ARTES Y LETRAS

Domingo 17 de Junio de 2001

Los Dos Ultimos Libros de Bernardo Subercaseaux:
De los Libros y de Inés Echeverría, Iris

Investigando la historia de la cultura en Chile, Bernardo Subercaseaux ha sondeado las pistas de lo que denomina las energías culturales. Sus dos últimos libros, sobre la historia del libro en Chile y una antología de textos de Iris, son una muestra de este esfuerzo investigativo y se inscriben en un proyecto global en continua elaboración.
Por Marcelo Somarriva Q.

Algunas semanas atrás Bernardo Subercaseaux publicó una selección de textos de la escritora Inés Echeverría, más conocida bajo el seudónimo de Iris, y hace ya varios meses una nueva edición de su trabajo "Historia del libro en Chile". Estos dos libros y otros trabajos suyos publicados con anterioridad - entre los que pueden mencionarse "Historia de las Ideas y de la Cultura en Chile" (1997) y "Genealogía de la vanguardia en Chile. La década del centenario" (1998)- forman parte de un investigación sobre la historia cultural de Chile que ha mantenido en proceso continuo.

El libro "Historia del Libro en Chile" lleva como subtítulo la frase "Alma y Cuerpo" y desde ahí se desprende una de las ideas más importantes que el autor desarrolla a lo largo de su breve y sustancioso estudio. Bernardo Subercaseaux considera metafóricamente al libro como compuesto por un "cuerpo" y un "alma". Percibido de manera ideal, el libro tendría un "alma" en todo lo que éste tiene de pensamientos e ideas, mientras que, por otra parte, su cuerpo correspondería al producto industrial, al bien económico. El problema de estas dos partes es que nunca acaban de acoplarse ajustadamente. Según puede desprenderse del ensayo, a lo largo de la historia de la cultura chilena la disociación entre estas dos realidades del libro habría sido, de alguna u otra forma, algo permanente; desde los orígenes del fenómeno, con la llegada de la imprenta a Chile, en los años de la Independencia, concebida desde la matriz iluminista como una "máquina de felicidad" y no como una mera "máquina para la producción en serie de impresos", hasta los años de Quimantú e incluso durante el régimen de Pinochet, en los que de maneras muy diversas se consideró al libro como un medio cultural extremadamente eficaz y superior a los demás. De acuerdo con lo sostenido por Bernardo Subercaseaux, la tradición ilustrada, liberal y positivista habría logrado imprimir en la percepción del libro una consideración que habría incluso obstaculizado el fomento de su dimensión económica o industrial, como eventual soporte de una cultura de masas.
El alma de Iris

Si de almas se trata, "Alma Femenina y Mujer Moderna" es el título bajo el cual Bernardo Subercaseaux reunió una serie de artículos de "Iris" (1869-1949) publicados entre los años 1910 y 1940 fundamentalmente en el diario "La Nación", que fundara su amigo Eliodoro Yáñez.

Como señala el autor, "Iris y otras mujeres prominentes de su generación, como María Luisa Fernández de García Huidobro (Mona Lisa), Luisa Lynch de Morla, Teresa Wilms, Ximena Morla Subercaseaux y Rebeca Matte, además de compartir el origen 'aristocrático', estuvieron cruzadas por una serie de inquietudes similares; entre las que figuran las ideas de emancipación femenina - la necesidad de plantearse un papel de la mujer que estuviera de acuerdo con un proceso de modernización que vivía el país- y una formación intelectual de raíces católicas propensa a cierta espiritualidad, que desembocaría en la práctica de la teosofía, el espiritismo y otras artes que implicaban un rechazo al positivismo. A todo lo anterior, habría que agregar lo que significó en el escenario social el advenimiento de Arturo Alessandri a la presidencia de la República. La figura del Presidente habría sido fundamental para estas mujeres y sostuvo una estrecha relación con algunas de ellas. "Como ellas, Alessandri era liberal en términos de sociabilidad y estaba muy abierto a la transformación social. Apoyó al Club de Señoras y era partidario del Estado Docente que propugnaba la instrucción femenina", señala Subercaseaux.

En su ensayo introductorio a "Alma Femenina y Mujer Moderna", el autor destaca el carácter de Iris como un constructo social, en cuya formación habrían confluido diversos horizontes discursivos propios de la elite intelectual del momento. Señala el autor que "por una parte estaban los movimientos espirituales que dieron forma a lo que llama el 'espiritualismo de vanguardia', tales como el Arielismo de Juan Enrique Roddó, la teosofía de Madame Blavatsky, el espiritismo y todo el interés por Oriente (a su juicio, el movimiento teosófico a comienzos del siglo XX en Chile merece una tesis de estudio y no se le ha dado la importancia que merece). Otro horizonte - continúa Subercaseaux- sería el feminismo. Recuerda cómo en el año 1913 viajó a Chile la sufragista española Belén de Zarraga y que incluso por ese entonces había visitado el país la cineasta italiana Gabriella Busserius, quien filmó una película en Punta Arenas. El último horizonte discursivo que señala Subercaseaux sería el movimiento de regeneración aristocrática que se produjo a raíz de la consolidación de la plutocracia formada a partir de las riquezas obtenidas con el salitre. Iris propugnaba la vuelta a una supuesta antigua aristocracia del honor por sobre la plutocracia ascendente.

El título de la antología de Iris "Alma Femenina y Mujer Moderna" alude tanto a lo que Subercaseaux denomina "la espiritualidad de vanguardia", que profesaron Iris y sus compañeras generacionales, como a su idea de la literatura. Para Iris la literatura sería un medio de autoconocimiento y crecimiento espiritual. La escritora tenía especial afinidad con el "diario de vida" como género literario y una percepción de la literatura fundamentalmente intimista, como una vivencia espiritual. En el artículo titulado "Las mujeres escriben malas novelas", publicado en el número 56 de la Revista Chilena de Literatura, Bernardo Subercaseaux desliza la idea de que en el caso de Iris sus obras "no canónicas", es decir los libros de memorias, las evocaciones, crónicas, perfiles o diarios íntimos, son de mayor interés que sus "obras canónicas", aludiendo a su desmesurada saga histórico-biográfica titulada "Alborada". Como señala Subercaseaux, la escritora habría encontrado mayor libertad en el ejercicio de aquellos géneros más dúctiles. Es por esta razón que el volumen reúne exclusivamente artículos de viaje, memorias, críticas de espectáculos y literatura, artículos sobre la cuestión femenina, arte y espiritismo. Pero Subercaseaux no desmerece el valor testimonial de las novelas de "Iris" y resalta su importancia como materiales para el estudio de la historia de la cultura.

Iris y otras de sus compañeras generacionales no demostraban demasiado interés por la política - Iris la despreciaba porque consideraba que no tenía poesía- ni por la cultura o los libros en términos masivos. Sin embargo, sus crónicas de crítica literaria revelan bastantes lecturas, especialmente Ibsen ("Casa de Muñecas"), Bergson, Emerson, Tolstoi y Maeterlink. Asimismo, algunas de sus crónicas revelan su percepción para resaltar prematuramente los méritos de Pedro Prado ("Alsino") y la poesía de Huidobro. Iris tampoco cerró su círculo social al ámbito aristocrático. El Club de Señoras era público y trabó bastante amistad con Eliodoro Yáñez y Fernando Santiván, dos personajes públicos que provenían de sectores medios.

Respecto de las relaciones de Iris con la aristocracia - era prima de Rebeca Matte, ambas descendían de Andrés Bello y eran tías de Joaquín Edwards Bello- , Bernardo Subercaseaux advierte que tiene una teoría un poco osada. Considera que la perspectiva de la lucha de clases no ha permitido ver los aportes de la aristocracia a la cultura. "Por los costados irreverentes tenemos a Iris, Edwards Bello y Huidobro. Creo que en esto ha prevalecido una postura un tanto maniquea que ha impedido apreciar la obra de estas personas en el campo de la estética. En estas figuras de la aristocracia puede encontrarse un saludable desparpajo; irreverencia y falta de cálculo. Por ejemplo, son observadores muy agudos, perciben la mediocridad y el arribismo desde muy lejos".

Las energías culturales

Bernardo Subercaseaux traza una línea de unión muy fina entre sus dos últimos libros tan disímiles en apariencia.

"Desde el estudio de la historia de la cultura me interesa sondear las pistas de las energías culturales. Para esto esnecesario pesquisar una serie de fenómenos sociales, políticos y culturales. Estas energías culturales son canalizadas por los individuos y me interesa ver la forma como esto sucede. Es necesario hacer una especie de arqueología de los acontecimientos sin perder de vista su dimensión en la cultura y la sociedad. Las sensibilidades culturales son un fluido intermitente, desaparecen para luego reaparecer en otras voces distintas, por la misma razón no se pierden. Hay datos testimoniales de la importancia que tuvo Iris y otras mujeres en las escritoras de una generación posterior como Gabriela Mistral y María Luisa Bombal. Por otra parte, la teosofía es una espiritualidad que se canalizó también en la Colonia Tolstoiana y en el Grupo de los 10".

"La historia de la cultura permite diseñar los mapas de las fuerzas culturales y apreciar el lugar que ocupa un actor determinado con sus contextos sociales. Es necesario conocer las condiciones ambientales en términos generales y también la pequeña historia de los acontecimientos más secretos. Eso que también está presente en "La Historia del Libro en Chile" es patente en el caso de Iris, donde se da un espiritualismo y feminismo aristocratizante que entran en contradicción con sus ideas de apertura social.

Por otro lado, las energías culturales también pueden apreciarse en la carga simbólica que tiene el libro, como signo identitario. Esta percepción hasta hace poco había sido muy positiva, muchas veces de manera paradójica. Eso es algo a lo que yo le he seguido la pista. La mano se cargó más para el alma que para el cuerpo".




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"Por los costados irreverentes tenemos a Iris, Edwards Bello y Huidobro. Creo que en esto ha prevalecido una postura un tanto maniquea que ha impedido apreciar la obra de estas personas en el campo de la estética.


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