INTERNACIONAL

Martes 10 de Diciembre de 2002


Polémica de antigua data

"El fumar es un hábito repugnante a la vista, odiado por el olfato, dañino para el cerebro y peligroso para los pulmones".

Así se manifestaba en el año 1616 el rey Jacobo I de Inglaterra (1566-1625) en un boletín sobre la nueva "mala costumbre" procedente de América. Ya entonces, en épocas de Shakespeare, el tabaco protagonizaba un duro debate, el cual se alarga hasta hoy.

En 1588, la disputa adoptó formas literalmente explosivas. Cuando el capitán de un barco de la Armada Española prohibió a uno de sus hombres fumar, éste se enfadó tanto, que vació su pipa en un barril de pólvora e hizo volar por los aires el galeón.

En Inglaterra, el hábito de fumar se hizo popular a través del marino Sir Walter Raleigh (1554-1618). Incluso la reina Isabel I (1533-1603) aprendió a usar una pipa.

Su sucesor, el militante antitabaco Jacobo I, hizo decapitar a Raleigh en 1618. "Para mí es incomprensible que una costumbre que introdujo un tipo tan odioso sea tan bien recibida", dijo el rey, que, dicho sea de paso, era alcohólico.

El príncipe Mauricio de Orange (1567-1625), comandante en jefe del Ejército holandés, consideraba que los fumadores no servían de soldados, y el médico doctor Beverwijck informó en un volumen de consejos muy leído: "Conocí a un hombre que estaba acostumbrado a fumar diariamente veinte pipas, costumbre que siguió tanto tiempo hasta que ya no pudo tomar aire y murió asfixiado". También las depresiones y la impotencia fueron atribuidas al tabaco.

Por el contrario, otros médicos consideraban que fumar tenía efectos curativos. El médico Nicolaes Tulp (1593-1674), retratado por Rembrandt, recetaba a sus pacientes cigarros perfumados como medicina. Tulp, un fumador empedernido, alcanzó la - para su época- poco habitual edad de 81 años.

Con el transcurso del tiempo, fumadores y no fumadores aprendieron a perderse de vista mutuamente. Cuando el bucanero holandés Piet Heyn (1577-1629) salió a la mar en 1628 para capturar a la flota española, en sus barcos tenía rincones para fumadores y zonas para no fumadores.

La reglamentación de a bordo rezaba: "Nadie puede fumar tabaco, salvo en el lugar previsto delante del palo mayor. Quien no respete esta disposición, permanecerá encerrado ocho días, y en caso de repetir, será lanzado desde el palo mayor".




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