REVISTA YA

Martes 9 de Noviembre de 1999

LORENE PRIETO:
Tenemos miedo a mostrar nuestra libertad

La actriz, que interpreta a una exuberante infiel amante del peligro en El chacotero sentimental, está convencida de que en realidad somos más parecidos a los brasileños de lo que queremos confesar. Matea impenitente, no ha logrado superar el shock que le produce vivir en carne propia una permanente inestabilidad económica. Tengo mucho trabajo, pero me falta que los demás crean en mí. Ya va siendo hora, he cumplido todas las etapas.
Por Claudia Cifuentes

Fotografías: Patricio Baeza

Para preparar su personaje en El chacotero sentimental, Lorene Prieto pasó fines de semana en los malls de La Florida, husmeando en las micros, caminando en el centro. Y vio muchas, muchas chilenas como la de la película de Cristián Galaz. Libres, sin miedo y con un gran apetito sexual. Hay miles de mujeres que físicamente no son ninguna maravilla, pero exhalan una sensualidad tan poderosa, tienen olor a hembra y los hombres se dan vuelta a mirarlas aunque no sean ni la mitad de una mujer linda. Son esas minas que se contornean, si andan con falda larga se ponen un buen escote y si andan con cuello alto se ponen unos pantalones bien apretados, aunque se les salgan los rollos.

Así como en las calles santiaguinas vio cientos de mujeres dispuestas a jugar con su sensualidad, en el programa que conduce el Rumpy - y que inspira la película que la tiene en los cines- cree que se puede encontrar la verdadera naturaleza chilena, opacada - dice- por el juego de las apariencias y del doble estándar. Somos más parecidos a la gente que llama al programa que a la foto oficial de este país. No hay nada más nuestro que acostarse con la mujer del amigo, del hermano, del jefe. Es un clásico. En este país hay un temor muy grande a mostrar nuestra libertad interna. De hecho, somos mucho más libres de lo que parecemos. Y si nos atreviéramos, en realidad ¡esto sería Brasil! Somos caribeños, pero somos campeones para sobrellevar miles de cosas. Muchas mujeres soportan la infidelidad de sus maridos por años. Tenemos muchos secretos y culpas que silenciamos.

Lorene está feliz con el resultado logrado por Cristián Galaz, por el entusiasmo mostrado por el público en las primeras semanas de exhibición de la película y porque siente que ese trabajo es un aporte a la sociología nacional. Andamos todos de gris, con chaquetita y detrás de eso guardamos tanta historia.

De treinta y tantos años no precisados, Lorene pertenece a una familia de músicos. Su padre, Sergio Prieto, es violinista, igual que su hermana, que actualmente estudia en Londres. Tiene tíos músicos y es prima de la cantante de boleros Carmen Prieto. Su madre estudió sicología, pero luego optó por acompañar a su marido, que inició una carrera internacional que los trasladó primero a Nueva Zelandia, donde nació Lorene, y luego a Suiza, donde se establecieron nueve años. En esa época los músicos en Chile se demoraban un año entero en pagar una estufa. Por eso mi papá optó por Europa, para tener un mejor nivel de vida, el que finalmente logramos. Fue una infancia de giras y mucha música clásica. Me siento afortunada por haber tenido acceso a los mejores conciertos, a grandes artistas. Mi acercamiento al arte es por el esfuerzo, por el estudio, por el respeto hacia el escenario.

- ¿Cuánto te marcó la infancia en Suiza?

- Mucho. Cuando te han dado una formación tan prusiana valoras el esfuerzo y el trabajo. Por eso choco con nuestro sistema, porque en realidad creo que no hay que hacer un estudio social para acercarse a una fuente de trabajo. Qué importa cómo vas vestida, lo que interesa son los antecedentes, pero acá todo es subjetivo. La verdad es que fue duro volver a Chile. Me deprimí, no entendía nada, me chocaron las clases sociales. Allá no importaban las marcas de zapatillas y tampoco eran tan cerrados los círculos de los que hacen algo bien.

De vuelta en el país entró al Colegio Suizo, donde continuó con una educación que privilegió el rigor y la disciplina.

- ¿Prefieres ese tipo de educación?

- Es muy buena, aunque muy estricta. La verdad es que yo hubiera deseado ir a más fiestas, no estudiar tanto, porque yo estudié mucho. Venía con la tontera del talento, entonces pensaba que, si no lo tenía, más valía ser actriz alcanzando un buen puntaje en la prueba de aptitud. Después en la universidad también estudiaba mucho.

- ¿Y el talento no es tan fundamental?

- Es lo fundamental si quieres ser actriz hasta los 80 años, pero no lo es para ganar dinero. Hay otras vías para eso.

La plata y la supervivencia es todo un tema tratándose de Lorene. De hecho, el día de la entrevista trató de disimular, pero no pudo, su profunda desilusión porque no estaba contemplada para el elenco de la teleserie del segundo semestre de TVN. Ese mismo día le dijeron que quizás después tenga alguna opción si surge algún papel. Así le ocurrió antes con Iorana y La fiera, trabajo que consiguió cuatro días antes de que estas telenovelas salieran al aire. En el cine, en cambio, ha estado en Last call y ahora en El chacotero sentimental, y en teatro está preparando una obra con María Cánepa, escrita por Jorge Díaz.

- En televisión tu carrera ha sido mucho más lenta.

- Sí, en los últimos tres años siempre he aparecido, pero no estoy en los elencos estables. La verdad, eso me deprime bastante. No me siento considerada en mis capacidades. Hasta la Titi Ahubert está en televisión y que yo sepa no ha hecho nada en su vida para aparecer, salvo protagonizar una pelea. Esas cosas son las que lamento, porque cuántos talentos se están perdiendo por un sistema discriminatorio. Ahora estoy en una película que le está yendo muy bien, pero no estoy considerada para una teleserie. Tengo que esperar si surge algo y eso es duro, porque internamente siento que ya he dado todos los pasos.

- ¿En la televisión están los mejores actores?

- Hay muchos que son extraordinarios, pero te pongo como ejemplo a la Tamara Acosta, una de las más grandes actrices de este minuto y ella ¿tiene roles protagónicos en televisión? No los tiene. Ese es mi consuelo. Demuestra que la cosa no funciona bien.

Apenas salió de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica comenzó a sentir en carne propia la inestabilidad laboral, a pesar de haber cumplido siempre con las exigencias académicas, a pesar de haber estado becada en Alemania y a pesar de las buenas calificaciones. Los inicios fueron difíciles también porque se casó a los 20 años con Santiago Ramírez, un compañero de curso, tempranamente tuvo un hijo y al poco tiempo estaba separada.

- ¿Cómo enfrentaste esos duros tiempos?

- Eramos demasiado jóvenes para resolver la cantidad de problemas que teníamos, éramos pobres, estudiantes, fue redifícil. Había muchas cosas que barajar, teníamos un hijo, trabajábamos en todo lo que se pudiera, estábamos agotadísimos, estresados. Creo que ahora, con la misma cantidad de problemas, quizás hubiéramos resuelto las cosas de otra manera. Pero no me arrepiento de nada ni de los sufrimientos.

- ¿Cuánto te afecto la separación?

- La separación para todos es muy difícil, de mucha angustia, uno lo siente como un fracaso atroz. Creativamente éramos muy compañeros, entonces sentí que se me acababa todo, que me iba a ir pésimo, dependía mucho de él. Pensaba que no iba a ser nada, pero después uno va tomando su propia fuerza. Mucho más tarde entiendes que tu vida la vives solo, aunque estés con tu pareja. Por algo no nacemos con compañía. Bueno, la mayoría. Que uno es solo en la vida se entiende muy tarde y vivir solo y arreglárselas solo cuesta mucho. Pero es importante hacerlo, no tienes la garantía de nadie ni siquiera de la vida de la persona que tú quieres. Cuesta mucho entenderlo.

- ¿Cómo fuiste superando esa etapa?

- Al principio volví con mi mamá y después me fui a vivir sola. Esa fue una etapa muy difícil. Me vino una crisis total, podía aparecer en un diario y a la vez no tenía ni uno; tenía trabajo, pero no me alcanzaba para mi familia. Sufría angustias muy grandes, porque fui buena alumna siempre y pensaba que si era una persona mínimamente inteligente tenía que ser capaz de sobrevivir sin tantos problemas. Todos mis compañeros del colegio estaban bien, los que no habían entrado a la universidad ganaban más que yo. La pobreza era un shock demasiado grande, ahora miro para atrás y sé que hay gente que está peor. Vivía detrás de un gimnasio en Ñuñoa y la bulla era infernal, hacían aeróbica desde la mañana a la noche y yo sentía todo. Lo único agradable era que veía a los tipos haciendo pesas. Fueron años súper complicados. Me apesté a tal punto que dejé todo y me empleé de operadora internacional en la CTC aprovechando mis idiomas y por primera vez viví bien.

- ¿Y qué pasó con la actuación?

- La dejé absolutamente, pero obviamente una compañía de teléfonos era el lugar menos indicado para mí. Me sentía como un perro amarrado, nunca el tiempo se pasó más lento, era de las más alegadoras, no podía acatar órdenes. Duré diez meses. Y volví a lo mío. Eso fue doblemente duro, porque empecé de nuevo a golpear puertas. Me siento recuperada de esos años en que igual andaba harto perdida. Daba palos de ciego, me costaba mucho aceptar que mi profesión no era como lo había imaginado. Ahora me acostumbré y sufro menos, trato de resolver lo malo. Lo bueno me llena de energía, la gente me motiva. Si no hubiera respuesta del público, nadie se torturaría con la inestabilidad de esta pega.

- Y en lo sentimental, ¿encontraste una nueva pareja?

- Sí, es un ingeniero comercial súper sensible, que adora el teatro, el arte. Es francés y creo que cerré el círculo, tenemos la misma formación, de chicos vimos los mismos monos animados, fuimos al mismo tipo de colegio, me volví a encontrar con un estilo de persona que me entiende mejor.

- Entonces, ¿qué te falta para cerrar el círculo, trabajo?

- No, tengo mucho trabajo, me falta que los demás también crean en mí. Quiero más fe y ganas de tenerme desde antes, no de parche. Ya va siendo hora, he cumplido todas las etapas. Ya es hora de hacer menos esfuerzos.


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