EL SÁBADO

Sábado 14 de Abril de 2012

 
Las testigos clave del caso Zamudio

Una sencilla familia de Maipú se encontró de golpe en una situación dramática: cuidar su seguridad o ayudar a resolver uno de los crímenes más impactantes que haya visto el país. Optaron por lo segundo, entregando, en secreto, evidencia y la identidad de los cuatro detenidos por el asesinato de Daniel Zamudio: Alejandro Angulo, Patricio Ahumada, Raúl López, y Fabián Mora. Hoy, las dos hermanas cuentan por primera vez cómo se aclaró el caso y relatan la angustia y amenazas que han sufrido tras la filtración de sus nombres.  
Rodrigo Fluxá  El domingo 26 de febrero a Katerine P.G., 21 años, le dio sed. Recuerda que tomó el teléfono y que llamó a Melanie, su hermana, de 20:

-¿Querís venir a tomarte algo conmigo?

Ella le dijo que sí, pero que andaba con su pololo y con un amigo.

Alejandro Ángulo (26), el pololo; Patricio Ahumada (25), el amigo; y Melanie llegaron a la pieza cerca de las dos de la tarde. Tomaron ron y cervezas. Hablaron de música. Escucharon metal y electrodark.

En un punto Ahumada dijo que tenía una movida para ir a buscar unas cosas robadas, entre ellas un Wii. Ellas no se extrañaron: sabían, en ese punto, que él estaba con beneficio carcelario, pero cumpliendo una condena de 5 años y un día. Sabían también la razón:

"Le había desformado la cara a un travesti", dice Melanie.

Ahumada, pensando en el Wii, les preguntó:

-¿Me podís prestar ese bolso azul para llevarlo?

Katerine le respondió:

-Ya, pero me lo devolvís.

*

Gino P.B., el padre de ambas, es empleado administrativo de Alsacia, empresa del Transantiago. Trabaja muchos turnos de noche. Su mujer trabaja de peluquera en su casa y a domicilio. Viven desde siempre en Maipú. Tienen cinco hijas.

Katerine y Melanie son las mayores. Ninguna ha terminado el colegio. Melanie tiene que dar cuatro exámenes libres este mes para sacar el cuarto medio. Quiere estudiar estética. Katerine, luego de verse envuelta en el robo de un libro de clases, tuvo que dejar el suyo. Intentó estudiar gastronomía y electricidad, pero no terminó ninguna de las dos carreras.

"Imán para los cachos, las dos", dice el papá, sentado en el comedor de su casa, con las dos al frente. Ellas se ríen. Tienen el pelo teñido rojo. Fuman. Melanie tiene una falda corta, con medias caladas. Seguía la tendencia visual, pero ya no se viste entera de negro. Comenzó ir a la galería Eurocentro a los 14 años. Allá nadie la conoce por su nombre real, sino por un apodo japonés. Intenta mantenerse siempre alejada de las peleas.

"Nos avisaban cuando los nazis iban a hacer las barridas, para que no nos apareciéramos. Llegan como 30 o 40 pelaos con cadenas a pegarle a cualquiera que pareciera un poco gay. Se ven peleas, pero apenas empezaba una, yo me iba".

Melanie ubicaba, por una amiga en común, a Daniel Zamudio: sabía que él quería ser modelo, que quería triunfar en eso. Según dice ella: "Sus papás lo habían echado de la casa cuando les dijo que era gay".

Hace dos años Melanie conoció a Alejandro Angulo en la discoteque Blondie. Se hicieron amigos. Lo ayudó a sobrellevar la difícil relación con su mamá: lo acompañó a su casa y vio cómo ella ni siquiera le abría la reja. El padre no era una figura presente en su vida.

"Nada nunca me hizo pensar que era violento. Nunca le escuché un comentario racista u homofóbico.... Sí tenía varios amigos gays. Y la detención que tenía por pegarle a unos peruanos, según me contó, fue por defenderse, porque lo habían tratado de asaltar a la salida de una disco".

En enero de este año se pusieron a pololear. A su familia no le gustaba una cosa: él tenía 26 años, y pese a presentarse como coreógrafo, bailador de flamenco e imitador de Michael Jackson, no tenía trabajo ni estudiaba. No sabían de dónde sacaba la plata.

La madre de Melanie dice:

-Uno ve una parte de la gente. Llegaba acá a la casa y era bien educado, saludaba. Una no tiene cómo saber el resto.

Alejandro le presentó muchos amigos s Melanie, incluido algunos con antecedentes penales, como Ahumada. Ella se limitaba a saludarlos de lejos.

-¿Por qué?

-No sé, me daban mala espina.

*

A las tres de la mañana del viernes 2 de marzo, mientras Daniel Zamudio yacía inconsciente en el parque San Borja con un traumatismo encefalocraneano grave, con la cara deformada por golpes con objetos contundentes, con una fractura expuesta de tibia y peroné, con una oreja mutilada, con quemaduras de cigarro en el cuerpo y con una esvástica grabada en el pecho, Katerine estaba sentada frente al computador en la casa de sus papás. Escuchó unos gritos afuera. Salió y vio a Ahumada y Ángulo.

"Me asomé y les grité de vuelta: váyanse, están raja de curaos, la Melo no está acá. Pero el Pato empezó a gritar que estaba enamorado de mí y que quería darme un beso. El Alejandro casi no se podía sostener: se quedaba dormido en la pared".

Ella abrió la reja y vio que Ahumada tenía el bolso que le había prestado justo una semana antes. Se lo exigió de vuelta.

-Ya, pero ten cuidado que tiene sangre. Le rompimos las piernas a un loco -le respondió él.

Antes de pasárselo de vuelta, Ahumada sacó el Wii y lo metió en una mochila oscura, más chica.

"Esto no se lo he dicho a nadie, pero era la misma que dicen que tenía Zamudio ese día y que nunca apareció. Tomé mi bolso y estaba todo húmedo".

Katerine, sospechando que irían a ver a su hermana, que estaba durmiendo donde su abuela, la llamó por teléfono:

-Están raja. No salgas.

En efecto, aparecieron en la otra casa, también en Maipú, a la media hora. Alejandro le pidió a Melanie que saliera diez minutos. Casi no se mantenía en pie: le dijo que se habían tomado ocho botellas de ron.

-¿Entre cuántos? -le preguntó.

-Entre cuatro.

Según recuerda ella, Ahumada le dijo, a pito de nada:

-Le pegamos a un hueón, le tiramos una piedra encima.

-¿Qué estái hablando, oh? Si estái curado.

-No, si le pegamos.

Los acompañó hasta la esquina. Se perdieron en la noche.

Llamó a su hermana para decirle que ya se habían ido. Se durmió.

Katerine le contó lo del bolso con sangre a su mamá. Ella le respondió:

-Lávalo.

*

Katerine se despertó tarde al día siguiente. A la noche tenía que viajar por un trabajo a Copiapó: un amigo le había conseguido un cupo en una panadería. Cuando comenzó a hacer la maleta se acordó del bolso. Salió al patio a buscarlo.

"Era horrible, tenía pelotones de sangre seca, como coágulos. Me dio asco y lo metí a la lavadora. Cuando se secó aún le quedaba harto. Lo cepillé otro rato, pero había todavía en las orillas. No sé por qué no seguí. Como que sentí que podía ser importante".

La noticia de la golpiza a Daniel Zamudio no llegó a los medios hasta el lunes. La policía, en ese punto, se refería al caso como un puzzle policial. Gino, el padre, la vio en televisión y fue atando cabos.

"¿Quién va a llegar a una casa ajena gritando, fanfarroneando que le rompió las piernas a alguien sin que sea cierto?¿Quién se va a inventar una cosa así? Decidí ir a la PDI de Maipú a contar la historia: yo he cometido muchos errores, pero jamás ha tenido que venir a buscarme la policía a la casa. No quería que mis hijas aparecieran ocultando algo, podía perjudicarlas. En todo caso, la decisión final era de ellas".

Melanie, pese a que estaba su pololo involucrado, lo pensó.

"Cuando leí lo que le pasó a Daniel, lo primero que me acordé fue que mi mejor amiga es lesbiana y tiene 18 años. Me ha demostrado ser mi mejor amiga y la quiero demasiado. Es una hermana más acá en la casa. Yo dije, si le hubiera pasado eso a ella, independiente de quién haya sido, me gustaría que pagaran. Era mi pololo, pero si había hecho algo malo, tenía que pagar por el daño que causó".

Esa tarde su papá la miró y le dijo:

-Vamos.

Ni siquiera le dijo dónde.

Le contó toda la historia a la PDI.

"Ellos no cachaban nada, no tenían nada hasta ese punto. Habían pasado cinco días y cuando les enumeré a los cabros, no los conocían. Les cayó del cielo".

Esa misma semana, antes que lo detuvieran, se reunió con Alejandro. Él ya sospechaba lo que vendría:

"Me dijo: ese cabro que sale en la tele, parece que ése es el huevón que le pegamos".

Después le contó que amigos de Ahumada lo habían amenazado para que se echara toda la culpa él.

En Copiapó, Katerine recibió la llamada de la PDI de la ciudad y también declaró de forma voluntaria. No se convencía.

"Había estado con los dos hace una semana. Y no parecían violentos, hasta cariñosos se habían puesto curados. No me calzaba esa imagen, con lo que decían en la tela. Cómo se iban a volver como bestias sólo por estar curados o drogados".

De todas formas declaró por cuatro horas. Les contó todo, incluido lo del bolso. "Le pregunté varias veces si esa declaración iba a ser secreta. En todas las páginas salía que era confidencial. Estaba súper nerviosa".

*

El viernes 9 de marzo, en un vistoso operativo, detuvieron a los cuatro sospechosos de la brutal golpiza a Daniel Zamudio, en ese entonces aún en coma inducido: Alejandro Angulo, Patricio Ahumada, Raúl López, y Fabián Mora.

Las dos hermanas vieron, aterradas, cómo el abogado de la víctima decía que la cooperación de dos amigas había sido clave en dar con el grupo.

Katerine volvió de Copiapó. Asustada, pidió a su papá que la fuera a buscar al terminal.

La semana siguiente un diario publicó los principales extractos de sus declaraciones ante la PDI, con sus apellidos incluidos. Gino y sus hijas fueron a la brigada de la PDI para saber qué había pasado. Les dijeron que ellos sólo le pasaron todo el material a la fiscalía y que la investigación la tomó Carabineros. Trataron de comunicarse con la fiscalía sin éxito.

Las dos dejaron de salir a la calle, empezaron a sobresaltarse con cualquier ruido en su pasaje, y parientes de fuera de Chile, que leyeron la noticia, viajaron al país para ayudar en la protección.

Melanie, tras unos días refugiada fuera de Santiago, comenzó a recibir advertencias.

"Al menos cuatro amigas me dijeron que mejor no me apareciera por el Eurocentro, porque había amigos del Pato diciendo que me andaban buscando para pegarme. Tengo guardados los mensajes. Incluso, gente que ni siquiera conozco me apunta en la calle. La otra vez fui a comprar a la esquina y me decía: ahí está la polola de los que matan a los homosexuales. Yo no soy como ellos".

La familia tiene decidido cambiarse de casa, fuera de Santiago.

"Estoy pensando todo el día -dice Katerine- que vienen y agarran a balazos la casa. O que les hacen algo malo a mis hermanitas chicas, que están todo el día jugando afuera. Sabemos que al menos uno de ellos sí tiene contacto y amigos con gente mala".

La madre nunca estuvo de acuerdo con colaborar. Ha tenido largas discusiones con el resto de su familia.

"Claro que pensé en el niño muerto y que era lo correcto de hacer, pero mire cómo estamos nosotros ahora. Éramos una familia normal que trataba de mantenerse fuera de los problemas, y quedamos totalmente desprotegidos. ¿Con qué cara pueden pedirle a ciudadanos que colaboren, que lo hagan de buena gente? Suponíamos que iban a protegernos, no entregar sus nombres a todo el mundo. No sabemos las conexiones que tienen estos tipos o si otro loco leyó los nombres en el diario y quiere vengarse".

"Yo no me arrepiento", dice Melanie. "Hicimos lo que correspondía y esperamos que el resto de la gente, las policías y la fiscalía, hicieran lo mismo. Y no ocurrió. Salieron en la tele como muy eficientes resolviendo el caso en una semana, cuando la verdad es que sin nosotros no tendrían nada. Cuando declaré, nos dijeron expresamente que esto quedaba ahí, que no va a salir tu nombre ni la declaración. Firmamos cada página, diciendo que era confidencial. Me siento culpable, porque hice cambiar de vida a mi familia. Ellos tienen problemas de plata. Mi mamá atiende público. Sus clientes la conocen. La perjudica, pero no me arrepiento. Hice lo correcto".

En la fiscalía aseguran que ellos no filtraron los nombres de las testigos y que no pueden dar protección si nadie ha hecho la petición formal.

El papá dice que ha faltado al trabajo y que llama todo el día a la casa, esperando que no haya novedades.

"No sé cuantas personas habrían hecho lo que hicieron ellas. Estoy angustiado, pero orgulloso de ellas".

*

El lunes 26 de marzo, Melanie llegó hasta el sector de visitas del penal Santiago Uno. Esperó nerviosa su turno para ver a su pololo, para terminar con él.

-Necesitamos hablar -empezó-. Vengo a cortar todo lazo contigo. No te voy a venir a ver más, no te voy a llamar más, no vas a saber más de mí.

Él estuvo de acuerdo, porque no quería seguir mezclándola en el asunto. Ella le ofreció un último favor: avisarle de su situación a un tío que vive fuera del país.

Ángulo le preguntó:

-¿Declaraste?

-Sí, conté todo lo que sabía.

Él le dijo que, por lo que había tomado, no se acordaba nada de esa noche:

"Ni de lo que le hicieron a Zamudio, ni de que había pasado por mi casa, ni del bolso. Me dijo: estoy arrepentido, si es que hice algo malo me arrepiento totalmente de haber estado ahí y el hecho de cargar con el peso que quizás fui culpable de un asesinato me daña mucho. Me dijo: prefiero suicidarme antes de pasar por todo esto que estoy viviendo".

A pesar del lugar dónde estaba, de la naturaleza de los cargos contra su ex pololo, de los detalles de la tortura que recibió Zamudio, a Melanie le dio mucha pena esa mañana. Angulo se quebró en la mitad de la conversación, pero ella no lloró ahí adentro; se aguantó hasta salir.

Antes, como si fuera necesario, le repitió:

-Hasta acá no más llegamos.

"(Angulo) me dijo: si es que hice algo malo me arrepiento totalmente; haber estado ahí y el hecho de cargar con el peso de un asesinato, me daña mucho".

"No me arrepiento. Alejandro era mi pololo, pero si había hecho algo malo tenía que pagar por el daño que causó".

 


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