EL SÁBADO

Sábado 18 de Agosto de 2007

HERNÁN LARRAÍN Y MIGUEL ÁNGEL SOLAR A 40 AÑOS DE LA REFORMA UNIVERSITARIA
Dos caras de la toma de la UC

En agosto de 1967, un movimiento que comenzó en la Universidad Católica se transformó en un hito clave en la historia furuta de Chile.
POR Margarita Serrano

La noche del 10 de agosto de 1967, Miguel Ángel Solar cerraba con fuerza un candado que abrochaba las cadenas de la gran puerta principal de la Universidad Católica de Chile, en Alameda 340. Era el presidente de la Federación de Estudiantes (Feuc), y todos sus miembros estaban allí. Eran unos cuantos estudiantes con palos y cadenas, que cerraron todas las puertas para conseguir por fin las reformas que se venían gestando desde 1961 con Claudio Orrego Vicuña a la cabeza: que la UC dejara de ser lo que consideraban un colegio privado, donde se obligaba a estudiar catecismo, donde había libros prohibidos, currículo rígido y enfocado sólo a cada profesión. En definitiva, como lo dijo Solar, "queríamos sacarla de la esfera política oligárquica y vincularla al movimiento de cambio cultural para la equidad. Queríamos un currículo flexible, integral; un ordenamiento más moderno y una auténtica catolicidad". Todo esto se simbolizaba en la salida del rector monseñor Alfredo Silva Santiago.

Detrás de las puertas estaban Carlos Montes, José Joaquín Brunner, Luis Hevia, José Luis del Río y tantos más.

Cuando empezaron a llegar los alumnos, comenzó el desconcierto. La mayoría se quedó agolpada allí y otros intentaron entrar por la fuerza. Pero no hubo ningún acto de violencia serio, porque los carabineros rodearon la universidad.

A los 10 días de toma, los estudiantes abrieron los candados, sacaron los palos y salieron con la frente en alto. Por fuera, el cardenal Silva Henríquez no había parado de moverse, en altas negociaciones con el gobierno de Frei Montalva, con el Vaticano y con el rector Silva Santiago. Había salido humo blanco. Las peticiones para una reforma universitaria fueron escuchadas. Fernando Castillo Velasco era el nuevo rector de la UC.

El 11 de agosto de 2007, la semana pasada, cuarenta años después, la propia Universidad Católica, encabezada por su actual rector Pedro Pablo Rosso, participó en esta conmemoración. El rector habló de los beneficios que tuvo aquella reforma para ser hoy la universidad que es. Luego Fernando Castillo, que a sus 89 años, sacó una voz que ya no tenía, contó los múltiples desgastes y acciones que se hicieron, en "aquellos siete años, los mejores años de mi vida".

Luego fue el turno de Miguel Ángel Solar, y se le recibió como a un héroe. Y él, un médico de 62 años, casado y con cinco hijos y cinco nietos, se sube al podio con agilidad y habla sobre un power point con fotos metafóricas. Más científicas que literales. Lo curioso es que no tiene una gota de nostalgia. Habla mucho más de futuro que de pasado. No recrimina a nadie, y con mucho humor cuenta lo que hace con un equipo médico por los campos de Temuco. Da un par de consejos –con una soberbia que le nace de una profunda seguridad– sobre lo que se debería enseñar en medicina. La ovación final es escalofriante.

Al día siguiente, nos reunimos con él en un café, antes de tomar el bus a Temuco.

–¿Le tiene miedo a la nostalgia?

–Es bonito recordar las cosas de antes. Pero en nuestra generación, en alguna medida la nostalgia ha sido un refugio; volver a esos tiempos es como esconder la frustración del presente. Y yo he tenido otras vidas después de esa, otras vidas hijas de las anteriores, pero que me han tenido ocupado y han sido muy gratas. No tengo tiempo para la nostalgia. Además, los discursos nostálgicos no contribuyen a nuestros hijos. Es como decirles: ustedes no, nosotros sí. Ellos han contribuido a una sociabilidad. Lo vi en Un Techo para Chile, están haciendo algo mejor que lo que nosotros hacíamos en Trabajos de Verano.

El único gremialista que le ganó una elección a Solar fue Hernán Larraín. Era alumno de tercer año de Derecho y era delegado en la Feuc para la toma. Dos años después, a fines de 1969, compitió en una de las elecciones más peleadas de la Católica y terminó ganando por pocos votos. Esa noche de los escrutinios, Miguel Ángel Solar bajó las escaleras de la Casa Central en medio del llanto ahogado de sus partidarios y se retiró del movimiento estudiantil para siempre.

Por lo tanto, a Larraín le tocó vivir una parte importante de esta reforma. Hoy es presidente de la UDI y senador. Tiene muy pocas canas, está casado, tiene seis hijos y se mantiene muy joven y enérgico. Después de terminar Derecho en la UC, y de ser un protagonista convincente y democrático de esos años, hizo un posgrado en la London School of Economics. Volvió a un país más revuelto y su amistad con Jaime Guzmán fue permanente. Éste le pedía que entrara en política y Larraín nunca quiso salirse del espíritu gremialista. La Unidad Popular y luego el régimen militar lo decepcionaron y se instaló en la universidad, en los mismos pasillos por los que había sido dirigente estudiantil, llegando a ser vicerrector. Hasta la trágica muerte de su gran amigo Guzmán, que lo impulsó a entrar al ruedo político. Y ahí está, aún sin perder ninguna elección.

No le cuesta nada hablar de ayer, es como si fuera hoy.

–El 11 de agosto llegué a la universidad y estaba tomada. Habíamos tenido una reunión en la Feuc y no se podía predecir que esto iba a ocurrir. Había mucha tensión, mucha fuerza ambiental. Miguel Ángel estaba impulsando algo muy poderoso, pero no pensamos que iba a desembocar en una toma. No formaba parte del estilo de la UC. Fue una sorpresa muy grande.

–Solar dijo en el foro que en realidad ellos habían ganado, porque la UC es lo que es gracias a esa primera toma. ¿Qué piensa usted?

–La toma de la universidad fue una señal de los tiempos, había necesidad de transformaciones profundas, no sólo en la universidad, sino en el país. El problema era cómo interpretar eso que venía. Era un país con cánones antiguos, con una sociedad estratificada, cuando el impulso al cambio estaba latente. El camino de la toma fue de ruptura, explicable, porque no se podía mantener lo que había. Pero al cargarse de ideología, se desvirtuó lo que el país quería. De hecho, lo que pasó en el país tuvo mucho que ver con lo que pasaba en la Católica, una profunda ideologización que termina en un golpe de Estado. Al final, no fuimos capaces de resolver bien las cosas, de anticiparnos a las necesidades del cambio.

LA MISMA FE

Miguel Ángel es un tipo profundamente católico. Lo fue siempre. Dice, con humor, que ahora que le toca discutir tanto con evangélicos por la vida rural que lleva cerca de Temuco, le sirve mucho su conocimiento bíblico. De hecho, en sus discurso de ayer y de hoy, siempre hay alguna referencia al Evangelio.

Hernán Larraín también es católico. Y la mayoría de los estudiantes que estaban dentro de la toma de la casa central también lo eran. Y uno de los recuerdos que estuvieron presente en estas reuniones conmemorativas fueron los diálogos profundos, fascinantes, que siempre estaban atravesados por la existencia de Dios.

–¿Es cierto que Jaime Guzmán les dijo alguna vez que era una lástima que Miguel Ángel Solar no estuviera del lado de ustedes?

–Sí, nosotros le teníamos una gran admiración a Miguel Ángel. Le reconocíamos una intuición por las cosas muy superior, incluso, a las razones que pudiera dar. Seguramente eso responde a su gran espíritu poético.

–Solar dijo ahora que incluso Jaime Guzmán se habría reformado en esta reforma de la UC. Que su acercamiento a los pobres y la UDI popular son producto de esa reforma.

–Creo que la experiencia que tuvimos en la universidad nos cambió para siempre. Yo tomé mi compromiso con el servicio público ahí. Por la toma, porque el país estaba avanzando a un camino socialista... Yo sentía la necesidad de dar una respuesta adecuada a lo que el país necesitaba. Sentía que el discurso de la derecha era completamente ajeno a lo que yo creía que debía ocurrir.

–Usted, además, venía de una familia democratacristiana...

–Al gremialismo concurrieron personas de distintas tendencias. Coincidió que el año 65 la elección parlamentaria fue un desastre para los partidos liberales y conservadores. La DC sacó más de la mitad de los diputados. Jaime venía de la Juventud Conservadora. Y estaba muy decepcionado de lo que era esa expresión de la derecha. Y habíamos otros, como Ernesto Illanes y yo, que veníamos de una tradición democratacristiana, que veíamos que la DC perdía coherencia con su origen. Por esas raíces es que para mí la UDI no es una expresión de la derecha.

El Movimiento "11 de Agosto", que se formó después de la toma, perdió la Feuc en el año 68, cuando Ernesto Illanes le ganó a Rodrigo Egaña. Al año siguiente, ellos sintieron que para recuperar la Feuc tenían que hacerlo con el símbolo del 11 de Agosto, Miguel Ángel Solar. Él recuerda: "Tuve que hacerlo. Fue una linda experiencia, además yo me había enamorado por primera vez y quería impresionarla también... (Se ríe, pero habla en serio) Todos suponían que yo iba a ganar. Pero la noche antes de la elección, le dije a Pepe Vial, el sacerdote con el que vivíamos en una comunidad en la calle Toro Mazote, que prefería perder. Que la mejor forma de retirarme era perdiendo. Yo quería terminar Medicina y empezar a ser médico...".

A Larraín le tocó asumir la candidatura gremialista. Y no se achicó. "Dimos una batalla muy fuerte, con mucha motivación. Era una gran desafío para mí que Miguel Ángel fuera mi contrincante. Tengo que reconocer que lo que me pasaba, cuando lo escuchaba en los foros, era que no sentía que estaba frente a un adversario. Tendía a compartir lo sustantivo de lo que estaba planteando".

–Una noche –continúa Larraín– organicé una comida en mi casa, con Fernando Castillo, Miguel Ángel y Jaime... ¡Fue lo más notable! Y nos dimos cuenta que algo tenía la Católica, que por más que estuviéramos en trincheras opuestas, había un alma común. Y creo que nos marcó a todos. No me extraña que Jaime haya dicho que ojalá Miguel Ángel hubiera sido uno de los nuestros. Una noche convidó a Jaime a su casa de Toro Mazote. Tenía algo de líder profético, uno tenía buenos diálogos con él, pero no amistad; estaba como en otro nivel. No me extraña que no haya terminado en la política. Podría haber encauzado esa fuerza en la política, pero eso fue frustrado por el gobierno militar.

Sin embargo, Solar no tiene la misma claridad sobre su no participación en la política contingente.

–No estaba en el ADN de los dirigentes de la Católica. Mira a los otros de mi federación: Beca, Varela, Manuel Antonio Garretón, Fernán Díaz... Nuestra tarea era universitaria. Claro, en el caso mío pareció antinatural porque yo tenía una imagen pública que tenía cierto valor. Pero la verdad es que nunca estuvo en mi intención. Yo quería todo lo que estaba en el inventario de la Democracia Cristiana: una sociedad equitativa, desarrollo con equidad, socialismo comunitario. Curiosamente, los gremialistas terminaron construyendo la UDI, un partido popular y cristiano. Ellos fueron más políticos que nosotros.

Hernán Larraín ganó finalmente por 53 votos aquella elección de fines del 69, lo que no era nada en un universo de cinco mil, más o menos. "Nunca creí que iba a ganar. Él tenía un liderazgo de gran envergadura y yo era un cabrito, de 21 años, bien intencionado, pero poco más que eso. Él ya había hecho la toma y la reforma, estaba a punto de terminar de estudiar medicina y era una figura histórica." Larraín era un valiente.

–¿Por qué cree que le ganó a Solar?

–El gremialismo interpretó a un espíritu de la UC que no estaba ideologizado. Segundo, nosotros éramos bastante auténticos y creíbles. No teníamos mentores externos, ni partidos políticos. Además, este movimiento 11 de agosto dejó sin columna vertebral a la Democracia Cristiana Universitaria. Ese año sacó lista propia, lo que nos permitió consolidar una posición. La última elección estrecha fue la mía. De ahí en adelante ganamos por gran mayoría hasta que se acabaron la elecciones el 73. El gremialismo de entonces logró algo muy importante hoy: despolitizar las universidades. Ya no hay ningún movimiento universitario que se presente como expresión de un partido político.

–Todo tiene ideología. Y los gremialistas también la tenían...

–No, porque en la medida en que a una universidad le das una orientación como agente del cambio social, puedes hacerla perder el sentido de compromiso y de distancia que tiene que tener con el país. Porque al final, la universidad no tiene compromisos. Los que tenemos los compromisos somos nosotros. Ese era nuestro eje diferenciador. Los que empezaron eran todos de la DC y después se salieron y tomaron un discurso socialista. Fueron avasallados por la ola del tiempo. Por competirle a la izquierda en el discurso, se terminó culturizando hacia la izquierda. Por eso estos movimientos fueron atacándole la savia nueva a la DC. Primero Rodrigo Ambrosio, luego Miguel Ángel Solar, fueron los que hicieron el Mapu.

El amor y el exilio

Miguel Ángel Solar explica con la vehemencia con que explica todo –porque nada le es indiferente a este hombre– que cuando terminó Medicina y se fue a hacer aquellos trabajos en terreno que hacían entonces los recién egresados, eligió Nueva Imperial, un pueblo en el corazón de Arauco. Había un gran hospital y eso lo inspiró mucho. Pero sobre todo conocer a una enfermera, descendiente de mapuches llamada Irma, que se transforma en su amor y en su mujer hasta el día de hoy. Casi como en un cuento de hadas, el héroe de la UC se enamoraba de la única mujer que no lo había visto arengar a las masas estudiantiles, ni discutir con fuerza por televisión con una autoridad consagrada, ni seducir incluso al poeta Neruda con su prosa más conmovedora que los versos mismos del vate.

Se casan, se instalan en Nueva Imperial, él opta por la medicina general y se dedica a los pueblos originarios y campesinos. Y hace política –"siempre hago política, me gusta mucho la política, pero ni al principal hincha de Colo Colo le gustaría que todos los días fueran domingo... Es muy agotador. Los políticos a tiempo completo están muy cansados"–, organiza el abastecimiento del pueblo, con toda la gente, con el comercio y hasta con la anuencia del Partido Nacional. Él ya era del Mapu. Y ahí llega el golpe y cambia su destino. Por petición de Carabineros se presentó en el cuartel al día siguiente. Lo tomaron prisionero en la cárcel de Temuco, por dos meses. "Ahí me incomunicaron y fueron los peores momentos, porque soy asmático. Me quitaron el inhalador y sentí que me ahogaba. Pero no me hicieron nada desestructurante. No tengo un mal recuerdo, y cuando me sacaron de la incomunicación, lo pasamos muy bien. Conversábamos mucho, salíamos a caminar, leíamos. Ahí me leí la Biblia desde la primera hasta la última página, como si fuera un cuento. Y es un cuento precioso".

En esos días del 73 nace su hija mayor y se la llevan a la cárcel para mirarla. Al final, aceptó salir al exilio –no tenía ningún cargo y se había negado a acatar esa alternativa que le dieron porque no quería dejar Chile, hasta que la presión fue muy grande–. "Antes de que me entregaran a Investigaciones, me llevaron a la Fach y ¡ahí sí que me sacan la cresta!". Después, se lo entregaron a su cuñado Óscar González y de ahí directo al aeropuerto. Partió a Holanda. Allí trabaja de obrero en una fábrica de acero –gana más de lo que nunca había ganado como médico– y se va a Venezuela, donde nace su segunda hija. Ahí es cuando se instala en un pueblo al interior y vuelve a la medicina familiar, lo mismo en que está ahora, sólo que al interior de Temuco.

–Haberse tomado la universidad, haber arriesgado su vida, y 17 años en el exilio, para ser un médico de pueblo... ¿No le parece insuficiente con su compromiso con la sociedad?

–Mi madre fue muy crítica conmigo en ese sentido. Pero creo que hay una gran distancia entre ser dirigente estudiantil y ser dirigente político. Y cada vez debería ser más grande. La política es de una complejidad inmensa. El pretender que porque uno tiene ventajas y contactos con la clase política por su ubicación en la sociedad, eso te da un conocimiento de la realidad política y social... ¡ni hablar! Mis intereses tenían que ver directamente con los estudiantes, con sus problemas concretos.

–¿Tuvo que ver Jaime Guzmán con su salida de la cárcel?

–Ojalá. No lo tengo claro. Sé que la Mónica Espinoza, la viuda de Eugenio Ruiz Tagle, en el entierro de Eugenio, cuando Jaime fue a dar el pésame, le pidió que hiciera algo por mí. Creo que lo que hizo en serio fue parar a Contreras. Paró la caravana, porque le pareció mucho. Y la muerte de Eugenio gatilló en él esa sensación.

Hernán Larraín está sentado en la única pieza con estufa de la casona de la UDI, en la calle Suecia. Se acomoda en su silla poniendo también el corazón y la mente en lo que pasó hace tantos años.

–Como la historia sigue, después del 11 de septiembre del 73, nos llama un día Óscar González, casado con la hermana de Miguel Ángel, para decirnos que lo tenían detenido y podían ejecutarlo. Llamé a Jaime inmediatamente, que se movió con la velocidad del rayo con sus contactos en el gobierno. No sé quiénes más se movieron, pero sé de las cosas que hizo Jaime hasta que lograron subirlo a un avión con destino a Holanda. Luego en Venezuela, sé que se internó en pueblos rurales y practicó allí la medicina. Hay una entrega muy profunda a una causa, que la tomó por el lado de curar a los más humildes. Podría haber encauzado esa fuerza en la política, pero eso fue frustrado por el gobierno militar.

Cuarenta años después de la reforma, ambos dirigentes estudiantiles de la UC concuerdan en que la vocación pública se forja allí, en esos días de agosto. Uno como médico rural que hace política cuando lo cree necesario y que comprende que lo que aprendió en la UC es para siempre. "Pertenecemos a una generación que sabe cuándo hay que cambiar las reglas y cómo hacerlo para que se desplieguen con toda su fuerza El cambio genético de los 60 está en todas partes." El otro como senador que debe lidiar todos los días con los problemas coyunturales de una política democrática, pero más banal de lo que era su quehacer estudiantil, con gran admiración hacia el ex rector Castillo Velasco dice que "el primer salto lo dio él, ahí se produjo un grado de reflexión y de madurez muy grande. Luego eso fue abortado por la Unidad Popular, que permeó todo. Pero después, durante el gobierno militar, cuando la Iglesia nos produjo el manto protector, se pudo concretar la reforma. Yo estaba ahí, fui vicerrector por diez años, y el trabajo de transformación que hicimos en la modernización de la UC tiene que ver con mis tiempos de estudiante".

Y luego agrega, también sin nostalgia, pero con convicción:

–A nosotros nos ha tocado vivir en un mundo sin héroes. Las señales que en estos 50 años podemos mostrar son Juan Pablo Segundo, sor Teresa de Calcuta... Casi no hay. Salvo ésta que vivimos en la universidad, no tenemos más. En nuestro tiempo, esos rasgos los representaron personas como Jaime o Miguel Ángel. Ellos tuvieron una fortaleza y una entrega muy significativa; total y sin cálculo. Eso es lo que marca a los héroes.


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Miguel Ángel Solar, líder de la toma de la UC y entonces DC.
Miguel Ángel Solar, líder de la toma de la UC y entonces DC.


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