REVISTA YA

Martes 31 de Marzo de 2009

OPERADORAS EN LA BOLSA DE SANTIAGO:
Las estrellas del vértigo

La crisis las puso en el ojo del huracán. Mueven miles de millones de pesos a punta de intuición, feeling de mercado y nervios de acero. No es su plata, pero la tratan como tal. A punta de aguzar el ojo, han aprendido a esquivar pérdidas en tiempos difíciles y dan ejemplo de vida con sus propias inversiones.

Por MARIA CRISTINA JURADO Fotografías: JOSÉ ALVÚJAR

Fue un día extraño para Rosemary Donoso. A Talagante, donde vive desde hace catorce años, se fue manejando sin paz. Las imágenes del día se le entremezclaban con las luces del tráfico, las ruedas de la van rodaban por el asfalto y acompasaban sus esfuerzos por manejar. Casi no podía. La señalética, los cruces, los otros autos, se difuminaban frente al martilleo de su mente. Por sus manos - por su instintivo olfato- habían pasado ese día más de 30 mil millones de pesos en operaciones bursátiles. Una bicoca para ella, acostumbrada al manejo de fortunas desde que era una veinteañera recién recibida de la Escuela Nacional de Relaciones Públicas y después reciclada en el mercado financiero.

Una bicoca que hoy le robaba la paz. Logró llegar a su parcela, estacionarse y, antes de saludar a su marido y sus tres hijos, partió sola a caminar a campo traviesa.

–Dos imágenes no me dejaban y se me mezclaban: la de los miles de millones de pesos que pasaban todos los días por mis ojos, y la de una guagua famélica en África que había visto en la televisión. Caminé y caminé por el campo hasta que entendí. Sólo después volví a mi casa.

Lo que entendió ese día Rosemary Donoso le cambió la vida para siempre.

–Fue como un destello. ¡Tanta plata pasando por mis manos durante tantos años y yo sin hacer nada! Decidí ahí mismo que adoptaría un cuarto hijo en un país paupérrimo y desesperado, no en Chile. Y como soy obsesiva, golpeé cuanta puerta existe, lloré, convencí, rogué, averigüé... seis meses después viajé a Haití a buscar a la Valentina. Mi negra llegó descompensada porque las guaguas haitianas nacen para morir. La tuve varias semanas en la Clínica Alemana; ahora hasta se parece a mí, por lo menos en el carácter aguerrido.

Rosemary, una llamativa rubia de 38 años, ha hecho larga carrera en el mercado financiero. En quince años trabajó en otras tres corredoras de bolsa hasta que llegó, hace cinco, a Larraín Vial, "la más completa de todas", dice. Trabaja en Renta Fija en la Mesa de Dinero. Su pega es financiar la cartera propia de la corredora captando pactos. También se ocupa de clientes directos de alto patrimonio: un 30% del total son personas privadas. A ellos los llama constantemente, los aconseja en comprar, vender o liquidar, una especie de hada madrina asesora frente a decisiones cruciales, esas que exigen estómago y nervios de acero.

Un trabajo cerebral y concentrado que la absorbe ciento por ciento desde las 9 de la mañana hasta las dos de la tarde, tiempo en que se pega literalmente a la pantalla bursátil, y en que "no existen niños ni colegios ni papás ni amigos. Se puede derrumbar la casa y no me entero, es mi marido el que atiende las emergencias a esa hora". Una pega de extrema confianza y total confiabilidad: la palabra es el precio del operador de la mesa de dinero porque los cierres por teléfono son finales. Todas las conversaciones quedan grabadas porque no existe la marcha atrás. "No hay espacio para llorar sobre la leche derramada, lo pactado de palabra es final".

Cerebros de acero

Como Rosemary Donoso, cada día son más las operadoras bursátiles del mercado financiero chileno. Y, junto a sus colegas masculinos, han pasado a tomar la delantera en la opinión pública debido a la actual crisis económica. Las mujeres ya no constituyen excepción en este ambiente, como hace diez o quince años, pero siguen siendo raras: no más de una o dos en una mesa mediana de quince o veinte operadores. Otro cambio importante es la profesionalización: mientras menos años lleven en el mercado, más ligadas están a la universidad. La mayoría de las operadoras nuevas son ingenieras comerciales.

Las antiguas, como Rosemary, con 15 años de experiencia, dominaron el mercado bursátil por ensayo y error. Ella se graduó de relacionadora pública (nunca ha ejercido), siguió de captadora en un banco y llegó, por rebote, a la Bolsa. Le ha ido bien.

Parecido es el caso de una de las reconocidas decanas en el medio, la operadora del Bice Nora Mourguet, de 49 años, quien lleva 23 trabajando con fortunas que no son de ella. Viuda a los 36 y sin estudios universitarios, quedó sin respaldo económico y con tres niños chicos.

Se forjó a pulso. Estuvo 22 años en Tanner Corredores de Bolsa y llegó a ser la estrella de mercados de renta fija. Al principio de su carrera, no había más de cinco mujeres en el ambiente bursátil de todo el país. Hoy forman el 30 por ciento del total de operadores.

- Llegué al mercado en 1986, con cuarto medio. Después he hecho varios cursos, pero, al principio, fue puro mirar y usar mis talentos personales, que son fundamentales en esto.

Aprendió a costalazos. Diariamente mueve grandes capitales - cien mil millones de pesos operan sus clientes en un día cualquiera- y se ocupa de instituciones y personas privadas top. Su cartera es privilegiada y la aseguró después de 23 años de arduo trabajo, a punta de confianza.

Las palabras confianza y talento son las claves en su ambiente, y el Bice lo probó, hace dieciséis meses, reclutándola a ella y pasando por arriba de varias candidatas veinte años menor. La especialidad de Nora es la renta fija en el mercado bursátil: fondos mutuos, depósitos a plazo. Se distingue de la renta variable (acciones) en que son inversiones mucho más seguras y menos especulativas. Se arriesga menos pero se gana menos. Explica:

- Estas instituciones - compañías de seguros, AFP, bancos- operan en la bolsa a través de nuestra Corredora Bice, entonces necesitan una voz al otro lado del teléfono. Esa voz soy yo. Les aclaro dudas, inquietudes, los aconsejo, veo que las operaciones se materialicen correctamente, pero ellos toman sus propias decisiones de inversión. Y hay un diez por ciento de mis clientes que me llama directamente y lo aconsejo de viva voz. Soy su apoyo. "Nora, qué opinas de esto, qué bono viene ahora, qué riesgo le ves..." escucho todo el día.

Ya no le dan calambres en el estómago como al principio. Ha aprendido a dominar la incertidumbre, y esa calma la traspasa, por eso la buscan. "En esto, más que la inteligencia, es el ojo clínico y la intuición de mercado los que mandan".

Nora no olvida sus inicios, ni menos cuando, de un día para otro, quedó viuda a los 36 años:

- Mi marido murió de un infarto mucho antes de los 40. De la noche a la mañana, quedé a cargo de tres niños chicos, sin profesión y sin ahorros. Tuve que salir adelante sola, a punta de ñeque. Me empezó a ir muy bien en esto y se convirtió en mi tabla de salvación. Hoy, a pesar de mis buenos ingresos, no tengo capacidad de ahorro. Pero hemos vivido bien y soy una agradecida. Lo principal es estar vigente. Y la vigencia la dan la trayectoria y el entusiasmo.

Menos riesgo y más feeling

Si en Chile los hombres dominan el 70 por ciento del mercado bursátil, las pocas mujeres que hay tienen armas imbatibles. La intuición, el feeling de mercado, la paciencia, la calidez y una mirada conservadora las llevan al éxito y son su plus intangible a la hora de mover millones. Así como se sienten triunfadoras cuando a sus clientes les va bien, también lloran con ellos cuando hay pérdidas. Todas lo reconocen: a su trabajo le ponen alma.

- Lo principal es ser proactiva, dinámica, movida. Una operadora que es lenta y no reacciona, ahí queda. En la Bolsa no se puede 'pavear' porque las operaciones son con horario y cada minuto cuenta. Tenemos un punto de vista distinto al del hombre para aconsejar en lo bursátil. Somos menos arriesgadas, más conservadoras y súper aterrizadas. Caminamos con pies de plomo a la hora de aconsejar.

Asunción Ried es una cara distinta de la medalla. Con 28 años, egresada del colegio Los Andes, estudió Ingeniería Comercial en la Universidad Católica antes de ser operadora de bolsa. Lleva un año y medio en la Corredora del grupo Security y siente que llegó al campo de batalla bursátil en medio del peor de los fuegos:

- Yo entré al mercado financiero en medio de esta crisis. Nunca he conocido la bonanza bursátil, llevo un año y medio trabajando a contracorriente. Llegué en la cresta de la ola y vi como todo se caía frente a mis ojos.

Asunción trabaja con el nervio puro del negocio: la renta variable o acciones de las empresas. Atiende a unos 50 clientes divididos en dos líneas: los que explotan la volatilidad del mercado - la gran marca en esta crisis- y los con horizonte a largo plazo. Los primeros viven en la cuerda floja, compran y venden varias veces al día y están, literalmente, arriba de su plata todo el tiempo. Los segundos son personas con grandes patrimonios que invierten para el futuro.

Frente a todos, Asunción afila sus armas: extrema atención, concentración, dinamismo. A algunos los llama cuatro veces al día, otros prefieren no ser molestados. "El criterio y la visión de futuro son fundamentales". Ella está convencida de que la inversión en acciones es la mejor. "A largo plazo, no hay otra mejor".

- ¿Y en crisis?

- Los clientes han optado en su gran mayoría por liquidar sus acciones y pasarse al mercado de renta fija, que es más seguro. Pero una crisis es siempre una oportunidad y si un papel alcanzó su peak más bajo, es seguro que rebotará porque el mercado financiero es cíclico. Es una verdad comprobada en la economía. Cuando esta crisis acabe, habrá mucha gente que habrá ganado al atreverse a comprar acciones en su punto más bajo, que después, inevitablemente, subirán. Pero hay que tener estómago de acero.

Todas coinciden en que han bajado los volúmenes de transacciones bursátiles. La gente se asustó con el inicio de la crisis y prefiere inversiones más seguras: el inmobiliario o los depósitos a plazo. "O tenerla debajo del colchón". También afirman a coro que, más que un drama, esta crisis es una gran oportunidad en los negocios. Sólo hay que operarse del sistema nervioso...

Pero Asunción no se engaña. La actual crisis no es sólo una cuestión de dinero. Ella ha pasado noches reflexionando:

- La gente está asustada. Yo me amargo cuando un cliente pierde plata, cuando le va mal. Me involucro, me importa, me puede llegar a echar a perder el día. No es porque yo sea chica. Nos pasa a todas, incluso a las más experimentadas. El cliente nos traspasa su angustia y está bien porque nos recuerda que somos humanos. Esta crisis nos ha acercado más a la gente, tenemos que escucharla, sufrimos con ella. Es bueno reconocerlo porque este factor humaniza este trabajo.

Inversiones propias

Andrea Amar Sapaj, 30 años, es la hija del Alcalde de San Felipe, Jaime Amar. Fue brillante en las Monjas Carmelitas y en la Facultad de Economía de la Universidad de Chile. Un profesor la recomendó al banco BCI donde empezó a conocer la Bolsa, para pasar de allí a CHG, una operadora pequeña, donde hoy maneja unos cinco mil millones de pesos diarios de diversos clientes. Atiende la renta fija, desde depósitos a plazo a instrumentos del Banco Central. No ve acciones.

- Tengo diez remates al día y es una guerra de nervios que dura diez minutos cada vez. Invierto para la cartera propia del CHG y para mis clientes, soy la única mujer de nuestra mesa de dinero.

Andrea agrega a las características femeninas en su ambiente, dos más: carácter fuerte y seguridad en sí misma. "Son condiciones esenciales y las compartimos todas las mujeres de la Bolsa. Aquí no sacas nada con ser brillante y saber mucho si no tienes intuición y una capacidad brutal de decisión. Se decide a cada minuto y sin vuelta atrás".

- El peligro de trabajar en esto y ganar lo que ganamos tan jóvenes es que se pierde la noción del dinero. Cuando has manipulado miles de millones de pesos en un día, aunque no sean tuyos, igual sientes que cien lucas son como tomarse un café. Yo he salido disparada a comprarme un vestido de fiesta por 250 lucas en menos de diez minutos y sin pensarlo. Y no me ha parecido caro. Por eso, soy súper responsable y me obligo a ahorrar.

A la hora de la crisis, estas operadoras de dinero revelan sus propias estrategias de inversión.

Mientras Andrea Amar destina un 30 por ciento de su sueldo a un APV mensual y otro 10 por ciento a fondos mutuos de renta fija, en Larraín Vial, Rosemary Donoso pone su 20 por ciento de ahorro mensual en fondos mutuos diversificados. A ninguna de las dos "se les pasa por la mente" invertir en acciones. Lo consideran poco ético en su caso y sienten que correrían el riesgo de desconcentrarse de su pega diaria. "No podríamos estar fijándonos en las platas de los clientes y además en las nuestras. Sentaría un mal precedente", dicen al unísono.

Exactamente igual opinan Asunción Ried y Nora Mourguet, con 20 años de diferencia en trayectoria bursátil. "Hay un claro conflicto de intereses. Aunque no está prohibido, ninguna de nosotras invierte en su mismo campo de trabajo. No podríamos concentrarnos, que es la llave del éxito en nuestro campo".

Asunción pone sus ahorros en un Fondo Mutuo Accionario operado por un tercero y en renta fija. No se endeuda: quiere un piano y no se lo comprará hasta no tener la plata al contado. Sabe que el dinero fácil no existe en la realidad. Y aunque Nora invierte poco, también le pone ojo a las deudas.

El orden manda en el ojo del huracán.

Producción: GERMÁN ROMERO

Pelo y maquillaje: ALEJANDRA DEL SANTE

Agradecimientos: Bolsa de Comercio de Santiago.




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Asunción Ried, de Security; Rosemary Donoso, de Larraín Vial; Nora Mourguet, de Bice, y Andrea Amar, de CHG.
Asunción Ried, de Security; Rosemary Donoso, de Larraín Vial; Nora Mourguet, de Bice, y Andrea Amar, de CHG.
Foto:José Alvújar


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