REVISTA YA

Martes 10 de Noviembre de 2015

 
El guión más personal de Elena Muñoz

Hoy abocada a la escritura de "Pobre gallo", la próxima teleserie de Megavisión, la actriz y directora teatral Elena Muñoz reflexiona sobre el éxito de sus producciones, repasa cómo su propia historia familiar ha definido su manera de escribir y revela cómo la existencia de la compañía teatral "Teatro Aparte", que fundó hace 25 años, le permitió seguir vinculada a su ex marido y hoy dupla creativa Rodrigo Bastidas.  
Por Muriel Alarcón luco. fotos sergio lópez i. Su trabajo es contar historias. ¿Cómo contaría su propia historia?

Elena Muñoz, actriz, directora teatral, una de las fundadoras de la mítica compañía "Teatro Aparte", antes docente y hoy guionista del área dramática de Megavisión, detiene su vista en un punto en la nada y se queda en silencio. Mueve sus pupilas veloz, de un lado hacia otro, como si en ese movimiento de ojos, se enfrentara a la proyección imaginaria de varias escenas de su propia vida.

-Yo me cuento mi historia con una casa alrededor -dice-. Una casa que te permite habitar, que te abriga, te cuida, que te permite dormir, que te da cierta privacidad. Es una casa que parte desde los papás de uno y que sigue con los hermanos, los amigos, el marido, que después pasa a ser ex marido, la familia del ex marido que sigue siendo tu familia, los hijos, los amigos de tus hijos, mi pareja actual.

Elena Muñoz habla de esa casa "emocional", desde su casa "material" en La Reina, adonde llegó a vivir hace 19 años con el ex marido del que habla, el también actor Rodrigo Bastidas, padre de sus dos hijos, Milena y Raimundo, de quien se separó sentimentalmente en 2002, después de un matrimonio de 18 años. Pero de quien, luego dirá, no solo no se desvinculó: con él siguió actuando, produciendo y luego escribiendo para televisión. Primero el guión de la célebre "Pituca sin lucas" -que revivió, este año, al área dramática de Megavisión- y hoy el que dará vida a la próxima teleserie del mismo canal.

Además de un piano -que toca Milena, de 27, quien es actriz-, además de un acordeón -que toca Raimundo, de 19, quien es estudiante de primer año de Dirección Audiovisual en la UC-, además de infinitas antigüedades y varias fotos en blanco y negro de distintas personas, en todos los portes, enmarcadas de todas las formas, en su "casa material" hay varias máquinas de coser.

-Siempre vi a mi mamá cosiendo -justifica-. Aprendí de mi mamá que una sábana se puede transformar en la cortina del baño y que la cortina del baño, después más chiquitita, se puede transformar en cojín.

Entonces, empiezan a aparecer las historias y el pasado -literal- de los objetos que decoran su casa y que ella se detiene, con delicadeza, a explicar. Las cenefas de la cortina de su pieza que primero fueron un vestido suyo y después uno de Milena; las cortinas de la cocina que antes fueron una falda; los tapices del sillón del living que antes fueron un cubrecama; el cubrecama de la cama de su hijo que es la suma de varios parches de jeans usados.

-De mis papás he aprendido a reparar. Para mí, la reparación es súper importante en la vida. Tuve la suerte de vivir en una época y en una clase social donde las cosas no se cambiaban, sino que se arreglaban. Es un buen recurso para vivir -se emociona Elena y se excusa diciendo que ella siempre se emociona-. Siempre vi a mi papá maestreando. La casa la pintaban mis hermanos. El pelo a los hombres se lo cortaba mi papá; a las mujeres, mi mamá. Para las Pascuas nos regalaban género, para el Año Nuevo teníamos ropa nueva. Heredábamos cosas de los primos. Arreglábamos los relojes, el chancho eléctrico y la citroneta. Es una súper buena herencia. Mucho mejor que si hubiéramos tenido miles de cosas. Cuando Raimundo era chiquitito tenía "Power Rangers". Y cuando se le rompían agarrábamos una huincha aisladora negra y los arreglábamos. Él tenía Power Rangers nuevos y Power Rangers viejos, reparados. A él le gustaban. Con la Milena hacíamos lo mismo. Reciclábamos la ropa de las muñecas. Es algo que yo traigo y que quise transmitir a los niños. Tenía la certeza de que había que continuarlo. Los juguetes de mis hijos eran imperfectos. La imperfección de sus personajes

Hoy Elena Muñoz está dedicada, tiempo completo, a escribir la próxima teleserie de Mega, "Pobre gallo", a cargo de la directora del área dramática María Eugenia Rencoret. En ella se cuenta la historia de un empresario exitoso -interpretado por Álvaro Rudolphy-, que está en el peak de su carrera cuando le viene un vértigo invalidante, y se tiene que ir a vivir al campo.

Para escribir, Elena Muñoz necesita lo mínimo: poca interferencia, música clásica y, a veces, la playa de Algarrobo, a donde se escapa a escribir algunos fines de semana. Es un trabajo colectivo -aclara- que realiza junto a su ex marido Rodrigo Bastidas, su hija Milena Bastidas y los actores Alejandra Saavedra y Hugo Castillo, pero que no deja de ser complejo. Un desafío al cual se enfrentó, por primera vez, en 2011, cuando, también conformando equipo con Bastidas, participó como guionista en las producciones de TVN "Aquí mando yo", "Separados" y "Socias". La consolidación de la dupla creativa que conformó con su ex marido vino después con "Pituca sin lucas", una producción que abordó, desde el humor, el clasismo; que sobresalió en sintonía como nunca lo había hecho una teleserie del área dramática de ese canal; y que los estudios mostraron que logró algo que hacía tiempo no se conseguía: llegar a un público transversal.

Elena Muñoz se lo explica así.

-Los personajes de nuestras teleseries y de nuestras obras hablan de las personas comunes y corrientes. No hay héroes o traidores o gente perversa o antagonistas demasiado extremos. Son como son los espectadores: imperfectos. Tienen virtudes y defectos y eso te permite identificarte. La gente se mira como en un espejo y dice: "no estoy solo con este problema", "no soy el único clasista", "no soy el único que me puedo equivocar", "no es tan malo reírse de uno".

Reconoce que el guión ha sido, de todos los géneros con los que ha trabajado, el más difícil, más por la forma, que por el fondo. Escribir de la cotidianidad, de "la imperfecta realidad", ha sido -dice- el sello de la Compañía "Teatro Aparte" que fundó, en 1991, con Rodrigo Bastidas, Magdalena Max-Neef, Gabriel Prieto y Álvaro Pacull. Un grupo que (sin Pacull) ha seguido siempre vigente y que la tuvo recientemente en cartelera, con la obra "Consuegros", que cuenta cómo dos parejas, de pensamientos religiosos, políticos y económicos opuestos, se conocen cuando sus respectivos hijos se van a casar.

-(A mí y a Rodrigo) nos gusta la comedia y la mezclamos con el drama. Es lo que hemos hecho toda la vida en el Teatro Aparte. Es lo que creemos que hay que hacer, lo que nos gusta hacer y que nos queda bien. Es fácil que una familia se aglutine frente a un televisor con un género como la comedia. Es un género que te abraza, abriga, alegra.

Elena Muñoz va más allá.

-Con "Pituca sin lucas" le pusimos colores a la vida de Santiago. (A la hora que se transmitía) la gente está muy estresada. Los hijos vienen cansados del colegio. Los papás y las mamás vienen de las pegas, de un taco. Las noticias hoy son fuertes, grises, asustan. (Nuestra teleserie) fue un recreo. Los personajes podían vivir, reconciliarse, quererse, cumplir sus expectativas, podían realizarse. Las cosas buenas ocurren mucho en la vida, lo que pasa es que no se subrayan. Y en la televisión se subrayan cada vez menos porque no es lo que vende. En nuestros personajes existe la bondad. Y eso también existe en la vida. Uno no lo inventa en una teleserie. (Desde la televisión) uno puede hacer que los televidentes miren otros aspectos (de su vida) que tienen que ver con los vínculos y con disfrutar la simpleza, lo cotidiano. Es muy importante, y lo hemos ido perdiendo.

La importancia de lo cotidiano

Elena Muñoz reitera que uno de los grandes aprendizajes heredados de su familia nuclear fue el de volver valioso lo cotidiano. Cree que la ha definido como persona. Recuerda, con nostalgia, las veces que iba a dejar a sus hijos chicos al colegio, las veces que juntos cantaban arriba del auto y, en esa simplicidad, eran tremendamente felices. Describe, como si se tratara de la escena de un guión, los domingos familiares que pasan en su casa en La Reina con su hijo tocando el acordéon, su hija el piano, su padre la armónica y todos lo pasan bien.

-Mi vida de chica fue así y afortunadamente siempre la he vivido así. Le saqué el jugo a mi papá, a mi mamá y a mis hermanos. En la noche se comía y se conversaba y existía la sobremesa y mi papá nos contaba los libros que estaba leyendo. Mi hermano me iba a buscar al colegio y me hacía los disfraces. Yo era la más chica, la regalona, y me iba a meter a la cama de mi hermana mayor y a la cama de mi otra hermana que me leía poesía. Tengo la sensación de no haberme perdido nada de la familia durante mi vida. Y siento que yo lo reproduje.

Elena Muñoz es la menor de seis hermanos. La historia de su familia no solo la acompaña en los recuerdos que repletan los rincones de su casa-museo, sino también en su propia obra. De su familia escribió, en 2002, "Para que no se me olvide", una novela, a veces autobiográfica, que gira en torno al suicidio de uno de sus hermanos, que ocurrió en la vida real.

-¿Qué le mostró el suicidio de su hermano?

-El dolor fuerte. Me hizo ver el dolor por primera vez. El dolor propio y el de los padres. Es una primera gran cicatriz en mi vida. Yo tenía 18 y él, 24. Yo era súper unida a él.

-¿Cómo se narra hoy esa historia?

-(Se queda en silencio por un minuto). En mi casa no se negó. Siempre se habló de él. Se habló del dolor y se lloró en conjunto. Siempre se tuvo presente a Vicente. Tengo cosas que me regaló, siempre escribí sobre él. En mi novela el eje del conflicto está puesto en él, a pesar de que está transformado y muere a otra edad, y de otra manera.

-¿Qué la ayudó a salir adelante?

-Ser actriz. Me ayudó hacer teatro. Uno, ahí, expresa, cuenta, escribe. Es bien curioso pero a uno le viene algo súper fuerte encima, súper doloroso, su muerte fue muy trágica. Al revés de lo que uno pudiera pensar, uno le pierde el miedo a que eso te pase porque ya te pasó. Uno siempre piensa: "que no se me vaya a morir alguien de la familia". Y de repente ocurre. Y cuando te ocurrió, te dolió, te traumó, te angustió. Escuchar a la mamá llorar, escuchar al papá que se hace el leso, y llorar en la ducha para que el otro no te escuche llorar. Te hiere, te deja una cicatriz, te ayuda a enfrentar otras cosas después. Una nueva muerte sigue siendo igual de dura. La muerte de mi mamá (diagnosticada con Alzheimer y fallecida en diciembre del año pasado) fue súper dura.

-¿Qué fue lo más le dolió de esa pérdida?

-Ver el esfuerzo de mi papá por acompañar a mi mamá. Dolía la relación. También verla a ella. A los 86, mi mamá se empezó a convertir en una niña. Al principio, llegaba acá y se ponía el delantal y me ayudaba a poner la mesa. Pero después, cada vez, le empezó a costar más. Pero me ayudaba igual. Al principio me lavaba y secaba la loza. Después solo la podía secar. Al final, después de que ella la secaba, yo tenía que volver a secarla -se emociona-. Ahora, yo  siento que a mi mamá la disfruté. No me quedé con nada pendiente. Ella me enseñó a ser mamá. No me costó nada y eso se lo debo a ella. Me enseñó la lactancia, a tener ese espacio. Me enseñó desde el consejo y desde lo que hizo. Me enseñó a descifrar lo que los hijos necesitan. Me enseñó a no ser aprensiva, a leer los signos de las enfermedades y a no urgirme, a no ser ansiosa, a estar con ellos. Mi mamá siempre estaba. Yo soy atea y no creo que las cosas tengan un sentido. Yo siento que, como familia, le dimos un gran sentido a la agonía de mi mamá que fue que nos unimos mucho. Pero sí he tenido períodos de mucha pena. Y de angustias y de todo. Me "pichicateo" harto para estar contenta -ríe-. He tenido depresiones y creo mucho en la terapia. También tomo medicamentos cuando hay que tomarlos. Pero a mí la mayor alegría me la dan mis hijos. Tengo unos hijos increíbles. (Las terapias) han sido en momentos distintos de mi vida. Hubo una época en la que me hice una terapia psicoanalítica larga. Después he vuelto por cosas específicas. La enfermedad de la mamá o cosas específicas. Siento que alimenta mucho una terapia psicoanalítica. De que uno rompe, reconstruye, repara.

-¿La ha ayudado el psicoanálisis a construir mejores personajes?

-Sí. Cuando uno arma personajes aprende a meterse en los defectos de los personajes más desde la fragilidad que desde el juicio. Uno muestra los personajes en su fragilidad y eso tiene que ver con sus defectos, sus pecados, sus certezas y asertividades, más que desde un juicio, que es lo mismo que a uno le ocurre con la gente, cuando observa a la gente, que uno tiene una mirada más allá, y más acá, del juicio.

Reparar la relación

La compañía "Teatro Aparte" -responsable de clásicos del teatro contemporáneo como "De uno a diez, ¿cuánto me quieres?" y "¿Quién me escondió los zapatos negros?" y destacada por la crítica por abordar temas generacionales desde la comedia- es de las agrupaciones teatrales más antiguas todavía vigentes. El método de trabajo -dice Elena Muñoz- no ha variado: la dramaturgia es resultado de una creación colectiva y, tal como lo hacían desde tiempos universitarios, Rodrigo es quien dirige, mientras todos producen, escriben, actúan.

-Las obras de nosotros son absolutamente de nosotros, enteras, desde el momento en el que parte la idea hasta que se abre el telón. Somos yuntas, somos como hermanos, como tíos de los hijos, padrinos cruzados, y tenemos un vínculo familiar, más que amistoso, muy potente.

Elena Muñoz reconoce que esa relación de hermandad fue fundamental para seguir vinculada a su ex marido, en lo profesional, sin que estuviera en juego la disolución de su compañía, después de su separación matrimonial.

-Nosotros teníamos una historia de trabajar juntos, nunca solos, con el grupo, donde están nuestros amigos. Entonces fue más fácil (poder seguir vinculados). Había un colchón. (El Teatro Aparte) nos ayudó, nos apoyó y nos mantuvo juntos. Cuando yo trabajo con (Rodrigo), trabajo con ese colchón. Y también he trabajado a solas con él, pero siempre existiendo ese colchón. Tal vez ese colchón fue súper importante para que no se produjera esa segunda ruptura, pero también estaba claro que nosotros, más que cómplices, somos complementarios.

-¿Pensó alguna vez que podía perderse el vínculo profesional?

-No logré abocarme a eso. Nunca ocurrió. Nunca dejamos de trabajar juntos. Nos separamos en dos obras pero igual seguía siendo el "Teatro Aparte".

-En su momento se dijo que la suya había sido "una separación evolucionada".

-Con Rodrigo somos buenas personas y tenemos claro que, en esto, había dos aspectos:El profesional y el familiar. Tuvimos claro que una cosa era el matrimonio y la otra, la familia. Duele mucho romper la familia. Es muy dañino para los hijos y para uno. Y no había ninguna razón para romperla. Yo creo que si has tenido una buena relación de pareja, te das cuenta de que hay que separar algunas cosas, antes de que se quiebren. Entonces se separa la pareja, pero no la familia ni se acaba la amistad. No rompes la historia bonita que hay detrás, no rompes el cariño ni la admiración por el otro, la gratitud que uno se tiene y todo el futuro que viene con los hijos. Entonces así lo vivimos, de manera natural. No hicimos grandes esfuerzos para lograr eso. Fue lo que se dio. Y no me lo imagino de otra manera. No me imagino ni a mí ni a Rodrigo tirándole mala onda al otro. Él es una muy buena persona: Muy buen compañero y muy buen amigo. Es muy leal, generoso. Yo creo que es imposible haber tenido un mejor papá para mishijos que Rodrigo.

-¿Cómo describiría el trabajo que hoy hacen como dupla?

-Rodrigo es de las personas que he conocido con mayor imaginación. A él hay que dejarlo libre para que se le ocurran las cosas. Se le ocurren cosas insólitas aunque a mí también se me ocurren cosas nuevas. Somos buena dupla porque yo soy muy matea y voy ordenando y organizando. Al tener eso él, tiene más capacidad de dispararse. Es la persona más divertida que yo conozco. Es muy creativo. Sin embargo, Rodrigo también es una persona muy estructurada, en muchas cosas: es ordenado, maneja bien la cosa económica, tiene súper claro las cosas que se tienen que hacer con los hijos. En la parte creativa, él tiene un vuelo... no te diría envidiable porque afortunadamente lo tengo al lado -ríe- y es muy fecundo y es muy generoso en lo creativo, sencillo, nunca se adjudica ideas que son totalmente de él y siempre las pone como colectivas. Es su talento. Trabajo muy bien con él. Sin él, no soy nadie escribiendo una teleserie y yo creo que él también me necesita harto -ríe-. Uno tiene que aprender a arreglar las cosas, las relaciones. Uno siempre va a tener rupturas. Uno va a romper, y se le van a romper las cosas, pero también tiene que tener la capacidad de repararlas."Duele mucho romper la familia. Es muy dañino. Y no había  razón para romperla", dice de la buena relación que lleva con su ex marido. "las cosas buenas ocurren mucho en la vida lo que pasa es que no se subrayan. Y en la televisión se subrayan cada vez menos. no vende".

 


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Hoy se dedica, tiempo completo, a escribir desde su casa en La Reina, adonde llegó a vivir hace 19 años.
Hoy se dedica, tiempo completo, a escribir desde su casa en La Reina, adonde llegó a vivir hace 19 años.


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