REVISTA DEL CAMPO

Lunes 1 de Septiembre de 2003


La fuga que nadie detiene

Sin dejar huella, la flora nativa es sacada de Chile y su material genético, mejorado y comercializado por otros países. Una mina de oro de la cual no se recibe ni un peso. Y la situación no cambiará mientras no se destinen recursos para la investigación y se regule esta sangría de especies autóctonas.
SABINE DRYSDALE

Trece años atrás, Bernard Jenni, chef australiano de paso en Chile, se topó por casualidad con una planta de murtilla (Ugni molinae turcz), arbusto que crece silvestre en el centro sur del país. Probó sus frutos, unas pequeñas bayas rojizas, y "se enamoró" de su aroma y dulce sabor.

Su olfato gastronómico y afición a la jardinería le hicieron ver su potencial, y no dudó en meter diez plantitas en su maleta antes de regresar a Australia. Las propagó hasta conseguir 200 ejemplares y tras dos años obtuvo su primera cosecha. Con ella preparó un helado que ofreció en el menú de su restorán en el pueblo de Burnie, en Tasmania.

Ese día un golpe de suerte selló el destino de su "descubrimiento": un grupo de escritores culinarios visitaron el restorán y lo probaron. La crítica fue categórica: "el más fino helado jamás probado". Fue así como su huerto se convirtió en el primer paso en el desarrollo del Tassie Berry (Baya de Tasmania): murta chilena mejorada genéticamente y que será patentada por Australia. Los que la cultiven - Chile incluido- tendrán que pagar jugosos royalties.

No es la primera vez que extranjeros se apropian de material genético nativo para generar variedades comerciales, ni tampoco será la última, ya que en Chile no existe ninguna normativa que regule y proteja el patrimonio genético de la flora silvestre.

Visión miope

El Instituto de Investigaciones Agropecuarias (Inia) ha realizado muchas investigaciones para mejorar especies alimenticias, tales como cereales, legumbres, frutas y verduras. Pero poco se ha hecho para desarrollar nuevos productos agrícolas en base a especies nativas.

La variedad de ecosistemas que coexisten en el territorio chileno lo hacen terreno fértil para el crecimiento de especies únicas, pero la escasez de recursos impide que dejen su condición de silvestres.

"En Chile hay mucho material genético que no existe en otras partes del mundo y que nunca ha sido considerado porque no ha habido una investigación que sirva de base para evaluar el potencial que tiene", explica Ivette Seguel, coordinadora del Programa Nacional de Recursos Genéticos del Inia.

"Se pueden obtener nuevos frutos y flores que podrían competir en los mercados internacionales, pero al ser especies silvestres no tienen un valor comercial establecido, lo que desincentiva las inversiones", agrega.

Un diamante en bruto si se considera que en Chile existen alrededor de 6.265 especies de plantas, de las cuales el 14,5% corresponde a especies introducidas, y el 85,5% a originarias clasificadas como nativas y endémicas, como es el caso de la murtilla, conocida internacionalmente como chilean guava (baya chilena).

Si bien en Chile existe interés por investigar, especialmente en las universidades, el gran obstáculo en el camino es el financiamiento. La misma Ivette Seguel ha vivido en carne propia el drama de conseguir recursos.

Consciente del potencial gastronómico y medicinal de la murtilla (tiene propiedades antioxidantes y previene el envejecimiento y la falta de deseo sexual), elaboró un proyecto de domesticación del arbusto, que fue rechazado en varias ocasiones porque su futuro económico era incierto. Pero de tanto insistir consiguió un FDI de Corfo.

"El cultivo está funcionando muy bien con una tremenda aceptación por parte de la gente, ha creado conciencia en los agricultores y en la defensa de sus plantas de murtilla del sur", explica.

Lo lamentable fue que los australianos tuvieran que hacerlo primero para que los chilenos tomaran conciencia del potencial y dejaran de catalogar la murta como una maleza.

Perro del hortelano

El caso de la murtilla nuevamente ha puesto en el debate la propiedad sobre los recursos genéticos.

Según Carol Müller, académico del Departamento de Producción Agrícola de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Chile, entre muchos científicos nacionales prima la actitud del 'perro del hortelano', que no come ni deja comer, porque en Chile no hay dinero para explotar los recursos genéticos y tampoco se quiere que los exploten los que sí tienen dinero.

"Hoy en el sistema globalizado no hay fronteras, el mundo es del mundo, no es que Chile sea el dueño. Hay algo que está potencialmente ahí, que todos sabemos que existe, pero prohibir que saquen la planta o el extracto es una posición muy conservadora; racista, diría yo", señala.

Müller cree que la escasez de recursos financieros se puede paliar mediante joint ventures con empresas o institutos de investigación foráneos. Así se permite que las especies sean mejoradas con tecnología de punta y, a la vez, Chile participa de las ganancias.

Cabe destacar que de las miles de investigaciones que se hacen en el mundo, sólo unas pocas ven la luz y terminan en la creación de nuevas variedades con valor comercial. Por ello es difícil para un país como Chile disponer de tanto dinero para investigación.

Modus operandi

En los años sesenta se vivió uno de los casos más emblemáticos de fuga de material genético. La alstroemeria, flor que crece en forma silvestre en la zona central, que fue nejorada genéticamente por científicos holandeses y transformada en una de las flores de corte más importantes del mundo. Una verdadera mina de oro de la cual Chile no ve ni un peso.

"En Chile no se hubiese hecho nada si es que no se la llevan otras personas y yo soy en parte culpable de eso. Mandaba y mandaba semillas para afuera. Qué empresa iba a hacer lo que hicieron los holandeses", cuenta Müller.

Él y muchos otros científicos chilenos han visto desfiles de expediciones extranjeras que recorren el país, junto a sus pares chilenos. Y no es que descaradamente se metan semillas al bolsillo; estudian las plantas, los lugares donde crecen y luego regresan a su país. Luego llegan otras personas con la información clave y recogen las muestras.

"En Chile no hay una normativa que nos permita proteger nuestros propios materiales y no se puede evitar que se los lleven y pasen por el aeropuerto. Y mientras no se haga algo esto va a seguir sucediendo", señala Seguel.

A la murtilla y la alstroemeria se suma el caso del bromo, una forrajera del sur de Chile llevada a Nueva Zelandia donde desarrollaron tres variedades nuevas. La Calceolaria andina, planta nativa de la cual científicos estadounidenses lograron obtener un potente insecticida natural. Y algunas especies tan "globalizadas", que ya muchos olvidan que fueron originarias de Chile: la papa y la frutilla. También hay antecedentes de que afuera están estudiando la flor silvestre leucocorine y la avellana chilena.

Qué hacer

El potencial genético está, el gran desafío es cómo regular la salida para sacarle algún provecho.

Müller propone que se instaure una comisión de "hombres buenos" que fije pautas mundiales. La idea es instaurar un sistema de explotación racional y en ningún caso una prohibición.

"Porque si hay alguna planta contra el cáncer, Chile podrá oponerse, pero igual van a sacar el material genético. No puede crearse un blindaje, además que igual existen los contrabandos", agrega.

Además piensa que el gobierno debiera financiar las patentes.

"Israel, Australia, Brasil, Sudáfrica, lo hacen y si en la aduana te pillan con una flor o una semilla, son miles de dólares de multa y cárcel", asevera.

Pero esa realidad está lejos. Si bien hubo alguna vez una iniciativa para que Chile protegiera su material genético nativo, ésta fue un fracaso: Un decreto ley creó la Curaduría Nacional de Recursos Genéticos, a cargo del Inia, pero nunca se le asignaron recursos.

"Tener semillas en un banco de germoplasma pareciera ser no tan importante como otras cosas", lamenta Seguel.

La solución pareciera encontrarse en el escritorio del ministro de Agricultura Jaime Campos, donde descansa el texto de un proyecto de ley para regular el acceso a los recursos y que garantice que los beneficios de los desarrollos tecnológicos que ocurren a partir de ellos queden en el país. Sin embargo, Campos, consultado por Revista del Campo, no quiso referirse ni dar antecedentes del proyecto.

Legislar sería el primer paso para evitar que otros países se hagan ricos a costa de materia prima nativa, sin que Chile participe de las ganancias. Pero está claro que gran parte de las investigaciones seguirán siendo financiadas y llevadas a cabo por científicos extranjeros.

Derechos de propiedad

Una de las grandes procupaciones de los países que poseen recursos genéticos en cantidades, como es el caso de Chile, son las medidas para resguardar los derechos de propiedad intelectual.

A partir de la convención sobre diversidad biológica, realizada en Río de Janeiro el año 1992, las naciones reconocen el derecho de los pueblos sobre la propiedad de sus recursos genéticos y se comprometen a establecer normas que regulen su acceso y que aseguren una adecuada compensación a sus "dueños", si es que con su uso obtienen beneficios económicos.

A más de 10 años del acuerdo, Chile aún no legisla en la materia.

Los acuerdos de la convención obligan éticamente a los científicos a no sólo preocuparse del desarrollo tecnológico, sino que también a respetar los derechos de propiedad sobre determinadas especies originarias de un país.

OPINIONES

María Isabel Manzur

Fundación Sociedades Sustentables

"La gente común debe tomar conciencia de que es necesario conservar los recursos fitogenéticos, no solamente en bancos de germoplasma, también se debe trabajar en conservación in situ, es decir, usar los recursos, plantarlos, comerlos y usarlos.

El tema de proteger nuestros recursos genéticos nativos cuenta con muy pocas herramientas. El sistema de patentes no es el adecuado, ya que se requiere innovar industrialmente y eso cuesta. Es necesario crear una legislación que proteja el conocimiento tradicional y los recursos".

Andreas Köbrich

Ingeniero agrónomo

"Los recursos genéticos probablemente siempre han sido de interés para los países desarrollados; sin embargo, dada la actual dimensión de la economía mundial, requieren de especial atención de los países originarios. No vaya ser que por un descuido o una mala política nacional se deje de percibir importantes sumas de dinero en el futuro provenientes de la venta de derechos de producción y, por el contrario, se deban cancelar grandes montos a los propietarios de la variedad".


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Foto:Carla Pinilla


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