hicieron cargo, a través del tiempo, de dar carácter a lo que se inició como un grupo de departamentos blancos y desprovistos de ornamento y detalle.  
POR FELIPE ASSADI, ARQUITECTO Hace unos años, tiempo después de haberse declarado Patrimonio de la Humanidad a la ciudad de Valparaíso, una dura crítica de parte de las autoridades de la UNESCO acerca del trato que los mismos habitantes daban a sus calles, fachadas y plazas, hizo dudar de aquella condición de ciudad monumento. Ciertamente, la basura desbordaba por algunas quebradas y el desorden se alejaba de lo pintoresco para acercarse más a lo decadente. Ésa era una línea delicada, que aunque sigue siéndolo, se ha desplazado hacia una acción más consciente y participativa de lo que significa dicha nominación.
Notable, por ejemplo, y radical al mismo tiempo, es lo que han hecho con la Población Márquez, ubicada a un costado del cerro Santo Domingo, y construida entre 1946 y 1949 por el Estado a través de la Caja de Habitación Popular, durante sus primeros planes de vivienda económica y social.
Según cuentan sus vecinos, desde la precariedad de la entrega de las unidades, se hicieron cargo ellos mismos, a través del tiempo, de darle un carácter a lo que se inició como un grupo de departamentos blancos y desprovistos de ornamento y detalle.
A partir del deterioro que sufriera el conjunto durante los años 70, los habitantes sacaron su propio tarro de pintura y colorearon sus balcones, siguiendo una obvia relación con aquello que más caracterizaba al cerro. Pese a la predominante horizontalidad del edificio, su incorporación a la topografía se potencia con la simple táctica del color.
Ahora, cuatro décadas más tarde, el espectáculo que ofrece el conjunto es inmejorable si se considera de dónde viene la acción. Aquello que hacía dudar del compromiso del habitante con su ciudad aquí se revierte por completo.
Actualmente la Población Márquez se encuentra en una nueva etapa de restauro, en la que el uso del color toma un rol más ordenado y estudiado, con un tono por balcón, generando un protagonismo mucho más fuerte hacia el vacío de la quebrada e interviniendo visualmente el espacio público en ambos sentidos de la calle.
Postdata: Se trata sólo de pintura. Lo que algunos llamarían una mano de gato, que ciertamente lo es. Pero el impacto trasciende al costo, sin lugar a dudas.
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