VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 1 de Julio de 2000


Población caja del seguro obrero

Aunque Ricardo González Cortés es más conocido por sus edificios Art Deco, también fue un urbanista que soñó otro Santiago y proyectó conjuntos económicos como éste, en Providencia, recién declarado Zona Típica.
González Cortés es uno de los protagonistas de la cultura chilena en el siglo XX. Titulado en la Universidad de Chile el año 1911, fue quien organizó la participación de Chile en el Primer Congreso Panamaricano de Arquitectos en 1920, Uruguay; quien representó a Chile en el de París; quien presidió la delegación chilena en el de Buenos Aires en 1927; quien promovió el que Chile participara en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, y quien el año 1941, fue el gran impulsor de la celebración del IV Centenario de Santiago.

Todo esto, convencido de que era posible y necesaria, la reforma de las ciudades. En congresos, en la prensa, en el gremio también presidió su asociación y como Director del Instituto de Urbanismo de Chile, muy informado de lo que se estaba haciendo en las grandes urbes, trabajó por impulsar un tema que el medio político chileno estaba lejos de valorar. También lo intentó desde el Partido Liberal aunque su hermano Exequiel, el célebre médico, fuera por tres períodos el Presidente del Partido Conservador.

Con la fuerza de la utopía combatió para difundir el urbanismo, que no era sólo capricho de meras suntuosidades como parecían pensar sus coetáneos, sino un espíritu social-económico que debía enfrentarse de una vez por todas, porque tanto la clase media como la obrera, que eran una raza tan sufrida como llena de esperanzas, merecían que las municipalidades contrataran profesionales del planeamiento para que los santiaguinos no tuvieran que irse a los extramuros de la ciudad, o terminar colgados en los faldeos cordilleranos, víctimas de líderes que eran generalmente caudillos o aventureros locales. Quería un municipio socialmente vivo, dedicado a la rehabilitación urbana, práctico y eficiente, ajeno a la política nacional.

En los congresos, decía, se conocen y adoptan planes urbanos sin interesar la ideología de los autores. La política, pensaba, y él presidía la Asamblea Liberal de Santiago, tiene otros fines. Terminó redactando proyectos de ley para que no se arrasara la ciudad antigua en nombre de las necesidades del momento, que las reformas aprovecharan lo construido de calidad.

Cada vivienda debía ser vista como una unidad que converge en un grupo, idea que está claramente expuesta en este conjunto que, planeado en los años 20, se construyó entre 1929 y 1930.

Aquí, como en sus grandes edificios personalizados por detalles artísticos, también se nota que su primer título lo obtuvo en la Escuela de Artes y Oficios; sus formas, texturas, los ladrillos y la solidez de su albañilería, las buhardillas, las rejas, las tejas holandesas, el diseño de las puertas, todo enriquece este conjunto a pesar de su bajo costo. Como siempre, se las arregló para hacer ciudad.

Su fe en la disciplina, y su interés en el hombre, quedan a la vista en esta población obrera. Hay dos tipos de viviendas pero como en una obra de Bach, en torno a esa unidad trabaja la variedad; no hay dos iguales. Techos salientes, accesos de luz, la óptima ventilación incitaba a aprovechar la brisa del suroeste, purificadora ambiental, las sutiles diferencias de techos, la altura de los espacios, todo se orquesta para conformar un barrio que, mucho más allá de la dignidad, alcanza la belleza urbana.

Tal como en el barrio obrero de Bellavista, la demanda superó al plan. Aunque estaba en el eje de numerosas fábricas (Grau de tubos de cemento, Magnere de cueros, Girardi de sombreros, Fantuzzi de ollas...), pronto las viviendas fueron ocupadas por familias de ingresos medios y, después, también por oficinas. Como tenían 50 metros cuadrados, y los terrenos 147, la mayoría fue ampliada. Fueron jóvenes arquitectos con taller en una de ellas los que postularon sin éxito a un Fondart, para hacer un proyecto de gestión de este patrimonio. En el camino surgió el interés del Consejo de Monumentos Nacionales, que desarrolló el proyecto, y en este mes, lo declaró Zona Típica.

Como las 30 casas ocupan la calle Valenzuela Castillo desde José Manuel Infante hacia Román Díaz, sin llegar a ésta, se estudia su articulación con otro conjunto que potencie este armónico rincón de época.

Por Miguel Laborde
Fotografías, Guillermo Farías




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Foto:Guillermo Farías
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