ARTES Y LETRAS

Domingo 2 de Diciembre de 2001

EXPOSICIONES.-Posada del Corregidor, Galería del Cerro y Museo de la Solidaridad:
Pons, Matta, Brugnoli

Con limpieza formal, serenidad anímica y un sentido de belleza plástica nunca ausente, nos entrega Francisco Brugnoli su interpretación del desastre neoyorquino. Fantasía caudalosa y una policromía delirante en Federica Matta.
WALDEMAR SOMMER

En manos de tres autores hemos visto, durante estos días, testimonios bastante genuinos de pintura, gráfica, instalación y escultura. De ese modo, el segundo piso de la Posada del Corregidor acaba de exhibir un trabajo reciente de Francisco Brugnoli. A materiales típicos suyos - flamantes planchas acanaladas de cinc, como cerrado horizonte, y vulgares ampolletas azuladas, cual velas funerarias- sumó diez reproducciones, en yeso y en su paso al plateado, del "Niño del ganso". No obstante, mucho más que estas derivaciones kitch del lejano helenismo resultan actrices principales de la instalación - expansión de la escultura, al decir de Rosalind Krauss- siete diferentes y usadas máquinas de escribir con un mensaje aún por redactar. Ellas, así, se aprontan a convertirlo en noticia de primera plana, para un "El Mercurio" del día siguente al luctuoso 11 de Septiembre del año en curso.

Dignos de admirarse son, en el actual trabajo, la limpieza y unidad formales, la perfección compositiva, el contraste entre brillante y opaco, la elegancia cromática. Respecto a color, nos hablan el blanco de las esculturas y de parte de los muros de la sala; los grises plateados del entorno metálico, de algunos volúmenes figurativos y de la maquinaria; los azules claros de bujías y de hojas de periódico; el negro del resto del instrumental mecanográfico. Pero el nunca ausente sentido de belleza plástica se halla aquí al servicio del concepto generador de este "Los trabajos y los días N". Es que, más allá de su nombre proustiano y de su complejidad de lectura, Brugnoli nos entrega una interpretación visual personalísima del desastre neoyorquino. En ella, hasta podrían leerse las ampolletas en doble fila sobre el suelo, como alusión fúnebre a las estrellas de la bandera estadounidense, las planchas de metal como evocación de las dos torres destruidas y las figuras escultóricas como signo, quizá, de cierto gusto masivo del país norteño.

Cabría comparar la presente instalación con otra de distinto autor vista recientemente. De esa manera, el barroquismo, la violencia expresiva, el mensaje particular que manifestaba la obra de Leppe se ubica en las antípodas del orden pulcro, de la serenidad anímica, del hecho más universal que termina de entregarnos el expositor de la galería municipal.

Fantasías

La fantasía incansable, caudalosa, los delirios de color de la francesa y presunta chilena Federica Matta se renuevan entre nosotros. Ahora hechos fragmento y miniatura, pasan significante y significado desde la animación inmueble del espacio público santiaguino - Plaza Brasil- a dos salas de exposición y al patio del Museo de la Solidaridad. Muy bien montado, este conjunto de pinturas sobre lienzo, relieves y esculturas - resinas coloreadas con acrílicos- , del período 1991-2001, reunen procederes e imaginerías diversos.

Así podemos apreciar acumulaciones suntuosas, series cosmopolitas y un dinamismo barroco, capaces de unificar artesanía popular, espontáneo e inventivo decorativismo, reiteraciones propias del arte textil, objeto y joya, juguete y gráfica, desarrollos abstractos al lado de figurillas de cómic y de mitologías heterogéneas en vinculación activa - desde órbitas mediterránea y tropical hasta mundos primitivo y precolombino- , art brut, surrealismo en general y, en particular, ecos de Niki de Saint-Phalle, Miró, V. Brauner, K. Haring y de su mismo progenitor, R.S. Matta. Todo ello se impregna, además, de una expresividad lozana, festiva, lúdica, plena de optimismo y no falta de una ironía gozosa.

En los cuadros, estrellas, espirales y puntos de amplitud variada navegan entre las espesuras de un manchado ya violeta, ya verde, ya rojo o azulado, constituyendo una especie de indefinido escenario cósmico que recuerda a Matta. Sin embargo, es en los grises, negros y blanco del extenso "El fuego y la sombra" (1991), donde asoma con mayor evidencia el paradigma paterno. Despliegues de flora y fauna terrestre y marina, sol y luna, ángeles y sirenas pueblan aquellos fondos. Unos y otros dan vida a telas que, por momentos, se tornan collages o bien trípticos y polípticos.

Probablemente, las que demuestran un mayor horror al vacío son las mejores. Anotemos, por ejemplo, la finura ornamental de "El árbol de los ancestros" (2001), "Iemanjá con la cabeza cortada" (1999), "El juego del ojo" (1994), "Las palabras de las estrellas" (2001), "Brasil" (1995).

Similares iconografías encarnan los volúmenes expuestos. Animales más pequeños se aferran al cuerpo de la bestia protagónica o se escalonan en círculo o hacia lo alto, contribuyendo a la general exuberancia de formas.

Destacan la móvil y vigorosa "Iguana" y "El espejo de la sirena", ambos de 1998; "El viaje de la sirena"; los doce remolinos y miniaturas primorosas "Las flores de la guerra" (1991).

Grabados y dibujos sin color

Intimidades domésticas, donde se amalgaman con naturalidad figuración y abstracción, recoge, la mayor parte de las veces sin recurrir a color, Natasha Pons - Galería del Cerro- . Se refieren ellas a personas, lugares y cosas - desde sombreros a ollas- de la casa arquetípica y mínima. Para materializar el intimismo corriente y potente de su entorno maneja un repertorio de formas casi inagotable, volcado a través del graffiti y de un dibujo infantil transfigurado con la excelencia y agilidad lineal de la sabiduría adulta. Sabe, asimismo, la autora sugerirnos situaciones.

Antes que en categorías gráficas, es más adecuado ordenar la exposición en obras de formato y predominio abstracto mayores, y realizaciones más pequeñas y más adictas a la figura bien reconocible. Estas últimas alcanzan con frecuencia a constituir miniaturas muy numerosas, tanto en soporte digital como sobre diminutos puzzles plásticos para niños o provistas de graciosos marcos. En ciertas ocasiones, alguna dosis de color se añade a los trazos de plumón.

Bastante más grande resulta el tamaño de los grabados. Dentro del grupo más atractivo están aquellos donde el negro asume el rol de vacío vigoroso y vertiginoso - la lámina estupenda "Objetos transportados"- , de arquitectura interior - "Te cubrirá con tu sombra"- , de escenario casi teatral - "Caída libre"- o de paisaje al aire libre - "Esquina de la mesa". Expresividad particular ostenta, por último, el grupo de cinco grabados con protagonistas humanos. Cabría afirmar que ahí descuella "Lugar de residencia". En todo caso, aparece muy pareja la calidad global de esta interesante exhibición de la sala de Bellavista.

FICHA F. MATTA. "Los viajes de la sirena", en Museo de la Solidaridad hasta enero de 2002.

NATASHA PONS" Casa" en Galería del Cerro hasta el 13 de diciembre.

F. BRUGNOLI" Los trabajos y los días N", en Galería Posada del Corregidor hasta el 27 de noviembre. /4/68Pons, Matta, Brugnoli


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OBRA DE NATASHA PONS.-
OBRA DE NATASHA PONS.- "Su obra amalgama con naturalidad figuración y abstracción, la mayor parte de las veces sin recurrir a color".


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