EL SÁBADO

Sábado 11 de Junio de 2005

Horatio Sanz, el chileno de Saturday Night Live
Comedia con sabor a Chile

Santiaguino de sangre y suelo y estadounidense de formación, Horatio Sanz es desde 1998 una de las piezas estables del programa cómico más legendario de la televisión de Estados Unidos y ya comienza a proyectar su carrera cinematográfica. Desde el Olimpo de los comediantes, conversa con "El Sábado" y recuerda a Condorito, a una profesora de kinder y alguna otra cosa de estas latitudes.

Por Francisco Aravena F.

Cuando eres un comediante en Estados Unidos, el cielo es un programa de humor que desde 1975 llena las noches de sábado de sketches, imitaciones, chistes, ironía, celebridades de todos los ámbitos invitadas y números musicales. Es el más famoso y legendario de la televisión estadounidense. En directo desde la ciudad de Nueva York, es Saturday Night Live.

Es un olimpo que en el peor de los casos te convierte en alguien famoso con un muy buen trabajo y bien remunerado, y que en el mejor de los casos te inmortaliza como estrella, como ha sucedido con John Belushi, Dan Aykroyd, Bill Murray, Steve Martin, Eddie Murphy, Adam Sandler, Mike Mayers y, últimamente, Will Ferrell.

Un buen lugar del mundo, donde hay un chileno al que le gustaba Condorito y a quien un banderín del club de fútbol Unión Española le parecería familiar. Se llama Horatio Sanz y aunque es eminentemente "gringo" de formación, es chileno por jus sanguinis y jus solis. Sangre y suelo. Padre y madre radicados en Chicago desde 1967 ­según el mismo Sanz­ y que volvieron a Chile para que su tercer hijo naciera en Santiago, en junio de 1969.

"Se mudaron a los Estados Unidos antes de que yo naciera, y sólo volvieron para que yo naciera chileno", dice de buena gana Sanz. Es la primera vez que habla con un medio chileno. "Creo que la hermana de mi padre tenía un trabajo acá cuando se mudaron", recuerda Sanz, al teléfono desde Nueva York, ciudad adonde llegó a vivir en 1998, cuando llegó a Saturday Night Live.

Horatio Sanz es el primer latino en integrarse al elenco en la larga historia del programa. Pero él le baja el perfil a ese dato. "Nunca he sentido que tengo que representar a los latinos", comenta. Por el contrario, reconoce que desde el principio se preocupó de no identificarse con un solo grupo, para no ser estigmatizado y limitado en sus papeles. "Hice un buen trabajo al respecto los primeros dos años en el show, porque a poco de empezar interpreté a un cantante mariachi, y fue como la primera cosa que a la gente le gustó, que fue un rápido hit, y yo pensaba: Oh, no, ahora me van a poner sólo en papeles de mexicano. Pero me logré salir de eso bien, y pude interpretar roles diferentes", recuerda Sanz. Asume, eso sí, que su condición pionera puede tener un efecto positivo. "Si los niños (latinos) dicen: si él lo logró yo puedo hacerlo; si me ven como un modelo, lo encuentro bien, lo aprecio".

En Saturday Night Live (que en Chile transmite el canal Sony cada sábado a las 22 hrs.), Horatio Sanz ha destacado con celebradas imitaciones de personajes como el líder norcoreano Kim Jong Il y los músicos Elton John y Ozzy Osbourne, y con creaciones propias como Gobi, un estudiante "marihuanero", y Jasper Hahn, un caricaturista político que se integra al panel de "Weekend Update", la tradicional revisión cómica de las noticias.

Sus recuerdos chilenos son algo vagos y en su relato navegan entre frases como "creo que" o simplemente "no me acuerdo". Sí recuerda que vivió un año en Santiago. Fue cuando sus padres, dice, intentaron radicarse de vuelta en Chile. Horatio tenía 5 años, y fue a la escuela. "No recuerdo la escuela, era kindergarten. Recuerdo que me enamoré de mi profesora, eso es todo lo que recuerdo", dice riendo. Al año siguiente, dice, sus padres volvieron a hacer las maletas para regresar al norte.

En Chile quedó la familia, tíos, tías, primos y abuelos ­"que fallecieron hace pocos años", comenta Sanz­ a los que visitó por última vez cuando tenía diez años. "No he vuelto, principalmente porque soy un flojo", reconoce Sanz. "Tengo que hacerlo, en todo caso".

Sanz creció y vivió siempre en Chicago, quiso ser actor y llegaba a dormir a una casa donde se hablaba sobre Chile y se hinchaba por la Unión Española. "Mi tía todavía me manda Condorito", comenta Horatio.

EL CIELO PUEDE SER UN LUGAR DIFÍCIL

Es un lugar tan legendario que la comparación con "los viejos buenos tiempos" es constante. Es un comentario con los que Sanz y sus compañeros deben lidiar a menudo. "El show lleva tanto tiempo que te topas con gente que dice: solía ser bueno en los viejos tiempos. A todo el mundo le gusta molestarnos con eso de solía ser divertido", comenta. "Creo que simplemente se trata de que esa gente ya no le presta tanta atención al show y dice eso. Porque yo creo que es bastante divertido. Y no lo digo sólo porque estoy en él".

En el frente interno, si estás en el olimpo de los comediantes y quieres destacar, hay obstáculos que vencer y realidades con las que resignarse. "La parte más difícil es que básicamente tienes que competir con otras 14 personas para tener tu tiempo en el programa", dice Sanz a "El Sábado". "Lo más difícil es tener que compartir el show con tanta gente. Nadie es la única estrella; hay gente que sale más, pero tienes que esperar tu turno. A veces ni siquiera estás en un (episodio del) programa, eso es duro", comenta.

Como trampolín, también tiene sus bemoles: el camino lógico de un comediante de SNL es dar el salto tras una carrera cinematográfica. Pero es siempre una apuesta. "Es un gran riesgo. Hay gente que deja el programa y no los ves por un buen tiempo. Y algunos lo dejan y se transforman en Will Ferrell".

Sanz ya ha comenzado a coquetear con una carrera cinematográfica. Ha tenido papeles secundarios en comedias como Viaje censurado (Road trip, 2000) y Tomcats (2001). Su trabajo más protagónico a la fecha fue en la película El crucero de las locas (Boat trip, 2002) ­estrenada en Chile el año pasado con pésima crítica­, en la que comparte los créditos principales con Cuba Gooding Jr. en la historia de dos amigos que terminan embarcados en un crucero para homosexuales.

Recientemente ha participado con papeles de reparto en las comedias Rebound, junto a Martin Lawrence, y The Man, junto a Samuel L. Jackson. Su último trabajo en cine fue en un drama, bajo las órdenes del director Curtis Hanson (Los Ángeles al desnudo, Fin de semana de locos). La película se llama Lucky you, y los protagonistas son Eric Bana (Hulk) y Drew Barrymore. "Mi personaje es medio cómico, pero es un drama. Interpreto a un apostador en Las Vegas que apuesta con el héroe de la película", describe Sanz.

"Me encanta hacer cosas más dramáticas a veces, pero no soy de esos comediantes que trabajan por convertirse en actores serios", aclara el comediante.

Después de los rodajes, Sanz, hasta el momento, sigue volviendo a su trabajo en SNL. "Esa es una parte grande: tomas el riesgo de irte, y podrías estar fuera por un tiempo. Hay tanto reality show ahora, hay muchos actores sin trabajo. Da harto miedo. Si tienes un buen trabajo, decidir irse es difícil", reconoce. "Está también la lucha por hacer algo propio".

Ésa misma lucha por hacer algo propio lo llevó a destacar en Chicago en sus inicios. "Siempre quise trabajar, hacer algo, y empecé a trabajar en un teatro llamado The Latino Chicago Theater, donde había principalmente obras de dramaturgos latinos. Y muchas de ellas eran serias. Algunas eran cómicas, pero muchas eran serias. Simplemente hacía todo lo que pudiera hacer, pensé que si ganaba experiencia... pero la comedia siempre ha sido mi lado fuerte".

Insatisfecho con la oferta de comedia en la ciudad, Sanz creó, junto a otros dos comediantes, el grupo humorístico The Upright Citizens Brigade, con los que ganó reputación. "Hacíamos teatro en la calle", recuerda Sanz. "Ya sabes, como un teatro de guerrilla, un poco. Básicamente queríamos hacer nuestro propio show, así que empezamos haciéndolo en los cafés. Así empezamos". Su gran salto fue integrarse al legendario teatro de comedia Second City, una de las fuentes a donde los responsables de SNL ­que no convocan a audiciones abiertas­ acuden en busca de nuevos talentos. De ahí salieron, entre otros, John Belushi y Chris Farley. Y de ahí salió en 1998 Horatio Sanz, quien, como el "comediante gordito" de turno, ha sido comparado con aquellos notables extra large (ambos murieron de sobredosis, en 1982 y 1997, respectivamente) "John Belushi era mi ídolo cuando yo era chico. Cuando Farley se hizo famoso yo ya era mayor, pero lo admiraba. Y pienso que si me ponen en la misma liga que ellos, es un honor", concede. "Pero creo que mi comedia es un poco diferente que la de ellos".

Ahora, Horatio Sanz estudia con cautela su futuro. Dice que su permanencia en el programa es un asunto de un año a la vez. "No puedo decir con honestidad que serán más de un par, pero uno nunca sabe", dice. "Ni siquiera estoy muy seguro de que continuaré un año más. Me dijeron que querían que siguiera, pero no sé. Probablemente lo haga".

Por supuesto, Sanz también reconoce las bondades de un trabajo demandante que define como "una olla de presión". "Lo bueno es el horario; no tienes que estar acá antes del mediodía. Eso es bueno... ¡Ja!", dice. Como buen chileno.


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