EL SÁBADO

Sábado 14 de Enero de 2012

María Isabel Farah Silva
La enigmática vida de la reina de La Polar

La vida de la ex gerenta de administración y finanzas de La Polar estaba marcada por su trabajo.  
Por Sabine Drysdale Su madre, Atilana Silva, a veces se amanecía esperándola. Doce de la noche, una, dos, tres, cuatro de la madrugada, y María Isabel Farah seguía trabajando en la oficina que ocupaba en La Polar, un oficina pequeña, de muebles pasados de moda, en la comuna de Renca. A veces no aparecía en su casa hasta el mediodía del día siguiente, ojerosa, pálida, extenuada. Sufría jaquecas explosivas. Tenía el horario trastocado.

-Nosotros le decíamos que tenía que parar y contestaba que lo iba a hacer. Ella estaba a punto de jubilar -dice al teléfono su hermano Jorge Farah, comerciante, ex marino mercante-. Hasta que viene esto de las repactaciones.

María Isabel Farah, 55 años, ex gerenta de administración y finanzas de La Polar, está en prisión preventiva desde el 15 de diciembre pasado, cuando la jueza María Verónica Orozco la calificó como un peligro para la sociedad tras su presunta participación en el mayor fraude en la historia financiera chilena. El caso estalló el 9 de junio, cuando salió a la luz pública la repactación de deudas de más de 470 mil clientes -después se supo que alcanzaban al millón- sin el conocimiento de éstos. Clientes que no pagaban aparecían en la contabilidad como "al día", generando en el mercado una falsa idea de solvencia. La manipulación contable de los números de La Polar hizo que luego, tras estallar el caso, el precio de la acción se desplomara, llevando a la multitienda al borde de la quiebra. A María Isabel Farah, junto al ex gerente general Pablo Alcalde y al ex gerente de productos financieros, Julián Moreno, se les acusa de faltas a la Ley de Valores y de Bancos, uso de información privilegiada y entrega de información falsa al mercado.

María Isabel Farah alega total inocencia en estos delitos, aunque cercanos a su defensa admiten que se reprocha a sí misma la negligencia de no haber advertido lo que sucedía, y responsabiliza a Julián Moreno.

-A ella le suministraron información falsa -dice una fuente ligada a su defensa-. No tuvo la sagacidad para advertir lo que estaba pasando, y eso es lo que más la tiene afectada hoy, no haberse alertado a tiempo. Le duele haber fallado en eso. Ella tiene cierto concepto de sí misma y siente que le pasaron gato por liebre -agrega.

Pero en su resolución, la jueza Orozco recordó que las repactaciones unilaterales de deudas constituyeron conductas reiteradas y de antigua data, las que eran de conocimiento de los imputados y que afectaron a numerosos inversionistas y clientes. "La convicción que queda es que se montó una verdadera máquina", concluyó. Y agregó que se trataba de delitos cometidos en un largo período de tiempo y que los imputados habían actuado "de manera concertada".

La jueza lanzó duros comentarios contra los imputados. "Hasta aquí y en esta audiencia no se ha oído nada de reconocimientos, reparaciones ni nada. Solamente ha sido echarse la culpa unos a otros de los delitos que se les imputan alegando desconocimiento, lo que no tiene sustento alguno".

TRAS LAS REJAS

Cuando estalló el escándalo, dice un cercano, María Isabel Farah se mostraba relajada, transmitía seguridad. De hecho, abogados que asistieron a la formalización indican que durante las audiencias se sorprendieron porque ella actuaba con total confianza, pauteaba a sus abogados, les pasaba papeles, incluso uno de ellos escrito con la sigla de una grosería, "CTM", molesta por lo que decía el fiscal. Pero su actitud cambió cuando, pasada la una de la mañana, escuchó que le otorgaban la prisión preventiva.

María Isabel Farah entró en shock.

-Fue el único momento en que reaccionó mal. Se demoró mucho en arreglar sus cosas, sus cosméticos y la gendarme la fue a apurar. Estaba muy impactada, como ida -dice un testigo.

Sus cercanos aseguran que ella jamás anticipó ese escenario, que nunca lo conversó, ni siquiera con su única hija, Katherine D'Angelo Farah, una de las pocas personas que conforman su estrecho círculo de hierro. Es ella quien ahora se reúne con su abogado Alex Carocca a preparar la defensa, con los peritos financieros, y quien se ha hecho cargo de sus asuntos domésticos, de llevarle a la cárcel lo que pudiese necesitar.

Actualmente María Isabel Farah ocupa sus horas preparando documentos para alimentar su defensa, hablando con sus abogados y recibiendo a sus familiares que se turnan para visitarla en los horarios establecidos. Cuenta su hermano Jorge Farah, que han entrado de hasta once personas juntas, que le llevan libros y comida árabe.

-Ella pidió que no fuera más gente que la familia -dice una ex subalterna.

-No debe ser gracia que la vea en la cárcel en esas condiciones. No quiere que la veamos desvalida -agrega.

Sus ex colaboradores, los que la estimaban en la empresa, le enviaron a la cárcel una carta de apoyo que no fue respondida.

-Ella no es expresiva emocionalmente. Tiene otras maneras de retribuir -agrega la misma fuente.

Hasta antes de su detención en el Centro Penitenciario Femenino, en el paradero 7 de Vicuña Mackenna, María Isabel Farah vivía en una cómoda casa en la calle Sotto il Monte, en el sector de Luis Pasteur en la comuna de Vitacura, junto a su madre, su hija y su único nieto. Ahí se juntaba los fines de semana con el resto de sus hermanos, con quienes compartía comida árabe y otros platos que preparaba ella misma. Su familia y un puñado de amigas -que siempre circulaban en torno a ella y no al revés, según cuenta un cercano- conformaban su restringido círculo social.

-Se escudaba en el trabajo. No le gustaba la actividad social. Con suerte iba al matrimonio de un hijo de alguien, sólo porque era mucho el compromiso -dice una ex compañera de trabajo. -No se juntaba con gente de la oficina. Jamás fue a la casa de Pablo Alcalde (el entonces gerente general, también en prisión), ni a la de nadie de la oficina, sus vínculos eran sólo laborales -dice un familiar cercano.

Poco después de que todo este escándalo estallara, María Isabel Farah fue despedida de su cargo. Según cuenta un familiar, su hija Katherine se enteró por la televisión, y esa noche fue a buscarla hasta las oficinas de Renca. Su madre estaba sorprendida.

Los Farah Silva son una familia de origen árabe, de clase media. El padre Jorge Farah Rablah, actualmente nonagenario, es abogado de la Universidad de Chile, está separado de Atilana Silva, dueña de casa. Juntos tuvieron seis hijos: Jorge, Verónica, Marcela, Leyla, Gloria y María Isabel, que estudiaron en el Liceo Barros Borgoño en Santiago. Más tarde se radicaron en el norte, donde María Isabel Farah entró a estudiar Ingeniería Comercial en la Universidad de Tarapacá.

-Ella era súper conocida, seca para los estudios, la mejor alumna de la carrera, hacía clases, ayudantías -dice una ex alumna de esa universidad que la conoció en aquellos años.

María Isabel Farah nunca se ha casado. Al momento de su detención, tampoco tenía pareja.

-Se le pasó el tiempo y tuvo que velar por su hija. Las mujeres así, muy autosuficientes y muy inteligentes, alejan a los posibles conquistadores por su forma de ser -explica su hermano Jorge Farah.

Su ascendente carrera laboral en el retail comenzó en Comercial Prat, propiedad de la familia Platovsky. Allí desempeñaba un cargo menor en la gerencia de Finanzas hasta que llegó a ser la gerente de Administración y Finanzas. Uno de sus superiores en esa época la recuerda como una persona "trabajólica en su grado máximo", de carácter fuerte que le gustaba tener a su gente bajo una forma de matriarcado.

-Tanto así que le decían "la Mami" -explica a "Sábado" el mismo ejecutivo que, pese a considerarla muy inteligente y a tener un buen desempeño profesional, decidió despedirla por su mal carácter.

-Es muy llevada de sus ideas, era difícil que escuchara a sus pares y como jefatura no quedaba otra que imponerse bajo una orden y punto. Esa es la principal razón de su despido de Comercial Prat. Fue despedida por mí -asegura el ejecutivo.

Sin embargo, cercanos a María Isabel Farah, cuentan otra historia. Según su hermano, jamás ha sido despedida de ninguna parte y una ex compañera de trabajo en Comercial Prat, que luego la siguió a La Polar, relata que vio personalmente la carta de renuncia que ella habría presentado.

-Yo tuve a la vista esa carta, y por los años trabajados y en agradecimiento, don Milan Platovsky, dueño de la empresa, autorizó a pagar la totalidad del finiquito. Él nos acompañó en el almuerzo de despedida, al que asistieron también todos los jefes en el Centro Español -dice la misma fuente.

Sin embargo, consultado por "Sábado", Daniel Platovsky señaló que fue despedida de Comercial Prat.

Después de trabajar un tiempo en una cadena de supermercados, Farah entró a La Polar como subgerente de Administración en 1999 y, al poco tiempo, fue ascendida a gerente de Administración y Finanzas.

En su declaración a la fiscalía, dice que llegó a esa empresa recomendada por un conocido de Raúl Sotomayor, uno de los socios del fondo de inversiones Southern Cross, que había comprado La Polar (entonces llamada Comercial Siglo XXI) en la quiebra y que de la mano del entonces gerente general, Pablo Alcalde, tuvo un crecimiento explosivo. Una empresa peculiar en Chile, ya que no tenía un controlador, su propiedad estaba atomizada, era aspiracional y democrática, al puro estilo norteamericano.

-La Polar era una empresa de gente no linda. Las oficinas estaban en Renca, se almorzaba en el casino y la gente era clase media, media baja, no había cuicos -dice un asesor de María Isabel Farah que visitaba su oficina con frecuencia-. Ella no tenía nada que ver con los ejecutivos cuicos que suelen existir en las empresas de retail.

Relata que durante todos los años que la conoció, siempre la vio manejando el mismo auto, un Mitsubishi Montero bastante menos llamativo que los autos de los demás gerentes. Y agrega que una vez que entraba en confianza era buena para el garabato, suelta y espontánea.

Según dice un abogado que ha tenido acceso a la investigación, María Isabel Farah recibía un sueldo de 15 millones de pesos mensuales, además de una suma que variaba entre dos y cuatro sueldos anuales, que le daba el directorio a discreción. Agrega que, entremedio, descubrió que los demás gerentes ganaban un 20 por ciento más que ella. Todos eran hombres.

En su patrimonio figuran sociedades de inversión, agrícolas y varias propiedades en Santiago. Un departamento en Américo Vespucio, la casa de calle Sotto il Monte en Vitacura, otro inmueble en calle Hipólito Olivares 72, Estación Central, y dos departamentos en la calle Madroñal, en Las Condes, todos con medidas cautelares para que no puedan ser vendidas o traspasadas a terceros.

La familia Farah Silva era una de las principales beneficiadas con su dinero. Según cuenta a "Sábado" su hermano Jorge, ella mantiene económicamente a ambos padres y ha pagado la educación de varios de sus sobrinos.

Pero hay más. Muchos de sus familiares, incluyendo ex parejas de sus hermanas, trabajaban en La Polar. Otros prestan servicios a través de empresas externas.

-En la potestad de su mando, siempre dio oportunidades de trabajo a conocidos y a algunos parientes, pero cada uno de ellos quedaba sujeto a la evaluación de la jefatura directa, allí ella no intervenía -la justifica un ex colaborador.

María Isabel Farah obtuvo la confianza de Pablo Alcalde y se convirtió en gerente de Administración y Finanzas, una de las gerencias más poderosas de la empresa. Coinciden abogados de la causa en que su área estaba hipertrofiada. Con muchas más funciones de lo convencional para ese puesto.

María Isabel Farah tenía un asesor externo que la ayudaba con parte de su trabajo. Este cuenta a "Sábado" que solían reunirse por las noches y discutían horas los modelos y el presupuesto de la compañía.

-De ese presupuesto salía desde cuántos lápices Bic hay que comprar hasta la colección de ropa. Hay dos personas que tenían acceso a eso, el gerente general y yo. Era ella sola con demasiada pega, su rigurosidad técnica era tal que desconfiaba -dice el asesor.

Otra de las tareas que tuvo a su cargo fue la expansión de La Polar. Se la considera la arquitecta de la internacionalización de la empresa.

-Veía la arquitectura y la construcción, la decoración interna, la ubicación, la logística, el software-continúa la misma fuente.

-Ella estudió el mercado de Perú. Estuvieron a punto de asociarse con la familia Wong, tenían los contratos redactados, hasta que aparece en el hotel Horst Paulmann. María Isabel encabezaba la negociación -dice un conocido de ella. Negociación que no llegó a puerto, pero que no detuvo su trabajo. Luego, María Isabel Farah se encargó personalmente de la apertura de La Polar en Colombia.

Se ha ido descubriendo, a medida que avanza la investigación, que el estilo corporativo que impuso Pablo Alcalde en La Polar era uno donde cada gerencia funcionaba en parcelas completamente independientes y que en vez de trabajar colaborativamente, competían entre ellas.

La parcela de María Isabel Farah no era la más querida en la empresa.

-De alguna manera actuaba como la policía -dice un abogado ligado al caso-. A ella le tocaba controlar al resto de las áreas y a ellos, eludir su control.

A Pablo Alcalde, dice una ex colaboradora, había veces que lo exasperaba con sus comentarios en las reuniones.

-Don Pablo era un diplomático, inteligente y muy hábil para sacar o utilizar lo mejor de cada persona, pero tenía un gran defecto: no le gustaba escuchar problemas, no le gustaban los conflictos. Si bien apreciaba a María Isabel Farah y valoraba su capacidad de trabajo y habilidades para los números, le incomodaba su presencia, más si le sumamos que ella no es muy diplomática para decir las cosas.

Trabajar junto a ella tenía costos personales importantes, coinciden quienes la tuvieron como jefa. Pero a quienes respetaba encontraba la forma de retribuirles. Subía el sueldo sin que tuvieran que ir a pedírselo, apoyó la formación de equipos deportivos y escuelas para los hijos de sus empleados y montó una peluquería -de uso de exclusivo de su gerencia- para que los empleados pudieran cortarse el pelo y peinarse sin tener que salir de Renca.

-Era como una gallina protegiendo a sus pollos, te podía retar y dejarte muy mal, pero no dejaba que nadie te tocara -dice una ex empleada de La Polar.

Una de las personas que llegó a trabajar con ella en 2004 cuenta que, al principio, le tenía terror.

-Me la habían pintado como terrible, me encargó una tarea sin conocerme y cuando se la presenté conocí verdaderamente como era ella, una mujer de carácter fuerte y creo que la mujer más inteligente que he conocido. Abierta a escuchar opciones siempre y cuando tuvieran fundamentos. La empatía no era su fuerte, pero siempre estaba preocupada de nuestro bienestar. Personalmente instó para que yo terminara mis estudios, para que adquiriera casa propia y tuviera mi auto -dice.

Al teléfono, sin ocultar su molestia, Jorge Farah continúa:

-Mi hermana es una mujer honesta, trabajadora, a la que nadie le ha regalado nada. El hilo se ha cortado por lo más delgado. Querían que la cabeza del turco rodara y rodó. Este tipo de empresas de retail no se manejan solas. Las maneja el directorio.

Uno de sus superiores (en su primer trabajo) la recuerda como una persona "trabajólica en su grado máximo", de carácter fuerte.

"Nosotros le decíamos que tenía que parar y contestaba que lo iba a hacer. Ella estaba a punto de jubilar", señala su hermano Jorge.

"Ella no tenía nada que ver con los ejecutivos cuicos que suelen existir en las empresas de retail", dice un ex asesor de Isabel Farah.

 


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Otros tiempos. Según dice un abogado que ha tenido acceso a la investigación, Farah recibía un sueldo de 15 millones de pesos mensuales. También descubrió que los demás gerentes ganaban un 20 por ciento más que ella. Todos eran hombres. En la foto, con parte de la plana gerencial de La Polar.
Otros tiempos. Según dice un abogado que ha tenido acceso a la investigación, Farah recibía un sueldo de 15 millones de pesos mensuales. También descubrió que los demás gerentes ganaban un 20 por ciento más que ella. Todos eran hombres. En la foto, con parte de la plana gerencial de La Polar.


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