DEPORTES

Jueves 13 de Abril de 2006

Para todos los gustos


EDGARDO MARÍN

Me entero de muchas críticas a la transmisión televisiva chilena de Copa Davis. Como siempre sucede -y por aquí va la clave final del tema-, en algunas estoy de acuerdo y en otras no; por una razón muy simple: es cuestión de gustos.

En la evolución que han tenido las transmisiones deportivas, se me ocurre que su elemento central, el relato, está cada vez más intensamente formando parte del espectáculo. Así, creo, lo percibe el público (y si hemos de hilar muy delgado, incluso podemos pensar que el espectáculo, el relato y el público son un todo). La narración -como gustan de llamar a su trabajo los relatores- la hereda la televisión de la radio, que sólo disponía de la capacidad descriptiva del locutor para "situar" al oyente en la cancha. Cuestión compleja, pues hay un escenario geográfico -con zonas de distinta significación-, jugadores que se mueven en distintas direcciones, árbitros que se vinculan con la continuidad del juego y pueden incidir hasta en el resultado del juego.

Tamaña complicación se resolvió por distintos profesionales de diferentes maneras. Unos intentaron ser muy fieles al desarrollo del juego sin perder atractivo. Seguramente fue Gustavo Aguirre (años 40 a 70, "una especie de corner corto y un poquito abierto...") el mejor representante de esta escuela. Otros lograron fidelidad, pero a costa de aburrir. En el otro extremo, algunos resolvieron el asunto inventando. Para ellos, todos los partidos eran espectaculares, vibrantes, veloces, casi todos los remates daban en el palo ("gooool... pea en el palo") y esas cosas.

La televisión trajo facilidades al relator (no es necesario decir dónde sucede una acción, pues eso se está viendo) y trajo dificultades (la imposibilidad de inventar situaciones). Pero, básicamente, el relato televisivo es una adecuación del radial. Hubo intentos, al comienzo del fútbol-TV, de transformar la narración en decir simplemente el nombre de cada jugador que entraba en contacto con el balón. Lo que era, por cierto, una lata. Así, el relato se fue "calentando" y es, hoy, un relato casi idéntico al radial.

Ahora bien, ¿qué estaría permitido y prohibido en el relato televisivo? No hay reglas. ¿No debe apasionarse un relator chileno en una actuación mundial de Chile? ¿Por qué no? ¿Acaso porque es periodista? ¿Y quién dijo que el relator debe ser periodista? Por otro lado: ¿Qué debe darse por subentendido por el público? Pues nada o casi nada, pues el televidente puede ser un entrenador experto o una dueña de casa (o un dueño de casa) que no tiene idea.

De modo que tenemos que concluir que es cuestión de gustos. Y que la única solución es que en las transmisiones deportivas, masivas por definición, idealmente no debiera haber monopolio, de modo que cada uno elija al relator y comentarista que prefiera o al que menos le disguste. Y todos contentos.

Se puede seguir el debate en el Blog de Deportes:

http://deportesblog.emol.com


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