EL SÁBADO

Sábado 9 de Abril de 2011

La familia detrás de la ex intendenta
El clan Van Rysselberghe

La renuncia de Jacqueline van Rysselberghe interrumpió una exitosa historia política del apellido en Concepción que comenzó hace 70 años. Odiados y queridos, entre ellos hay regidores, alcaldes, diputados e intendentes. Este es el camino que los llevó a lo más alto del poder político de la región sorteando, hasta hoy, cuestionamientos, procesos judiciales y un secreto familiar que todavía los cruza.  
Por Francisco Torrealba, desde Concepción Como suelen hacerlo en cada cumpleaños, el sábado 2 de abril, para la fiesta de Enrique van Rysselberghe Varela, todos los miembros del clan se reunieron a celebrar. Por ser la más espaciosa, la casa elegida fue la de Jacqueline, la hija mayor. Ahí estaban todos, excepto la dueña de casa, quien había viajado a Santiago para, el día después, renunciar a su cargo, luego de múltiples cuestionamientos a su gestión.La celebración tuvo poco de festiva. La representante más encumbrada de la familia se veía obligada a dejar su puesto y los Van Rysselberghe, después de una historia política en Concepción de más de 60 años, casi siempre exitosa, recibían un duro golpe. Por primera vez, desde que el abuelo de la ex intendenta iniciara la dinastía, veían cómo uno de los suyos salía por la ventana de un cargo público. El método de buscar arraigo popular a toda costa, heredado generación en generación, había fallado. La historia de los Van Rysselberghe en Concepción parte a comienzos de 1900 con Max, bisabuelo de la ex jefa regional y de origen belga, después de una larga y sufrida excursión a la Antártica. Van Rysselberghe era parte de una comitiva científica que pretendía llegar al fin del mundo. La aventura debía durar seis meses, pero se alargó por dos años porque la embarcación quedó atrapada en los hielos, que no se descongelaron en el verano. Durante todo ese tiempo, y como las provisiones se acabaron, para sobrevivir, relatan hoy en la familia, los investigadores comieron focas. Ya de vuelta en su tierra natal, se enamoró de Isabel Martínez, hija del ministro de Obras Públicas de la época, Valentín Martínez, un ingeniero que buscó refugio en el país europeo por problemas políticos en Chile.De esa relación nacieron cuatro hijos, uno de ellos, Enrique van Rysselberghe Martínez, el primer eslabón en la historia política de la familia en Concepción y que marcó a toda su descendencia. Inquieto desde pequeño, le gustaba leer los textos de ingeniería y arquitectura que abundaban en la biblioteca de su padre. Si bien nunca estudió formalmente la carrera, se transformó en un verdadero arquitecto y se ganó sus primeros pesos en la construcción de casas. Las obras tuvieron como gran prueba de fuego el terremoto de Chillán, en 1939, que con sus 8,3 grados golpeó fuertemente a la capital penquista, dejando casi un 90 por ciento de las casas de la ciudad destruidas. Para satisfacción de Van Rysselberghe Martínez, ninguna de las que él había levantado terminó en el suelo, por lo que después, para la reconstrucción, todos querían contar con sus servicios. En esa época se casó con Julieta Varela Santa María, descendiente del ex Presidente Domingo Santa María, y a la que conoció a través de una de sus hermanas. Con ella tuvo cuatro hijos, Javier, Enrique -el padre de Jacqueline-, Ivonne y Astrid.Después, ingresó a trabajar a la Dirección de Obras de la municipalidad, para luego convertirse, en 1971, en regidor. Era en pleno gobierno de Salvador Allende y, pese a todos los pronósticos, se impuso a los candidatos de izquierda. Fue así que al poco tiempo Van Rysselberghe Martínez tuvo que resistir la oposición del naciente Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), y de los adeptos a la UP, quienes, según cuentan hoy en la familia de la ex intendenta, hasta le marcaron la casa en señal de amenaza de muerte. Además, se enfrascó en fuertes disputas con el por esos días rector de la Universidad de Concepción, Edgardo Enríquez, padre de Miguel Enríquez, líder del MIR, y abuelo del ex candidato presidencial Marco Enríquez-Ominami.No muy apegado a los protocolos y a la burocracia gubernamental, Van Rysselberghe inició una costumbre que se repitió en su descendencia: impulsar múltiples obras, casi siempre sociales y, en ocasiones, sin contar con los permisos o presupuestos necesarios, algo que, en todo caso, le significó ganarse el cariño de la gente, especialmente, de los sectores más populares. Esta característica hizo que Nibaldo Mosciatti Moena, padre de los actuales dueños de la radio Biobío, lo bautizara como "El realizador". Cuatro años más tarde, en 1975, el gobierno militar lo volvió a instalar a la cabeza del municipio, esta vez como alcalde designado, cargo que ocupó hasta 1979.Entremedio, Van Rysselberghe comenzó a gestar la fortuna familiar a través de la construcción. Dio en el clavo al crear una máquina que permitía sacar áridos desde la rivera del Biobío incluso durante la época de lluvias. Ser el único en poder abastecer todo el año de arena a las distintas empresas constructoras, lo convirtió en un competidor imbatible y rápidamente acaparó todo el mercado de la zona.Otro golpe lo dio cuando desarrolló una máquina para limpiar el carboncillo que botaban las mineras de Lota. Como nadie quería ese material, él prácticamente lo conseguía gratis o a muy bajo costo, y con su procesadora lo dejaba listo para la venta, a un precio mucho más conveniente que el de su competencia.Fue en sus tiempos en la municipalidad que debió enfrentar su mayor crisis familiar, cuando su señora, Julieta, descubrió que tenía un romance y dos hijos con una secretaria de la municipalidad."Eso fue muy terrible para mi mamá, ella sufrió mucho cuando se enteró que mi papá tenía otras familias, pasó mucha vergüenza y pena", dice Astrid van Rysselberghe, hija de Enrique y tía de la ex intendenta.Según recuerdan en la familia, presionado por la culpa, Van Rysselberghe no sólo le reconoció ese affaire a su mujer, sino que le confesó además que tenía otra mujer en Santiago y cuatro hijos más, los que a su vez, pese a que él vivía viajando por el país y que pasaba poco tiempo con ellos, tampoco sospechaban que tenía otras dos familias en el sur. Como el papá respondía en todo, les pagaba el colegio y les financiaba largas vacaciones en el litoral central, nunca se imaginaron que tenían parentela en Concepción.De ese matrimonio, hoy viven dos de los hijos. Uno, Miguel Ángel van Rysselberghe Buder, en España, donde trabaja como odontólogo. El otro, Sergio van Rysselberghe Buder, es profesor de un liceo de Chanco, en la Región del Maule. Ambos, en su momento, también trataron de seguir una carrera política y se postularon, sin éxito, en la elección de concejales de 1992 por las comunas de Chanco y Pelluhue, en la lista de la Unión de Centro Centro que lideraba Francisco Javier Errázuriz. En la familia cuentan que el apellido Van Rysselberghe se pronuncia en realidad Van Raiselberg (sic) y así los llaman algunos de los antiguos penquistas hasta hoy. Fue el abuelo, "El realizador", quien se dio cuenta en campaña que a la gente le costaba pronunciarlo, y comenzó a decirlo tal como se escribía.Lo cierto es que ni el abuelo ni el padre de la intendenta formaron parte de los círculos sociales influyentes de Concepción. "Toda la gente importante iba al Club Concepción -a dos cuadras de la Plaza de Armas- y ellos nunca circularon por ahí", dice un empresario de la zona. "Los Van Rysselberghe no existían en ese mundo de la vieja tradición penquista". Algunos suponen que la situación familiar del patriarca hizo que sus descendientes se recluyeran en cierto modo. La ex intendenta fue consultada por "Sábado" por este tema: -Usted es una persona religiosa y apegada a la familia. ¿Qué le parece que su abuelo Enrique van Rysselberghe haya tenido, además de su abuela, dos mujeres más con las que incluso tuvo hijos que llevan su mismo apellido?-A mi abuelo lo quería y respetaba tal como era, sólo por el hecho de ser mi abuelo... No soy quién para juzgar su vida ni sus actos. Tengo los mejores recuerdo de él. EL MANUAL DE JACQUELINEDespués de que "El realizador" dejara la alcaldía, tuvieron que pasar 13 años para que un Van Rysselberghe volviera a entrar a la municipalidad. Con tan sólo 22 años, en 1992, una joven Jacqueline escuchó la recomendación del senador UDI Eugenio Cantuarias y aceptó competir por un cupo en el concejo municipal. Once mil 677 votos le fueron suficientes para quedarse con uno de los asientos del concejo. Para ella la UDI no era algo desconocido. Su padre también había firmado la ficha de militante, llegando a ser presidente regional.Si bien siempre fue un decidido seguidor del régimen de Pinochet, Enrique van Rysselberghe Varela no tenía muy claro en qué partido militar, así que en cuanto partió el gobierno de Aylwin fue a las sedes de la UDI y Renovación Nacional para evaluar en cuál fichaba. Al llegar a esta última se dio cuenta que las fotos de Pinochet que durante los 80 adornaban las paredes ya no estaban. "Ahí me fui a la UDI, porque no quería estar en un partido que se avergonzara de la obra de mi general, si él nos salvó de una guerra civil pues. Así es que como en la UDI sus fotos seguían ahí, pregunté 'dónde firmo' y firmé", recuerda Enrique van Rysselberghe Varela.Por su parte, la ex intendenta tuvo sus primeros acercamientos con la política en la Universidad de Concepción mientras estudiaba medicina, para luego especializarse en psiquiatría. Como miembro del Movimiento Enrique Molina, en 1988 intentó postular a la dirigencia estudiantil, pero su lista fue derrotada por la del hoy senador Alejandro Navarro, quien por esos días ya era parte del comité central de las juventudes del PS.Desde su triunfo como concejal no pararía hasta que en 2000 prácticamente quintuplicó su votación y le asestó un duro golpe a la centroizquierda al quitarles la jefatura comunal después de 10 años. En el camino se encargó de apoyar la postulación a la Cámara de Diputados de su padre, quien en 1997 también supo cómo complicarle las cosas a la Concertación al romper con el doblaje que tenía ininterrumpidamente en el distrito desde 1989.Influenciado por su padre, Enrique van Rysselberghe Varela también se dedicó a la construcción. Estudió arquitectura en la Católica y armó varias empresas, entre ellas, Arenas Bío Bío, con la que, entre otros negocios, también sacó áridos de la rivera del Biobío. Todo iba bien hasta 1999, cuando el entonces alcalde de Concepción, el socialista Ariel Ulloa, lo denunció por extraer el material por más de 20 años sin los permisos necesarios. A la larga hubo varios procesos judiciales, sentencias a favor y en contra, pero todo quedó en nada luego de que se cerrara el caso cuando su hija estaba al mando de la comuna.Otro de sus negocios también le trajo problemas con la justicia, por los sucesivos traspasos de unos terrenos en Lonco, sector acomodado de Concepción.Al igual que su padre, también supo ganarse el reconocimiento de los habitantes de Concepción. Todo partió en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, cuando como encargado de INVICA (Instituto de Vivienda de Cáritas Chile) para la zona centro sur, les gestionó y consiguió casas a más de siete mil familias de las regiones del Maule, Biobío y Araucanía. El resultado: la gente casi lo idolatraba y la marca Van Rysselberghe seguía creciendo.Jacqueline van Rysselberghe y sus cuatro hermanos se criaron en una espaciosa casa en Chiguayante, en un condominio en el que también vivían dos de sus tías. El panorama familiar más frecuente eran los asados que, desde muy temprano, cada domingo preparaba el padre de la ex jefa regional y a los que estaban invitados los demás miembros de la familia. Pero algunos parientes recuerdan a Jacqueline como "callada y retraída". No así sus hermanas, Karen y Michelle -hoy casadas con agricultores de Linares- que son definidas como "cercanas y de buen carácter" por un amigo de la familia, y que nunca jugaron un rol público después. La prima mayor -a quien llamaban "Chicoca" y que después derivó a "Coca" porque a ella le costaba decirlo- era una muy buena alumna. Para incentivar el rendimiento escolar, en la casa había una verdadera competencia por los promedios del colegio, disputa en la que la ex alcaldesa ostentó el primer lugar por largos años, hasta que su hermano menor, Cristián, le quitó el podio con su puntaje nacional en la Prueba de Aptitud Académica.La disciplina era fuerte, sobre todo con las tres hermanas mayores. El padre vigilaba que nadie se parara de la mesa hasta que se comieran el último bocado, algo que se fue relajando con los menores.La religión también estaba presente en la familia. A la sabida pertenencia de la ex intendenta al Opus Dei, se suma que su hermano Enrique es miembro de Schoenstatt y estuvo apunto de entrar al seminario. También se incentivaba el deporte. Jacqueline practicó el atletismo y otro de sus hermanos, el diputado Enrique van Rysselberghe, se dedicó al básquetbol durante toda su adolescencia, llegando a jugar en varios equipos.Este último tuvo su primer cara a cara con la política en la campaña de su hermana del 2000 para alcaldesa. Ahí fue parte del comando y recibió una clase magistral de cómo aplicar la receta de los agotadores puerta a puerta para quedarse con la alcaldía.Por esos días, el hoy diputado terminaba sus estudios de ingeniería comercial en la Universidad de Concepción y se aprestaba para hacer un MBA y otro postgrado en la Kellogg School of Management de la Northwestern University. Entremedio, se encargó de tender sus primeros contactos con la jerarquía de la UDI y la derecha, al conseguirse unas ayudantías con el hoy ministro de Educación, Joaquín Lavín, y con el economista Tomás Flores, en la Universidad del Desarrollo.La relación entre ambos hermanos es de mucha cercanía, al punto que ella fue clave en sus decisiones de postularse primero como concejal por Concepción en 2004 y 2008, y luego para llegar a la Cámara en 2010. Y apoyó desde la alcaldía esa postulación.Su hermana le enseñó cada detalle del manual con el que ella llegó a convertirse en caudillo de la región y él lo siguió paso a paso. Muchas salidas a terreno, aceptar cuanta invitación a tomar once le hicieran, llamadas a sus electores para saludarlos en su cumpleaños o santo, e incluso sólo para saber si se habían recuperado de una enfermedad. Para qué decir si a alguien se le moría algún pariente o familiar cercano: el hoy diputado Van Rysselberghe no sólo hacía llegar las condolencias y una corona de flores, sino que era el primero en ir al velorio. Su número de celular se lo daba a quien se lo pidiera y cada llamada que no alcanzaba a contestar, la devolvía durante la tarde, excusándose por cierto de no haberlo hecho antes. Además, tenía un programa radial en la radio Femenina de Concepción, una de las más escuchadas de la zona, en el que tomaba nota de cuanta petición hacían las auditoras, las que por cierto, luego cumplía rigurosamente. Otra miembro de la familia, Francisca van Rysselberghe, no obstante, no tuvo la misma suerte de su primo hermano cuando quiso llegar a la Cámara de Diputados, en 2005. Para Jacqueline, según miembros del entonces comando de su prima, prácticamente fue una afrenta que aspirara a ser parlamentaria por la misma zona en que ella reinaba sin contrapeso y más encima que lo hiciera como independiente en la lista de RN, partido de sus principales adversarios en la región. Así es que Francisca se debió olvidar de recibir su respaldo y es más, cuentan en la familia, tuvo que soportar que la alcaldesa hiciera una fuerte campaña por Andrés Egaña, el candidato de la UDI que finalmente resultó electo. Hoy, dicen cercanos a la familia, no la consideran ni para los matrimonios, "quizá por temor a Jacqueline". El domingo 3, después de la renuncia, Enrique van Rysselberghe prefirió no molestar a su hija y ni siquiera llamarla por teléfono. "Sería como llamar a alguien cuando está de luto", dice. Y Jacqueline lo está. Pasa hoy sus días recluida en su casa, con sus seis hijos y marido, pero nadie duda que intentará resucitar políticamente. Lo lleva en los genes. Su hermana le enseñó a Enrique cada detalle del manual con el que ella llegó a convertirse en caudillo. 

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Jacqueline con su abuelo Enrique,
Jacqueline con su abuelo Enrique, "el realizador", que abrió el camino político en la familia. 


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