ARTES Y LETRAS

Domingo 28 de Septiembre de 2003

PREMIO NACIONAL DE ARTES DE LA REPRESENTACIÓN. Marés González:
Al menos no me voy a morir en el Hogar de Cristo

La actriz Marés González acaba de recibir un premio que reconoce sus 55 años de trayectoria como actriz y profesora de teatro. Es probablemente la mujer más histriónica del país, habla claro y pone los puntos. Se ríe de su pobreza y lamenta el destino miserable de muchos actores chilenos.
MARCELO SOMARRIVA Q.

La actriz Marés González hace un gesto de resignación cuando se le pregunta cómo está. Dice que no puede estar bien en una semana en la que han muerto, después de largas y extenuantes enfermedades, Rebeca Ghigliotto y Sonia Viveros. Más tarde recuerda cuando el animador de televisión Don Francisco convocó a un grupo de actores para organizar una colecta en apoyo de Sonia Viveros, enferma de lupus. "Nos llamó a su oficina y nos fue enviando a cada uno a un lugar distinto para recaudar dinero. Nunca había visto a alguien actuar con tanta decisión. Yo terminé instalada a la salida del Café Paula en el centro pidiendo monedas con un tarrito". Esto de las dificultades económicas de los actores chilenos es algo que compromete profundamente a la actriz Marés González, Premio Nacional de Artes de la Representación de este año. Distinción que recibió con más alivio que sorpresa, ya que después de 55 años de carrera, como dice "en el
teatro, por el teatro y para el teatro", actuando, enseñando e incluso participando como presidenta del sindicato de actores, no le sorprende que la distingan; por lo demás, agrega, ha recibido varios premios. Pero el día que recibió esta buena noticia sólo tenía en su bolsillo el cheque de garantía del arriendo del departamento que había dejado recién por no tener como pagarlo.

Los desplazamientos en la vida de Marés Gónzalez dan para varias páginas. Es hija de padres españoles que se instalaron en Buenos Aires a comienzos del siglo XX; nació en esa ciudad y vivió ahí hasta que su marido, un francés residente en Chile, la trajo a vivir a este país. Aquí se nacionalizó y radicó hasta que continuó la vocación migratoria de sus padres; Marés ha vivido en Grecia, Francia - primero becada y luego exiliada- y después en La Habana. También sus permanentes apreturas económicas, que admite con algo de orgullo, la han hecho vivir, como ella dice, en "todo Santiago" en continuo traslado. Ahora vive en la casa de su nieta, también actriz y en las paredes del pasillo de la entrada cuelgan algunos afiches de obras de teatro en las que actuó en el pasado. Uno de "Santa Juana" de Bernard Shaw y otros de la compañía teatral de André Benedetto en Avignon.

- ¿Tiene recuerdos de su carrera de actriz, fotos o recortes? Uno tiene la imagen de una vieja actriz revisando con nostálgia sus ratos de gloria".

"Odio las fotos, no me gustan (lo dice riéndose). No tengo fotos. Entre tanta mudanza se han perdido muchos recortes y papeles, de repente aparece alguno por ahí".

- ¿Tiene algún recuerdo de un momento especial en su carrera como actriz?

"Cuando pienso para atrás veo siempre como uno de los grandes momentos de mi vida en el escenario haber actuado junto a Pepe Duvauchelle. Con él sentí una verdadera comunión actuando. Nunca he vuelto a sentir eso con otra persona. En ese momento nos dirigía Agustín Siré, que era un gran estudioso de Stanislavski, un método que nunca me gustó. Si actuaba en Hedda Gabler, yo andaba de Hedda Gabler por la vida. No me gusta eso de compenetrarse. No me gusta sufrir así. Es agotador comprometerse tanto con el personaje. Yo soy más de la idea de que el actor sólo deba mostrar, decir y que el espectador haga el resto. Tampoco me gustan las escenografías realistas, que una mesita, una tacita de té, la cortina. Prefiero que me den a mí la mesita y todo y que dejen el escenario vacío. Me gustan los escenarios vacíos".

- ¿Pero ahora us-ted estrenará el 9 de octubre una zarzuela en la sala de
teatro de la Telefónica, la zarzuela al parecer no es algo muy despejado que digamos?

"Pero si en la zarzuela el escenario está casi vacío. La zar-zuela es un gusto sentimental que me doy. Desde que tengo uso de razón se escuchaba zarzuela en mi casa. Me las sé de memoria. Además lo hago como una forma de recordar a Pedro Ortus que tanto quería a la zarzuela; me decía siempre que le habría gustado montar la "Verbena de la Palomera", él en el papel de Don Hilario y yo como la señorita. La zarzuela es alegre y en tiempos tristes hay que hacer el esfuerzo de estar contentos y cantar y todo eso. Yo hubiera querido ser cantante de ópera".

- Uno de sus papeles más recordados fue en la teleserie "La Madrastra" de Arturo Moya Grau a comienzos de los ochenta. ¿Qué recuerda de esa experiencia?

"Lo que pasó con 'La Madrastra' fue algo muy impresionante. Primero porque fue la primera teleserie chilena en ocho años y luego por todo lo que se generó en torno a ella. Los curas ponían el televisor en las parroquias para que la gente fuera a verla. Era también un tiempo donde no se podía hablar y había muy poco que ver. Recuerdo que la teleserie dejó de llamarse 'La Madrastra' y se conoció como '¿Quién mató a Patricia?', algo que a Moya Grau lo ponía un poco nervioso. Se pegaban carteles en las calles preguntando '¿Quién mató a Patricia?', la CNI se inquietó y los terminó sacando".

- ¿Actuaba de mala?

"Para mí no hay personajes malos, siempre los personajes tienen alguna razón para ser como son".

- Se lo pregunto porque pasa con algunos actores de televisión que quedan marcados de por vida.

"Pero yo he hecho malas que no son malas y también buenas que no lo son tanto".

- Usted ha tenido una larga relación con el teatro clásico. ¿Cómo se fue dando esa conexión?

"Yo creo que me elegían porque hablaba bien. Para mí Lope de Vega es como escuchar a mi abuela. Lo que pasa es que me cuesta mucho adaptarme al acento chileno. Es muy difícil imitarlo y que resulte genuino.

- ¿Qué le parece el teatro chileno actual?

"Va a sonar terrible lo que voy a decir, pero no voy al teatro. Las generaciones actuales están experimentando y creo que están un poco perdidos en esa búsqueda de encontrar una manera de expresar lo que se vive en este momento.

Me parece tan pesimista el teatro que hacen que prefiero no verlo, tanta desesperanza. Puro sufrimiento. Sin salida".

- Usted ha estado en contacto con las generaciones más jóvenes, ha sido profesora muchos años. ¿Qué puede decir de esa experiencia?

"Lo que más me gusta es hacer clases, me gustan más los ensayos que los estrenos. Me gusta más estudiar, sacar cosas, investigar. Por eso mismo nunca me interesó dirigir. El espectáculo no me interesa para nada. Me da lo mismo. Lo que me interesa es el proceso".

Marés González lamenta que los chilenos tengan tan mala memoria y no lo dice sólo porque no se acuerden de ella los directores de teleseries para darle trabajo. "Aquí se olvidan de todo. Se borra todo el pasado. Yo vivía en lo que alguna vez fue el digno Portal Fernández Concha frente a la Plaza de Armas en el corazón de un centro de Santiago que ha desaparecido. La plaza y sus alrededores ahora son un chiquero. Cuando cerraron el Chez Henry después de cincuenta años casi me pongo a llorar. Todo se fue, se fue el café Santos donde íbamos a tomar té con unas paneras enormes en nuestra época de estudiantes; se fue el café Paula y ahora van a cerrar el Hotel Carrera que tenía un bar tan bueno, donde preparaban unos martinis excelentes. Me salí del centro y no me dio tanta pena porque la verdad es que no lo reconozco, me pierdo. El mundo del teatro también ha cambiado, antes era un medio más unido que tenía una ética y un respeto distinto. La burguesía de entonces era más educada, más culta. El país de entonces era más austero. Todos éramos igual de pobres. De Alessandri para abajo todos tomabamos té en la misma taza Lozapenco. ¡En los mismos vasos todo Chile!".

- Pero también tienen mala memoria con los actores viejos.

"La última vez que me dio un premio el alcalde Ravinet me llamaron para las teleseries de dos canales de televisión. Yo los conozco a todos, muchos han sido alumnos míos. Hago una teleserie y mis alumnos ganan más que yo, pero me dicen: ¡Qué honor, Marés, tenerla con
nosotros! Tanta fama y reconocimiento, pero yo no sé para qué sirve. ¿De qué fama me hablan?".

- Usted tiene cierto prestigio de mujer de carácter, lo que en los términos eufemísticos nacionales viene a equivaler a que la encuentran pesada. ¿Qué le parece?

"Bueno esa es la forma de expresarse aquí. Por ejemplo, eso del "más o menos" es un particularidad local que yo no he escuchado en otro lugar del mundo. "No te enojes, Marés", me dice la gente, y no es que me enoje. Pongo punto, y aquí todas las cosas quedan en el aire".

- Bueno pero está contenta con el premio, ¿o no?".

El premio en mi caso es bastante curioso. No porque yo lo hubiese querido, pero pasa que he tenido una carrera brillante (lo dice riéndose) y tal vez por eso, porque siempre he tenido papeles importantes, la gente piensa que no voy a aceptar papeles menores, en circunstancias que todo el mundo conoce mi historia: que he sido pobre como las ratas. Por eso este premio me hace pensar en todos los actores que han pasado por lo mismo. Entonces esto es un reconocimiento a una trayectoria de trabajo prácticamente gratuito. Es una lástima, pero la vida de muchos actores es así. Es nuestro sino. Con este premio al menos no me voy a morir en el Hogar de Cristo. Tendría que haber un premio de teatro exclusivo para los actores, todos los que estaban como candidatos conmigo lo merecían y lo necesitan.



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