REPORTAJES

Domingo 28 de Enero de 2001


El Caso Balmaceda-Waddington

El trágico final de Ernesto Balmaceda Bello, un joven diplomático que enamoró a Adelaida Waddington, hija del encargado de negocios de la Legación chilena en Bélgica, y que se negó a contraer el matrimonio que se le imponía.
Por SANTIAGO BENADAVA

EN algunos libros de derecho internacional se menciona, entre varios precedentes relativos a inmunidades diplomáticas, el caso Balmaceda-Waddington, ocurrido en Bruselas en 1906. Estos nombres sugieren que los protagonistas de este episodio fueron miembros de distinguidas familias chilenas. Los diarios de la época, salvo "El Mercurio", refirieron este caso de manera muy escueta o lo pasaron en silencio. La revista belga de derecho internacional lo revivió medio siglo más tarde en un artículo sobre los aspectos jurídicos del hecho. La familia Balmaceda publicó en 1906, tanto en francés como en español, un libro de circulación reservada que contiene documentos relativos a esta historia, particularmente las cartas enviadas por Ernesto Balmaceda Bello a su familia meses antes de su muerte.

En febrero de 1906 Chile estaba representado en Bruselas por una Legación servida por don Luis Waddington, encargado de Negocios ad interim, casado con doña Isabel Cood. El matrimonio tenía dos hijos: Carlos, de 17 años, estudiante de la Universidad de Gante, y Adelaida ("Yaya"), de 20.

Formaba entonces parte de la Legación como secretario un joven y apuesto diplomático, Ernesto Balmaceda Bello, de 19 años, hijo de un ex ministro del Interior y sobrino del ex presidente de Chile don José Manuel Balmaceda. Ernesto había servido en la Legación de Chile en Caracas, donde había sido bien recibido por la sociedad y el gobierno venezolano, que recordaban a su ilustre antepasado, don Andrés Bello. Ahora ejercía en Bruselas las mismas funciones que había desempeñado su padre, don Rafael Balmaceda.

Su primo Eduardo Balmaceda Valdés lo describe así en su libro "Un mundo que se fue...": "Su carácter alegre y sencillo conquistaba desde el primer momento; era además inteligente, de sobresaliente físico, con una lindísima voz de barítono que manejaba con arte poco común a sus cortos años, con una extraña simpatía; era en suma un 'charmeur"'.

Los amores

Ernesto se encontraba lejos de su patria y de sus afectos familiares. Era recibido a menudo en la casa de los Waddington. Fue entonces explicable que iniciara un idilio con la joven Adelaida. Pronto pasaron a ser amantes.

Adelaida era graciosa y coqueta. Ernesto caballeroso, serio y poco experto en asuntos sentimentales.

Los Waddington empezaron a maliciar las relaciones entre los dos jóvenes y quisieron que la situación se definiera. Ernesto dio palabra de matrimonio y pidió a su tío, don Emilio Bello Codesido, que se encontraba en París, que obtuviera de su padre, don Rafael Balmaceda, el consentimiento para casarse. La negativa cablegráfica de don Rafael fue rotunda: "Imposible aprobación tales condiciones. Carece además juicio, edad, recursos". Don Emilio Bello transmitió esta negativa a los padres de "Yaya", quienes decidieron poner fin al proyecto de matrimonio.

Sin embargo, Yaya, que amaba a Ernesto, comunicó a sus padres el grado de intimidad alcanzado con su novio... En estas circunstancias la familia Waddington juzgó que el casamiento era indispensable.

Preámbulos de una muerte

En una reunión con don Emilio Bello, tío de Ernesto, don Luis Waddington lo informó de la situación creada por la revelación de su hija y le dijo sin mayores preámbulos: "O se arregla inmediatamente el matrimonio de mi hija o le doy un tiro a Ernesto. No disculpo a mi hija, pero yo debo ampararla". Agregó, que no pretendía con este enlace asegurar la felicidad de los jóvenes porque sabía que Adelaida no tendría la estimación de su marido, ni de la familia de él.

Presintiendo una tragedia, don Emilio Bello dirigió el siguiente cablegrama a donRafael: "Situación reagravada violenta exige consentimiento inmediato (por) telégrafo para calmar familia exasperada. Negativa traería consecuencias desgraciadas. Imposible partir (de Francia a Chile) sin dejar esto arreglado. Rogamos respuesta favorable".

Al día siguiente, don Rafael responde: "Consiento, agobiado situación. Autorízote plenamente".

El matrimonio es anunciado oficialmente por los Waddington.

Sin embargo, el joven Balmaceda no desea casarse con Adelaida. Se siente acosado. El compromiso contraído lo angustia y abruma. No quiere celebrar el matrimonio a ningún precio, aun a riesgo de recibir un balazo de los Waddington. Le indigna aparecer socialmente como el novio oficial de Adelaida. Lo único que desea es huir de Bruselas, rehacer su vida en otra parte y quedar fuera del alcance de los Waddington. "No quiero casarme con la Yaya, a quien ya no quiero", escribe a su madre. Por ello pide a su padre por telegrama que no dé el consentimiento que su tío solicita y que le obtenga un inmediato traslado de Bruselas.

Por esos días Adelaida le confiesa estar embarazada, lo que resulta no ser efectivo.

En cartas a sus padres, Ernesto les revela las razones que motivan su negativa a casarse: Yaya le había confesado haber tenido una experiencia sexual anterior, lo que constaba en una carta que ella le había entregado.

Como su fuga precipitada podría dar lugar a un escándalo y exponerlo a la persecución de don Luis Waddington, Ernesto convence a Adelaida que diga a sus padres que no había sido deshonrada por su novio y que prefería cortar la relación sentimental por estar convencida de que no sería feliz. A cambio de ello, Ernesto le devuelve las cartas comprometedoras que ella quema en su presencia. Los padres de Yaya aceptan el rompimiento.

Pero doña Isabel, la madre de la novia, es muy suspicaz y descubre el engaño. Llama a Ernesto y le exige el matrimonio. Ernesto le responde: "Antes que el honor de usted está el de mi padre y el de mi nombre; no soy yo quien debe esa reparación sino otro. Esta es mi última palabra". Le habla de las "pruebas" que había tenido y le espeta: "No me casaría con la Yaya ni siquiera en el caso de tener un hijo mío". Este incidente ocurre el viernes 23 de febrero.

Ernesto siente que su situación es desesperada y que su vida peligra. Don Luis lo ha amenazado con matarlo. Carlos, hermano de Yaya, ha estado haciendo ejercicios de tiro con revólver en un jardín contiguo a la Legación. En una carta a su padre, hace un inventario de sus alhajas y otros bienes y pide que, si algo le sucede, los repartan entre sus hermanos. También le incluye una carta para su madre, que sólo debería entregársela "si la suerte no me ampara" y pide que si sucede lo peor lo trasladen a Chile y lo entierren en el mausoleo de la familia.

Mientras tanto en Santiago las influencias familiares se han movido. La Cancillería ha dispuesto el traslado de Ernesto a los Estados Unidos y le ha ordenado que, antes de ir a Washington, viaje a Chile para recibir instrucciones. Ernesto desea partir cuanto antes. Tiene sus maletas hechas. Espera recibir de su padre los 2.500 francos que le ha solicitado para abandonar Bruselas. Los Waddington, presumiendo que el alejamiento del novio significaría una ruptura definitiva, están decididos a impedírselo.

El ambiente es opresivo y pareciera configurar el anuncio próximo de la muerte.

La tragedia

En la mañana del viernes 23 Ernesto Balmaceda llega a la residencial en que vive, calle Charleroi, y conversa con Madame Van der Hofstadt, quien vive en la misma residencial y está al tanto de sus tribulaciones. Le dice que su vida en Bruselas ha llegado a ser imposible, que está amenazado de muerte y que acaba de enviar un cablegrama a su padre para que le envíe 2.500 francos que le permitan regresar a Chile. Luego Ernesto se dirige a la comisaría de policía de Saint-Gilles, para exponer su situación al comisario y reclamar protección. El comisario se encuentra ausente y el joven parte sin verlo.

El sábado 24, como a las 11.00 horas, Madame Van der Hofstadt, sube a la pieza de Ernesto para preguntarle si desea desayunar. El joven le contesta que prefiere seguir durmiendo y que si Carlos Waddington, hermano de Yaya, viene a verlo no lo dejen subir. Media hora más tarde llega Carlos y pregunta por Ernesto, pero Madame Van der Hofstadt le prohíbe el acceso pretextando que Ernesto tiene un fuerte dolor de cabeza. Carlos regresa un poco más tarde y, como nuevamente se le impide ver a Ernesto, parte dejando dicho que su madre, la señora Waddington, espera a Ernesto a las 14.30 horas.

Informado de estas visitas, Ernesto Balmaceda sale precipitadamente alrededor de la hora fijada y toma un coche en dirección a la Legación, calle Abbaye N 30. En el camino cambia de opinión y pide al cochero que lo conduzca a calle Vleurgat 245, muy cerca de la Legación, donde vive uno de sus compatriotas, Javier Renjifo. Ernesto participa a su amigo de los siniestros presentimientos que lo obsesionan. Termina pidiéndole que, en caso de que llegara a sucederle alguna desgracia, se encargue de sus funerales. Renjifo trata de tranquilizarlo y le manifiesta que iría a ver a los Waddington para hacerles saber que Ernesto se encontraba en su casa.

La situación era muy delicada porque en la misma tarde habría en la mansión de la Legación una cena de 30 cubiertos a la cual Ernesto, novio oficial de Adelaida Waddington, rehusaba asistir. La ausencia del joven secretario produciría sensación y un inevitable escándalo.

Un cuarto de hora más tarde, un criado de la Legación trae una para Ernesto Balmaceda. Al parecer, el pretexto de esta misiva es que el joven vaya a la Legación para hacerle entrega personalmente de un cheque enviado por su padre desde Chile. Ernesto se niega a salir.

Eran las 17.45 horas cuando Carlos Waddington se apersona a la casa de Renjifo y encuentra a Ernesto. Los dos jóvenes intercambian algunas palabras. Segundos más tarde se oyen detonaciones. Carlos ha disparado a Ernesto cinco tiros en la cabeza. Ernesto ha caído de espaldas cerca de un sofá, con sus guantes puestos, mientras firmaba el cheque de 37 libras esterlinas enviado por su padre.

El hechor arroja sobre un mueble el arma de que se ha servido, salta a un coche y da orden de conducirlo a galope tendido a la Legación de Chile. Momentos más tarde, el asesino se encuentra a cubierto de la acción policial.

Las autoridades judiciales se apersonaron al lugar del crimen, recogieron los documentos de la víctima e hicieron rodear por policías de civil el inmueble de la Legación, el cual, amparado por el privilegio de la "extraterritorialidad", gozaba de inviolabilidad.

Los funerales del infortunado joven se efectuaron el miércoles en la mañana en presencia de varias notabilidades del mundo diplomático. El oficio se celebró en la iglesia de Saint-Gilles. Luego el cortejo se dirigió al cementerio de Uccle-Calvoet, donde el cuerpo fue dejado en una tumba provisoria en espera del día en que fuera transportado a Chile.

Entrega a la justicia

La prensa belga comentó profusamente el caso. "Le Soir", hablando de "un asesinato fríamente premeditado", agregaba: "Las autoridades no pueden, pues, apoderarse del asesino mientras no abandone la residencia de su padre". La mayor parte de los periódicos eran favorables a la versión de los amigos de Balmaceda, que se apiadaban de la suerte de la víctima y sabían que Ernesto se había comprometido a la fuerza con Adelaida Waddington y quería evitar un matrimonio que se le imponía. A la prensa le disgustaba que el hechor hubiera intentado ponerse al abrigo de la justicia refugiándose en la Legación chilena. "L'Etoile belge", de 26 de febrero, dijo: "Y mientras se alejaban las autoridades judiciales y una camilla transportaba el cadáver del pobre 'petit chilien', los agentes continuaban vigilando la residencia de la calle de la Abbaye, detrás de cuyos muros se amparaba el asesino. . .".

Entre tanto, don Luis Waddington, encargado de negocios de Chile y padre del hechor, visitó al Ministro de Relaciones belga, señor Favereau, le dio su palabra de honor que Carlos no saldría de su casa, pero invocó la extraterritorialidad, a fin de evitar toda acción de las autoridades contra la sede de la Legación.

Sin embargo, al día siguiente del drama, el mismo señor Luis Waddington escribió al Ministro de Relaciones Exteriores de Bélgica: "Renuncio en mi nombre y en el de mi hijo a las inmunidades diplomáticas que eximen a mi hijo Carlos de la justicia represiva belga. Deseamos, agrega, que sea sometido a la justicia de vuestro país".

Por otra parte, el 1 de marzo de 1906 llegó de Santiago un telegrama de la Cancillería chilena: "Gobierno chileno consiente en el juzgamiento por los tribunales belgas". El telegrama fue confirmado por un despacho del ministro belga en Santiago, quien expresaba: "El señor Waddington es muy estimado por el gobierno de esta República, el cual ha tenido ciertamente en cuenta la situación de su agente autorizándolo a someter a su hijo a la jurisdicción belga". Agregaba el ministro belga: "La opinión se pronuncia formalmente contra la mantención del encargado de negocios de Chile en Bruselas, y el Gobierno chileno juzga igualmente que se impone la renuncia del señor Waddington, aunque hasta entonces no le ha hecho conocer su sentimiento a este respecto. Parece desear que la resolución cuya imperiosa necesidad contempla sea tomada espontáneamente por el interesado", es decir, por el propio encargado de negocios, señor Waddington.

El 2 de marzo, el Procurador del Rey, señor Nagels, viene en persona a la sede de la Legación. Carlos Waddington, muy pálido, sale de la casa dando el brazo a su hijo. El Procurador y el diplomático se saludan y Carlos dice con tono firme: "Señor Procurador del Rey, me pongo a vuestra disposición". Recluido en la enfermería de la prisión de Saint-Gilles debido a su mal estado de salud, Carlos responde a los primeros interrogatorios.

Carlos declara que tenía por el muerto un vivo afecto, pero al saber que Ernesto había injuriado a su madre y a su hermana había montado en violenta cólera y, tomando el revólver de su padre, había ido a la calle Vleurgat. Hecho pasar a presencia de Ernesto le había preguntado: "¿Te casas con mi hermana como lo prometiste solemnemente?". Ernesto le había respondido: "Esto lo veremos más tarde". Como insistiera, Ernesto le había preguntado si había traído el cheque enviado por sus padres. Entregándole el cheque, Carlos le preguntó perentoriamente: "¿Te casarás con mi hermana, sí o no?". "No", habría sido la respuesta. En ese momento, agregó Carlos, había "visto rojo" y disparado sobre Ernesto sirviéndose del revólver de su padre y no del que cargaba habitualmente. Había actuado, aseveró, en un momento de sobreexcitación para vengar el honor de su madre, de su hermana y de toda su familia.

Ernesto Waddington queda en libertad provisoria el 1 de mayo de 1906.

El proceso

Se procesa a Carlos Waddington por homicidio con premeditación. El juicio se abre el 24 de junio de 1907. Terminará el 5 de julio.

La Corte es presidida por el consejero del Rey, señor Blicquy; el juez de instrucción es el conde de Oultremont. El ministerio público está representado por M. Servais. Aseguran la defensa los señores Ed. Huymans, Paul y Paul-Emile Janson.

Los testimonios del señor y la señora Waddington son emotivos. Por el contrario, el alegato de la parte civil, que se explaya sobre la correspondencia amorosa entre Adelaida y Balmaceda, irrita al público. El abogado Janson provoca estupefacción al sostener: "¿No le habría sido más fácil (al acusado) hacer venir al joven Balmaceda al patio de la Legación, matarlo, sostener que la Legación goza del privilegio de extraterritorialidad y dar las razones que le parecieran para justificar esta muerte?".

Tres preguntas son formuladas al Jurado:

1. ¿Es culpable Carlos Waddington de haber cometido un homicidio voluntario, con la intención de dar muerte, en la persona de Ernesto Balmaceda?

2. ¿El homicidio voluntario ha sido cometido con premeditación?

3. ¿Consta que el homicidio voluntario a que se alude en la primera pregunta ha sido cometido con violencia grave hacia las personas?

A las 16.20 horas el Jurado entra en la sala de deliberaciones. 20 minutos más tarde regresa y declara: "En conciencia, ante Dios y ante los hombres, la respuesta del jurado a la primera pregunta es ¡NO!". Es por lo tanto, innecesario responder a las otras dos preguntas.

Carlos Waddington es absuelto.

Poco tiempo después don Luis Waddington fue designado tesorero de Chile en Londres. Su hija Adelaida contrajo matrimonio con don Ernesto Marshall, corresponsal del "New York Times" en esa ciudad. Quienes la conocieron en su edad madura la recuerdan como mujer atractiva e interesante, muy vinculada a la vida social londinense.

¿Se hizo justicia?

No es fácil para quienes reflexionan sobre esta tragedia entender la decisión del Jurado belga. ¿Estaba Carlos Waddington privado realmente de razón y voluntad cuando mató a Ernesto Balmaceda? ¿No hubo premeditación en una muerte anunciada por la familia Waddington con bastante anticipación? Como no disponemos del expediente judicial del caso, que duerme en los archivos belgas, cuesta compartir la convicción del Jurado. Pero no parece aventurado suponer que sus miembros fueron influidos por la "desgracia" que atribuyeron a una joven de sociedad que, según los estrictos cánones entonces prevalecientes, había sido "deshonrada" por los encantos de su joven amante que no quiso purgar su falta con un matrimonio que había prometido.

Después de todo Ernesto Balmaceda fue infausta víctima de su extrema juventud, de sus propios encantos y de los prejuicios sociales de una época.




Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
Ernesto Balmaceda Lillo, de 19 años, era el secretario de la legación chilena en Bruselas cuando conoció a Adelaida Waddington. El romance tendría trágicas consecuencias.
Ernesto Balmaceda Lillo, de 19 años, era el secretario de la legación chilena en Bruselas cuando conoció a Adelaida Waddington. El romance tendría trágicas consecuencias.


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales