VIDACTUAL

Sábado 15 de Agosto de 2015

 
El mundo es un jardín

"Hay flores por todas partes, para quien quiera verlas! (Mattise)  
Por Juan Antonio Muñoz H. La canción interminable de Carmen Barros

Parece un desafío, y en cierta medida lo es. Carmen Barros, en plena actividad en teatro y televisión, acaba de lanzar un disco en conjunto con el pianista Valentín Trujillo. Lo tituló "90... y qué" porque ella tiene 90. Si sumamos los 82 de don Valentín, llegamos a 172 años, reunidos en once pistas que desde ya son parte de la memoria de este país, tan dado a olvidar a sus artistas, más si son mayores.

Pero este no es un álbum que valga sólo por el esfuerzo, por el empecinamiento de seguir haciendo cosas, de mostrarse activo. Eso sería repetido y también mezquino.

Tiene muchos valores. Primero el repertorio, una mezcla rica, plástica se diría, de canciones que nos cuentan de otros tiempos más cabales, menos tontos y vacíos. Tiempos con ilusión también, hoy extraviada. Una trama donde brillan Hammerstein & Rodgers, René Touzet, Mercer & Arlen, Ira y George Gershwin, Louis Trenet... Más cerca de nosotros, Vicente Bianchi y Félix Núñez en "No te vayas, amor", y Francisco Flores del Campo en "Luna que pasa mirando" y "Mi valsecito".

La pista 10 es un imperdible: "Das Lied ist aus" (La canción se acabó), de Walter Reisch / Armin Robinson / Robert Stolz, en arreglo de Nico Dostal, con la voz pidiendo "No me preguntes por qué". Favorita de Richard Tauber, su amiga Marlene Dietrich siempre la cantó en sus presentaciones, recordándolo. También está en el magnífico álbum "Du bist die Welt für mich" (Sony), del gran tenor de nuestros días, Jonas Kaufmann. Carmen Barros, en perfecto alemán, canta esto de manera entrañable, incluido un fragmento parlato que aumenta la intensidad del silencioso drama que se describe.

Además, la selección es interesante por la temática. Son canciones de alguien que tiene un pasado, como ocurre en "No te importe saber", "Que reste-t-il de nos amours" y "Das Lied ist aus", y de alguien que añora y todavía sueña, como en "Luna que pasa mirando" y "Over the rainbow". Algo nos quiere decir Carmen Barros, y nos lo dice. Parece saber que "No eres la misma de ayer", como canta en "Mi valsecito", y es maravilloso que no lo sea, pues tiene 90 años muy bien vividos. Es posible que no siempre la voz suene sólida y que algo del esmalte se haya perdido: son las naturales y magníficas huellas que deja la vida. Pero ahí está ella con toda su gracia, su musicalidad, su dicción, su fonética impecable en cuatro lenguas y, en especial, con esa enorme capacidad para conducir por las emociones. Es Carmen, con su increíble vida a cuestas.

La vida de la Virgen -remasterizada- según Hindemith y Rilke

Hoy es 15 de agosto. Día de la Asunción de la Virgen. Hagia María, cantaron los antiguos y el reguero se extendió pronto por toda la cristiandad. Casi todos los grandes compositores alguna vez crearon pensando en ella. Hasta Wagner, para desbaratar el Venusberg de "Tannhäuser".

Esta vez no propondremos las Cantigas de Alfonso X El Sabio ni las maravillas que surgieron de Monteverdi, de Purcell, de Bach, de Mozart, de Verdi. Tampoco a Schubert ni a Gounod. Nos centraremos en Paul Hindemith (1895-1963), rara vez escuchado en estas tierras y creador de lo que podríamos llamar "contrapunto inarmónico", en el que la norma combinatoria tradicional se mezcla con un régimen que se aparta de la tonalidad. Su trabajo fue estructurar una nueva concepción tonal, basada en principios acústicos y contrapunto (Bach), pero alcanzando un amplio espectro de expresión cromática. Además, en su ópera "Matías el pintor" ("Mathias der Maler", 1938) pudo expresar su idea de que la música es un universo que contiene una serie infinita de sonidos: "No podemos sustraernos a la esfera que nos ha creado; por cualquier camino, marchamos por ella", en palabras del protagonista Matías Grünewald.

También Paul se ocupó de María. Esa trama musical y aquella conexión planetario-astrológica se encuentran en el exigente ciclo para soprano y piano "Das Marienleben" (La vida de María), destinado a intérpretes superiores y a un público iniciado. Fue el pianista Glenn Gould quien luchó por interpretarlo y hacer un registro completo. En sus palabras, "en su forma original de 1922/23, 'Das Marienleben' es el más grande ciclo de canciones jamás escrito". Obra extensa (15 números en 80 minutos de música), pone en notas la serie homónima de poemas de Rainer Maria Rilke, que describe momentos de la existencia de la Virgen -desde el nacimiento a la muerte- a través de visiones que parecen alucinadas. De enorme complejidad musical y con un texto denso repleto de imágenes destinadas a una cantante que sepa transmitir las atmósferas y el asombro con certera capacidad musical, no ha sido suficientemente abordada ni en vivo ni en surcos; el propio Hindemith escribió una versión alternativa en 1948, más fácil de asimilar por oídos tradicionales.

La versión de referencia (no hay muchas) se produjo en dos temporadas de trabajo en 1976 y 1977, y los resultados son los de una aventura apasionante. En la titánica e intensa tarea, Gould está en su salsa, mientras que la ucraniano-canadiense Roxolana Roslak cumple muy bien por dinámica y extensión, aunque no alcanza a explorar los mil matices que se proponen. Solo Elisabeth Schwarzkopf habría podido hacerlo, pero sus relaciones de Gould no fueron tan buenas. "Digamos que fue un amor desgraciado...", dijo la soprano, quien solo aceptó editar los "Drei Ophelia Lieder", de Strauss, grabados con el pianista. El doble álbum Sony se lanzará remasterizado el 9 de octubre.

Entre algunos pocos más, también existen los registros de la notable Soile Isokoski -tan venerada como ausente- con la pianista Marita Viitasalo (versión 1948, Ondine), y la de Maya Boog con Michael Laker (CPO).

Disponible en Amazon y por encargo en Todoclásico, Pueblo del Inglés, Manquehue 1695, local 114, Vitacura.

La muerte del cisne: Jonathan Ollivier

Tenía apenas 38 años Jonathan Ollivier cuando, viajando en su moto, fue impactado por un Mercedes negro después de las 11 de la mañana del domingo 9 de agosto. Murió en el mismo lugar del accidente -Farringdon Road, en la zona de Clerkenwell-, apenas unas horas antes de una función en el teatro Sadler's Wells de Londres donde encarnaba el rol de Luca en "The Car Man", coreografía de Matthew Bourne. Estaba casado con la bailarina Desiré Samaai.

El conductor del auto fue arrestado por conducción temeraria y acusado de provocar el fatal accidente.

Fue Ollivier quien encarnó al cisne principal en la aplaudida y controvertida versión de Bourne de "El lago de los cisnes", en el que todas las aves encantadas son hombres. Bourne declaró que el artista era "uno de los bailarines más carismáticos y poderosos de su generación". El mundo de la danza lo llora.

 


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir



[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales