VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 29 de Julio de 2006

ÓSCAR PRAGER:
El jardinero del sombrero elegante

A 42 años de la muerte de Óscar Prager, su forma de diseñar está más vigente que nunca.
Texto, Luz María de la Vega Prat / Fotografías, Homero Monsalves

La investigación botánica era tema de conversación diaria en casa de los Philippi Izquierdo cuando Óscar Prager llegó en 1926 a Chile. Quizás por eso esta familia fue la primera que le mandó a hacer un jardín, le abrió las puertas de su hogar y las de la sociedad chilena. Tenían puntos afines. El abuelo y el padre del abogado Julio Philippi Bihl ­los naturalistas alemanes Rodulfo Amando y Federico Philippi, que habían llegado desde Berlín­, realizaron numerosas expediciones científicas en el país y fueron directores del Museo de Historia Natural; su mujer, Sara Izquierdo, también provenía de un grupo de amantes de las ciencias naturales, dueño del vivero Santa Inés, de Nos.

Prager llegó a esta casa, en Villavicencio 337, donde don Julio ­tres veces Ministro de Hacienda­, su señora y sus seis hijos hablaban alemán y seguían las tradiciones germanas, como recuerda a los 92 años, Isabel Philippi Izquierdo. Ella no superaba los 12 y seguía incansablemente al invitado de sus padres.

La embajada alemana contactó a don Julio con Prager para que le diseñara un jardín interior. Aficionado al paisajismo, el matrimonio ya tenía un parque ­el Fundo San Jorge, en Buin­ realizado por el arquitecto paisajista Pierre Dubois. La conversación sobre los trabajos fue abarcando más temas comunes hasta que Prager, que en ese momento tenía unos 50 años, empezó a pasar más tiempo con ellos que en la pensión donde vivía.

En esa época también creó redes con otros compatriotas como el topógrafo de la Municipalidad de Las Condes Hans von Kiesling, a quien después construyó un gran jardín en El Arrayán y fue incluso padrino de su hijo mayor. Los Schmutzer fueron otros de sus inseparables: les hizo un jardín en Viña del Mar y terminaron siendo tan amigos, que al final de sus días le prestaron un departamento, ubicado frente al cerro Santa Lucía.

En 1927, el día que Prager llegó a la casa de los Philippi Izquierdo, Sarita, una de las hijas menores recuerda que su padre les hizo notar el fino sombrero "con la etiqueta de una tienda de Piccadilly Street, de Londres, que llevaba el 'jardinero'. Era fino y educado; alto y flaco. Se notaba su ascendencia aristocrática. Fue siempre atento con nosotros", cuenta.

Por esos años lo conoció Mario Pérez de Arce Lavín, quien era compañero en Arquitectura de Vicente Philippi Izquierdo. "Prager era un hombre de un carácter especial, sencillo, sensible. Pese a ser de una generación anterior a la mía, cuando comíamos se producía un ambiente agradable y culto. Pasamos una Navidad donde los Philippi. Recuerdo que se emocionó cuando cantaron villancicos alemanes".

Isabel Philippi lo ratifica: "Mi padre acogía a los inmigrantes. Herr Prager se maravilló con el ambiente que se respiraba en nuestra casa. Se leía diariamente a Friedrich von Schiller y a Goethe. Se hacían galletitas y la noche de Navidad era emocionante con los cánticos. Reservado, él no hablaba nunca de su vida personal. Me decía "Isabel ves esas ramas, ¿cómo las podarías?". Yo lo miraba. Él agregaba: "Hay que contemplarlas antes de meterles tijera y arreglarlas para que queden más bonitas". Quería a las plantas como si fueran seres humanos. Conmigo tuvo un gesto maravilloso cuando supo que me casaba; durante un mes cada día me mandó un vaso de cristal tallado con un ramo de rosas. Aún conservo los vasos".

Sin visión de delincuencia

Al reconocer el alcance de nuestra flora, enraizó una forma de pensar el paisaje donde mezcló lo autóctono con lo introducido, considerando el clima, el lugar y la semejanza de texturas. Se fue transformando en una especie de "gurú" del paisajismo, que hizo a los chilenos valorizar sus plantas y geografía, que aportó una mirada diferente a jardines y parques privados y públicos, y al urbanismo de algunas ciudades, en un momento en que todos ponían plantas exóticas e imperaba la moda de los jardines a la inglesa o los muy recortados, influenciados por el paisajismo francés.

Según el agrónomo y paisajista Raúl Silva Vargas, "él no sabía de suelos, ni de fertilizantes, pero su concepción de ligar hombre y naturaleza, lo más profundo del paisajismo, es de gran valor. Tuvo la osadía de incorporar árboles chilenos al quehacer nacional. Se dejó encandilar por la cordillera y en el Parque Balmaceda volcó su mirada hacia ella. Hizo que el chileno medio descubriera la belleza de los cerros. Creo que Juan Grimm es el verdadero discípulo que Prager nunca tuvo..."

Y Grimm se acepta como tal. "La paisajista Marta Viveros me introdujo en su conocimiento. Yo estudié cómo plantaba y sentí que se me abría la Biblia. Hoy cuando proyecto pienso cómo lo habría hecho él. He diseñado algunos espacios donde siento que sólo él los habría entendido". Juan aplaude la manera en que plantó los árboles, a un metro de distancia; el uso del agua; el juego de luces y sombras; las grandes masas de arbustos... Su única crítica es que siente que Prager pensó el Parque Balmaceda como un jardín privado y no como un espacio público que trascendería los tiempos: "No tuvo la visión de lo que pasaría al llegar la delincuencia a Chile; todos los arbustos de sus bordes debieron arrasarse para que no se escondieran los lanzas detrás de la plantación".

Raúl Silva lamenta la falta de respeto que ha habido hacia su obra en este parque producto de sucesivas intervenciones como la construcción de las torres de Tajamar, la instalación de la escultura de la Aviación, la construcción de la línea 1 del Metro y también la de Costanera Norte, donde desaparecieron árboles de cincuenta años. "En La Serena, el desastre pragiano también fue importante. La embajada de Brasil regaló a Gabriel González Videla una gran cantidad de gomeros adultos venidos de ese país, con los que él armó una lindísima avenida que enfrentaba a la antigua estación de FF.CC. Al irse González se dejó morir el parque y la estación...".

De barón a espía

En torno a la vida de Óscar Albert Prager Wenk hay un velo misterioso, quizás porque él mismo fue un personaje enigmático. Se dice que le molestaba que le dijeran alemán. Se sentía mejor cuando se le consignaba como un barón austríaco, porque sentía que este pueblo tenía una tradición histórica mucho mayor. Entre sus clientes se pensaba que su segundo apellido era Von Windshagen y que había sido oficial de caballería de Austria, probablemente porque él lo dijo alguna vez. Pero en realidad, según consta en su pasaporte, que aún conservan los Schmutzer junto a numerosa documentación, nació el 25 de noviembre de 1876 en Leipzig, Sajonia (Alemania).

El fallecido arquitecto Sergio Larraín García Moreno, quien trabajó con él, aseguró a sus alumnos de la Universidad Católica en un seminario sobre jardines chilenos, en 1975, que su amigo era "un noble austríaco; un paisajista y urbanista conocedor de la arquitectura moderna, del budismo zen y del arte oriental, principios que aplica en el equilibrio y en las relaciones de sus jardines".

Reconocido como arquitecto paisajista entre sus pares, no se sabe si tuvo estudios regulares. Marta Viveros ­quien lleva 33 años estudiando su vida y obra, como una forma de que su huella no se pierda­ cree que su cultura sobre la naturaleza era innata, por lo que la reproducía magistralmente en sus jardines. Se sabe que aprendió arte, arquitectura y paisajismo en sus viajes constantes por el mundo. Que una de las filosofías que más lo influyó fue la del "Gesamtkunstwerk", impulsada en Viena, Austria, en 1848. El término es un método de composición, acuñado por el músico Richard Wagner, que buscaba la integración total de las artes. Años después, Prager explicó su visión sobre el tema cuando escribió "El Arte del Paisaje", indicando la importancia de crear para el hombre un marco perfecto con la naturaleza que le haga la vida agradable. Decía que logrando ritmo, movimiento, armonía y vitalidad en un jardín se podía emocionar el alma humana y llegar a la espiritualidad, al igual que con las demás artes.

Vivió en California, aproximadamente entre 1903 y 1914. Allí desarrolló una serie de proyectos particulares y públicos, y fue director de Parques de Oakland. Sin embargo, pese a haberse convertido en ciudadano norteamericano, decidió regresar a Alemania para alistarse en el ejército y combatir a los rusos en la Primera Guerra Mundial. Fue gravemente herido y recibió una condecoración al valor. Once años después volvió a Estados Unidos, donde realizó otras obras como el Lake Site Park (a orillas del Lago Merrit), jardines de escuelas y residencias privadas.

Según cuentan quienes lo conocieron, entre ellos Sergio Calvo, uno de sus clientes, probablemente fue el clima hostil que se creó al entrar a ese país en guerra con Alemania la causa de que fuera acusado por el gobierno norteamericano de alta traición: un espía trabajando para su país de origen. Fue deportado en 1921 y tras escapar del tren en que viajaba detenido desde California a Nueva York, se habría refugiado en Argentina donde sus amigos le dijeron sería bienvenido.

Allí vivió cuatro años y se le asocia a obras hechas por el paisajista francés Carlos Thays. Parte del parque Palermo tendría "su mano", especialmente el sector del rosedal, además de algunas haciendas bonaerenses; el Parque Centenario y su rosaleda, en Tucumán; en Bariloche, un plan de forestación.

El Intendente de Santiago, Alberto Mackenna Subercaseaux ­quien quería embellecer el San Cristóbal­ lo invitó a participar en Chile en un concurso para "decorar la cantera". Prager resultó ganador según consta en el diario El Mercurio del 3 de marzo de 1926. Si bien no se concretó todo el diseño del Jardín Zoológico, parte de la plantación arbórea que propuso se conserva hoy, como los ceibos y las avenidas de jacarandás.

Personaje de sociedad

La arquitecta Marta Viveros ­que efectuó una completa investigación Fondecyt, junto a Liliana Lanata, María Isabel Fuentes y Eduardo Vilches que dio origen al libro "Óscar Prager, el arte del paisaje", editado en 1997­ comenta: "Recopilamos un gran número de testimonios de sus clientes, todos contradictorios cuando se trató de su vida privada. Lo cierto es que era agnóstico, no se casó, ni tuvo hijos, aunque se comenta que tuvo amores".

Ya en 1937 era considerado un personaje; en diciembre de ese año Zig-Zag publicó un artículo donde lo nombraban como uno de los más importantes arquitectos de la época, junto Jorge Arteaga, Sergio Larraín García Moreno y otros. Su consagración vino al convertirse en la mano derecha del célebre urbanista Karl Brünner, quien le encomendó el estudio de una serie de ciudades. A Prager se deben el Plan Regulador de La Serena y Coquimbo, trabajo desarrollado junto al arquitecto Guillermo Ulriksen. Además, en esa región diseñó el Parque Nacional Coll y el Parque Pedro de Valdivia. En Osorno no sólo hizo el Plan Regional sino que proyectó las plazas de Armas y Suiza; el Parque Cuarto Centenario; las poblaciones Matthei, Rahue y Corvi; la avenida Mackenna. En Puerto Octay también está la mano de su trazado.

Tanto quiso Prager a este país que pidió ser enterrado en Chile. El 19 de septiembre de 1960 murió en la Clínica Dávila y descansa en el cementerio Santa Inés, de Viña del Mar, en la tumba de la familia Schmutzer, sus amigos por más de treinta años.


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1- Sus clientes recuerdan a Óscar Prager como un hombre trabajador, elegante y de amena conversación.
1- Sus clientes recuerdan a Óscar Prager como un hombre trabajador, elegante y de amena conversación.


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