ESPECTÁCULOS

Miércoles 29 de Enero de 2014

"Otelo":
Brillante Shakespeare 'de cámara'

PEDRO LABRA HERRERA De merecida justicia resulta que el "Otelo", de la compañía Viaje Inmóvil, haya sido uno de los montajes chilenos más valorados en el reciente Santiago a Mil por los programadores de festivales extranjeros (y por tanto emprenderá luego un largo periplo internacional). De las cuatro propuestas creadas e interpretadas hasta ahora por Jaime Lorca con el grupo que fundó tras su separación de La Troppa, este es su fruto más logrado, redondo e irresistiblemente atractivo.

Por cierto, supera con creces su debut en 2006 con "Gulliver". El gran escollo de Lorca, cuyo talento creativo es irrefutable, ha sido siempre la dramaturgia; aquí se pone bajo el alero más seguro. "Otelo" -que tuvo una presencia esporádica en la cartelera de la temporada que recién terminó- es una versión 'de cámara' de la gran tragedia de Shakespeare, cuyos adaptadores -Lorca, la actriz Tita Iacobelli (única otra intérprete) y el dramaturgo Christian Ortega- lograron sintetizar en los rasgos esenciales de su trama y sus personajes fundamentales, cinco (si consideramos a Casio, representado por una cabeza de maniquí).

En 70 minutos despliega con ineludible interés y fuerza expresiva la compleja maraña de intrigas y malentendidos entre Otelo, Desdémona y sus servidores Yago y Emilia, cuya interacción en paralelismos geométricos de las dos parejas conducirá el funesto desenlace. La incorporación de la TV al principio y al final sugiere la actualidad e intimidad doméstica de la intriga, porque aquí el acento está puesto en el tema del femicidio y la violencia ejercida sobre la mujer puertas adentro del hogar (y la inseguridad del victimario, de aspecto fuerte pero débil en su interior).

Pero lo de Lorca es el teatro de objetos, y la característica más determinante del montaje es que los cuatro roles son encarnados por los únicos dos intérpretes, en un tour de force que es un perfecto alarde de ilusionismo teatral. Ellos dan vida actoralmente a un personaje, mientras animan a otro manipulando a la vista una máscara unida a un traje, a la manera de un muñeco de medio cuerpo (y prestan su voz a su propio interlocutor). El efecto no puede ser más artificioso, pero está tan bien logrado que permite que el espectador crea en la verdad de un personaje, mientras se hace evidente cómo este maneja o es manejado por otro a su arbitrio.

Ya lo hemos dicho antes, el aporte de Iacobelli, notable actriz, a las ideas teatrales de Lorca resulta decisivo. Todos los demás componentes de la puesta (música, luces, vestuario) son de precisa eficacia y, sobre todo, se suman al poder de sugerencia del conjunto de signos.

Mañana, última función en el Festival Entepola. Anfiteatro Pudahuel. San Pablo #8444. A las 22:00 horas.

 


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Foto:MARIOLA GUERRERO SEPULVEDA


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