VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 12 de Diciembre de 2009

Lupe Bornand:
El gusto de vestir santos

Convertir las clásicas figuras religiosas en instalaciones llenas de significado es su obsesión. Con mucho de kitsch, de magia, de buen humor, y tanto respeto como envidia por quienes creen en ellos a pie juntillas.  
Texto, Paula Donoso Barros  Dos días a la semana Lupe se sumerge en un universo envidiable. En un taller luminoso y repleto de cosas fascinantes se traslada, como si de Alicia se tratara, a su mundo de maravillas. Todas las que quiera, todas las que quepan en su imaginación y para las que tiene todos los ingredientes bien guardados en cajitas, en el frasco preciso, en el cajón a la medida.

La especialidad de Guadalupe Bornand es la dirección de arte. De hecho es su profesión, y como tal se ha encargado de generar los mundos para un sinfín de comerciales y varias películas como Coronación o Cachimba del director Silvio Caiozzi, su marido.

Pero estos dos días a la semana ella trabaja para ella. Sin libreto. Sin guión. Convierte en instalaciones mágicas, excesivas, irónicas, ingenuas, cualquier pieza del amplio espectro de imaginería católica que encuentre en sus búsquedas por la ciudad.

"Necesitaba una manera de expresarme", dice para darle una causa a su afición. No sabe por qué le llaman tanto la atención. No es católica, pero tampoco cree que estas imágenes sean propiedad de un credo. "Por sí solas no tienen sentido salvo que uno las ponga en contexto...". Reconoce que trató de darle un marco teórico a su trabajo y que tampoco le resultó. Que finalmente supo que su compulsión por vestir vírgenes con mantos floreados a punta de decoupages; por darle una cama de plumas a la Difunta Correa, por colgar de cabeza a un San Antonio con novios de resina comprados en calle Meiggs o por acompañar de joyas y palomas encarceladas al patrono de los rateros... "No tiene que ver con religión, ni con una teoría ni con venta de pomada ... es sólo el gusto por hacer, y hacer cosas estéticas".

Ya está pensando en otros iconos: budas, krishnas, quien sabe lo que encuentre por ahí. Si partió con las vírgenes es sólo porque se trata de un universo que le resulta más cercano. "Mi mamá era muy católica y me emociona la fe de la gente; me conmueve y me provoca un poco de envidia porque me gustaría tenerla... pero soy mucho más rebelde".

"¿Sabes qué pasa?", dice dispuesta a explicar su necesidad de cruzar el espejo y sumergirse en la magia. "Me cuesta identificarme con la sensibilidad actual. La ciencia ficción no existe, es el hoy... la escala de valores es otra...y el mundo de las imágenes me da la posibilidad de refugiarme en este sueño; es la búsqueda del mundo ideal".

¿Una manera de afirmarse a algo?

-Quizás es un asidero, pero no es ponerle faramalla, no es rellenar. Cada imagen va pidiendo una cosa en especial. Yo he tratado de hacer un mundo respetuoso. Tenía ganas de hacer a San Expedito, porque ha sido el santo más vapuleado, más comercial, y no he podido. Yo creo que es porque se saldría de la línea de lo que he hecho.

Los tres días restantes de la semana hábil está ocupada en otra vertiente, por casualidad también religiosa. Luego de hacer varios cursos de restauración en la Escuela de Artes Aplicadas con un especialista italiano de la Escuela Lorenzo de Medicis, el maestro la seleccionó para trabajar en la cúpula de la iglesia de Los Angeles Custodios, en Providencia. "Estamos recuperando ocho tondos con los apóstoles".

-Soy una eterna estudiante- dice mientras prende el cuarto o quinto cigarro y se ríe con carcajada ronca de fumadora impenitente. "He hecho cursitos de decoupage, de pintura, de tercera dimensión, de todo y mucho libro... me gusta tener material para experimentar. Porque casi nada lo uso tal cual viene, a todo le hago algo".

La biblioteca del taller la avala. Impresionante. Historia de todas las artes, libros con todas las técnicas, diseño, artistas, "yo no leo novelas, en mi velador siempre hay libros sobre cómo hacer cosas. Mis placeres no son los zapatos ni la ropa, sino cualquier cosa que me pueda servir, y recoger, "todo" lo que pueda servir para "algo"...".

En una pieza se suman las instalaciones. Quince, veinte serán las que ya están listas. Incluso una llena de hadas para una de sus nietas. Están a la espera de convertirse en una exposición.

Ya se pueden ir distinguiendo distintos períodos y, de a poco, Guadalupe va acumulando material para dar el salto de lo juguetón a lo serio. Como adelanto, con ojitos brillantes abre puertas y cajones y muestra verdaderos reliquias, niños de la silla, policromías quiteñas...

-Mi paso siguiente en las instalaciones es hacer algo más fino en cuanto a materiales. Pero las figuras ecuatorianas, por ejemplo, valen 300 mil pesos, ¡la pura imagen! y si uno empieza a sumar, el costo de cada instalación es enorme.

Todo a su tiempo. Por el momento seguirá trayendo sus cargamentos de papeles, plumas, lentejuelas y moldes de yeso al vacío de cada viaje y corriendo rauda cuando sus conocidos le avisen de "algo que podría servir para algo".

 


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Foto:Viviana Morales


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