ARTES Y LETRAS

Domingo 25 de Julio de 2010

Pintura en Aninat, Gráfica en Animal y Las Condes
Recorridos por el registro expresivo de la imagen

WALDEMAR SOMMER En su sexta exposición individual, Alvaro Bindis, exhibe ocho cuadros con un fuerte acento en el trazo lineal y donde el manchado cumple, asimismo, un rol decisivo. Ellos nos muestran viejos edificios del Santiago del Centenario. Algunos hoy día no son más que ruinas. Por fortuna, antes del terremoto desolador fue rescatada su apariencia externa, como un recordatorio fugaz para nostálgicos. Nutridos por la tradición del paisaje urbano chileno, estos lienzos y papeles recogen, no obstante, la modernidad a través de la atmósfera capitalina actual. Así, una atmósfera brumosa y su esfumado de grises pesados, más que envolver las construcciones, las impregna con una humareda pegagosa que capta con acierto nuestra polución asfixiante.

Además, Bindis instala sus panoramas cívicos en pleno invierno. La luminosidad particular y la naturaleza vegetal lo delatan. Salvo un par de veces, los árboles deshojados de una flora rala que enmarca la arquitectura subrayan el ambiente triste, melancólico, protagonista de estas pinturas. Coloraciones más bien restringidas y un tanto fantasmales armonizan, adecuadas, con la transparencia oscura del gris reinante. Dentro del conjunto, que podríamos considerar como la memoria de lugares urbanos entrevistos durante el sueño, destacan, el diálogo feliz entre verde y azul de las dos casas limítrofes, en "Ventana 1"; o el paradigmático "Museo del Centenario".

Paula Anguita

En el segundo piso de la Galería Animal, interesa vivamente Paula Anguita. La joven artista sigue fiel a su técnica inicial. Con alguna raíz en el arte conceptual, consiste ésta en soportes plegados, al modo de biombo o abanico, donde la imagen reconocible adquiere una duplicidad siempre contradictoria. De esa manera resulta capaz de conducirnos de un extremo a otro del registro expresivo de la imagen. Y la autora nos sorprende con una agudeza visual, con una gracia formal, cuya reunión de contrarios adquiere un grado sutil de humor. Fragmentos de figuras resultan sus personajes. Carentes de cualquier unidad temática, provienen de un variado repertorio de ilustraciones de libros, que pasan a ser impresas sobre papel plisado. Como ellas no se entregan por entero a la simple mirada frontal, exigen, al igual que el op art, la participación dinámica del espectador. El debe, entonces, desplazarse frente a cada cuadro, si no la obra emerge incompleta. Pero el esfuerzo bien vale la pena.

Ahora, la artista nos propone un repertorio que va más allá de eso. Son nueve obras en formato entre mayor y mediano, con y sin color. Su atractivo haría merecer un comentario para cada una. Por lo menos limitémonos sólo a una de ellas: "Memento mori". Al primer vistazo nos encontramos con una delicada mano femenina, rosada y en medio de flores; nos movemos y aparece la misma diestra, pero impregnada por la palidez de la muerte. Algo relativamente parecido ocurre con "Ibidem".

El primer piso de la misma galería expone gráfica del chileno canadiense José Mansilla-Miranda. Son ocho intervenciones pictóricas -una rosa simbólica acompaña figuras míticas de culturas vinculadas al fuego, en los dos extremos del Pacífico- a mapas geográficos de Chile austral y de Canadá septentrional. Dentro del conjunto, el procedimiento se reitera un poco mecánicamente y las cartas náuticas no aparecen suficientemente transfiguradas. De ello nace su monotonía expresiva y visual.

Grabados de Playa Ancha

Ante todo, felicitaciones a la Universidad de Playa Ancha por la pronta inauguración de su Museo de Grabado. Era lo que hacía falta para nuestro país. Y, precisamente, adelanto de esa colección resulta, con algunos aportes del Taller 99 y del Museo Nacional de Bellas Artes, la exhibición actual de la Corporación Cultural de Las Condes. Como ésta acostumbra, el cuidadoso montaje permite apreciar este panorama de nuestra gráfica, tan rica en frutos y tan poco apreciada por el público. Es cierto que hay grabadores importantes representados no por lo mejor de sus realizaciones -sobre todo Antúnez, Downey, Toral-; sin embargo, concurren varios nombres novedosos del pasado. Así, aunque existen testimonios anteriores, el conjunto abarca desde la constitución de la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile -1931- hasta testimonios de comienzos del presente siglo. Dejando de lado los trabajos sin fecha conocida, el ejemplar más antiguo corresponde a 1934 y pertenece a Jorge Cruzat. De acuerdo con el gusto de la época, muestra una temática indígena, preferencia a la que se suman visiones del mundo popular de distintos autores. En todo caso, uno y otro argumento tienden a mostrar las influencias, en diversa medida, del expresionismo y del mural mexicano. Así, de mediados de la centuria pasada tenemos dolientes trabajos de Carlos Faz y de Lilo Salberg, de Marcos Bonta -la conocida "Quema de Judas"-, el típico y posterior "El niño de las bolitas" de Carlos Hermosilla. Nos obstante, y ya de 1950, se hace notar la excelencia del dibujo, el bien compuesto grupo y la naturalidad de las actitudes, visibles en "Gente de mar" del hoy desconocido Ciro Silva. Otra contribución atractiva resulta la litografía exquisitamente figurativa "La ciudad" con el toque oriental de su autor, Julio Escámez.

Las décadas del 60 y 70 traen el despliegue de la abstracción en Chile. Encontramos algunos testigos suyos. Sobresale la, acaso, más hermosa y potente de la exposición: "Sombra II", de Eduardo Vilches. En la misma dirección lo acompañan acá un temprano Alvaro Donoso y las formas contundentes de Roser Bru, entre otros.

Los treinta y tantos años más recientes de la propuesta de Playa Ancha manifiestan un bagaje numeroso de artistas bastante diferentes entre sí, destacando, dentro de una relativa nueva figuración a Adriana Asenjo, Beatriz Leyton y Natacha Moreno. Con mayor acento abstracto, Carmen Valbuena logra una sugerente aproximación a la mujer, mientras Rafael Munita alcanza a magnificar el expresionismo en su rostro cortado por el rayo de luz. Más comprometidos con la vanguardia se muestran grabados como el bien temprano forajido "Tristemente célebre" (1974), exponente de la iconografía genuina de Eugenio Dittborn; o la espléndida transfiguración de una situación política, en el Mario Soro de 1992, entre otros. Al fin, concluído el recorrido de este conjunto gráfico, resulta imposible no preguntarse: ¿dónde se hallan las matrices de grabado que anuncia el título de la exposición?

"El Árbol de la Memoria, matrices del grabado chileno contemporáneo"

Lugar: Corporación Cultural de Las Condes. Fecha: hasta el 1 de agosto.

"La celebración de lo perdido" Lugar: Galería Isabel Aninat. Fecha: hasta el 2 de agosto.

"IBIDEM, aquí mismo" "Memoria de fuego" Lugar: Galería Animal. Fecha: hasta el 31 de julio.

EN SINTESIS

Alvaro Bindis recobra testimonios arquitectónicos de Santiago del Centenario, y Paula Anguita presenta su duplicidad contradictoria de imágenes que el espectador en acción debe descubrir. En tanto, resulta interesante el mostrario de gráfica chilena y anuncio de un bienvenido museo en Valparaíso.

 


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Obra de Bindis Los árboles deshojados de una flora rala que enmarca la arquitectura subrayan el ambiente triste, melancólico, protagonista de estas pinturas.
Obra de Bindis Los árboles deshojados de una flora rala que enmarca la arquitectura subrayan el ambiente triste, melancólico, protagonista de estas pinturas.
Foto:GALERIA ANIMAL


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