WIKÉN

Viernes 27 de Marzo de 2015

Juana Viale y su debut
Errar es tan humano que engrandece

La actriz argentina estrena este 16 de abril, junto a la también actriz uruguaya Victoria Césperes, "La sangre de los árboles", obra escrita por Luis Barrales especialmente para ellas que se presentará en el teatro Mori Bellavista. Aquí, habla de las obsesiones que la llevaron a querer hacer teatro en Chile, y en el plano personal, del cambio de piel que le ha significado establecerse aquí, del sufrimiento durante sus años de sobreexposición en Argentina, del pasado, de los errores y de aprender de ellos: "No me interesa hacer lo correcto para el resto".  
Por Magdalena Andrade N.  -Estoy más madura, en distintos aspectos. Tengo ya tres hijos, la mayor de doce años, ¡doce! Ha pasado un montón de agua bajo el puente, con errores y aciertos. Y uno tiene la inteligencia -o, no sé, la intuición- de poder bajar revoluciones. Uno busca la quietud, revisa su pasado.

Juana Viale (32) habla mientras toma un vaso de agua en un café de Providencia. Hace una semana que no come, dice, medio en broma, medio en serio: está con el nervio de los ensayos finales de la obra "La sangre de los árboles", que produce y protagoniza junto a su amiga, la actriz uruguaya Victoria Césperes, y que se estrenará el 16 de abril en el Teatro Mori Bellavista.

Este 2015, Juana cumple dos años radicada en Chile. Dos años en los que ha conseguido cultivar el bajo perfil que por mucho tiempo intentó tener en Argentina, su país natal, donde ya tiene asumido que siempre será la nieta de Mirtha Legrand y la ex pareja del actor chileno Gonzalo Valenzuela. Dos años donde ha reordenado sus prioridades y puede elegir qué batallas dar y cuáles dejar ir.

-Hay que buscar la felicidad donde uno la encuentre no más, y no es en la exposición -dice.

Ahora, esa felicidad se llama teatro. Y trabajar con Victoria, que ahora está sentada a su lado, quien también se vino a vivir a Chile hace un par de años, después de una larga carrera en el teatro, TV y cine en Uruguay y Argentina, que hoy la hacen viajar constantemente entre esos países y Chile.

Ambas, a mediados del año pasado, decidieron montar una obra de teatro. Y le propusieron al director y dramaturgo Luis Barrales llevar a las tablas el texto de un escritor italiano contemporáneo, que les había recomendado el también dramaturgo Alejandro Moreno ("La amante fascista").

Sin embargo, en el camino, Barrales cambió toda la hoja de ruta.

-No sabíamos quién era Luis Barrales en términos de dramaturgia. Y de repente nos encontramos jugando con Maradona -se ríe Juana.

-No sé si pecamos de caraduras o de inocentes. Luis leyó el texto y dijo: voy a hacer una reescritura.

Del texto original, que era sobre dos hermanas, Barrales comenzó a escribir una historia nueva, "La sangre de los árboles", una pieza que habla de dos mujeres que se encuentran en un laboratorio, a la espera de un examen de ADN que les confirme si tienen o no un lazo de sangre. Una obra llena de emociones fuertes, a medio camino entre el drama y la comedia negra.

-Como la vida misma -dice Victoria. Y agrega:

-El trabajo actoral es maravilloso, pero estás un límite entre lo que son las emociones de uno como actriz y del personaje. A nivel personaje sufrí muchísimo, pero es un sufrimiento placentero; es tan loco, porque lo disfrutas. Dejamos la sangre, el alma y el tiempo. Pero en esta obra es inevitable bucear por zonas que no son cómodas.

-Ha sido bien intenso. Toda la gente que trabajó con Lucho decía lo mismo: que estábamos loquitas, hiperventiladas. De hecho, la obra se terminó de escribir el viernes pasado. El lunes hicimos pasada completa, que salió terrible, como él dijo que iba a salir -agrega Juana.

-Mucha gente las va a poner a prueba en esta obra.

-No me interesa el juicio prejuicioso. Puede ser que no te guste la obra, y no pretendo que a todo el mundo le guste. Pero sí puedo decir que es muy difícil ser actor cuando no estás en el país donde te criaste. Estar haciendo una obra de teatro con Luis Barrales, con música en vivo de la violonchelista Ángela Acuña; que nos dieran sala en el Mori Bellavista -que no tiene nada que ver con mi injerencia ni con mi relación (con Valenzuela, uno de los socios del Mori)- es para decir que somos muy afortunadas (...) Esto nació no como una necesidad, sino como una pulsión; la pulsión del artista, de la amistad, de trabajar juntas con la Uru, de crear algo propio -responde Juana.

-Estamos súper agradecidas del proceso que estamos viviendo -agrega Victoria.

-Juana, ¿habrías hecho esto mismo si estuvieras en Argentina?

-Sí, pero no sé si habría sido tan difícil (...) Aunque yo tengo una fuerza... Me puedes mandar a Katmandú y termino hablando en mongol. Si me pongo un objetivo, aunque me cueste la sangre, lo logro. Cuando quiero hacer algo, deseo algo, siento algo, lo hago. No me interesa hacer lo correcto para el resto. Las pulsiones a veces no respetan los cánones establecidos. Yo necesitaba saciar una sed. Poder decir que me junté con una amiga actriz, que estuvimos 10 meses buscando la obra, que encontramos al mejor dramaturgo, a la mejor violonchelista, al mejor fotógrafo, y que fue sufrimiento también, porque Lucho tiene una forma de trabajar con la que uno sufre el doble. El tiempo empieza a jugar en contra. Y yo tengo tres hijos, entonces tengo que desdoblarme.

UN CAMBIO DE PIEL. Los dos años de Juana Viale en Santiago han sido de transformaciones, de balances, de cambio de piel. Después de haber hecho más de 20 trabajos en TV (como la teleserie "Malparida", en 2010) y teatro (en la obra "La celebración", de 2011, donde también estaban Gonzalo Valenzuela y Benjamín Vicuña), Juana decidió bajar el ritmo para dedicarse a su familia.

Desde que llegó a Chile, el único trabajo que ha aceptado hacer antes de "La sangre de los árboles" fue un papel en la serie de Chilevisión "Sudamerican Rockers", inspirado en Jacqueline Fresard, la ex mujer de Jorge González. El resto del tiempo, ha disfrutado tener espacios, por ejemplo, para escaparse a mitad de mañana para ir a soplar las velitas de cumpleaños de su hijo menor, Alí, en el jardín infantil. O para sentarse en la terraza de un restaurante y pasar inadvertida.

-Acá yo creo que ni me reconocen. Y si me reconocen, no me entero. Eso es bacán. En Buenos Aires, una vez estaba en el supermercado, a punto de parir; estábamos con Gon y viene una señora por atrás y me abraza y me toca la guata. Me entró un mini paro cardíaco. "¡¡Soltame!!", le dije, de muy mala manera. Pensé: no podemos haber llegado a este grado de locura.

Pero Juana no se vino a Santiago en búsqueda de privacidad. Primero lo hizo para acompañar a Gonzalo Valenzuela, y aunque al poco tiempo la pareja se separó, no quiso irse a Argentina, para que sus hijos estuvieran cerca de su padre.

-Que dos personas se separen no significa que se rompa la familia -dice.

Sin embargo, ser anónima es para ella un valor agregado.

-Eso vale oro. Se agradece, y espero que se mantenga así para siempre. Creo a cualquiera le pasa: si le planteas dos situaciones, una de agobio, de acoso versus una de paz y una tranquilidad...

-Dijiste en una entrevista: "Quiero ser normal y no me dejan".

-Sí, bueno. Mi familia siempre ha estado metida en esto. Pero si me preguntas a mí, llevo 14 años de psicólogo y todavía no entiendo el acoso. Acá yo me siento muy libre, muy yo (...) Además, el paparazzi argentino es duro. En Argentina vivo encerrada.

Aún así, estando en Chile, con un bajo perfil, cada paso que da es seguido y comentado en Argentina.

Como hace un par de semanas, cuando puso en Twitter: "Exactamente queda un mes... Ahhhhh!!" y la prensa trasandina lo atribuyó a que Juana participaría del programa "Bailando por un sueño", donde llegó a decirse incluso que cobraría 50 mil dólares por entrar.

Horas después, se supo que ese mes que faltaba era para el estreno de su obra en Chile.

-Igual a mí esto me da risa. La gente se hace problemas y especula más de lo que uno lo hace.

-Pero hay veces que te enojas y respondes por Twitter.

-Porque tengo hijos, y estar abrazando a un amigo mío -porque los rioplatenses nos abrazamos-, y que pongan: "La nueva pareja de Juana Viale"... basta, basta. Hay cosas que me molestan. Y no solo de la prensa. Si estoy comiendo y viene alguien y me pide una foto, pienso: ¿no ves que estoy comiendo? Entiendo que la profesión del artista es pública, pero no la vida. Hago respetar, bien o mal, mis límites.

Juana Viale no tiene memoria sobre cuándo comenzaron a perseguirla las cámaras. Están ahí desde que tiene recuerdos. Si hubiera podido, dice, hubiera elegido no haber crecido con esa presión sobre sus hombros, pero no cambiaría por nada la familia donde nació, con artistas como su abuela, Mirtha Legrand; su abuelo, el director de cine Daniel Tinayre, o su tío abuelo, José Martínez Suárez, director del festival de cine de Mar del Plata.

-Si no hubiera nacido en esta familia no podría haber sido actriz. No sería argentina. No sería yo. Hay cosas que no se pueden separar.

-Esa sobreexposición, ¿cuánto te ha hecho sufrir?

-Mucho. Son años de psicólogo. Pero creo que todas las profesiones hacen sufrir al ser humano. Nada puede ser tan gratificante.

-Pero en tu caso están escrutando todo lo que haces.

-Hay una dosis de injusticia, pero uno no puede estar luchando contra los molinos de viento. Están, y uno puede correrse, puede volverse más camaleónico, mutar, pero no puede derribarlos. Lo intenté muchos años, pero hay cosas que no se pueden combatir.

-Estar acá, ¿tiene que ver con despegarse de eso?

-Sí. Siento que las aguas están mucho más tranquilas. No sé si en el exterior, pero sí en mí. Tengo otro ritmo (...) Ya estoy más grande, y eso significa no solo madurez, sino también experiencia. Para muchas cosas tengo cuero de chancho. Hay balas que hoy no me penetran.

Juana Viale no habla específicamente de esos sucesos que han marcado su vida. Pero hay algunos imborrables para el público: su affairecon el ex ministro de Economía argentino Martín Lousteau. O la pérdida de un hijo que esperaba junto a Gonzalo Valenzuela, cuando tenía ocho meses de embarazo.

-¿Qué has aprendido de los golpes?

-Hay una frase que me encanta. "La vida dijo: te haré feliz, pero antes, te haré fuerte". Sí, he sufrido mucho, y para qué hablar, pero lo más interesante es el resultado: la fortaleza, levantarse, cabeza adelante (...) Una cosa que aprendí de chica, supongo que por esta sobreexposición gratuita que viví, es que no hay que juzgar. Vivimos en una sociedad donde se juzga y se prejuzga mucho, porque es muy fácil señalar, pero muy difícil ponerse en el lugar del otro, siempre es más jugoso criticar (...) El ser humano está muy acostumbrado a la ética y a la moral, que al final son como estigmas. La libertad es lo superior al ser humano, y uno es un granito de arena en este mundo.

Juana dice que desde hace un tiempo que ella está despegada de los prejuicios.

-Estoy súper despegada de eso. Me despegué hace mucho tiempo. En algunas cosas más, en otras menos... Pero en la pega siempre he tenido la suerte de elegir lo que he querido hacer. Yo no le puedo gustar a todo el mundo en lo que hago. No quiero ser una actriz maravillosa, soy una muy buena trabajadora y me deslomo por hacer lo mejor.

-Después de tu momento de crisis, ¿cambió tu relación con tu familia, con tus hijos?

-No sé si con ellos, pero sí por ahí creo que cambió mi relación conmigo misma en todos los escalafones de la vida.

-¿En qué sentido? ¿En perdonarte cosas?

-No sé, yo creo que uno aprende... esto del juicio, la moral, la ética, son todas palabras que hoy uso después de haber transitado un camino. Lo único cierto que aprendí es que errar es tan humano que eso engrandece: reconocer errores, padecer sufrimiento. Me ha engrandecido como ser humano. Y ojalá eso se lo pueda transmitir a mis hijos. No soy catedrática, no puedo decirles: esto está bien, esto está mal (...)

Con ellos, Juana intenta que vivan plenamente el día a día.

-Por ejemplo, para mí es mucho más importante que mi hija, que es argentina, esté aquí cómoda y tenga buenas amistades, y que si no estudió para un examen, falte. No me sirve ni a mí ni a ella el estrés (...) Entiendo que tiene 12 años y le gusta la mochila, cierta cartuchera y un lápiz con brillito. Yo ando con un lápiz roto y me da lo mismo. Salimos a comer, me pongo un pantalón y ella me dice: "Mamá, ponete una pollera". Y yo le digo: "¡Pero si vamos al chino de la esquina!". Los valores uno los aprende a medida que va viviendo.

 El doble rol de Luis BarralesEl dramaturgo y director Luis Barrales, autor de premiadas obras como "H.P" y "La mala clase", no conocía mayormente el trabajo de Juana Viale ni de Victoria Césperes cuando ellas le propusieron montar una obra. "Como buenas rioplatenses, tienen desparpajo, distinto a nosotros, que somos insulares, más tímidos. Ellas son más francas y expuestas, y he intentado aprovechar esa potencialidad", cuenta el director, quien escribió esta pieza a partir de reuniones con las actrices. "Trabajamos bajo la lógica del laboratorio, de tirar ideas, propuestas, improvisaciones, ensayo y error".

La obra, cuenta, tiene un estructura fragmentada. "No es fácil de entender", dice. Sin embargo, es uno de los trabajos que más satisfacciones le ha dado. "Uno tiene recuerdos, no tanto de las obras como de las emociones que han generado. No sé cómo irá a salir, pero trabajar con ellas ha sido una experiencia muy bella".



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"Mujeres asesinas" fue una serie que se transmitió en su país natal.




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