REVISTA YA

Martes 31 de Julio de 2012

Actriz revelación en Argentina
Paloma Contreras: Soy parte de una tradición de actores

Es hija de Patricio Contreras y de la actriz y directora de teatro trasandina, Leonor Manso. Criada en una casa en donde se hablaba de teatro y se escuchaba a Violeta Parra, en 2011 fue actriz revelación y ahora debuta como entrevistadora en la TV argentina.  
Por Francia Fernández, desde Buenos Aires. Fotografías: Tomás linch.  Es hija de Patricio Contreras y de la actriz y directora de teatro trasandina, Leonor Manso. Criada en una casa en donde se hablaba de teatro y se escuchaba a Violeta Parra, en 2011 fue actriz revelación y ahora debuta como entrevistadora en la TV argentina.La primera vez que Paloma Contreras pisó un set de filmación tenía siete años. Fue durante el rodaje de "Gringo viejo" (1989), película que protagonizaron Gregory Peck y Jane Fonda, y en la que su padre, Patricio Contreras, hacía un papel secundario. El elenco y sus acompañantes departían a la hora de las comidas. "Mi papá me decía: 'Este es Gregory'. Para mí era un viejo que hablaba en inglés. Y ella era linda. Yo siempre jodo con que las estrellas no me deslumbran, porque después de conocer a esos dos y de enterarme con los años de quiénes eran, ya está", comenta, entre risas, Paloma, sentada en el sofá de un café del barrio Palermo.Además de sentido del humor, la hija del reconocido actor chileno y de la destacada actriz y directora teatral argentina Leonor Manso, tiene la voz grave y unos ojos negros chispeantes. El pelo oscuro le cae, a la altura de los hombros. Y aunque ella dice que, últimamente, cada vez que se mira al espejo reconoce rasgos de su madre, el parecido paterno es innegable.Estaba destinada a ser actriz, aunque le tomó tiempo asumir su vocación. Actualmente, a los 30 años, y luego de haber transitado por un puñado de papeles en el teatro (como en "Estaba en mi casa y esperaba que llegara la lluvia" y "1810", obras que le valieron el premio Florencio Sánchez como Mejor Revelación Femenina, en 2011), el cine ("El niño pez", 2009; "La mosca en la ceniza", 2010 ) y la TV ("Mujeres asesinas", 2005, "Tratame bien", 2009, "El donante", 2012), Paloma siente que está preparada para todo lo que venga.El año pasado fue especialmente importante en su carrera. Participó en la premiada serie de TV "El Elegido", como la hermana buena del protagonista, Pablo Echarri, un ambicioso abogado, dispuesto a todo por poder. El rol de Paloma también la convirtió en hija de sus padres en la ficción. Luego, hizo un elogiado trabajo en la obra "Mateo", de Armando Discépolo, que se montó en el Teatro Cervantes y que habla sobre cómo una familia de cocheros inmigrantes se ve afectada por la llegada del progreso, a fines de los años 20.Paralelamente, consiguió su primera actuación internacional en la película francesa "Voyage, voyage" (2012), una road movie que protagoniza Benjamin Biolay, popular cantante y ex pareja de Chiara Mastroianni. "Mi personaje es una estudiante universitaria, a quien conocen dos hermanos que viajan al casamiento de un primo, que es Benjamin. Fue una experiencia muy divertida y de crecimiento, que me llevó a apelar a algo distinto: soy una bomba latina a full", detalla la actriz, que también acaba de incursionar como conductora del programa Sucesores, que se verá por canal (á). En este espacio, entrevista a otros hijos de artistas, como Vera Spinetta y Julieta Rada, "para ver en qué punto se sienten sucesores de sus padres".Criada en una casa donde se hablaba de teatro a toda hora, los primeros recuerdos de Paloma están ligados a las bambalinas de las salas donde sus padres se presentaban. "Ellos hacían mucho teatro en una época. Yo tengo más conciencia del regreso a la democracia, con una explosión cultural y mucha efervescencia de público, cuando las funciones eran de martes a domingo, y todas las noches de mis padres eran para el teatro", señala. En 1986, Contreras y Manso hicieron "Made in Lanus", una obra que a través de las historias de dos parejas, abordaba el tema del exilio y las familias divididas por motivos políticos y económicos. El montaje tuvo tal éxito, que estuvo en cartelera dos años y hasta tuvo una versión cinematográfica ("Made in Argentina"). Paloma iba al teatro, acompañada de su abuela materna, Leonor, que era española y que le inculcó el amor por cosas "tan simples y valiosas" como apreciar la tibieza del sol.Fue en los escenarios a los que su papá y mamá se subían, donde Paloma aprendió una verdad sobre el oficio que tanto ama. "La actuación es un mundo que te repulsa o te atrae. O te gusta todo lo que hay ahí y las familias ficticias que se generan cada vez que se hace una película o un montaje o cuando se graba una miniserie, o no te gusta para nada", sostiene Paloma. En su caso, su primer "tironcito" hacia el teatro lo sintió en París, en 1992. Entonces, como parte de la conmemoración de los 500 años del descubrimiento de América, su padre se presentó en el Teatro Odeón, con la obra "Tirano Banderas". "En ese momento, yo no sabía la importancia que tenía ese teatro, pero como que eso está en las paredes de los lugares y se transmite", señala.-¿Y en qué momento se terminó de enamorar de la actuación?

-Más de grande, porque si bien desde chica, desde los 7 años, mis padres me llevaban tres veces por semana al Instituto vocacional de Arte (IVA), que es una escuela maravillosa, más allá de que una tenga inclinación artística, yo me lo tomaba como un juego. Recién en los últimos dos años, a los 16 o 17, tomé la especialidad en teatro.

-¿Por qué?

-Creo que me gustaba ser como rebelde. Entonces, no iba a ser actriz. También había una cuestión de pudor, de no meterme en el terreno de los papis. Yo les dije que quería ser universitaria, que quería tener un título, no como ellos, porque ninguno de los dos se recibió. Entonces me anoté en el ciclo básico de Ciencias Políticas. Pero, al mismo tiempo, influenciada por el grupo de teatro del IVA, me inscribí en el examen de ingreso en el conservatorio. Y quedé. Esto me generó culpa por amigos que no habían quedado, y también algo de sospecha sobre mí. Pensaba: ¿no habrá sido que me aceptaron por mis padres? Entré a las dos carreras, medio conflictuada. Y ya al segundo año sentí la actuación como una militancia.

-¿Cuándo tomó conciencia de que sus padres eran importantes?

-En esa época. Por entonces, mi mamá dirigió "Esperando a Godot" (1997), en que mi papá estaba como actor. Y que fue un éxito y reveló la genialidad que mi vieja tiene como directora. Además, mis viejos hipotecaron la casa para hacerla. Yo iba a los ensayos. Ahí me di cuenta de que había algo mío que pasaba por lo que estaban haciendo. Ahora me siento parte de una tradición de actores a los que les gusta actuar y les mueve eso más que cualquier otra cosa.

-¿Cuál es su vínculo con Chile?

-Está menos aceitado de lo que a mí me gustaría. Conozco Chile, pero para tener un padre chileno, no lo conozco tanto. Hicimos un recorrido por el norte y por el sur, cuando chica. Y después acompañé a mi papá mientras estaba filmando "Cachimba" (2003), una película que me gustó mucho. Este verano quise ir a Chile por mi cuenta, pero no pude por temas laborales... Ahora, con Santiago a Mil, como que todo el mundo está yendo para allá. Está bueno pensarlo como un lugar para ir a mostrar cosas, en vez de un mundo desconocido que me viene por el lado de mi padre.

-¿Y de qué manera tiene presente la cultura chilena?

-Esto lo cuentan, yo no lo recuerdo mucho... A mí me pasaba algo muy particular con un valsecito de Violeta Parra, que mi papá lo ponía y yo empezaba a llorar. Era (lo tararea) "Que pena siente el alma"...

-O sea, que se crió en una casa en que se escuchaba a Violeta.

-Sí, no sólo por mi papá. Mi mamá es muy amante de Violeta Parra y de la poesía... Y después, ya más por elección mía, me interesa mucho Jodorowsky. Él es un chileno flotante, que hace una reflexión sobre Chile que para mí, como hija de chileno, es interesante. El año pasado lo conocí acá. Hizo un acto psicomágico en la Esma (Escuela de Mecánica de la Armada, ex centro clandestino de detención, tortura y exterminio): soltó palomas para liberar las almas de todos aquellos que tuvieron su destino ahí. Fue una forma de sacarle el karma a ese lugar que ahora está convertido en centro cultural. Y en esa oportunidad, me pareció una persona súper vital.

-¿Y cuál es la mirada de Jodoroswsky sobre Chile que a usted la impresiona?

-Él tiene una dosis de humor muy interesante, que también la tiene el pueblo chileno. Aunque quizá por la cantidad de años de dictadura o si uno se fija en cosas como el reciente homenaje a Pinochet, se pueden sacar conclusiones que no son de los pueblos... A mí me impresiona que se valore tanto a una persona que fue un asesino y que barrió prácticamente a una generación, porque no merece un acto público. Más allá de eso, creo que la gente de derecha tiene todo el derecho de expresarse, y que Chile está ganando un aprendizaje. Hay una voz añeja, que sigue estando, pero también hay voces nuevas, como la de Camila Vallejo, que fue una especie de suceso el año pasado. Hay cosas vivas, como el cristal del humor que ha emergido en la sociedad.

Todo en familia

Dice que cuando era niña, siempre había una rivalidad entre Chile y Argentina en el aire. "Creo que muchas de las diferencias entre mi mamá y mi papá fueron sublimadas mediante cuestiones territoriales (risas)... Había diferencias muy patriotas. Por suerte, yo más que patriota soy latinoamericanista, así que puedo aunar y querer ambas partes".

Patricio y Leonor, que estuvieron casados 20 años y se separaron hace diez, viven a poca distancia, en el barrio Recoleta. Algo práctico para Paloma, que cuando visita a uno, luego pasa a ver al otro. "Gracias a Dios, ellos mantienen un vínculo muy extraño que les permite ser un poco compinches aún, y entonces muchas veces puedo cenar con los o podemos tomar unos mates los tres juntos. Esto se profundizó porque trabajamos juntos el año pasado. Terminábamos cenando en familia", detalla.

Cada vez que se reúnen también terminan hablando de teatro, que es una pasión que los tres profesan. "El 70% de nuestras conversaciones son sobre viste tal obra o me llamaron para tal otra".

Como familia también han pasado grandes dolores. En 2010, Lucas Grimau (36), el hijo que Leonor Manso tuvo con su primer marido, el actor Antonio Grimau, fue hallado muerto en el barrio Palermo, luego de estar desaparecido 23 días, en circunstancias que aún no se aclaran. Lucas tenía 9 años cuando Paloma nació, y hasta que se independizó, vivía con ella y con sus padres. "Él era músico, tocaba la guitarra. Me marcó mucho musicalmente. En mi infancia yo siempre era de las más adelantadas en el tema. Escuché a Babasónicos cuando tenía diez años, por ejemplo. Ahora, Lucas está presente en las tres casas, de mi mamá, de mi papá y en la mía", dice con pesar.

Según cuenta Paloma hay una causa en curso por el caso. "Fuimos a una apelación. Hay un recorrido cuya película en el medio nadie la puede explicar. Es tarea de la justicia revisar y ver si hubo mala praxis, delito, negligencia. La justicia por ahora no quiere revisarlo, aunque el abogado encuentra agujeros y declaraciones contradictorias. A mí lamentablemente no me asombra viviendo en mi país, donde este tipo de cosas no avanzan. Me parece que cuando se muere una persona se tienen que saber las causas. Y me da lástima que la justicia no quiera saber qué pasó en el hospital y con la policía. En este país hay pocas armas para luchar contra las injusticias".

-Y eso que sus padres son conocidos...

-Eso no resuelve nada cuando se trata de investigar a ciertos engranajes (bastante mafiosos). Hay mucho miedo y corporativismo, si no, no me lo explico...

-Volviendo a la actuación, ¿cómo fue la experiencia de trabajar con sus papás en una serie?

-Estuvo buenísimo. Lo hice en un momento que lo podía hacer. Si me hubiera llegado el papel un año antes, tal vez no habría estado del todo libre. Con mi papá, por esto de ser la nena, cuando me tocó actuar por primera vez y vi que no tenía ningún pudor, me relajé. Pero hasta ese momento pensaba '¿cómo será?'. Después sólo fue divertirnos. Desde ir los tres a los estudios en taxi, hasta cantar o tentarnos de risa juntos. Creo que generábamos un lindo clima con el equipo; siempre estábamos ahí con el mate, porque éramos una familia que se la pasaba en la cocina.

-¿Le dan ganas de trabajar con ellos en teatro?

-Sí, aunque no hay proyectos concretos... En cuanto a mi mamá, yo tengo bastante conocimiento de lo que hace. Me gusta ir a ver cómo dirige, por ejemplo. Ella es una buena directora de actores. Tiene la capacidad de ver al otro y hacerlo sacar lo mejor de sí. Yo le digo que es mi coach... Lo bueno de nuestro laburo es que si se tocan ciertas cosas, se genera algo que va cambiando, ya sea por la propuesta del director o del propio trabajo. Para mí es un acto de vida. Entonces digo: si eso es posible, es posible el cambio en todo.

-¿Qué heredó de su papá?

-La personalidad... Soy cabrona. Rezongo y suelto alguna puteada al aire. El carácter medio encendido lo heredé de ambos, en realidad. De mi papá también tengo mucho el sentido del humor. Nos comunicamos mucho desde ese lugar. Somos compinches, con él y con mi mamá.

-¿Él es celoso de usted?

-No, mi papá no es celoso. Y yo de él, tampoco... Es un tipo reservado, fóbico. Mi mamá, también... Todo muy lindo, muy lindo. A mi papá le gusta mucho estar en la casa, solo. No volvió a convivir con nadie. Yo también me reconozco un poco, porque el trabajo de uno lo lleva a estar tan para afuera y con gente, entonces uno puede volverse más receloso de la intimidad.

-¿Qué hacen juntos con su papá?

-Vamos al teatro. O voy yo a la casa y me tiene algo para comer. Somos muy adoradores del sandwich, que es otra cosa que heredé de él... La parte chilena del sandwich como obra de arte. Siempre sale un palta mayo, ja, ja, ja.

-¿Sus padres le dan muchos consejos?

-Ellos no se ponen en el lugar de consejeros. Como confían en mi inteligencia, más me escuchan o están atentos si tengo una duda. Ellos son mis fans.

"La actuación es un mundo que te repulsa o te atrae. O te gusta todo lo que hay ahí y las familias ficticias que se generan cada vez que se hace una película o un montaje o cuando se graba una miniserie, o no te gusta para nada", sostiene Paloma Contreras.

 


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