VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 4 de Julio de 2009

 
La contradicción de Bernardita Vattier

A esta artista Santiago la hace feliz, aun cuando su aire no le hace bien.
Texto, María Cecilia de Frutos D. | Retrato, Cristián Carvallo  Para poder vivir en Santiago, Bernardita Vattier debe dormir con una máquina que purifique el aire que esta contaminada ciudad le ofrece. Es asmática y, además, cachurera, por lo que guarda todo lo que considere coleccionable. Lo hizo un tiempo con sus inhaladores, pero los botó en un cambio de casa al no saber qué hacer con ellos; pero sí conservó cerca de 300 filtros impregnados de polvo que fue juntando por ocho años, con la esperanza de poder usarlos en alguna instalación.
Vattier nació en Viña del Mar en 1944, y desde que se casó ha vivido en ciudades grandes como Chicago, Sao Paulo y Río de Janeiro. Todas ellas gozan de cielos limpios, excepto Santiago, donde con todo Bernardita es feliz. A pesar del esmog, de los tacos y del desorden con que ha crecido. "Me encanta la ciudad, yo soy una persona de luces de neón y necesito el ruido. En el campo no duro ni tres días", dice esta arquitecta, diseñadora teatral y artista estudiosa, que está presentando la muestra "Alameda Ahumada" como parte del programa Ejercicios de Colección, que realiza el Museo Nacional de Bellas Artes con el fin de crear un diálogo entre las obras de grandes maestros con las de artistas contemporáneos.
El problema de la contaminación ha sido tema central en las creaciones de Vattier por más de veinte años. El diálogo entre la ciudad y la calidad de vida de sus habitantes, abarcando incluso la mala solución arquitectónica, han sido ideas de reflexión permanentes, pero esta vez quiso utilizar algo tan gráfico como estos filtros de aire "inmundos", que había conservado por tanto tiempo, con un propósito artístico. "Los fui guardando sin saber para qué los iba a usar, a modo de una agenda autobiográfica, ordenados por fechas; porque al sacarlos y verlos llenos de tierra me di cuenta de que ahí quedaba el registro de un paisaje intangible, que no vemos, pero que estamos respirando y viviendo cada día", explica.
Fue una idea conjunta de ella y el curador de la muestra, Ramón Castillo, aprovechar esas placas que hoy se exhiben como objetos de colección en vitrinas. Luego, Castillo le propuso intervenir las obras de Enrique Lynch ("Calle Ahumada en 1902") y Fernando Laroche ("Alameda de las delicias"), ambos pintores de caballete de principios del siglo XX que retrataron esas calles en un día de lluvia. De ahí en adelante todo se fue dando para que Bernardita lograra una instalación coherente: trabajar desde el presente con la idea de paisaje que tuvieron estos dos grandes maestros un siglo atrás; y mostrar "cómo nos estábamos ahogando" al respirar el aire contaminado de Santiago. 
Por eso, sin ser fotógrafa, tomó su cámara y comenzó a capturar lo que ocurría con el tránsito y la congestión, con los tacos y el smog.
"Me planteé una foto que mostrara esa misma Alameda que vio Fernando Laroche, pero yo me subí arriba de la Torre Entel: él vio la ciudad de frente, pero yo la vi desde arriba, a la altura de los edificios más altos que se han levantado", cuenta. Como resultado de este registro, eligió treinta imágenes para la exposición, nueve modificadas digitalmente para acentuar aún más los contrastes de blanco y negro, ya que para ella, todo lo vemos en tonos grises. "Sentí la necesidad de usar las técnicas contemporáneas para dialogar con las obras de los maestros. Debía subordinarme a ellas, jamás competir". En paralelo la artista realizó una impresión digital que conjuga el cuadro de Lynch con una foto actual de la Alameda, y extrajo polvo de los filtros para crear un nuevo material, "como el barro", y hacer una pintura inédita sobre el Santiago de hoy, "donde las grúas son el gran símbolo".
Además de la contaminación, ¿qué le criticas a Santiago?
?Que ha crecido desordenadamente, sin planificación urbana. Y eso no quiere decir que no esté a favor del progreso y del desarrollo, pero sí creo que es necesario un plan maestro, un mandato que vaya más allá de un plan regulador. Me encanta que Chile se modernice, pero ni la contaminación ni el desorden urbano es modernizarse... ser moderno implica un desarrollo planificado, estudiado y ordenado, no construir "Sanhattan".Pero aun así, te gusta vivir acá...
?Bueno, ésa es mi contradicción vital. Porque me gusta la ciudad por lo que ella ofrece, y pienso que a pesar de todo, lo positivo es tan superior a lo negativo que termina haciendo que te olvides de lo malo. Te metes en un taco para ir al Municipal, pero cuando estás adentro del teatro te olvidas del taco... o tienes que hacer una cola gigantesca para comprar entradas en el cine, pero te sentaste en la sala y ya no te importa, y así... finalmente los beneficios, para mí, son mayores.A pesar de que desde los años ochenta comenzó a participar en simposios de centros de estudios medioambientales y devoraba los cuadernillos informativos; aun después de leer las investigaciones de geógrafos sobre la cuenca de Santiago, sobre el aire y la contaminación; incluso luego de aprender que la Constitución deber velar por el bienestar de los ciudadanos... el amor de Bernardita por la urbe es incondicional. Le pesa eso sí que nunca se haya hecho nada concreto ni real para limpiar la ciudad. "Durante un tiempo dejé de trabajar el tema medioambiental porque se transformó en un fin en sí mismo, le servía de plataforma a todo el mundo: en tiempo de elecciones, cuando hay problemas internos en el país, para olvidarse de las crisis, de que no tienes plata, ni pega... Es un hecho que sirve pero que no se soluciona", dice.
Con esta instalación quiere entonces mover la conciencia de quienes la visiten hasta el 2 de agosto en el Museo Nacional de Bellas Artes, un trabajo sutil que se vale de las obras de Laroche y Lynch para mostrar cómo ha cambiado el paisaje, la vida urbana y el aire que respiramos.  


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Con polvo ambiental la artista creó barro para plasmar esta imagen ?sucia? de Santiago, usando como soporte papel filtro.
Con polvo ambiental la artista creó barro para plasmar esta imagen ?sucia? de Santiago, usando como soporte papel filtro.


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