ARTES Y LETRAS

Domingo 11 de Noviembre de 2012

1812-2012 Doscientos años de liberalismo en Hispanoamérica:
Chile y la Constitución de Cádiz

España celebra dos siglos de su primera Carta Magna. En medio de la ocupación napoleónica, y de las guerras de independencia en América, la Península promulgó un texto de corte liberal que quiso terminar con el Antiguo Régimen. En nuestro país, su influencia es discutida.  
Juan Ignacio Rodríguez Medina "¡Viva La Pepa!", gritaban los españoles en 1812, en plena Guerra de Independencia contra la ocupación napoleónica y el reinado de José Bonaparte. El 19 de marzo de ese año -día de San José (por eso lo de Pepa)- las Cortes de Cádiz, que representaban a las distintas juntas de gobierno del imperio (de la península, América y Filipinas), promulgaron la primera Constitución política de la Monarquía Española. En ella no sólo se establecía que España era "la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios", además de ser una nación "libre e independiente", que "no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona", sino que también la separación de poderes (en las cortes recaería el Poder Legislativo), el sufragio universal y, sobre todo, que: "La soberanía reside esencialmente en la Nación...". O sea, no en el rey.

Lo que partió en 1808 como una manera de enfrentar la crisis desatada por la prisión de Fernando VII, acabó por establecer una Constitución liberal.

Era el quiebre con el Antiguo Régimen, la alborada de los ideales ilustrados, el inicio de una Monarquía Constitucional... pero el mismo año 12, Wellington derrotó al ejército francés, en diciembre del 13 Napoleón reconoció a Fernando VII como rey de España, en abril del 14 un grupo de diputados le pidió a Fernando la restauración del absolutismo y en mayo el rey abolió la Constitución, las Cortes de Cádiz y su trabajo legislativo, declarando "aquella Constitución y aquellos decretos nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubieran pasado jamás tales actos y se quitasen de en medio del tiempo" (la Carta Magna volvió a regir entre 1820 y 1823, y 1836 y 1837, cuando fue reemplazada).

Doscientos años después, los españoles celebran el bicentenario de La Pepa con exposiciones, conciertos, seminarios, congresos y actividades varias, dentro y fuera de la península, incluido Chile (ver recuadro). Lo hacen, por supuesto, porque es su primera Constitución, pero también porque -junto con la Constitución estadounidense de 1787 y con la francesa de 1791- es un documento clave en la historia constitucional de Occidente y marca la tercera revolución liberal tras la norteamericana y la gala. Tan importante es, que fue entonces cuando acabó por forjarse el nombre «liberal» como sustantivo -político- referido a quien lucha por la libertad, que luego pasó a las otras lenguas (antes, «liberal» se usaba como adjetivo para indicar una persona generosa).

La Pepa es el símbolo y hasta el mito genético del liberalismo español: "España celebra este 2012 el origen de su Estado democrático", declara el consorcio creado para conmemorarla. Ahora, si en España la invasión de Napoleón llevó hacia Cádiz, en América Latina desató las revoluciones independentistas. Y ambas consecuencias cruzaron y divergieron sus caminos.

Por de pronto, hubo representantes americanos. Pero -si recordamos el artículo de La Pepa que habla de una España- la Constitución tenía una inspiración unitaria y centralista contraria a los intereses independentistas. Y así, mientras la nueva Carta fue jurada en los virreinatos de Nueva España y del Perú, en Chile, por ejemplo, el Reglamento Constitucional del mismo año 12, que reconocía a Fernando VII, también lo conminaba a aceptar "nuestra Constitución". En otras palabras: Chile se regiría por sus principios y no por los españoles.

Lejos de seguir unidos a la metrópolis, sabemos, los americanos insistieron en el camino propio (especialmente luego de la restitución absolutista de 1814 en España). También en sus procesos constituyentes, donde sí se descubren influencias indirectas del liberalismo español, pues -como escribió hace algunas semanas en este suplemento el historiador Juan Luis Ossa-, "la Constitución de Cádiz sirvió de faro para muchos de los documentos que, entre 1812 y bien entrada la década de 1820, promovieron alguno de los preceptos liberales presentes en ella".

¿Portales gaditano?

En Chile, la Constitución que promulgó O'Higgins en 1822 (y que duró sólo tres meses) es coincidente con la española. Así lo reconoció Arturo Alessandri cuando promulgó la de 1925: "O'Higgins se vio obligado a dictar la Constitución de 1822, que fue, en gran parte, copia de las que confeccionaron las Cortes de Cádiz".

Una tendencia que así como se confirma con la Constitución liberal de 1828, se quiebra con la de 1833: "La influencia gaditana en las Constituciones de estos países [los de América] fue notable", escribe el historiador español Rogelio Pérez-Bustamante en un artículo incluido en "Cortes y Constitución de Cádiz. 200 años". "Pese a ello -agrega-, también hubo excepciones, como fue el caso de la Constitución de Chile de 1833, la cual, al crear, un régimen presidencialista fuertemente centralizado, fruto del denominado «Estado portaliano», se alejaba del liberalismo que había impregnado la Constitución doceañista". En palabras de Ossa, "el liberalismo gaditano fue (...) perdiendo vigor en Chile".

Sin embargo, Felipe Westermeyer, abogado y ayudante de Historia del Derecho en la Universidad de Chile, en su artículo "Chile y la Constitución de Cádiz", plantea la tesis contraria. Según interpreta, la carta portaliana no sólo mantiene al Legislativo como garante de la constitucionalidad, la legalidad y el derecho (una idea clave de Cádiz), además le concede al Presidente -"el rey sin corona"- atribuciones casi idénticas a las que la Constitución gaditana le entregaba al monarca español, incluyendo un consejo de Estado. Pero sobre todo, "y he aquí la genialidad de la proyección de Cádiz en Chile, también se obtuvo de Cádiz la herramienta de poder y negociación que permitirá un progresivo equilibrio entre los poderes Legislativo y Ejecutivo"; a saber: la aprobación de las leyes periódicas -como la de presupuesto- que, dice el autor, produjo en Chile "el avance hacia una república parlamentaria"; esto es, hacia las ideas del siglo XIX, sin necesidad de sustituir la Carta Fundamental.

Si se sigue esta lectura gaditana del proyecto de Portales, aquí habría tenido éxito lo que en la península se truncó con el regreso del Absolutismo: "Probablemente -concluye Westermeyer-, el andamiaje constitucional trasplantado desde España a Chile en la Constitución de 1833 sea una buena muestra de lo que pudo haber pasado en España". ¿Liberalismo portaliano, entonces? ¿O una Pepa no tan liberal?

La Constitución portaliana sería heredera de la de Cádiz. La Pepa ilustrada y una copia de la originalEl jueves 15, el Centro Cultural de España inaugurará "18+12. Ilustradores interpretan la Constitución" , una exposición de ilustraciones alusivas a La Pepa. Además, se exhibirá un mapa iberoamericano con textos seleccionados por las embajadas de los países que participaron de la Constitución de 1812, y un ejemplar original de la misma. En la inauguración se presentará la Orquesta infantil y juvenil Pablo Casals .

En librerías está "Era cuestión de ser libres. Doscientos años del proyecto liberal en el mundo hispánico" (Turner, $12.000). Un ensayo sobre la política iberoamericana, a la luz del ideario gaditano.



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"La promulgación de la Constitución de 1812", de Salvador Viniegra.
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