REPORTAJES

Domingo 12 de Septiembre de 2010

Jorge Inostrosa, ícono de la novela histórica nacional:
La agitada vida del autor de Adiós al Séptimo de Línea

Su gran novela ha sido recientemente adaptada para televisión, pero antes ya había vendido millones de copias. Jorge Inostrosa vivió para escribir: atravesó la cordillera para investigar el cruce del Ejército Libertador, en Argentina y Perú se sospechó de él como espía y en el norte experimentó con la "chupilca del diablo", la pócima del Ejército chileno en la Guerra del Pacífico.  
Ignacio Bazán Para Francisca Inostrosa Wood, la aparición de una serie en televisión basada en el libro de su padre "Adiós al Séptimo de Línea" fue una sorpresa. Los derechos habían sido vendidos hace muchos años por su madre y ya se había olvidado completamente del proyecto.

"Me dio pena al ver los carteles en la calle y que nosotros como familia no supiéramos nada", explica Francisca Inostrosa. "Luego me llamó Alex Bowen, el director de la serie; nos juntamos y me invitó al estreno. Me encantó el resultado".

Violeta Wood, la viuda de Jorge Inostrosa, había vendido los derechos a Megavisión en 1993 en 30 mil dólares. Nada se hizo hasta que la productora del director Alex Bowen contactara al canal para emprender un proyecto que por años había quedado en el congelador. A sus 90 años, una larga enfermedad tiene a Wood sin comprender que el libro más célebre y vendido de su marido es ahora una serie de televisión. Después de décadas viviendo en una casa de Príncipe de Gales (Inostrosa siempre decía que la había construido a punta de libros) ahora vive en un departamento de Providencia, donde Francisca, ex asistente de dirección de TVN y ahora pintora, se encarga de cuidarla. Verónica, su otra hija, vive hace 30 años en Colorado, Estados Unidos.

Pero el rol de Violeta Wood en la vida de Inostrosa va más allá de los hijos y la vida matrimonial.

Ya a finales de los 40, Wood había caracterizado a Violeta Latorre (el personaje principal de Fernanda Urrejola en la actual serie) en el radioteatro del "Séptimo de Línea" que su marido Jorge Inostrosa hacía en Radio Corporación. Ahí, junto a la reconocida voz del actor Emilio Gaete, se empezaba a gestar el arrollador éxito del "Séptimo de Línea". Una vez terminado el proyecto radial a principios de los cincuenta, Inostrosa decidió transformar los guiones en libros. A pesar del tremendo éxito del radioteatro, estaba apretado de dinero y pensó que sería una buena manera de encontrar un ingreso extra. Probablemente, jamás imaginó que "Adiós al Séptimo de Línea" se transformaría en la novela histórica por excelencia.

El gran best seller

La obra de Inostrosa se empina por sobre los veinte títulos, pero fueron los cinco tomos del "Séptimo de Línea" los que llevaron su carrera a alturas insospechadas. Ya a mediados de los sesenta, Inostrosa fue a La Moneda para que Eduardo Frei Montalva firmara la copia un millón y medio del libro. Un tremendo logro, dado que la población de Chile en esa época apenas rondaba los 8 millones de habitantes.

Diversas informaciones de prensa sitúan al número total de copias vendidas del volumen entre cinco y siete millones. Pero José Manuel Zañartu, gerente editorial de Zig Zag, no sabe a ciencia cierta cuál es la cifra exacta. "Sin computación se han perdido muchos registros, sobre todo por cambios en la administración de Zig Zag", explica.

Zañartu sólo tiene claro que en la actualidad, "Adiós al Séptimo de Línea" vende dos mil copias al año. Su otra gran novela histórica, "Los Húsares Trágicos", alcanza un número similar. Bastante para un mercado actual en el que un best seller es un libro que vende tres mil copias.

Vivir para contar

Aunque su carrera como escritor se consolidó rápidamente en los años cincuenta, Inostrosa nunca dejó de escribir guiones para radioteatro y luego para televisión. También hacía clases y charlas en diferentes universidades y emprendía largos viajes para investigar sus novelas. En el norte, Inostrosa probó la "chupilca del diablo", una mezcla de aguardiente con pólvora negra que los soldados nacionales ingirieron para tomarse el Morro de Arica. También viajó a Juan Fernández para escribir "La justicia de los Maurelio". Y en 1960, junto a un militar, un periodista y un músico emprendió el cruce del Ejercito Libertador de los Andes, siguiendo la misma ruta de O'Higgins y San Martín. En el lado argentino fue detenido por un comandante trasandino, quien, creyendo que eran espías, tuvo al grupo dos días preso en un puesto de Gendarmería a 15 km de la frontera con Chile. El incidente causó gran revuelo en la época. Poco se reparó en que Inostrosa estaba recopilando material y vivencias para su otra gran zaga: "Los Húsares Trágicos".

En una crónica escrita después del altercado, Inostrosa narró el dramático momento en que fue dejado a su suerte por el oficial argentino: "Súbitamente, el comandante Schurlein decidió abandonarnos. Hizo arrojar nuestras cargas a un costado del camino y se dispuso a volver a toda prisa al lado argentino. Estábamos a sólo tres kilómetros del límite, sin cartas geográficas y desconociendo por completo las rutas que podrían llevarnos a la cordillera. Sólo nos quedaba aceptar las cosas como venían [...] Bajamos durante cinco horas por senderos de vértigo, aterrados ante la idea de que la obscuridad de la noche nos obligara a detenernos. Por fin, maravillosamente, vimos elevarse un humo a la distancia. No podía anunciar otra cosa que la presencia de la patrulla chilena".

"Él quería hacer y probar de todo antes de sentarse a escribir", cuenta su hija Francisca. "Muchas veces nos quedamos solas con mi mamá y hermana en los tiempos en que se fue de agregado cultural. No podíamos ir con él por el colegio".

José Manuel Zañartu refrenda esa tesis: "Su documentación e investigación en terreno eran sumamente minuciosas, a tal punto que en Perú, investigando para una novela, también tuvo problemas porque pensaron que era un espía".

Inostrosa, el hombre

Francisca define a su padre como alguien que vivió su vida a concho, además de un gran narrador de historias, lo que terminaba por envolver a los que lo escuchaban.

Zañartu, quien lo acompañaba en viajes a provincia para promocionar sus libros, cuenta que siempre les decía a los pueblerinos que había pololeado en la Plaza de Armas del lugar. "Era mentira, pero así se ganaba de inmediato a la gente".

Aunque en los días de semana trabajaba largas horas, Inostrosa llevaba los fines de semana a sus hijas a paseos fuera de Santiago. "Eran auténticas aventuras para mí ir a Pomaire o a la cordillera con él", dice Francisca.

El gusto por la escritura lo traía de niño. Sus primeros pesos los hizo escribiendo cartas de amor para sus compañeros del Instituto Barros Arana.

Inostrosa nació en Iquique en 1919, pero luego de la muerte de su padre se mudó a Santiago junto a su madre y sus cinco hermanos. Fue en San Bernardo donde conoció a Violeta Wood, de quien se enamoró perdidamente a los 17 años.

-Señorita Wood, ¿la puedo acompañar?, fue la primera frase dirigida a su mujer a esa edad mientras fumaba una pipa.

Violeta, fiel a la costumbre de su época, le dijo que prefería seguir sola. Pocos días después cambió de opinión y empezó a caminar de la mano con el futuro escritor.

Aparte de trabajar con Inostrosa en el radioteatro, Violeta Wood se convirtió en su secretaria. "La primera edición del 'Séptimo de Línea' comprende los primeros tres tomos, que es la campaña del mar", cuenta Zañartu. "Siete años más tarde, Zig Zag le pidió a Inostrosa que hiciera la campaña de la sierra y contrató a su mujer para que oficiara de secretaria. Él dictaba y Violeta tipeaba, lo que se nota en un estilo más coloquial".

Según Zañartu, en esos dos tomos, la sobrepoblación de adjetivos por la que Inostrosa es criticado por otros escritores es más evidente. "En 1972 nos juntamos con él para disminuirlos. Si en una frase habían tres, automáticamente borrábamos uno".

Esa tendencia a la elocuencia le pasaba muchas veces la cuenta con el resto de los escritores de su generación. Ni los historiadores ni los literatos lo consideraban uno de los suyos. Inostrosa se movía en tierra de nadie, lo que quizás era el secreto de su éxito. "Creo que a él le pasaba algo parecido a lo que le ocurre a Isabel Allende ahora", dice Zañartu. "Había mucha envidia por su nivel de ventas y se le criticaba, siendo que sus trabajos están a la par con los de historia novelada de Francia, muy populares en ese país".

Presintió su muerte. En 1974, el año anterior a su deceso, dijo que moriría pronto de lo mismo que su madre: un derrame cerebral. Así fue. Inostrosa pagó el precio de ser un hipertenso que no se cuidaba ni en las comidas ni en el consumo de tabaco, y que además trabajaba largas jornadas de entre 10 y 15 horas diarias.

Estas maratones iban acompañadas de varios cigarros, pero según su hija Francisca, nunca fumó realmente: "Prendía un cigarro y se ponía a escribir como si estuviera poseído. Vi miles de veces cómo el cigarro quedaba consumido sobre el cenicero sin que le hubiera dado ninguna piteada. Tengo grabada su voz, cuando practicaba los textos en voz alta: 'Adelante, general' ".

Inostrosa era agnóstico. Decía que muchas veces trató de encontrarle un sentido espiritual a las cosas, pero que siempre llegaba a la conclusión de que no hay nada más allá de la muerte. Por eso trabajaba y se exigía tanto, confesaba él. También era carrerista, al punto de haber nombrado a su hija Francisca Javiera (de haber tenido un varón, su nombre habría sido José Miguel). También era amante del boxeo, único lugar donde, según su hija Francisca, se le salió algún garabato.

En el plano político, Frei y Pinochet lo nombraron agregado cultural para que pudiera investigar sus novelas en países como Venezuela, Colombia y España. Su libro póstumo, "El Ministro Portales", fue un encargo del gobierno militar. Aun así, Inostrosa se definía a sí mismo como un libre pensador. En 1974, pocos meses antes de morir, analizaba la situación del país: "Como la historia se repite, puedo asegurar que, a partir de la segunda mitad del gobierno de Frei en adelante, y luego con la UP, fue la repetición de la anarquía. Debía entonces llegar el 'factor Portales', y llegó, y es así como la gente de la junta de gobierno empezó a encarnar a Portales sin darse cuenta".

 


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Perfil enciclopédico Aunque nunca encajó en el mundo académico, Inostrosa era un recopilador histórico<br/>de fuste.
Perfil enciclopédico Aunque nunca encajó en el mundo académico, Inostrosa era un recopilador histórico
de fuste.
Foto:ARCHIVO FOTOGRÁFICO ZIG-ZAG


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