ARTES Y LETRAS

Domingo 7 de Enero de 2007

EXPOSICIONES. Enero:
Concepto e ilusión

Josefina Guilisasti sorprende en Sala Gasco. Voluspa Jarpa y su obra ganadora en Mavi.

WALDEMAR SOMMER

Una genuina exacerbación del ilusionismo óptico emprende Josefina Guilisasti en la Sala Gasco. Pero no se trata sólo de un trompe l'oeil, pues éste sirve una idea: el irónico, el mordaz rescate de ese gusto decorativo de la vieja sociedad por las figuras de porcelana. Afición ella que pasaría luego a los estamentos inferiores, llegando a degenerar en una cursilería artesanal o, en el mejor de los casos, en un kitsch de escaso vuelo. Al parecer, y a partir de concepto semejante, la expositora nos entrega una especie de artificiosa pajarera -a las aves se agregan, por momentos, perro o rataconvertida en aparente gabinete de finas cerámicas o en muestrario de antigua tienda de regalos.

Observado de cerca, el conjunto de brillosos volúmenes aporcelanados se trastoca en lo que verdaderamente es: pinturas sobre telas, colocadas en una doble estantería. Abarca ésta los muros más amplios de las dos salas de Gasco. No obstante, resulta inesperado el ordenamiento de cada una de estas piezas de ornitología. Así se las muestra ya en posición de lucimiento normal, ya volteadas o botadas en el respectivo casillero, ya con sus bases como frente expuesto. No obstante, su condición fundamental es la de objetos y la de extensa variación de ellos, a la larga parecidos y reiterados -pierden toda identidad con eso-, dentro un remedo malicioso del bodegón tradicional.

Además, la diversa disposición que sufren tales protagonistas sobre los estantes obedece a un riguroso y bien definido ritmo visual. El fondo achocolatado de las telas y las repisas negras, por su parte, se asocian armoniosamente con los matices neutros imperantes en la corporeidad animal y con los bien dispuestos toques de coloración más definida. Los 125 óleos en juego además se encuentran emplazados sobre un empapelado continuo como gran tapiz multicolor. Formando bandas verticales, por su importante y abstracta presencia podría considerarse símbolo de arte verdadero frente al realismo banal de las burguesas figurillas de porcelana.

Certamen en Mavi

El Museo de Artes Visuales nos entrega los resultados de su primer concurso dedicado a artistas menores de 35 años. De entre más de mil trabajos participantes se seleccionó los 35 ahora expuestos. Eso explica su muy atractivo nivel de calidad. Hay pintura -sobre todo figurativa-, escultura, gráfica y mucha fotografía digital. Si bien no hallamos aquí ninguna obra del vuelo cualitativo de la de un Sebastián Mahaluf, resulta imprescindible detenerse en los indudables méritos de buena parte de ellas. La mayoría pertenece a nombres desconocidos.

El bien adjudicado primer premio correspondió, sin embargo, a una escultura-instalación de una Voluspa Jarpa por entero diferente a su bastante mostrada producción anterior. En efecto, ahora intervienen volumen y superficie, que son manejados como un dinámico y sugerente desplazamiento dentro de un espacio accesible al espectador. Grises, blanco, negro, tiñen una ambigua, una casi amenazante nube de, aparentemente, insectos oscuros. Éstos, vistos en detalle, al mismo tiempo ostentan doble corporeidad humana. Agrupados con distintas densidades terminan por inquietarnos, estrellándose contra la muralla o, a la vez, emergiendo de ella.

Asimismo sin color, destacan un dibujo y una xilografía no galardonados. Carboncillo sobre cartón de embalaje el primero, entrega una imagen realista y vigorosa de Javier Rodríguez. De Claudio Bravo el grabado, recurre al viejo, al épico estilo popular chileno, donde el excelente texto se aúna íntimamente con la peculiar iconografía. Laura Quezada -al modo de un Oldenburg- altera con gracia irónica las dimensiones de su aguja enhebrada, mientras Yennyferth Becerra -a través de incongruente tejido dorado y bajo un título poético- construye un vulgar triciclo repartidor.

Entre los fotógrafos: Marcela Moncada. Su vivaz, rico y genuino paisaje nace, paradójicamente, de un mosaico abstracto de pequeñas y por entero identificables unidades fotográficas. La melancolía y la apariencia de una pintura romántica posee la agrupación de 430 fotos análogas, de Mara Santibáñez. Entretanto, la sugerente visión en blanco y negro de Cristóbal Lehyt pareciera conducirnos, anímicamente, al mundo minero del brasileño Salgado. Destacadas por el jurado, Paloma Villalobos aporta otro de sus personales desastres ilusorios y Margarita Dittborn, una naturaleza muerta oscilante entre paradigmas del surrealismo y de Caravaggio.


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Originalidad, trabajo y propuesta contiene el trabajo ganador de Voluspa Jarpa.
Originalidad, trabajo y propuesta contiene el trabajo ganador de Voluspa Jarpa.
Foto:El Mercurio


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