VISIÓN NACIONAL

Miércoles 17 de Noviembre de 1999

¿Se Seca el Lago Caburgua?

La peor sequía del siglo tiene a mal traer a ese hermoso lago sureño. Cada vez tiene menos agua y más tierra en la playa. Evacua más de la que ingresa.
Por Iván Fredes

El fenómeno comenzó hace dos años en el lago Caburgua. El agua empezó a retroceder lentamente. Primero, unos pocos centímetros, después unos metros, más tarde centenares y finalmente casi un kilómetro. Conforme retrocedió el agua, aumentó en la misma proporción su estrecha franja de playa y dejó colgando en el aire a los ribereños embarcaderos de lanchas.

Se está secando el lago, fue el comentario generalizado de los sorprendidos lugareños y turistas.

Ahora, la arenilla volcánica que recibía a los bañistas en la orilla fue reemplazada por un sedimento fangoso y antiestético.

El lago Caburgua (cuchara de palo, en voz mapuche) es famoso por sus cristalinas aguas, sus playas de arenas negras y blancas y el impresionante verdor que lo rodea.

Está a 24 km de Pucón. Su superficie es de 51 km cuadrados y se eleva a 505 metros sobre el nivel del mar. Su largo máximo alcanza 16,5 km y su ancho 3,6 km. Su mayor profundidad es de 327 metros y su promedio llega a 171.

¿QUE PASA?

El director regional de Aguas, Francisco Díaz, dice que el fenómeno tiene una causa única y precisa: la mayor sequía de los últimos cien años en el sur del país.

El lago Caburgua, vecino del famoso Villarrica y del balneario top de Pucón, tiene un volumen normal de 8.800 millones de metros cúbicos de agua (casi doce embalses La Paloma).

En invierno, después de las intensas lluvias sureñas, sus afluentes principales, el río Blanco, el estero Renahue y otros cauces menores, aportan normalmente un promedio de 60 mil metros cúbicos por segundo (unos doce camiones aljibes).

Simultáneamente, evacua un tercio de esa cantidad y el restante permite recuperar el nivel que también, normalmente, pierde cada verano.

Pero en 1998 las precipitaciones fueron tan escasas que en el verano pasado al lago ingresaban dos mil metros cúbicos por segundo y salían 42 mil, es decir, perdía veinte veces más la cantidad aportada.

El lago empezó a descender progresivamente y alcanzó su nivel más crítico en julio último, cuando bajó 12 metros. Hoy ha recuperado la mitad, es decir, 6 metros, con las últimas lluvias.

Pese a ello, los pronósticos no son optimistas. Ya comenzó a recogerse otra vez y se calcula que para el verano alcanzará nuevamente su descenso más crítico.

Francisco Díaz calcula que este verano puede llegar a perder sobre 750 millones de metros cúbicos (como el embalse La Paloma completo), pero que esa cantidad no tiene ninguna importancia. Representa sólo el 7 por ciento del volumen total.

El problema es meramente estético y visual. El lago no lucirá hermoso y espectacular como antes. Si bien seguirá rodeado de una belleza exuberante, con una vista sensacional al volcán Villarrica, en su playa habrá mucho fango y los bañistas tendrán que caminar mucho más para llegar a la orilla.

FENOMENO TRANSITORIO

Estamos confiados en que el fenómeno se revertirá, porque es una situación transitoria, dice el alcalde de Pucón, Carlos Barra. El año pasado la situación fue crítica, pero mayormente no tuvo un impacto negativo en el turismo, recuerda.

Un caso similar afectó al mismo lago en la década del 40, pero apenas duró un año.

Si bien los empresarios turísticos están preocupados por una eventual menor demanda de sus servicios, Barra asegura que cada año siguen llegando hasta ese pequeño balneario más de 30 mil personas.

Una cantidad extraordinaria si se considera que los residentes son poco más de mil y todos están dedicados a mostrar y explotar turísticamente las bondades del lago, especialmente, cuanto está lleno.


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