VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 18 de Mayo de 2002

Santiagoaldetalle
Edificio banco buf

Hoy destinado a los Juzgados Civiles de Santiago, el edificio del Banco Unido de Fomento, obra de Mario Pérez de Arce Lavín, Mario Pérez de Arce Antoncic y Luis Herrada ­resultado de un concurso de 1982­ rinde tributo a algo sólido y perdurable: el sentido común.
Texto, Miguel Laborde Fotografías, Homero Monsalves

El fundador de esta oficina, Mario Pérez de Arce Lavín, nacido en 1917, verá surgir las primeras obras modernas de Chile y, junto a Sergio Larraín García Moreno en la Universidad Católica, será uno de sus protagonistas más destacados. Alerta a los signos de los tiempos, viaja a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, a obtener un Máster of Arts en la Universidad de Florida, creando así, tempranamente, un vínculo permanente con el lenguaje de las vanguardias. Frente a ello madura un discurso propio que, a lo largo de la vida, se traduce en estadías como investigador y profesor del London County Council, el MIT en Boston y la Universidad de California, todo lo cual transmite en Chile como director y más tarde decano de la Facultad de Arquitectura en la Universidad Católica.

Empapado de las utopías del Movimiento Moderno, desarrolla una serie de obras "clásicas" de esta sensibilidad, pero también, en los años 60, asume su crisis. Justo entonces, 1968, ingresa a la oficina su hijo Mario con quien compartirá la angustia del período y la búsqueda del nuevo camino. La integración del Edificio Merced al claustro e iglesia mayor de esa congregación, en 1980, marca la nueva posición de la oficina al crear un espacio urbano original, en el que se incorpora el contexto con magistral naturalidad.

El Edificio BUF (Banco Unido de Fomento), poco después, es un desafío distinto. Fruto de un concurso al que los mandantes invitaron a cinco grandes oficinas de la época, testimonio del primer despertar económico del país en 1980, el gran edificio corporativo debía albergar a dos bancos en las plantas bajas, pero se elevaría en lo alto para generar una torre de oficinas para renta; así tendría la imagen de una entidad bancaria importante. Pero, además, con la excitación de los inversionistas de la época, las dos entidades tal vez se fusionarían, lo que debía planificarse.

Para abordar el tema estructural los autores visitaron dos obras que les parecían valiosas: la Torre Santa María y el Edificio de los Trabajadores. La simetría clásica, tan denostada por el Movimiento Moderno, era una necesidad para que ambos bancos tuvieran igual relevancia, por lo que se optó por crear un cuerpo de cuatro pisos, casi cuadrado, al que se accedería en diagonal. Desde él hicieron emerger la alta torre de oficinas, la que situaron en el ángulo del terreno para no apabullar a una manzana que entonces no sobrepasaba los cuatro pisos. Además, esa ubicación le da gran visibilidad urbana, lo que era una demanda de los clientes. Desde ese tronco central se abren dos alas bajas, una por cada calle, para cada banco, y cuya altura se adapta a la del barrio.

Resaltan el ochavo y los pilares de la fachada, los que también reconocen el tránsito peatonal, le dan carácter a la obra y evocan una tradición local; incluso todas esas plantas bajas están revestidas en un blanco mármol de Brasil, el que ilumina la manzana. Hacia arriba se continúa con un estuco blanco, apomazado, técnica que la firma Berenguer había aplicado con artesanos españoles en muchas mansiones de los años 40 y 50 que no se pintaban de blanco; se revestían de este material hecho con estuco, cemento blanco y arenas seleccionadas con espejuelos.

El eje central de todo el conjunto recorre la obra mediante las circulaciones, cilindro que también asume la fuerza estructural y la sismicidad del edificio.

El arquitecto Salvador Valdés Pérez fue contratado por el Síndico de Quiebras para buscarle un destino a la obra. Él tomó contacto con el Ministerio de Justicia, entidad que lo adquirió para los Juzgados Civiles de Santiago, encargándole el alhajamiento al mismo profesional.

En una década desorientada como la de los '80 ­Eliash y Moreno hablaron de "el laberinto de la prosperidad"­, esta obra bien asentada en el terreno, de robusta estructura visible, fachada discreta pero con carácter, y de una geometría pura y proporciones equilibradas, dejó una lección de la nueva utopía de la oficina: un sentido común que, como diría Pérez de Arce Lavín, es recomendable porque une "un raciocinio prudente y una sensibilidad fina".


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Foto:Homero Monsalves


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