EL SÁBADO

Sábado 7 de Octubre de 2000


Miriam Morales de Castañeda: Legítima monarca

La mujer del intelectual mexicano Jorge Castañeda brilla con luz propia. Su historia parece un cuento, aunque de fantasía no tiene nada. Acaba de publicar su primera novela, "La monarca ilegal". Dice que políticamente pertenece a "la izquierda azul" y que fue tenaz luchadora en contra del Partido Revolucionario Institucional, para que las cosas cambiaran en México.
por Marcia Scantlebury, desde Ciudad de México

Recién estrenada como escritora, circula por su hermoso jardín en el barrio San Ángel con su sonrisa insolente y un aspecto de "aparente" fragilidad. La chilena-mexicana y ex mirista Miriam Morales Sanhueza sigue siendo una "dura" que en sus cincuenta años de vida ha desafiado peligros, convenciones y le ha doblado la mano hasta a su propia muerte.

Es más que probable que su marido, Jorge Castañeda, uno de los intelectuales más importantes de su país, sea el titular de Relaciones Exteriores del recién elegido presidente, Vicente Fox. Sin embargo, no cabe duda de que, aunque a Miriam le apasiona la política y ejerce una fuerte influencia sobre su pareja, seguirá siendo dueña de su vida y de su tiempo.

Así lo enfatiza a "El Sábado", esta mujer rebelde y buenamoza. "Cuando una toma como identidad ser la señora de alguien es porque tiene una falla insuperable". Y agrega que ni siquiera el hecho de que su primer marido se haya llamado Augusto Pinochet la ha complicado mayormente.

Madre de Javiera (médica), Carlos Miguel (antropólogo) y Jorge Andrés (estudiante), fue alumna del Liceo 7, estudió derecho, filosofía, teatro y ciencias políticas, y reitera que, pase lo que pase con Jorge, su vida no cambiará. Seguirá haciendo yoga, trabajando en una productora de televisión y escribiendo su segunda novela después de La monarca ilegal.

Bello como el sol

Hija del senador chileno radical y masón Carlos Morales Abarzúa y de Aída Sanhueza, Miriam nació en Santiago después de diez años de matrimonio de sus padres. Y confiesa, muerta de la risa, que le irrita "el afán que tiene la gente de desprestigiar a los hijos únicos como yo". Insiste en que esta calidad es maravillosa "porque eres la proyección de los dos deseos". Reconoce que haber concitado la atención "total" de sus progenitores le dejó arrestos de niña regalona y un poco chiflada. "Pero, al mismo tiempo, tengo una mirada abierta y me interesan desde la moda hasta los libros, porque jamás se me restringieron lecturas o pensamientos", comenta, sentada en el escritorio de su hermosa casa de colores muy mexicanos.

"Cuando yo aparecía, para mi madre y mi padre era como si vieran salir el sol y jamás me juzgaron en forma negativa, cosa que me infundió la certeza de que todo lo puedo. Yo, en cambio, he sido mucho más crítica y correctora con mis hijos". Miriam evoca las manos de su madre tocando el piano, cocinando y tejiendo, pero reconoce que no heredó estas virtudes. Aída Sanhueza era católica y, por eso, su hija fue bautizada e hizo la Primera Comunión. "A los trece años, un día me fui a confesar. Cuando me asignaron la penitencia tuve un rapto de lucidez y me pregunté si ese pecado por el cual estaba rezando lo volvería a cometer. Entonces me dije: sí. Y dejé la Iglesia para siempre".

A comienzos de 1971, en el matrimonio de una prima, Miriam Morales conoció a Augusto Pinochet Acosta. Acababa de volver después de tres meses en Cuba y estudiaba derecho en la Universidad Católica. "Él era un personaje bello como el sol, gracioso, elegante". Se casaron muy pronto. "Fue el amor, punto. Un amor posmoderno, muy narcisista. Yo era una niña mirista que debo haber sido bonita y él un socialista, ingeniero comercial de la Corfo, maravilloso, pero mujeriego: un monstruo, un espanto. Y el matrimonio fue un desastre. Puse punto final a la relación cuando nació Javiera, en junio de 1972".

Poco después tuvo una corta relación amorosa con el intelectual mexicano Fernando Bazúa y quedó embarazada de Carlos Miguel. Este nació en abril, en Caracas, ciudad donde Miriam llegó con ocho meses de embarazo, el 5 de marzo de 1975. Sus padres partieron al exilio a la capital venezolana y ella también decidió hacer lo mismo.

A fines de 1977, Miriam se trasladó con sus padres a México donde ríe a gritos "seguí con mis chifladuras". Estudió teatro e incursionó como actriz, hasta que un día un consejo de sabios del Partido Radical, entre ellos Anselmo Sule, Edgardo Enríquez y Hugo Miranda, le hicieron una encerrona, llamándola a sentar cabeza. "Ahora pienso que los convocó mi padre, que no podía más conmigo". Le propusieron que entrara a la Flacso para sacar una maestría en ciencias políticas. Y ella acató.

En ese periodo conoció al joven comunista Jorge Castañeda, historiador económico con una maestría en filosofía. Él la buscaba con insistencia, "pero en ese tiempo yo andaba con los pelos parados y tenía como doscientos novios". Poco a poco, la inteligencia del futuro autor de La utopía desarmada la fue conquistando.

Llevan veintiún años juntos. Y Miriam sostiene que se casaron "en algún momento, entre 1989 y 1990", pero que le costó, "porque entonces yo estaba convencida de que ordenar el amor bajo una ley burguesa no era pertinente". Jorge Andrés nació en Washington, "en calidad de hijo natural, como se dice, lo que mortificaba terriblemente a mi mamá cuenta Morales, hasta el punto que cuando ella ya estaba muy enferma, yo le mentí jurándole que ya me había casado".

Tiempo de muerte

El senador Morales estuvo preso en la Escuela Militar, luego en Dawson y en Las Melosas, hasta que lo expulsaron a Venezuela. Allí permaneció hasta que fue autorizado para volver a Chile en 1988. Meses después lo mató un cáncer fulminante en Ciudad de México. A Miriam le correspondió llevar a Chile sus cenizas y las de su madre, fallecida del mismo mal en 1985.

La desaparición de este papá afectuoso y tolerante "como sólo los radicales pueden ser", fue para su hija una cuchillada en el alma. A Miriam todavía se le humedecen los ojos y las palabras se le atropellan desordenadas cuando habla de su padre. Recuerda que cuando vivían en Estados Unidos (ella trabajó un tiempo en la Oficina para los Refugiados de las Naciones Unidas y luego Castañeda se vinculó al Instituto de Washington), como en Chile se estaba produciendo una apertura, él convenció a don Carlos para que solicitara una autorización para volver a Santiago. Ella lo acompañó y cuando iban llegando a la embajada, él se detuvo en una esquina y dijo: "No". "¿No qué?", le preguntó ella. Y él: "Yo no le pido nada a estos... Estuve preso, fui expulsado y me las he arreglado hasta hoy sin pedirles nada. Hay que esperar que caigan y volver a Chile. Ahora te convido a tomar champaña".

"A las diez de la mañana, ante el espanto de los meseros gringos, entramos en un boliche y pedimos unas copas de champaña. Llamé a Jorge por teléfono y le dije: Vente, mi amor, porque vamos a celebrar. ¿Qué me preguntó, que le dieron el permiso? No, que no lo pidió, le contesté entre carcajadas".

En 1989, Miriam tomó un sabático y viajó a Chile y Brasil. Cuando llegó de vuelta, su médico la estaba esperando para mostrarle unos exámenes que ella se había hecho antes de partir: detectaban un cáncer a la tiroides y a los ganglios. Dos días después entró a la sala de operaciones.

Vinieron dos años de profunda depresión en los que sólo tenía ánimo para trabajar en el jardín. "Cuando una se queda sin tiroides, como que pierde la cabeza y se produce un desorden de personalidad".

Cuenta que cuando le dieron el diagnóstico de su enfermedad, "teóricamente me preparé para morir".

¿Por qué teóricamente?

Porque años después, cuando conocí a Diamela Eltit, ella me hizo notar que en esa misma época, yo empecé a construir una casa en Tepoztlán (pueblo cerca de Ciudad de México). Y así tomé conciencia de que, deprimida y todo, ese gesto vital era una clara señal de que yo no me disponía a morir.

Así fue. A principios de 1996, después de cinco años de chequeos, la dieron de alta. Y esta "hija única con el síndrome de que todo lo puede", como ella misma se describe, se la pudo contra la muerte. Ahora tiene vitalidad para regalar y cuerda para rato.

Instalada en la levedad

Miriam comenzó a escribir La monarca ilegal, narrado en primera persona y ubicado en algún lugar de Latinoamérica, en 1997, durante una estada en Nueva York. Allí fue alumna del taller literario de Diamela Eltit. "Ella sostenía que yo estaba perdida en actividades que no iban a ninguna parte. Decía que mi vida estaba instalada en la levedad, y tenía razón. Pienso que eran las secuelas del cáncer que había padecido años antes".

Escribió primero un cuento y después la novela que al cabo de dos años fue lanzada en la Feria de Guadalajara. En esta, Corita, la protagonista, hace hablar y desarrolla a varios personajes de su entorno. Entre ellos, su padre, un latifundista viudo y decadente, y Ramona, la empleada mestiza que engendra cuatro hijos del patrón y es la poseedora de todos los secretos de la familia.

¿Por qué "La monarca ilegal"?

Al principio se llamaba La monarca cruzó Revolución, que es la gran avenida que queda cerca de mi casa. Esto porque un día, mientras la atravesaba, una mariposa monarca se ubicó sobre mi cabeza y me acompañó hasta la otra vereda. Pero luego, conversando con Jorge y con Federico Reyes Heroles, ellos consideraron que era un nombre demasiado local y se les ocurrió este otro.

Carlos, el guerrillero que describe en el libro, produce algo de desconcierto...

Es verdad que ha resultado irritante para mucha gente. En él busqué sintetizar una cierta imagen de la masculinidad contemporánea y le puse elementos del terrorista venezolano Carlos, de Marcos y del Che, por supuesto. Pero estoy de acuerdo con una de las presentadoras de la novela que sostuvo que el amor a Carlos corría por cuenta de la narradora. Creo que ahí mostré la hilacha.

A propósito, ¿cuál es su impresión del subcomandante Marcos?

Que planteó una rebelión indígena que despertó una simpatía enorme y a mí me movió muchas cosas, pero tuve la pésima suerte de ver muy temprano, cuando fui con Carmen Castillo y un equipo de franceses a filmar, a la cola de gente entrando a saludar a Marcos y ese besamanos no me gustó. Ahora, pienso que la cosa se ha ido quedando en comunicados y en el rollo de ensalzar al subcomandante y a su literatura, lo que me parece abominable.

¿No le parece raro que alguien con su biografía política haya terminado votando por Vicente Fox, un político de derecha?

No. Pertenezco a una franja que nos llamamos graciosamente "la izquierda azul", porque hicimos un deslinde de la izquierda del PRD de Cárdenas, que es una izquierda muy maltrecha porque no fue capaz de producir en diez años ninguna idea, ningún cambio. Votamos por Fox y él ganó porque para la gente él sí encarnaba la idea del cambio.

Asegura que el recién elegido presidente no calza en los formatos convencionales. Dice tenerle mucho aprecio y fundamenta con vehemencia su apoyo: "Yo y Jorge (quien es independiente, pero en la elección anterior apoyó a Cuauhtemoc Cárdenas, el candidato de la izquierda) fuimos tenaces luchadores contra el Partido Revolucionario Institucional, porque estábamos convencidos de que mientras este no fuera derrotado nada iba a cambiar".

A su juicio el panorama que se ha abierto para México es promisorio "y esta transición va a ser sumamente rica en hechos políticos". Y respecto a las contradicciones que comienzan a producirse entre el electorado de izquierda y una alianza que ya antes de asumir está enfrentando polémicas sobre temas culturales como el divorcio, la censura o el aborto, asegura que Fox es un católico practicante, pero que no va a transformar sus convicciones personales en políticas de Estado.




Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
Hija del senador chileno radical Carlos Morales Abarzúa, la ex mirista Miriam Morales sigue siendo una
Hija del senador chileno radical Carlos Morales Abarzúa, la ex mirista Miriam Morales sigue siendo una "dura". Su marido, el intelectual mexicano Jorge Castañeda, pinta para convertirse en el próximo canciller de la era Fox.
Foto:Ignacio Sánchez


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales