EL SÁBADO

Sábado 21 de Mayo de 2005

La nueva energía

Nos cortan el gas argentino y nos lo seguirán cortando. ¿Y por mientras, qué?
Por Francisco Aravena F. y Alfredo Sepúlveda C.

La copa del árbol está mirando al sudeste. Creció así, con su raíz firme en tierra, su follaje casi a ras de piso y su tronco torcido. Cincuenta metros más arriba y unos cuantos al costado del árbol, está la explicación de la malformación. Tres molinos delgados y blancos se empinan para aprovechar el mismo viento que hace que los árboles crezcan casi horizontalmente, y lo transforman en energía eléctrica. Las aspas giran casi coordinadas, como en un esquema de presentación gimnástica al que todavía le falta ensayo, y a los pies de cada torre se las puede escuchar, zumbando tenuemente como un niño que juega con espadas láser imaginarias. Desde su inauguración en 2001, la planta de aerogeneradores de la empresa Edelaysen en Alto Baguales, en la salida norte de Coyhaique, se ha transformado en una postal imperdible en una zona inundada de postales naturales. Y también en fuente importante para la energía que esta empresa genera y distribuye en la XI Región.

La energía eólica abastece cerca del 10 por ciento de la demanda del Sistema Aisén, la principal interconexión eléctrica de la zona, y uno de los cuatro sistemas eléctricos interconectados del país (los otros son el de Magallanes, y los gigantescos Sistema Interconectado Central ­SIC­ y Sistema Interconectado del Norte Grande ­SING­). El resto de la energía eléctrica de Aisén proviene de mini centrales hidroeléctricas, esto es, centrales que producen a mucha menor escala que sus famosos congéneres de más al norte y cuyo impacto ambiental es más reducido. Con esta combinación, Edelaysen ­propiedad del grupo Saesa­ ha logrado producir el cien por ciento de la energía que se consume en la región a partir de fuentes limpias y renovables, y ha relegado el uso del diesel ­que antes de 2001 proveía el 72 por ciento de la energía­ a un papel secundario: respaldo. Es decir, cuando el viento en Alto Baguales no es suficiente o cuando se presentan problemas en alguna de las centrales "mini hidro".

En momentos en que no se vislumbra una solución cercana a la crisis energética desatada por los cortes del suministro de gas natural proveniente de Argentina, el mercado, los expertos y las autoridades han empezado a mirar con más interés el potencial de las fuentes renovables no convencionales de energía. Aunque la geotérmica y la eólica asoman como las de mayores posibilidades, la escasez de información básica y una serie de trabas legales asoman como principales obstáculos en el deseado proceso de diversificación de la matriz energética en Chile.

Lo de la región de Aisén representa un ejemplo de cómo se puede transitar hacia ese cambio, pero hay que tener en cuenta que la energía que produce es sólo para su propio consumo. Para el Chile que se extiende desde Chiloé hacia el norte las reglas del juego cambian.

Actualmente la demanda total de Chile es del orden de los cinco mil mega watts, cuatro mil de ellos en el SIC. "Chile va a seguir creciendo y su consumo eléctrico va a seguir aumentando. La demanda es muy conocida", dice el ingeniero Luis Vargas, del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Chile, un experto que acaba de pasar un año en el Asian Pacific Energy Research Center de Japón estudiando las energías renovables en toda la cuenca del Pacífico. El problema es, entonces, cómo generar la oferta para satisfacer esa demanda. Las energías renovables, sobre todo aquellas que son "gratis", como el viento y el sol, pueden ser un buen negocio, si se sabe por dónde empezar.

"¿Cuál es el potencial que tenemos en Chile? La respuesta es: no se sabe", dice Vargas, quien observa una falta de planificación estratégica en el tema de la energía. "Esa es la respuesta real. No hay estudios (...) Chile, en términos de recursos, es un país absolutamente privilegiado. No deberíamos tener ni por asomo problemas energéticos, nunca, si tuviéramos una política de verdad, con la intención de hacer una cuestión bien hecha".

Hasta el momento, las únicas prospecciones reales han sido realizadas por empresas que están dispuestas a correr con esos gastos con la esperanza de capitalizar más tarde. La estatal Empresa Nacional del Petróleo, ENAP se asoció con un gigante italiano de la energía para iniciar exploraciones de geotermia en dos zonas cordilleranas. En el terreno de la energía eólica se han realizado estudios, pero poco específicos. El mayor avance ha corrido por cuenta de los privados.

El otro obstáculo ­al que aluden constantemente los generadores de este tipo de energías­ es el marco regulatorio. Haciendo eco de esa falencia, el gobierno envió al Congreso una nueva ley eléctrica en mayo de 2002. Dos años después, la ley ­conocida como "ley corta", por ser una versión abreviada de un proyecto que proponía cambios más estructurales, que el gobierno finalmente de-sistió de enviar­ fue aprobada.

La "ley corta" incluye específicamente a las energías renovables no convencionales, incluyendo las "pequeñas centrales hidroeléctricas", y establece para ellas la exención total del pago de peaje troncal ­el pago por ingresar a un sistema de distribución­ para quienes produzcan menos de nueve megavatios. Lo más importante: establece que estas pequeñas generadoras tienen el derecho de vender hasta el cinco por ciento de lo requerido por las distribuidoras en sus respectivas áreas de suministro (y éstas la obligación de comprarles). Antes, las distribuidoras podían comprar a quienes les diera la gana. Y saltarse a las pequeñas. "Esto abre el mercado a los pequeños generadores", dice Jaime Bravo, de la Comisión Nacional de Energía. "Las falencias que había para la incorporación de estos actores en el mercado, están resueltas".

"No es que el gobierno tenga que intervenir en el mercado", dice Vargas. "Lo que tiene que hacer, como está haciendo ahora, es un mercado para que la energía renovable florezca", comenta. "Yo creo que vamos a aprender. Si nosotros tampoco somos tan tontos, ni nuestras autoridades tan maquiavélicas".

Energía Eólica

"El recurso eólico no es problema. Tenemos mucho más de lo que necesitamos, eso de todas maneras", sentencia el ingeniero Luis Vargas. "En lo que está topando el recurso es en la exploración, que se sepa dónde están los buenos lugares".

La información disponible públicamente a este respecto proviene de evaluación del potencial realizado, por encargo de la CORFO, por el Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile en 1993. El mismo departamento realizó un estudio complementario y actualizado enfocado en el norte y centro del país en 2003, esta vez a petición de la Comisión Nacional de Energía. Se trata, sin embargo, de un estudio insuficiente. "Se trató de recopilar todos los datos de viento", comenta el meteorólogo Ricardo Muñoz, quien dirigió el trabajo. Muñoz explica que las mediciones se realizaron en estaciones meteorológicas y no en los puntos y las alturas específicos donde se necesitaría estudiar el viento para evaluar el potencial. Ese trabajo fue un proyecto de ocho y medio millones de pesos. Para un estudio serio de prospección eólica en esa misma zona centro sur que abarcó el trabajo de 2003 se necesitarían alrededor de 100 mil dólares, calcula Muñoz.

La Universidad de Magallanes culminó el año pasado un nuevo estudio, a escala detallada, de los vientos en las regiones de Antofagasta y Magallanes.

Pese a la escasa información, la Comisión Nacional de Energía identifica como zonas con buen potencial eólico Calama, la costa y los cerros de la IV región, las puntas que entran en el mar en las zonas norte y centro, las islas y las áreas abiertas al océano y las pampas.

Quienes sí han incurrido en el gasto han sido los privados. En Punta Curaimilla, V Región, hay un proyecto que, de hacerse realidad, podría surtir de 8 megavatios (MW) a la I y II Zona Naval. En la XI Región, Edelaysen estudió la zona de Alto Baguales alrededor de un año, y compró, por si acaso, los terrenos adyacentes, en caso de que quisieran ampliar su parque eólico. ¿Y por qué no hacerlo? Ese es el principal problema de la energía eólica: no es constante; la velocidad del viento fluctúa. Por lo tanto, no puede actuar como fuente única. "Lo que tenemos es lo que podemos respaldar", explica el ingeniero Fernando Díaz, jefe del área de mantenimiento de Edelaysen. Por eso tienen una central térmica (diesel) activa, que entra como respaldo cuando el viento no sopla tan fuerte.

"En Saesa (los propietarios de Edelaysen)", dice el ingeniero, "estamos estudiando otros lugares de energía eólica para el Sistema Interconectado Central. Hay por lo menos tres alternativas", concluye, pero mantiene la reserva de esos lugares.

Otros privados que realizan estudios de energía eólica son los agrupados en el Programa de Energías Renovables de Chile, cuyo director ejecutivo es Pedro Gaete. Él afirma que cuentan con 82 estudios, de los cuales la mitad han indicado puntos donde una inversión de energía eólica es rentable (no los revela porque son estudios privados). "Nuestra meta es llegar a mil 500 megavatios (de capacidad eólica bruta) en 15 años".

Ya tiene algo avanzado. En seis meses más se debería inaugurar el Parque Eólico Lautaro, en el parque industrial de Coronel, cuyas sesenta turbinas generarán 60 megavatios. Para abaratar los costos han desarrollado un modelo propio de torres eólicas, armado por completo con partes hechas en Chile, a excepción del generador. Gaete está entusiasmado con la inauguración de Lautaro: "Será un hito. Igual como fueron los aviones Pillán". Otro gran proyecto que ya está en marcha es la instalación de 512 aerogeneradores en Mejillones. Serán 512 MW al servicio de una empresa minera.

Las empresas mineras son los principales clientes del grupo de Gaete, que se dedica a captar inversionistas de todo el mundo para asociarlos a sus proyectos. El modelo, hasta el momento, ha sido "bypasear" al sistema: los aerogeneradores surten de energía a sus clientes a través de una red privada, de manera que no pagan costos de distribución ni dependen de que los distribuidores estén dispuestos a "darles la pasada". De esa manera, el modelo es combinado: cuando hay viento, la o las empresas se conectan al aerogenerador. Cuando no hay suficiente, vuelven a conectarse al sistema eléctrico tradicional.

Acérrimo crítico del "shogunado de las empresas eléctricas del país", Gaete es pesimista respecto de la nueva ley eléctrica y sus efectos dentro del SIC o el SING. "No me es atractivo traer inversión extranjera para poner un parque eólico de nueve MW. Si me dices que hay una planta industrial que requiere 50 megavatios en el Golfo de Arauco, te pongo 50, pero para nueve no hay financiamiento", ejemplifica.

"Podríamos satisfacer cuatro veces la demanda de energía de Chile, sólo con energía eólica", sostiene Gaete.

Energía geotérmica

La energía así obtenida no depende del clima ni de la política, es constante y, lo mejor de todo, no se acaba (de hecho, el vapor suele reinyectarse a la tierra). Actualmente hay cierto entusiasmo gubernamental al respecto: la ENAP acaba de anunciar una asociación con la eléctrica italiana ENEL ­una de las compañías de energía más grandes del mundo­ para explorar la zona de Calabozos, en la cordillera de Talca, y Nevados de Chillán (tras el retiro de la francesa CFG de los mismos proyectos CK). Además, desde 2000 tenemos una ley "sobre concesiones de energía geotérmica" que establece concesiones sobre la exploración y/o la exploración de este recurso. A fines de 2004 se habían concesionado 13 sitios de los 121 lugares de manifestaciones termales de los que da cuenta el catastro del Servicio Nacional de Geología y Minería.

"Estamos hablando de una caldera natural", resume el profesor Alfredo Lahsen, del Departamento de Geología de la Universidad de Chile ­otra institución que tiene concesiones geotérmicas­, un experto que está en el tema desde que recomenzaron las exploraciones en Chile el año 1968 (en rigor, empezaron en El Tatio, en los años 20), para explicar lo que es la energía geotérmica. Lahsen ha estimado que el potencial que encierra este tipo de energía en todo el país es de 16 mil megavatios durante 50 años. El cálculo lo realizó en 1985 y considera fuentes que contienen fluidos a más de 150 grados, y que están a menos de tres mil metros.

Aparte del hecho de que aún no existe ninguna central geotérmica en Chile, no existe información adecuadamente detallada de las potencialidades geotérmicas del país. El problema es simple. Antes de cualquier cosa, antes de hacer la primera perforación exploratoria ­que se parece bastante a las exploraciones que se hacen en busca de petróleo­, se necesitan mapas geológicos en los que al menos un centímetro de cartografía represente cincuenta mil centímetros de realidad. No los hay, o los hay de sitios muy acotados (justamente, de sitios en los que hay concesiones). Sin ellos, es difícil que un inversionista quiera, además de correr con los gastos de la exploración ­bastante parecida en su parte técnica a la exploración petrolera­, financiar un mapa que no es para nada barato

Existe un proyecto, aún sin aprobar, mediante el cual el Servicio Nacional de Geología y Minería podría dedicarse a la cartografía en detalle de tres zonas que se sabe que tienen potencialidad geotérmica.

Un equipo de la Universidad de Chile, dirigido por Lahsen, en colaboración con la ENAP e institutos geológicos de Alemania, Italia y Nueva Zelandia, concluyó en 2003 un estudio para una exploración: se trata de la zona de Puyehue-Cordón Caulle, en la zona cordillerana entre los lagos Ranco y Puyehue. La cifra que se proyectó para construir una central ahí (de 50 MW), considerando todo (estudios, exploraciones y la central misma), llegó a los 67 millones de dólares.

Energía solar

Decir que en la Pampa del Tamarugal el sol pega fuerte es un lugar común, pero el ingeniero Reinhold Schmidt, director del Centro Tecnológico Nuevos Horizontes, de la Primera Región, conoce una cifra exacta para definir esa pegada: siete kilovatios hora en cada metro cuadrado. Es aproximadamente la cantidad de energía que consume una plancha, usándola una hora y media a la semana, en un mes.

Hasta el momento hay un estudio ­realizado por la Universidad Federico Santa María­ sobre radiación solar diaria. Entre la Primera y la Cuarta regiones, hay más de cuatro mil kilocalorías por metro cuadrado al día (en la Región Metropolitana el índice baja a 3 mil 500, aproximadamente). Pero no existe ningún estudio que se refiera concretamente al potencial energético que encierran estas cifras. ¿Por qué? "Hasta el momento no ha existido un interés", dice Schmidt, "creo que ahora empieza lentamente un nuevo pensamiento y existe más sensibilidad. Pero es muy difícil obtener recursos para esto".

En Chile la energía solar ha tenido tradicionalmente un uso aislado. Las empresas de telecomunicaciones la han usado para sus antenas receptoras y transmisores (en un cerro cuesta llegar con el bidón de petróleo diesel), en sectores aislados se ha empleado para repetir señales de televisión, y como parte del Programa de Electrificación Rural del gobierno, se la ha empleado para alumbrado público y electrificación de viviendas. Pero algo masivo, pensado para conectarse a algún tipo de red energética, no ha habido.

"La inversión inicial es muy cara", reconoce Schmidt, un ingeniero alemán que desde 1993 está en Chile dedicándose al tema, y durante los últimos dos ha sido el director del Centro Tecnológico Nuevos Horizontes, en la Primera Región, una organización que se dedica a desarrollar proyectos de energía solar y tecnologías limpias. Los sistemas solares con los que Schmidt trabaja generalmente reemplazan motores diesel que se echan a perder o que no siempre cuentan con combustible. Generalmente el financiamiento corre por cuenta del gobierno y/o las municipalidades (fundamentalmente dentro del ya mentado Programa de Electrificación Rural). "Generalmente se les pide a los usuarios que financien la mantención", dice Schmidt.

A modo de ejemplo, un panel fotovoltaico (para la producción de electricidad) instalado en una casa en zona rural (que no tiene un consumo homologable a una casa en una zona urbana porque, por ejemplo, no tiene microondas) cuesta del orden del millón de pesos; un sistema termosolar sale ligeramente más barato: $700.000. La instalación de un sistema fotovoltaico es sencilla: después hay que preocuparse de limpiar los paneles y de hacer una mantención técnica una vez al año. Considerando la vida útil de los componentes quien posea el sistema debe gastar alrededor de cuatro mil pesos mensuales para su mantención.

"La fabricación de los paneles es cara, los materiales son caros", dice Schmidt. "Pero la vida útil es altísima. Hay fabricantes que entregan con garantía de veinte años. ¿En qué otro tipo de energía usted encuentra fabricantes que aseguren veinte años de funcionamiento?"

A pesar de lo caro que cuesta partir, y de la ausencia de estudios, Schmidt es un optimista. Cree que no inmediatamente, pero sí en las próximas décadas, podremos llegar a ver la imagen de una plataforma solar en el desierto.

"Las mineras necesitan energía de calor. Ahora la consiguen con diesel. Yo puedo demostrar que con energía solar es rentable. Uno podría producir en gran escala energía con calor del sol", dice Schmidt. "El petróleo, entonces, se podría ahorrar en el norte para tenerlo en el sur".

El ingeniero se atreve a hacer un cálculo. Advierte, eso sí, que se trata de uno teórico, sólo para ilustrar el potencial que encierra la energía solar. Schmidt es un convencido de que las soluciones de un tipo de energía única no son factibles: "lo que queremos es una combinación de las fuentes, con énfasis en los recursos naturales disponibles en el país", dice.

En todo caso el cálculo es el siguiente. Si el consumo de energía de los dos principales sistemas eléctricos es de 50.000 gigavatios hora al año, y si la generación de estaciones solares en California (del tipo cilindro parabólico), es de 0.3 megavatios hora al año por metro cuadrado, se necesitaría un paño de 200 kilómetros cuadrados para igualar el consumo anual de los dos sistemas chilenos: es decir, basta un terreno en el Norte Grande de 14 por 14 kilómetros. Eso sí, la necesidad de que el sistema sea combinado se refuerza por el evidente hecho de que estas centrales sólo pueden funcionar con energía solar durante el día.

Energía de biomasa

Si usted tiene una estufa a leña en la casa, entonces es un productor de energía a partir de biomasa. El problema es que la mayor parte de esa biomasa se consume en condiciones tecnológicas muy precarias: la madera se quema húmeda, sin aprovecharla del todo ­lo que genera problemas de contaminación atmosférica como los que tiene Temuco­ y la mayor parte del tiempo la estufa no opera en condiciones óptimas.

Pero si una empresa procesa la madera en forma industrial, es decir, se dedica a producir celulosa, tableros o madera aserrada, es probable que pueda aprovechar la madera que le sobre para quemarla eficientemente, producir calor, calentar agua, generar vapor y que ese vapor mueva una turbina. De hecho, el dos por ciento de toda la capacidad instalada del SIC proviene de las plantas de cogeneración eléctrica (así se llaman las que aprovechan la biomasa para producir electricidad). Son plantas ubicadas en Arauco, Valdivia, Itata, Cholguán, Laja y Constitución, que en total representan 1,17 por ciento de la capacidad instalada eléctrica del país.

Esto es algo relativamente nuevo. Hasta hace unos años, la biomasa ni siquiera tenía un valor comercial. Las sobras de los raleos se regalaban. Ahora, en la medida en que el interés en producir energía con biomasa se hace atractivo, ella también.

No sólo la madera es biomasa. "Existe la biomasa agrícola que proviene de los rastrojos", dice el doctor Alex Berg, de la Unidad de Desarrollo Tecnológico de la Universidad de Concepción, experto en el tema, "Está también el componente orgánico de la basura. Y los residuos animales, que se usan para obtener gas metano".

En Santiago y Valparaíso ya se saca gas de los vertederos de basura.

Pero la realidad chilena es que la mayor parte de la biomasa para fines energéticos se obtiene de la madera y de estas plantas de cogeneración. ¿Para dónde puede crecer este mercado? "La madera de pino y de eucaliptus se aprovecha bastante bien", dice Berg. "Aún se puede mejorar el aprovechamiento de los residuos producto del manejo y la cosecha forestal, como el raleo, las ramas y el follaje. Sin embargo, también existe un potencial muy interesante en otra fuente, el bosque nativo, cuya explotación es compleja y requiere de una decisión políticamente muy complicada. Lo fundamental es establecer mecanismos que aseguren un manejo sustentable y racional del recurso". Berg dice que el bosque nativo crece entre dos y seis metros cúbicos por hectárea al año ­dependiendo, claro, de las especies y de la ubicación geográfica­, y que esa biomasa de bosque nativo que se regenera se puede em-plear dándole el mayor valor agregado posible y utilizando los residuos como fuente de energía.

Un cálculo teórico que se puede hacer con respecto al potencial de la energía que encierra la biomasa es el siguiente: si uno plantara y cosechara anualmente cincuenta millones de hectáreas de eucaliptus, podría abastecer, si esa madera va íntegramente a plantas cogeneradoras de energía, el cien por ciento de los requerimientos energéticos del país. Aunque evidentemente es ridículo plantar cincuenta millones de hectáreas de eucaliptus para obtener sólo electricidad, el cálculo sirve para ilustrar. "Las energías renovables tienen que complementarse unas con otras", dice el doctor Berg.

Energía de plantas minihidroeléctricas

El principio es simple: en lugar de alterar el caudal completo de un río, tomar sólo parte de él o alguno de sus brazos e instalar centrales hidroeléctricas.

Ralco puede llegar a generar más de 500 megavatios, pero su impacto ambiental fue significativo y su construcción rodeada de polémica. Cincuenta centrales más pequeñas de 10 megavatios podrían entregar la misma energía, pero con un impacto ambiental mucho menor.

Lo que falta es, como reza el consenso, que el mercado de los pequeños generadores sea un buen negocio. Algo que, como está dicho, quienes creen en la nueva ley esperan que suceda.

La central Lago Atravesado, con sus 10,5 MW, es la más grande que maneja Edelaysen. Le siguen la de Puerto Aisén (de 6,6 MW) y ­en sistemas más pequeños de la región­ otras minicentrales de 200, 300, 700 y hasta 1.400 kilovatios, repartidas en lugares como Puerto Cisnes, Cochrane y Villa O'Higgins. "Controlar una central grande es mucho más

fácil que controlar varias chicas; desde el punto de vista operacional se complica", reconoce el ingeniero Fernando Díaz.

Las dos turbinas de Lago Atravesado aprovechan el desnivel natural de ese lago con el que está inmediatamente junto a él: el lago Elizalde. Son casi setenta metros de caída de agua que mantienen estos motores funcionando. Es una obra de ingeniería impresionante, pero al mismo tiempo paradójica, porque porque prácticamente "se pierde" en medio de un paisaje natural imponente. Una vez que uno llega a la central, la impresión se refuerza más cuando se sabe que toda la obra debió hacerse trasladando todo (cemento incluido) a través del lago. La Conama, comentan en Edelaysen, no autorizó la construcción de caminos hasta ese lugar. Tampoco que se levantara un campamento, de manera que sus trabajadores debían trasladarse (cerca de una hora en bus y media hora en lancha) diariamente. Una vez terminados los trabajos, se dejó una senda para el tránsito hacia las turbinas y la represa y una servidumbre de paso para vecinos y animales, y se reforestó la zona.


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