ARTES Y LETRAS

Domingo 24 de Mayo de 2009

ARTE La ciudad que visitará Michelle Bachelet:
En La Haya: el mejor Mondrian, Vermeer y Rembrandt

Cuando la comitiva presidencial llegue esta semana a la capital administrativa de Holanda, algunos de los más preciados tesoros del arte barroco y moderno la estarán esperando. También, en los jardines de la Corte Internacional de La Haya se encontrará con la escultura "La guerra", de la chilena Rebeca Matte.

CECILIA VALDÉS URRUTIA
La Haya

Pocos saben que algunas de las obras de arte más buscadas por aficionados y estudiosos se cobijan en palacios y museos de la llamada "Ciudad de la Paz", La Haya. Se encuentran aquí dos de las más celebradas y escasas pinturas existentes de Vermeer (sólo hay una treintena): "La niña de la perla" y "Vista de Delf". También hay creaciones cruciales del más grande barroco del norte europeo: Rembrandt. Y, en arte moderno y contemporáneo, el museo municipal posee casi 300 trabajos -la mayor colección del mundo-, del creador del Neoplasticismo, el holandés Piet Mondrian.

Otros barrocos tienen aquí su espacio, hay excelente pintura flamenca y cuentan con un valioso patrimonio en arte moderno y contemporáneo. El palacio Lange Voorhout es la sede del museo dedicado al artista gráfico holandés Maurits Cornelis Escher (1898-1972), con sus dibujos que innovan en juegos ópticos. Y en los jardines del llamado Palacio de la Paz de La Haya, la famosa Corte Internacional de La Haya, se encuentra una pieza clave de la escultora chilena Rebeca Matte, "La guerra", de 1913, en bronce, que causó asombro en Europa en su tiempo. La obra fue emplazada entonces como ofrenda pública de nuestro país, lo que la convirtió para Chile y Sudamérica -según la historiadora del arte Isabel Cruz- en el más importante logro artístico alcanzado hasta entonces por una mujer.

Con Vermeer en el Mauritshuis

En pleno casco histórico de La Haya, a pasos de castillos medievales, está el Mauritshuis: el segundo museo más importante de Holanda . En los dos pisos y poco más de diez salas de este hermoso palacio neoclásico, proyectado al borde de una laguna, se exponen tesoros del barroco. La pinacoteca real del Mauritshuis tiene dos de las obras íconos de Vermeer: está "La niña de la perla" (1665), pintura hasta donde llegan expertos para contemplar su belleza y esa atmósfera más íntima y misteriosa que crea Vermeer -según los historiadores del arte del Mauritshuis- con esa actitud profunda del retratado, con su linea y manejo del claroscuro.

Vermeer pintó casi siempre interiores, salvo en sus pinturas "The little street" y "Vista de la ciudad de Delf" (1660-61), considerado el paisaje más importante del siglo XVII en Holanda. Esta obra del Mauritshuis de gran formato (mayor al que acostumbraba Vermeer, y anterior a "La niña de la perla"), reveló en su tiempo su concepto pictórico propio: no sólo al trabajar singularmente la luz, sino que al incorporar la mancha y la textura. Vermeer recurre a la técnica puntillista, no exactamente al modo impresionista posterior, sino que le ayuda a difundir la luz difusa. Y aunque el lugar y la época recreada corresponden a la realidad (la pintura sirve de fuente histórica), el artista va más allá de los personajes y del tiempo. "Imagina y crea los originales a partir de su filtro espiritual", como señala la experta Irene Netta; distinto a sus contemporáneos.

El último Rembrandt

La pintura de Rembrandt "La lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp" es otro emblema del Mauritshuis. Lo pintó cuando residía en Amsterdam y corresponde a la época en que abandona los pequeños formatos y emprende el gran tamaño: fue el primer encargo que lo consagró como el pintor más importante del momento. La pintura conmemora una lección pública de anatomía ante el cadáver de un ajusticiado. Cada retratado contiene una expresión única, que surge con fuerza desde una densa penumbra en la que ilumina sus rostros. Aparece esa presencia contenida del sujeto, sobria y profunda, muy holandesa.

El último autorretrato de Rembrandt, expuesta en el Mauritshuis, es una de sus obras más conmovedoras. Hizo más de 80 autorretratos, pero aquí se muestra más débil y para varios, incluso, transmite una profunda tristeza. Lo pintó poco antes de morir, luego de su quiebra comercial, de la muerte de su hijo y de la muerte de su querida mujer; en el tiempo en que su estilo se torna más experimental y libre.

Junto a otros varios retratos de Rembrandt, se exhiben asimismo obras del siglo de oro como "La comedora de ostras", de Jan Steen o "Naturaleza muerta con fresas", de Jan Coorte. Hay una extraordinaria y pequeña colección de flamencos del XVII con Van Dick; Rubens; Brueghel, el Viejo, y otra de artistas tempranos de Alemania y Flandes como Holbein y Cranach.

Mondrian total

En tanto, en el gran museo modernista Gemeentemuseum de La Haya se encuentra la mayor colección del mundo sobre Piet Mondrian. Se exhiben (y desde no hace mucho) prácticamente la totalidad de este patrimonio, integrado por más de 200 obras de todos sus períodos, entre pintura, acuarelas y dibujos; además de sustanciosos documentos. Es el mejor lugar del mundo para conocerlo a fondo.

Están aquí, en decenas de salas, desde sus pinturas iniciales, cuando hacía obras naturalistas y paisajes de su pueblo, los retratos, los árboles y molinos, de fines del XIX. Se pasa por esas postimpresionistas y dramáticas vistas nocturnas al estilo Van Gogh, como "Summer night". Ya en pintura se encuentran tres figuras más geométricas (1910-11) donde aparece la infuencia de sus contemporáneos Picasso y Braque, que toma de su primer viaje a París, en 1911. Año en que empieza su interés en la teosofía, que lo incentiva en su evolución abstracta.

En 1912-14 se encuentran los primeros ejemplos claros de síntesis abstracta de la naturaleza, mediante líneas horizontales y verticales negras y los tres colores puros: rojo, azul y amarillo. En 1915 conoce a Theo van Doesburg y, unidos por sus concepciones de buscar la forma más pura para representar el arte, fundan la revista De Stijl y crean la corriente del neoplasticismo, que llegará también al diseño y a la arquitectura.

En los años 20 sus obras sintéticas y geométricas prosiguen sólidas.. En Nueva York , Mondrian se fascina por la música y el baile del boogie-woogie. Su último gran trabajo, inconcluso, antes de su muerte, gira en honor a ello: "Victory boogie-woogie", 1943-44: un óleo con piezas de papel, plástico y yeso con formas geométricas y colores que juegan con la visualidad del espectador. El Estado holandés la adquirió en 37 millones de euros, en 1997. Hoy protagoniza una de las salas del Gemeentemuseum, junto a otras pinturas y objetos del mejor arte moderno y contemporáneo.


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