REVISTA YA

Martes 12 de Julio de 2005

Escuela para padres
Las peleas de los padres

Escuela para padres, columna de Neva Milicic.
Neva Milicic, Sicóloga clínica y educacional, doctorada en la Universidad de Gales. Su más reciente libro, junto a otras autoras, es sobre "Déficit atencional".

Pocas cosas son más dolorosas y desconcertantes para un niño que ver pelear a sus padres. Cuando una niñita como Laura cuenta "anoche dormí mal y tuve mucha pena porque mis papás pelearon", uno se pregunta ¿sabrán los padres el daño y el sufrimiento que les causan involuntariamente a sus hijos cuando los exponen a una situación angustiante y que no pueden evitar ni controlar?

Es un gesto de amor a los hijos, ahorrarles el desagrado que es presenciar las peleas de sus padres.

Por supuesto que todas las parejas pelean y es comprensible que a veces haya desacuerdos y que se sientan muy enojados, pero es necesario tener el suficiente autocontrol para evitar que la agresión se despliegue frente a los hijos. Sería un acto de negligencia paterna no plantearse los efectos que la agresión que el niño observa entre sus padres tiene para su desarrollo sicológico actual y para su salud mental futura. Un niño que ve pelear frecuentemente a sus padres en forma violenta no sólo tiene miedo y sufre, sino que se desconcierta. Si insisten tanto en que no pelee con sus hermanos y con sus compañeros, ¿por qué pelean ellos? Una consecuencia importante de las peleas es entonces que perciba a sus padres como inconsecuentes, los que con ello pierden legitimidad para limitar las agresiones de sus hijos. Ellos se ven envueltos además en un conflicto de lealtades. ¿Quién tendrá la razón¿ ¿Será verdad que mi mamá es irresponsable con el dinero? ¿Será verdad que mi papá es un tacaño?

Suponemos que si usted se da el tiempo para leer esta columna no está en el grupo de padres que intencionalmente involucra a su hijo en sus problemas buscando que se abanderen a su favor, inculpando al otro por diferentes cosas, con frases como: ¿Ves tú lo que hizo tu mamá o tu papá?

Una actitud de esa naturaleza daña la imagen de ambos padres. José decía, "A veces odio a mi papá porque no es capaz de comprarme ni un par de calcetines y otras veces odio a mi mamá cuando me lo recuerda". Estos sentimientos de rabia son compartidos por todos los niños que han sido expuestos frecuentemente a las peleas de sus padres.

Otro riesgo no menor es que los niños comienzan a aceptar que es un tipo de relación normal de pareja. Así una niña puede interiorizar que la descalificación es una forma aceptable de tratar al marido y un hijo hombre puede creer que eso es lo normal en una relación de pareja.

¿Le gustaría que su hijo o hija se dejara tratar así por su pareja o que aprendiera a tratar de esa manera?

Por supuesto que hay derecho a estar en desacuerdo y a pelear, porque cuando nunca hay peleas en una pareja significa que las necesidades de uno de los miembros están siendo silenciadas.

Intente que sus hijos no sean testigos de lo peor de la relación entre ustedes, porque ellos no ven cuando se reconcilian y se quedan con una imagen negativa.

Postergue la discusión de los temas conflictivos para cuando puedan a solas conversar largo. ¿Qué les parece tomarse un café? Llegar a conclusiones con la cabeza fría predispone a escuchar y a resolver mejor los problemas de la ofuscación. Y si pelea en forma destructiva, pida ayuda, de manera que las peleas no sólo terminen destruyendo el amor entre ustedes sino que dañen a sus hijos.


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