WIKÉN

Viernes 3 de Noviembre de 2000

EL SANGRIENTO CORTE DEL DIRECTOR:
Jorge Olguín le quita la máscara a Angel Negro

La cinta chilena más famosa de este año antes de su estreno llega a la cartelera corriendo el riesgo de enfrentarse a su propia expectativa. Más que la crítica o la taquilla, me preocupa lo que piensen los fanáticos del cine de terror, afirma el director Jorge Olguín. Y sabe por qué hay que tener miedo: es que yo pertenecí a ese grupo. Y yo le exigiría caleta a una película chilena de terror.
A todo el mundo le debe afectar perder el control del entorno, cuando tienes un objetivo y las circunstancias dan vuelta todo. Eso da miedo. Por su definición de miedo, habría que decir que el director Jorge Olguín (28) tenía suficientes razones para estar aterrado hasta horas antes de la avant premiere de su primer largometraje, el martes pasado. Si el atraso de la postproducción de Angel negro ya lo había hecho pasar susto (recién esa misma mañana volvía de Buenos Aires con las copias bajo el brazo), el primer veredicto del Consejo de Calificación Cinematográfica lo amenazaba con somatizar el pánico a nivel estomacal: le estaban dando una calificación de mayores de 18 años a la suya, una película para adolescentes.

El mismo martes a mediodía el organismo estatal - apelaciones y pronunciamientos varios de por medio- reconsideró su dictamen y bajó la calificación a los 14 años. Olguín había superado la penúltima estación de lo que él mismo define como el vía crucis de Angel negro, una película de 200 mil dólares que cuenta en su currículum con dos postulaciones infructuosas al Fondart.

Queda la última estación: el pronunciamiento del público. Y el martes, desde donde estaba, Olguín no podía distinguir si se trataba de la redención o de la crucifixión. Más que la opinión de la crítica y la taquilla, me importa lo que piensen los fanáticos del cine de terror. Les tengo miedo a ellos: son un público muy exigente, muy culto respecto del género, ha visto muchas películas. Además, como queda claro al ver su aspecto desgarbado, con sus bototos y su polera negra alusiva a una película de Tim Burton, es un público al que Olguín conoce mejor que a ningún otro.

Es que yo también pertenecí a ese grupo, explica en un tono que comienza a sonar como excusa y termina sonando a autoridad. Y yo le exigiría caleta a una película chilena de terror.

Tu Nombre Me Sabe a Sangre

Jorge Olguín estaba terminando sus estudios en la escuela de cine de la Universidad Arcis, en 1997, cuando dio con la idea argumental de Angel negro: una chica que desaparece en un acantilado durante la celebración de una graduación y años más tarde parece volver para asesinar a quienes provocaron la tragedia. Fue así, de un día para otro, en el taller de cortometraje. Dijeron Traigan un argumento. Al otro día ya tenía la historia, sacando elementos de varias partes.

Pero la poca experiencia acumulada le aconsejó resistir la tentación y esperar. Mi primer corto, María Bloody Mary (1996), era muy ambicioso, y no me gusta, porque pretendí contar muchas cosas en una, explica. Así que me di cuenta de que primero tenía que aprender a contar una historia, ejercitarme y al mismo tiempo esperar a tener más medios para poder hacer de este argumento un largometraje.

Con lo del ejercicio cumplió. Los cortometrajes Un arma para Claudia (1997), Un héroe llamado José (1998) y El reo Jesús (1999) le ayudaron a este ex estudiante de periodismo a aprender a contar historias del tema que más le interesa. Más que asustar, me interesa explorar el lado oscuro del ser humano, la autodestrucción de los personajes, dice el director, confeso admirador de lo que al respecto han logrado cineastas como David Cronenberg y Roman Polanski.

Esa es la pequeña pretensión que tenía con Angel negro. Cuando me dicen que se parece a Scream, me da lo mismo, porque igual la estoy citando. Pero en el fondo mi intención va por el lado de la degradación de los personajes. Por eso me interesó tanto Repulsión, de Polanski, por la idea de meter la cámara en la imaginación humana y así intimar con el horror.

Por cierto, Olguín tiene claro que la suya no es una película que proponga un novedoso laberinto de investigación psicológica ni nada por el estilo. Me preocupé de que ésta fuera una historia que se pudiera filmar, de que fuera algo más cotidiano, reconocible. Y también de ser bastante humilde, agrega el director. Ahora, con todo el ruido que hemos hecho, parece que ésta fuera una gran producción, pero es una película muy sencilla, construida a base de los personajes y de guiños a otras películas, aclara.

Cuando escribí el guión estaba muy influenciado por títulos como Carrie y Repulsión. Estaba pegado con esos personajes femeninos, precisa. De hecho, Olguín le pasó esos dos videos a la actriz Blanca Lewin para que construyera su personaje de la introvertida y enigmática Angel Cruz. Inevitablemente, después fueron surgiendo otros guiños.

Haciendo Ruido

Cuando Jorge Olguín dice todo el ruido que hemos hecho, se refiere a la efectiva y comentada campaña de marketing que comenzó casi con el término del rodaje de la película, en octubre del año pasado, cuando los productores crearon la página web contando la historia de Angel Cruz, la chica que desaparece en el acantilado de Piedra Feliz, en Valparaíso.

A partir de ese punto inicial comienza la confusión entre realidad y mito (justamente una de las gracias de la campaña), porque al principio se dijo que - tal como sucedió en Estados Unidos con la página de El proyecto de la bruja de Blair- comenzaron a llegar a la página de Angel negro varios mensajes de personas que decían conocer el caso de Angel Cruz, y aportaban antecedentes relativos al mismo. Como para hacer dudar a los menos precavidos sobre la ficción de la película.

Hoy, Olguín aclara. Llegaron un par de mensajes, pero yo sabía que eran sólo bromas. De todas maneras, a Nicolás (López, productor asociado y responsable de la página web) se le ocurrió seguir con ese cuento y él mismo dirigió un supuesto documental sobre el caso. Pensé que no iba a pasar mucho con eso, pero hubo gente que se compró el mito.

Ese documental apócrifo y una prematura sinopsis fueron la artillería de una campaña que, además de la efectiva internet, comprendió la organización de fiestas temáticas en la discoteque Blondie y el aprovechamiento de escenarios como la Expo Ficción 2000, en la Estación Mapocho, y el Festival de Cine de Valdivia.

El resultado: de todas las películas chilenas del 2000, Angel negro debe ser la más famosa antes de su estreno. De ahí en adelante, lo que pase está obviamente por verse.

Pero hay algo más bajo la manga de Ángel Negro que hace que Olguín esté optimista: los cómics que algunos prematuros fans le enviaron, imaginándose escenas de una película que aún no han visto. Cómics que, asegura el director, pronto serán editados.

Me impactó mucho. Me di cuenta de que hay una necesidad del público del cine de terror de contar con sus propias historias, nuestros propios mitos, no importa que sean copiados del cine norteamericano. Tal como Japón tiene su Godzilla, necesitamos nuestros iconos, nuestros propios monstruos.

También lo necesitaba el propio equipo de Olguín. Y para eso sirvió una máscara inexpresiva y blanca. Cuando estábamos filmando, no podíamos creer que estuviéramos haciendo una película de un serial killer. Ver a ese personaje con la máscara sí que fue memorable, recuerda entusiasmado y levantando la voz. Y en ese momento se entiende mejor que nunca por qué este tipo de 28 años todavía usa bototos y se viste de negro.

Francisco Aravena F.

LOS GUIÑOS Y CLONES DE ANGEL NEGRO

La mayoría de las veces intencionadas, y otras productos de la casualidad, estos son los paralelos cinéfilos de Angel Negro.

Una cámara subjetiva se acerca a las cortinas del baño mientras detrás se escucha el sonido de la ducha. El infaltable homenaje a Psicosis.

Carrie aparece citada dos veces. Primero, cuando Blanca Lewin se acerca al acantilado, en la misma actitud de Sissy Spaceck saliendo toda ensangrentada de su fiesta de graduación. Y luego, una escena casi calcada cuando Lewin le da las gracias a Alvaro Morales por haberla invitado al baile.

Andrea Freund tiene el tic de sacudir dos dedos al lado de su nariz, como espantando a una mosca. Gesto arrancado de Catherine Deneuve en la cinta Repulsión.

Halloween no podía faltar a la fiesta. Angel Negro aprieta el cuello de Andrea Freund tal como Michael Myers intenta ahorcar a Jamie Lee Curtis. Y luego de un par de balazos, Angel Negro se levanta como un muñeco - sin que los demás lo noten- , igual que Myers.

La actriz Patricia Pardo arranca y gatea desesperada huyendo de su asesino, mientras se refugia detrás de un escritorio. La escena corresponde a esa donde Linda Hamilton, alias Sarah Connor, huye de Terminator, mientras este acribilla a toda una comisaría.

El estilo con que Angel Negro degüella al guardia de seguridad de un banco, es el mismo del homicida de Scream, en cualquiera de sus secuelas.

Las imágenes del acantilado captadas en video remiten a El proyecto de la bruja de Blair, sin embargo, el director asegura que también hay algo de Tesis y El fotógrafo del pánico, cuando la cámara sólo muestra los gestos de los personajes que se horrorizan con lo que ven en la cinta.

Juan Andrés Salfate


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Blanca Lewin encarna a la fantasmal Ángel Cruz, una desaparecida que se transforma en pesadilla. ¿A ti no te da miedo alguien que no te mira a los ojos? A mí me da pánico, y con eso construí mi personaje, comenta.
Blanca Lewin encarna a la fantasmal Ángel Cruz, una desaparecida que se transforma en pesadilla. ¿A ti no te da miedo alguien que no te mira a los ojos? A mí me da pánico, y con eso construí mi personaje, comenta.
Foto:Guillermo Farías


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